domingo, 19 de noviembre de 2017

Sociedad|Domingo, 24 de noviembre de 2013
Reportaje a Héctor Anabitarte, uno de los fundadores del Frente de Liberación Homosexual

La huella de un pionero

Este jueves volvió a la Plaza de Mayo una bandera que se estrenó ahí el 25 de mayo de 1973, en la asunción de Cámpora, y presentaba al FLH, un puñado de audaces que señalaba una opresión todavía silenciada. Cuarenta años después, fueron homenajeados por la Secretaría de Derechos Humanos.

Por Marta Dillon
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Y volvieron a pisar las calles nuevamente. Y aunque esté seca la sangre que las cubrió alguna vez, las cicatrices todavía hablan de lo que fue y merecen la caricia del homenaje. El jueves, la bandera del Frente de Liberación Homosexual que hizo su primera aparición pública en la Plaza de Mayo, el 25 de mayo de 1973, volvió a campear en la ronda de las Madres como primera acción de un homenaje a un puñado de hombres y todavía menos mujeres que aun en la primavera camporista fueron humillados por propios y ajenos. Propios, los que marchaban codo a codo en una efervescencia de la lucha anticapitalista, de liberación a la que el FLH pretendía aportar desde su identidad, con la conciencia del oprimido buscando romper con todas las opresiones; ajenos, para qué nombrarlos, ahí no hay contradicciones. Sí en cambio es necesario recordar cómo se imprimió en el cuerpo de los audaces ese canto que recorría las columnas de los jóvenes revolucionarios: “No somos putos, no somos faloperos...”, o la marginación a la que eran sometidos quienes tenían el tupé de reconocerse en una sexualidad disidente, los militantes de todos los partidos de izquierda. El viernes, en el final del homenaje al FLH que organizó la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, a través de la Subsecretaría de Promoción de Derechos Humanos, Jorge Giacosa, uno de los pocos sobrevivientes de esa experiencia, dijo que él fue “un adolescente que pensó en el suicidio por ser quien era, y cuando quise sumarme a las luchas populares era el pueblo el que me rechazaba”. Por eso el homenaje, además de un ejercicio de memoria bajo la consigna “Las luchas de ayer garantizan los derechos de hoy”, tuvo mucho de desagravio, de reconocimiento de esa huella que ellos marcaron, que otros profundizaron y que tantos más transitan ahora con soltura, amparados por derechos que en épocas del FLH ni siquiera eran utopías.
Héctor Anabitarte es uno de esos pioneros. Delegado del sindicato de correos desde muy joven y militante del Partido Comunista, tuvo la osadía de pensar, cuando promediaba la década del ’60, que ser “homosexual” no era un hábito privado, sino una identidad que merecía la pena defender. Lo comunicó por carta a su partido, fue aislado de toda responsabilidad aun cuando era un cuadro medio y se lo mandó a hacer terapia como si estuviera enfermo. En los ’70 fundó, en alianza con intelectuales como Juan José Sebreli, Néstor Perlongher, Blas Matamoro y otros, en alianza con la Unión de Mujeres Feministas, el Frente de Liberación Homosexual. En 1977, como tantos, tuvo que exiliarse. Todavía vive en España donde nunca dejó de militar, desde su identidad, no sólo como homosexual, sino como oprimido. Emocionado al punto de no poder leer ni siquiera sus apuntes de agradecimiento, Anabitarte, de todos modos, suelta su risa como una resistencia tenaz y sostenida. Y cuenta su historia, nuestra historia.
–¿Esperaba este homenaje? –No sé si lo esperaba, pero entra dentro de la lógica. Hay que recordar que, como decía George Orwell, quien domina el pasado domina el futuro, pero quien domina el presente, domina el pasado; por eso hay que estar siempre alerta para que no nos quiten lo que hemos avanzado. De todos modos, quiero decir también que no somos de mármol, puedes pellizcarme y te vas a dar cuenta. Aunque ya esté mayor y tenga que aguantar el tipo (se ríe). Pero estoy emocionado, claro que sí, por mí y por todos los que no están. Imagínate que en el pequeño grupo que formamos en el ’67 ya había gente muy mayor, así que entre la represión, el sida y el tiempo; vamos quedando pocos.
–¿Cómo fue que en 1967 se les ocurre integrar un grupo para reivindicar los derechos de los homosexuales, se llamaban así entre ustedes? –Putos, maricas, homosexuales, nos movíamos un poco entre esos motes, aunque con mucha clandestinidad. Pero en cuanto a cómo se nos ocurrió pedir nuestras reivindicaciones, era algo propio de la época y de nuestra experiencia. Yo fui delegado de Foecyt (el sindicato de correos) con menos de 20 años, y en la lista opositora a UPCN había otro homosexual en Lomas de Zamora al que reconocí no sabría decirte cómo, sería la forma de hablar, qué se yo, y con él empezamos a conversar en nuestro lenguaje que era el de la demanda y la reivindicación
–¿Cuál era la principal reivindicación entonces? –Nuestra reivindicación principal era contra los edictos policiales y por los que estaban en Devoto por culpa de los edictos, eso era realmente lo que nos importaba, para nosotros no era siquiera una utopía lo que está pasando ahora, la sociedad ha cambiado bastante, aunque no del todo, en España siguen matando mujeres, tenemos 60 o 70 mujeres muertas por año y eso tiene que ver con las opresiones que nosotros denunciábamos, la que sufren las mujeres es la misma que la que sufren los homosexuales. Hay que ver que la homosexualidad es una cosa interclasista y que está en todas partes y que recién ahora es visible.
–¿Cómo era la vida social de los gays en los ’60? –No se puede generalizar, porque una cosa era la vida social y el ambiente en el que se movía Sebreli o Pepe Bianco o Manuel Puig o Blas Matamoros o mismo Néstor Perlongher, que era más joven, trotskista y de Filosofía y Letras, que era un ambiente completamente distinto. No- sotros, el grupo que se formó en el ’67, que llamamos Nuestro Mundo, éramos trabajadores de clase media tirando a baja. Y nuestra vida social era clandestina, cuidábamos de pasar desapercibidos. Al punto que me acuerdo que nuestras primeras reuniones fueron en Lomas de Zamora, en un conventillo de clase media desde nos llevaron todos presos una vez porque nos reuníamos en la cocina y una vecina nos había denunciado pensando que jugábamos por dinero. ¡Pasamos toda la noche en la comisaría y no se dieron cuenta de ninguna otra cosa! (risas).
–¿Quiénes integraban ese primer grupo? –La mayoría éramos empleados de correos, había también un compañero que vendía máquinas de escribir y era casado y con hijos, otro vendedor de seguros, eran realidades complejas de las que recién se puede hablar ahora...
–Ni hablar de salir del closet. –Jamás, lo ocultábamos, creo que los que salían eran los que no tenían nada que perder, o travestis que eran muy provocadoras. Ahora, el Correo Central era muy paradójico, eh, una cosa que es para escribir un libro solamente del Correo Central. Había bastante gente gay, aunque es lógico porque éramos diez mil trabajadores, pero había algunos muy visibles. En el sexto piso, donde además estaba la cafetería, me acuerdo que había uno muy jovencito, con el guardapolvo, que llegaba del brazo de un compañero y era una mujer, una mujer. Había varios muy provocadores, era un escándalo.
–¿Y los jefes qué decían? –No mucho. No sé por qué. Incluso tuvimos uno que cambió de sexo con el doctor De Facio, que fue preso por esa operación. Este chico, también tucumano, pidió tres meses de excedencia en el correo y un buen día aparece de mujer, va a ver a su jefe, se cruza de piernas delante de él y pide que lo reingresen. Mirá, eso pasó en la quinta planta que había cientos de telegrafistas, por ahí pasaba el corazón de las comunicaciones del país en aquella época, que se detuvieron. Paró toda la planta (se ríe) y lo readmitieron.
–¿Pararon en solidaridad para que lo readmitieran? –Yo creo que pararon por el asombro, pero funcionó igual. Recién cuando llegó Onganía agarraron a los homosexuales más escandalosos y los mandaron a la sección del correo que está en el Congreso.
–¿Por qué? –Porque al haber golpe de Estado el Congreso no funcionaba y no hay público, y ahí estaban. ¡Habían hecho un cabaret de la sucursal de Correos! Pero cuando llegó la democracia, los senadores y diputados iban a esa sucursal y cuando oían alguna sirena siempre había alguno que gritaba “¡vienen por nosotras!” Tiene su gracia, porque en medio de la represión y todo, solemos ser gente con bastante humor, quizá recurrimos al humor como lo hacen los judíos, el humor judío es tremendo. Como la compañera trans (en referencia a Lohana Berkins) que habló en la marcha, es una profesional, es un cuadro y es graciosa.
–¿Y en la intimidad, a nivel personal, era conflictivo reconocerse en esa identidad? –Era muy conflictivo, hay que ubicarse en la época. Eramos no-sotros mismos los que teníamos dudas, el problema no es simplemente que los demás te rechazan, el problema peor es cuánto tú te odias. Y eso no se ha detenido. En Aranjuez hace pocos días, un chico de 24 años se suicidó, no tanto por su familia, o además que por eso, porque él no toleraba ser quién era, hacerle daño a la familia. Y entonces, en aquella época también pesaba mucho el deseo de tener hijos, de tener que encuadrar en la familia tradicional ¿no? Ahora, lo que yo dije en la plaza, es que uno de los méritos del FLH era también nuestra inconciencia. Porque estábamos solos, no nos quería nadie.
–Vos, de hecho, escribiste una carta a la conducción del Partido Comunista donde militabas... Y me apartaron. En algunos libros dice que me expulsaron, no es cierto. Yo en ese momento era una cuadro medio, estaba en la Fede (Federación Juvenil Comunista) y era uno de los pocos delegados sindicales que tenía la Fede, porque representábamos a la clase obrera, pero ella en general no se enteraba. Entonces bueno, mandé una carta a la dirección de la juventud para que se hablara del tema de la homosexualidad.
–Te respondieron? –Me quitaron toda responsabilidad dentro de la organización, lo cual era muy fácil porque como éramos clandestinos, no tenía un local donde ir, no tenía contactos, todos son nombres falsos y te aíslan muy fácil. Y además me mandaron a un psiquiatra. Un hombre encantador, pero pensaba que la Unión Soviética era psicoterapéutica en sí misma ¡ojo! que tiene tela... El venía de allí y estaba fascinado, creía que la URSS curaba por su sola existencia. Era como un católico que dice que ve al Papa en Roma y se produce el milagro (risas).
–¿Te querían mandar a la URSS? –No, no, me mandaron a la sede del partido en el Correo, porque yo había estado muchos años. Y nadie me dio ninguna tarea de nada, con lo cuál, quedé afuera. La expulsión suena más rocambolesco, pero lo que hubo fue un pacto de silencio y un exilio.
–¿Y cómo lo viviste? –Muy mal. Imagínate que yo era un militante obsesivo, no- sotros éramos militantes de tiempo completo, de todos los días. Era una cosa enfermiza, reuniones, juntadas de dinero para Cuba, para Nicaragua, para Vietnam, vender la revista... nosotros éramos, ¡testigos de Jehová!, no parábamos nunca. Y entonces, claro, de repente toda la vida se te derrumba. Y además tenía muchos amigos ahí.
–¿Y también te aislaron? –Sí, la disciplina estaba ante todo, era espantoso.
–En los ’70 confluye Nuestro Mundo con otros grupos y forman el FLH, ¿cómo es que ese grupo de delegados sindicales y trabajadores del conurbano llega a trabar relación con intelectuales como Sebreli, Manuel Puig o Pepe Bianco e incluso el grupo de Filosofía y Letras donde estaba Néstor Perlongher? –Juan José Hernández fue el puente, el gran poeta tucumano. Cuando el grupo empieza a consolidarse a alguien se le ocurre llamarlo, y lo vimos y nos conecta con Blas Matamoro y los demás. Me acuerdo que Pepe Bianco decía que era un completo disparate hacer un grupo militante de homosexuales, pero igual estaba metido en la historia. Juan José Hernández era muy peculiar, no fue nunca militante de nada en sentido estricto, pero era la persona que sabía vincular unos con otros. Me llamaba todo el tiempo para presentarnos a alguien, lo que era muy importante, pero no le pidas que esté en manifestaciones ni que escriba panfletos, no le importaba, pero su papel fue fundamental.
–¿Cuáles eran las lecturas del grupo Nuestro Mundo? –Con Nuestro Mundo, prácticamente ninguna, porque nadie sabía inglés, que era fundamental. Sólo teníamos vinculación con Armand de Fluviá, un catalán, que en la época de Franco hizo un recurso contra la ley aquella de peligrosidad social que metía a los homosexuales en la cárcel y podían tenerte reeducándote meses. En el ’69, José viaja becado a Estados Unidos y nos trae una octavilla que recogió en la calle después de los disturbios de ese bar, Stonewall, que también nos sirvió de mucho. Entonces empezamos un poco a vincularnos. Y Pepe Bianco nos tradujo el documento de los Panteras Negras, que es histórico, porque eran bien machistas y reconocían a los homosexuales. Escrito en un inglés difícil, porque era con el lenguaje de estos negros que me acuerdo que a Pepe le costó muchísimo traducir cuatro folios.
–¿Y cómo fue para un comunista como vos relacionarte con un trotskista que quería unirse al peronismo como Perlongher? –Sí, él era trotskista, pero sobre todo era de Filosofía y Letras que era cualquier cosa, se armaban grupos para defender a un chino de quien ni siquiera se sabía el nombre. Yo creo que es un error de Néstor pensar que en aquellas circunstancias, adentrándose en el movimiento peronista se podía dar una alianza, no. En ese momento, no.
–¿Pero tuvieron reuniones? –No, oficialmente no. La única reunión oficial la tuvimos con Nahuel Moreno, del Partido Socialista de los Trabajadores, influenciado por los franceses tenía una actitud de comprensión para nosotros. Gente de su partido se incorporó al frente, pero todo tenía que ser clandestino, que ni su propia gente se enterara. Entonces teníamos, en un local, en un momento de legalidad, una habitación que nos prestaron para que nos reuniéramos. Pero había un cartel que decía “No pasar”, nadie podía saber lo que pasaba ahí dentro y eso era en el partido más abierto de todos.
–Dada esa situación tan dura, escribir la palabra “amor” en la bandera de un grupo homosexual era toda una osadía, ¿cómo fue que se decidieron por esa consigna? –La verdad que sí fue osado. Yo lo discutí mucho, eran más bien ideas de Néstor (Perlongher). Era una frase de la marcha peronista, pero como estrategia fue un disparate. Miles de Montoneros gritaban “no somos putos, no somos faloperos”, y no-sotros ahí paraditos
–¿Y cómo se escuchaba ese canto? –Era duro, era el pueblo que nos rechazaba. Pero también era como la confirmación de que nos habíamos equivocado. Porque no hay buenos muy buenos y malos muy malos, eso lo puedes decir ahora. Es como el Che Guevara, más errores no pudo haber cometido, todo lo hizo absolutamente al revés, lo de Africa, lo de Bolivia, y seguimos con su remera puesta. Muy majo el muchacho, pero con una homofobia más fuerte que todo. Y eso hay que contarlo bien, para no intoxicarnos. Ahora parece que está todo bien, los peronistas presentes y tal, pero hay que recordar que el PC tenía una homofobia insoportable, igual que el ERP y Montoneros, eran de un puritanismo espantoso y conviene contar estas cosas porque si no, no se entiende nada.
–Pero ustedes estaban convencidos, que desde la identidad homosexual se podía aportar a la lucha anticapitalista. –Sí, esa ingenuidad teníamos. Porque cuando tú tomas conciencia de que has sido marginado, humillado, eso te ayuda a analizar otras discriminaciones, otros sometimientos. Los que quieren conservar el poder te limitan económicamente, sexualmente, te van mutilando por todas partes y lo que buscan es obediencia y sumisión. Como lo que decía Perón: “De casa al trabajo y del trabajo a casa”, vamos, que el compañero Perón tenía sus frases interesantes.
–¿Cómo viviste la crisis del sida después de esta militancia tan politizada? –Es que para algunas personas la militancia es una adicción. Siempre estuve vinculado a los grupos gays, pero desde Amnistía Internacional. Y, claro, cuando tomamos contacto con los primeros casos de sida, en el año ’83, cuando todavía no sabíamos casi nada, en el hospital de Barcelona se empiezan a poner carteles de “No pasar”, como si fuera la peste negra. Y lo cierto es que el movimiento ciudadano antisida de España empieza con nosotros, con argentinos, porque somos de un protagonismo... (se ríe). Empezamos a organizarnos y formamos comités en cada provincia, con nuestras reivindicaciones, a hablar del condón, que tenía muchas resistencias en España, porque había estado prohibido en la época de Franco y no sabían ni cómo fabricarlo, no había normativa escrita para hacerlos, y en eso estuvimos. Finalmente creamos la fundación antisida, con la infanta Isabel como nuestra madrina. Néstor (Perlongher) no lo hubiera entendido, pero era tal el rechazo que teníamos que correrlos por derecha para tener un paraguas.
–¿Se te han muerto muchos amigos? –Bastantes. Martín Bartolomé, que era el novio de Blas Matamoro. Eduardo Todesca, sí, mucha gente. Sobrevivimos, pero realmente fue muy duro, era gente joven. Atacó la omnipotencia y no salimos los mismos, fue una bofetada.
–¿Tuviste miedo? –No, después de tantos miedos, mirá si le iba a temer a un retrovirus. Como militante supe de inmediato cómo se transmitía.
–¿Ahora tenés alguna militancia? –Claro, si es una adicción (se ríe). Nosotros tenemos una fundación, Hombro con hombro, que trabaja por los derechos de los migrantes y soy miembro del Partido Socialista, ya he sido candidato a concejal dos veces, soy de UGT –la central sindical–, el sida; sí, vicio, como un cocainómano, no puedo dejar la militancia. Además está el desafío de educar. A nosotros nos llaman de las escuelas para hablar de sida, damos una charla de 45 minutos y te vas contento. No sirve para nada. La educación sexual es algo de todos los días. No es información lo que necesitan, sino educación. Hay que empezar desde muy jóvenes, porque entre los niños y niñas ya hay homosexuales, lesbianas y trans. Eso de que la orientación sexual viene más tarde es mentira, yo recuerdo mis fantasías homosexuales a los ocho años y no conocía ni un sólo homosexual.
–¿Y con qué fantaseabas? –Bueno, la tenía muy escondida porque, sin saber nada, sabía que había que ocultarla: una foto a color –que había recortado de una revista– de un policía montada de Canadá.
Y por supuesto son las carcajadas las que ponen punto final a la entrevista.
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miércoles, 15 de noviembre de 2017

La construcción del Sujeto Neoliberal: "Si, se puede"

09 de noviembre de 2017
Discursos preestablecidos. Construcción de la subjetividad
El autor indaga en el tipo de subjetividad que construye la prevalencia actual de la concepción neoliberal como discurso preestablecido, que no sólo se limita a lo económico.
Por Claudio Di Pinto *
Imagen: Bernardino Avila
El predominio de la concepción neoliberal no solo impacta en la vida económica, sino que se desliza silenciosamente hasta convertirse en la mirada de parte de la población acerca de su vida, del otro y de lo que sucede en la cotidianeidad.
Esta mirada implica que somos hablados por un discurso que desconocemos, y pone en juego una paradoja: creemos ser autores de un conjunto de ideas, convicciones y fundamentalmente de una mirada sobre el mundo, cuando en realidad solo ocupamos el lugar de intérprete de lo que podemos definir como discursos preestablecidos.
Nos topamos en este punto con una discordancia entre lo que somos y lo que creemos ser. Esta diferencia refiere a que: lo que cada uno es remite a lo que vamos a llamar “efecto de estructura”, mientras que esas ideas y miradas sobre el mundo en las que un sujeto se reconoce van a remitir a “la construcción de la subjetividad”,  que no es ajena a la época y al momento histórico. 
Ahora bien: lo que cada uno es tiene el carácter de enigma, y cada uno podrá ir construyendo una respuesta a lo largo de su vida, de la única manera en que es posible hacerlo: siendo y haciendo. Por tratarse de un enigma y no de una adivinanza, requiere entonces de una posición activa y su respuesta va a ser siempre parcial.  Esta falta en ser, este enigma, constituye lo más singular, lo más propio y fundamentalmente lo más ajeno de cada uno. Es lo que no es posible compartir, y nos deja frente a la soledad existencial que implica el encuentro con lo real, con la incompletud del sistema simbólico para dar una respuesta a la pregunta: “¿quién soy?” o bien la interrogación por el sentido de nuestra vida, que es una variación de dicha pregunta. 
Ahora, en tanto el sujeto se constituye a partir del Otro, de los significantes del Otro, que nos marcan también con sus deseos y expectativas, es en el Otro donde intenta responder a esa pregunta, que al dirigírsela toma la forma de “¿qué quiere el otro?”, siendo esta una forma degradada de la pregunta “¿quién soy?” 
Preguntarle al otro qué quiere es un intento de que en la medida en que el otro diga qué quiere de mí, eso responda quién soy, a costa de alienarme a su sentido. Alienación que se sostiene desde una dimensión de creencia inherente a todo sujeto.  
Tanto la pregunta por el ser, como dirigirla a un otro, son efectos de estructura, lo que significa que esto es inherente a cómo nos constituimos, es efecto de la prematuración que hace necesaria la presencia del Otro, de su palabra y está presente más allá de cualquier época. Es efecto y una respuesta a la incompletud de lo simbólico, a la falta de un significante que defina mi ser, por eso la pregunta: “¿quién soy?”. 
En cambio, como se tramita, se vela, se hace transitable ese enigma cuando se dirige la pregunta al Otro está determinado en gran medida por los recursos que aporta la cultura, los discursos pre-establecidos que predominan e imperan en un momento histórico determinado. 
Esto último es lo que construye subjetividades, una modalidad particular de hacer con esa falta estructural. Subjetividades que van variando según los significantes e ideales de cada época.
Se trata de discursos preestablecidos en tanto nos preceden y son transmitidos por los otros primarios, la educación y las diferentes instituciones que transita todo sujeto. Estas subjetividades que construye se visibilizan en un conjunto de creencias, valores, ideas y principios imaginarios que hacen transitable los encuentros con los límites que impone lo real a toda existencia.  
Somos hablados, somos intérpretes de ese conjunto de creencias que se expresan también en las ideas acerca de la política. Creemos que encontramos un lugar que nos representa cuando en realidad ese encuentro está determinado en gran medida desde el punto de partida. 
Si hoy en día prevalece la concepción neoliberal como discurso preestablecido, que no solo se limita a lo económico, ¿qué tipo de subjetividad construye? 
Se trata como ya han señalado otros autores: que la concepción neoliberal no solo aliena sino que produce la fantasía de ser la propia empresa, todo es posible, “se puede”, pero no como consecuencia de un hacer con otros, sino que el éxito de ser la propia empresa sería efecto únicamente del propio esfuerzo y donde el otro solo tiene lugar en tanto medio para alcanzarlo o bien como un obstáculo para lograrlo.
En este discurso que construye subjetividad no hay lugar para la utopía, no es un término que utilice el liberalismo, ya que la utopía al plantearnos un horizonte que nos haga caminar (como señalaba Galeano) es un camino con otros, con todos los avatares y dificultades que tiene ese “con otros”. 
Este “se puede” ser la propia empresa, “se puede” alcanzar lo que se quiere, deja al sujeto en cierto aislamiento, ya que no se forma parte de un proyecto que lo trasciende al mismo tiempo que lo implica, sino que es: “se puede solo”, basta querer algo, o bien, toparse con su contracara, y entonces soportar la culpa inevitable ante el encuentro con lo que “no se puede”. 
Los síntomas ligados a la  depresión, o bien las melancolizaciones son en general presentaciones clínicas características de nuestra época. Tiene su razón de ser, ya que sabemos, y el psicoanálisis ha situado con claridad esta problemática, que el límite respecto de lo que se puede o se quiere, otra forma de nombrar el encuentro con lo real, con la castración, tarde o temprano se pone en juego. Y si el acento está puesto en que dicho encuentro con lo imposible o con la dificultad es solo a cuenta del sujeto, no queda más remedio que cargar con la culpa. De allí a los síntomas depresivos no hay un trecho demasiado extenso.
De estas subjetividades que construye el neoliberalismo podemos situar al menos dos efectos: el primero, como ya mencioné, aísla al sujeto, y el segundo es que intenta anular o bien desestimar la dimensión de lo real, intenta una desestimación respecto de lo imposible, que conduce necesariamente a un discurso que adquiere un carácter cuasi religioso. 
Esta religiosidad es inherente a su lógica, ya que ante el inevitable encuentro con lo imposible, se redobla la creencia de que “se puede”, produciendo mayor alienación a un discurso vacío donde la repetición extasiada de “se puede” bastaría para alcanzar lo que se anhela. Ante el encuentro con lo real que podría llevar a redefinir horizontes y posibilidades, la respuesta implica su desestimación.
La desestimación, como la define Claude Rabant, intenta borrar las marcas del encuentro con lo ajeno, con lo real, a diferencia de la represión que recae sobre los significantes. 
Se trata de desestimar, de borrar ese encuentro inevitable con lo castración. Allí donde el sujeto se topa con el “horror al saber”, se arroja afuera lo más íntimo que hace hablar. 
Arrojar afuera, nunca es al vacío, sino que este afuera toma la forma de un otro, de un semejante  que pasa a funcionar como culpable de los límites que se me imponen por el solo hecho de hablar. “Hecho a la cara del otro la carne de mi rabia y mi desesperación”, dice también Rabant. Pueden ser “los que se robaron todo”, “los negros que viven del estado”, “los que creían que podían tener algo”. Figuras que se construyen en el imaginario colectivo que no necesitan pruebas para que se los convierta en causa de todo lo que hoy no se puede, ya que representan un lugar necesario para sostener que “se puede”. 
No existe un término sin el otro, “se puede” a costa de los que “quieren impedirlo”, o bien de “los que lo impiden”, y ambos términos se sostienen en la dimensión de la creencia. Al ser dos caras de la moneda no se necesitan argumentos racionales que justifiquen la afirmación, basta creer en eso. Por eso no es posible su dialectización, ya que esto desarmaría el circuito que se establece y sostiene al sujeto en su cotidianeidad. La puesta en cuestión del “se puede”, atenta contra la subjetividad que impera en este contexto, con el riesgo subjetivo que eso conlleva, ya que pone en riesgo esa construcción de la subjetividad mencionada.
Los discursos que apelen a esta categoría del “se puede” en las diferentes formas es lógico que logren una fuerte aceptación, ya que se sostienen y remiten a la subjetividad imperante de un momento histórico, y es por eso que no va a haber una relación directa entre una condición social y una idea política. Nuestras elecciones, en la vida en general –las ideas políticas forman parte de eso– están determinadas por complejas coordenadas que no se reducen a una clase, a lo que simplemente nos gusta, a lo que decimos querer, o a la sola convicción racional, sino que obedece también a causas que al tener siempre un aspecto que se nos escapa y son por lo tanto desconocidas para nosotros mismos, pueden conducir en muchos casos a la repetición de la que en general nos advertimos cuando ya es tarde. 
La interrogación acerca de: “¿qué se puede?”, “¿quiénes?”, “¿de qué manera?”, “¿quién paga el costo?”, “¿quiero eso?”, puede hacer zozobrar al sujeto, pero el silencio conduce inexorablemente a la repetición que está sostenida siempre en un error de interpretación. De no mediar el interrogante, se sostiene la creencia y además se sostiene que hay un “otro” que va a hacer en función de mis anhelos y deseos, lo que suele conducir a estrellarse con lo real, con lo que se repite como pesadilla una y otra vez. En eso consiste el error que lleva a la repetición. El doloroso despertar, que siempre se produce, puede llevarnos a la pregunta, a poder interpelar esa subjetividad, poder interpelar al otro, a tratar de construir un “nosotros” que ante el encuentro con el límite haga pensar en un horizonte posible. No hacerlo lleva a dormirnos nuevamente con el canto de la sirena que solo nos sumergirá tarde o temprano en una nueva pesadilla. 
* Psicoanalista.
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lunes, 6 de noviembre de 2017

REPORTAJE A JORGE CAPITANICH EN REVISTA CRISIS

autocrítica modo off / aluvión ceológico / peronismo difuso




Luego de la derrota del peronismo en Chaco, Jorge Milton Capitanich recibió a crisis en Resistencia para analizar un panorama donde asoma la reelección de Mauricio Macri en 2019. El “Coqui” dice que doce años no son suficientes para generar cambios estructurales, descarta a Pichetto y a Urtubey, se prepara para recuperar la conducción del peronismo local, y apuesta a Cristina para conducir un espacio de “centroizquierda” del que deberá emerger el nuevo mesías (si la trituradora de Comodoro Py lo permite).
04 DE NOVIEMBRE DE 2017
“Coqui” es un poco rain man. Articula una verba sistémica con niveles de abstracción por encima de la media, y afectivamente puede parecer un extraterrestre. Cuando se relaja, lo que suele durar una fracción de segundo, aflora un chaqueño afable. Es un tipo joven “con toda la vida por delante”, y al mismo tiempo un político hecho y derecho de vasta experiencia y trayectoria. Con varios “saltos” a la política nacional, y sucesivas “vueltas” al territorio de una Provincia que parece quedarle chica. Aunque acaba de perder Resistencia, a manos del vendaval amarillo.
Para el mundillo político Capitanich es sinónimo de eficiencia y capacidad de gestión, por eso se desempeñó como Jefe de Gabinete de Duhalde primero y de Cristina después (el Marcos Peña que no fue). Pero Coqui sueña con ser un estadista: estudia tres horas diarias, dicta conferencias, escribe libros. Su proyecto teórico apunta a mixturar el populismo posmoderno con la teología del pueblo de su viejo amigo y mentor, el compañero Bergoglio. Espera su momento, mientras insiste en la centralidad de la figura de Cristina o en el caudal de votos que, por el efecto de una varita mágica, podría transmitir a un elegido que se figura del riñón.
En su discurso de la noche electoral, Cristina dijo “esto recién empieza”. Vos proponés un espacio de centro izquierda que no tenga como primera referencia al peronismo. ¿Ves a Unidad Ciudadanaocupando ese lugar?
Es necesario una primera etapa de acumulación opositora y para eso necesitás identidad ideológica, doctrinaria, filosófica. A la luz de la realidad: ¿cuántos peronistas comulgan con Macri? Caló está con Macri, Moyano por lo menos no expresa oposición, gran parte de la CGT son adherentes al modelo. Urtubey, ¿en qué se diferencia cualitativamente? Y lo digo con buena leche: el peronismo como expresión política no es el que define la contradicción. Si hay una centroderecha neoliberal conservadora, entonces la contradicción es con una centro izquierda de base popular y/o progresista. La contradicción es inmanente a la política. Y la oposición no puede hacer lo mismo que el oficialismo, porque si no no existe democracia representativa.
El primer peronismo tuvo su columna vertebral en el movimiento obrero, pero después de la dictadura el vector principal pasa a ser el territorio, ¿ahora se estaría planteando que la esencia es el discurso?
Yo planteo que no hay política sin contradicción, y no hay contradicción sin discurso. El problema central es que el discurso precisa un actor como exponente, por eso la matriz hegemónica te va a insultar, agravia y descalifica al actor que enuncia. Nosotros tenemos un problema serio de comunicación, porque atacan al actor y descalifican el discurso. Pero la sociedad es cada vez más volátil. Cuando sean más los que pierdan, entonces habrá una redefinición desde el punto de vista electoral. Hoy la contradicción es pasado contra futuro, corrupción contra honestidad, lo cual te impide hablar del tarifazo o del endeudamiento.
¿Imaginás una recuperación de ciertos valores del kirchnerismo, para “volver” y afrontar lo que no se pudo o no se quiso hacer? ¿O ves necesario crear algo nuevo?
Necesitamos una agenda de unidad de la oposición, de carácter programático: incorporar el problema de las identidades de género, una política ambiental, los problemas del desarrollo industrial, la desigualdad de ingresos, los modelos de comercio exterior, y a su vez la construcción del federalismo. Antes de que ustedes llegaran yo estaba trabajando en la construcción de cadenas de valor en la economía popular. Más allá de las medidas del gobierno, el ajuste se da fácticamente, incluso como consecuencia de la cuarta revolución industrial que definió Schwab, porque hay cada vez menos probabilidad de incorporación de empleo privado formal. Los que quedan por fuera del trabajo privado formal son “ajustados fácticos”.
El kirchnerismo parece esperar que la malaria económica sea tan grave como para que el electorado vuelva corriendo a buscarlo, pero el macrismo ha logrado desacoplar las consecuencias de sus medidas de gobierno de las aspiraciones electorales. ¿No hay una suerte de aporía de la política en este planteo de sit and wait?
Bueno, eso ocurre en una primera fase, no es sine die. Ellos, con mucha inteligencia, omitieron el presente. Trabajan pasado y futuro, ganan en base a las expectativas. Ahora bien, las expectativas tienen que traducirse en acciones porque si no pierden credibilidad. Entonces el presente se valoriza más que el futuro. Ahora ganaron un poco de tiempo pero tienen que demostrar, si no demuestran se les va a poner difícil. Cuando recorrés la historia argentina tenés dos modelos, el neoliberal clásico y el modelo populista. En ambos casos el ciclo termina con un problema de estrangulamiento del sector externo, nosotros por falta de divisas y ellos por crisis de deuda. Ellos resuelven las contradicciones con endeudamiento y el endeudamiento tienen un límite. Que las tensiones de stop and go e inestabilidad macroeconómica sean indefectibles no quiere decir que no puedan resolverse. Hay que tener el pensamiento muy ordenado desde el punto de vista de la conceptualización global e ideológica para tratar de administrar las contradicciones.
la resistencia populista
Las primeras armas de Capitanich en la política fueron a mediados de los noventa. Por entonces, un treintañero pujante y metódico se propuso derrotar la hegemonía radical del rozismo chaqueño. También fue funcionario de Menem: ocupó el puesto de Subsecretario de Proyectos Sociales en Desarrollo Social de la Nación, durante la gestión de Palito Ortega. El otro Subsecretario, en la misma repartición, se llamaba Horacio Rodríguez Larreta. Mientras por los pasillos correteaba una novata Mariu Vidal. Luego de que el estallido dosmilunero repartiera las cartas de otro modo, las jóvenes promesas formaron en escuderías antagónicas. Pero se conocen. Y se respetan.
Aunque Coqui pone en primer plano la ideología: “Hoy tenemos una matriz hegemónica de pensamiento neoliberal y no existe matriz contra-hegemónica. Esto no sucede solo en el plano nacional, sino que es un fenómeno internacional. Estamos ante un sistema económico que privilegia la especulación financiera y promueve asimetría y concentración económica: 80 mil empresas multinacionales con 600 mil filiales en todo el mundo generan apenas el 1,5 por ciento del empleo pero manejan el 25 por ciento de la actividad económica y controlan sustancialmente el comercio exterior. En segundo lugar, tenemos un resquebrajamiento del sistema político por la cooptación corporativa del Estado para satisfacer intereses minoritarios, oligárquicos y transnacionales en detrimento de las mayorías populares. En este marco se produce un proceso de polarización ideológica, y se torna cada vez más conservador el perfil de los incluidos: “mantengo lo que tengo y no me preocupo por cambiar el mundo”, ese sería el mensaje.
¿Vos pensás que en la larga década pasada se gestó un proyecto alternativo, o fue apenas un paréntesis al interior de la hegemonía neoliberal?
Podemos hacer análisis objetivos. Por ejemplo, ¿qué cambios productivos hizo Venezuela? No se pudieron generar nuevos vectores de crecimiento económico en función de una matriz diversificada. Mientras los precios de petróleo se mantuvieron altos la capacidad de crecimiento en términos políticos y afianzamiento de liderazgo fue constante. Pero cuando bajó el precio sobrevino la crisis social. Muchas veces lo que necesitás es más tiempo para macerar alternativas. Concretamente, en Venezuela no tuviste un cambio importante. En Ecuador no pudiste salir ni siquiera de la dolarización. Y en el caso de Bolivia pudiste mejorar sustancialmente la renta del gas e hidrocarburos, generar una importante redistribución del ingreso, pero no pudiste avanzar en el cambio de matriz. Para eso hubo poco tiempo.
Y ahora parece abrirse un nuevo ciclo: ¿cuál es la novedad que expresa el macrismo?
Es una coalición liderada por un partido no tradicional, que logra por elecciones la ratificación popular. Han encontrado una contradicción que consiste en estigmatizar al kirchnerismo y destruir la base territorial del peronismo, así como destruyeron la UCR, que no existe más y no va a existir más, porque lo que quedan son vestigios radicales que pueden formar parte de otra coalición. Han construido una revolución del sentido común, un predominio discursivo en base a una identificación de carácter individual y no de conciencia colectiva. Durán Barba dice que Macri es de izquierda, y así redefinen las categorías de pensamiento de izquierda o de derecha. Mi caracterización es que se trata de un nuevo partido de base territorial endeble, que podría calificarse como centro derecha de base neoliberal. Por eso mi propuesta es construir una centro izquierda de base progresista o popular. El peronismo hoy es una categoría difusa, porque hay muchos peronistas que están con Macri. Sin embargo, la contradicción no ha cambiado. Y el modelo, aunque un poco más sofisticado, tampoco: no es difícil constatar la transferencia de ingresos de los pobres a lo ricos.
Hoy parece difícil la emergencia de una oposición que logre conmover las bases de sustentación que está construyendo el macrismo.
Este gobierno tiene minoría parlamentaria pero gobierna como si tuviera mayoría, porque utiliza la extorsión por plata, extorsión por obra. De manera que lo que criticaban del gobierno anterior ellos lo reproducen pero con la anuencia de los medios de comunicación. Además, hay un aparato de fiscales y jueces con servicios de espionaje e inteligencia, que tuvo un incremento exponencial de los fondos reservados, con muchos periodistas pagos. Cuando fui Jefe de Gabinete lo llamé “la calesita”: los servicios de inteligencia arman una causa, la repotencian en los medios, le dan una vuelta de rosca judicialmente, entonces te imputan, lo cual genera otra espiral mediática, te destrozan, y después cuando la causa judicial expira ya no importa si el fallo es a favor o en contra. Yo tengo la causa de “Fútbol para Todos” por incumplimiento de deberes de funcionario público, carente de toda lógica, pero tengo procesamiento, confirmación y ahora juicio oral y la verdad no sé cómo va a terminar porque el Estado de Derecho no existe.
Esas usinas antidemocráticas que son precisamente las que sostienen el dominio de las corporaciones sobre el Estado, ¿no se pueden desmontar? Porque ustedes estuvieron doce años en el gobierno...
Para eso es necesario más tiempo. Podemos tomar tres experiencias de procesos con reforma constitucional: dos de ellas están en crisis, Venezuela y Ecuador. El proceso Bolivariano afronta serios problemas de estabilidad. En Ecuador se rompió la coalición que gobierna la Revolución Ciudadana. En Bolivia todo apunta a que Evo Morales continúe, y es el caso más sólido. Pero deberíamos tener la capacidad de que los procesos continúen independientemente de los liderazgos personalizados. Lo que todos estos ejemplos tienen es una matriz social en común, a partir del impacto de la distribución del ingreso para lograr conciencia colectiva desde el punto de vista popular. Perón había trabajado con la Confederación General de Trabajo, con el movimiento obrero organizado; en esta etapa que nos tocó a nosotros había que reconstruir un país destrozado, y obviamente hubo que hacerlo sobre la base de los mismos actores tradicionales. La irrupción de las corrientes juveniles que se avizoraban como fuerzas de recambio, hasta ahora no pueden sustentar un paradigma nuevo. Por último, en la estructura económica intentamos acoplar la matriz agroexportadora junto a la matriz de base industrial. Pero para instalar una nueva matriz industrial se necesita tiempo, treinta años de políticas sostenidas como mínimo. Y a mi modo de ver dimos muchas peleas, muy duras, en la etapa de Cristina, casi sin red: no se puede enfrentar a todos los poderes juntos, hay que administrar y dosificar la capacidad de lucha. Eran muchos frentes, muy duros y compactos, lo cual nos ponía en una situación difícil.
estigmatizados y dominados
“Ayer hablé con Cristina. La voy a ver la semana que viene para saber qué piensa ella”. Capitanich es uno de los dirigentes con más llegada a la ex-presidenta, y de los pocos que no se cuelga de su pollera. Sabe que la proyección propia y la de sus interlocutores en el kirchnerismo, entre las que sobresale el feeling con Axel Kicillof, está sensiblemente amenazada. No pierde la fe, tampoco se engaña.
¿En qué lugar ves a Cristina camino al 2019?
Ella es la líder política que tiene la mayor adhesión del espacio opositor. Por lo tanto su gran contribución consiste en unir al espacio antimacrista para que cada vez seamos más en una alianza heterogénea y diversa. Hay que sumar a todos los que representen una propuesta de centro izquierda, y cuando digo todos es todos. No sé si Cristina tiene voluntad de ser candidata en 2019. Sin dudas es, hoy por hoy, la única pieza opositora competitiva, no hay otro. ¿Está decidida a ser candidata? Ella no me trasmite a mí en lo personal que tenga voluntad de ser candidata, pero puede ser una figura que sirva para unir, puede ser la constructora de un nuevo espacio para que alguien pueda emeger.
Todo parece indicar que el oficialismo tiene casi asegurado un mandato más.
Las corrientes de opinión pueden variar de manera inesperada. ¿Quién podía decir en 2014 que Macri iba a ser presidente? Nadie. ¿Alguien podía pensar que un tipo como Massa se iba a pulverizar en tan poco tiempo? La ancha avenida del medio no funciona, no se puede hacer opo-oficialismo. Por otra parte, sin territorio no es posible construir una matriz política alternativa. Son cuestiones en las que Macri no se equivocó: primero, siempre fue opositor, nunca fue opo-oficialista ni funcionó desde la avenida del medio; segundo, siempre preservó la construcción desde un territorio.
Muchos actores del peronismo se muestran indecisos. Por poner un ejemplo, algunos intendentes del conurbano que formaron parte de Unidad Ciudadana también se mostraron con Pichetto.
Miguel es el senador preferido del oficialismo. Y si el oficialismo te está indicando cuál es el opositor de preferencia, entonces deja de ser opositor. Creo que hay que ser muy claro: Pichetto tiene plazo fijo. En 2019 no tiene más territorio y no tiene más representatividad como senador. Le tengo aprecio personal, pero no puede expresar a la oposición. Y sobre los intendentes, si no hay unión opositora el drenaje de votos los va a llevar puestos a todos. Si de 135 distritos electorales creo que 115 ganaron ellos, esto quiere decir que en la próxima te pueden ganar los 135.
Entre los dirigentes con proyección es difícil encontrar alguien tan identificado con el kirchnerismo como vos.
Los más identificados están también muy cascoteados mediáticamente, el caso de Gildo por ejemplo, que tiene arraigo popular pero fue muy estigmatizado. O el caso de Zamora, que también tiene arraigo popular pero pertenece a otro armado ideológico. Son más volátiles, podríamos decir.
¿Cómo se explica la derrota electoral aquí en el Chaco?
Errores de construcción. Se dejó de lado expresiones políticas que representaron el once por ciento de los votos (NdR: se refiere a Unidad Ciudadana, que en Chaco fue con lista propia por fuera del Partido Justicialista). Si los hubiéramos sumado teníamos más del cincuenta por ciento. Es necesario construir una amplia coalición, saber conducir, administrar las contradicciones.
¿Es verdad que el PRO fue tu aliado en el Chaco cuando eras gobernador?
En las elecciones de 2007, sí. Tenía incluso funcionarios de ellos. Logré una coalición muy grande, desde el Partido Obrero hasta el PRO. Era una contradicción en sí misma. Yo lo denominé el Frente Cocoliche de Liberación. Peppo propuso otro estilo, prefirió plantear otra cosa, y yo no quise entrar en contradicción, lo respeto, se hizo cargo del PJ, de conducir el Frente, maneja el gobierno. Pero la verdad es que no voy a ser un obstáculo, en tanto y en cuanto se gane. Si no se gana pienso plantarme, porque se nos va la vida a todos. Tanto esfuerzo no voy a dejar que se desperdicie por incompetencia política. Yo no creo que todo se explique con la lógica de las “oleadas”, como dice García Linera, porque las oleadas también dependen de la conducción política.
Entonces, ¿no te ves disputando a nivel nacional en 2019?
Mirá, yo no quiero perder. En algún momento las cosas se acomodan. Creo sinceramente que la incidencia del territorio es cada vez menor. El problema que tenemos hoy es que estamos muy estigmatizados por los medios concentrados, tenemos que generar estrategias comunicacionales en las redes para construir un nuevo espacio. Yo viajo mucho por el país, y a donde voy llenamos todo. Axel también es un tipo que mueve mucha gente. Pero les hablamos a los propios solamente. Tenemos que lograr que nos escuchen otros. El contacto directo, las redes, la militancia activa son las herramientas. No hay que darse por vencido.