sábado, 28 de junio de 2014

La capciosa nueva interpretación de la cláusula "pari paso"; se originó durante la reestructuración en los 90s de la Deuda Soberana del Perú. Esta nueva interpretación derogó la clásica DOCTRINA CHAMPERTY: de aquellas tormentas neoconservadoras, estos lodos que están ahogando a los pueblos del mundo entero

En nuestra transcripción de la nota en inglés escrita y publicada por el staff del diario porteño Buenos Aires Herald que puede leerse aquí, se relata la historia del el origen de la actual interpretación (capciosa) de la  antigua cláusula "pari passu" que rije a la jurisprudencia estadounidense desde el siglo XIX; pero nunca se interpretó de la manera en que lo hacen:  los fondos buitres, el juez del distrito sur de Nueva York, Thomas Griesa, y la Cámara de Apelaciones de Nueva York.

Pues bien, tal como puede leerse (en inglés) en la mencionada nota del BH, esta interpretación la impusieron los Fondos Buitre NML cuando en los 90s Perú reestructuró su deuda y estos fondos no entraron en el canje. Los  "Fondos Buitre" apelaron, tal como ahora en el caso Argentino, ante la Corte Suprema de Nueva York, y tal como ahora, la Corte les habilitó el derecho a cobrar el 100% del valor de los bonos. Como Perú siguió pagando a sus "bonholders" (bonistas que entraron en el canje), volvieron a litigar y alli surgió la capciosa nueva interpretación de la antigua cláusula "pari passu" (igualdad de trato). Los "Fondos Buitre" adujeron que si se les pagaba a los bonistas reestructurados, de acuerdo con la "igualdad de trato", debía pagársele a ellos.

Aquí, el economista Alfredo Zaiat, nos revela, además, que ese movimiento de los "Fondos Buitres" en Perú, que generó la comentada "nueva interpretación capciosa" de la clásula del "pari passu", derribó, además una doctrina clásica de las finanzas en el Circuito de Nueva York, la "Doctrina Champerty" la cual postulaba que, (transcribimos un fragmento de la nota de Zaiat):
 “... ninguna persona natural o jurídica (...) puede comprar documentos de crédito vencidos (...) con la intención y el propósito de interponer una acción o un proceso judicial con respecto a la misma”. Así lo expresa la Ley del Poder Judicial de Nueva York en la Sección 489. Esa doctrina prohíbe la compra de deuda con el objetivo de iniciar reclamos legales en la jurisdicción de Wall Street, donde se dirimen conflictos sobre deuda soberana. Si existe esa norma, ¿por qué el fondo buitre Elliott de Paul Singer ganó en primera y en segunda instancia el juicio contra Argentina? Porque hubo un antecedente de Elliott contra Perú por bonos en default donde la Cámara de Apelaciones de Nueva York se pronunció a favor del primero anulando la aplicación de esa doctrina sobre deuda soberana. El caso peruano sirve para ampliar el conocimiento sobre el litigio Elliott-Griesa contra Argentina.

Entonces, queda cada vez mas claro, el contubernio entre el Poder Judicial de Nueva York, donde se dirimen las deudas soberanas (en Argentina desde Martínez de Hoz) y el capitalismo financiero, que mantiene en vilo al mundo desde la implosiòn de la Unión Soviètica, y el manejo unilateral de los EEUU sobre la economía mundial que devino luego de esa implosiòn, plasmado en el Consenso de Whasinghton.

sábado, 21 de junio de 2014

SOLICITADA ARGENTINA EN EL WALL STREET JOURNAL: Las interpretaciones de la ley en que se apoya la sentencia del juez Griesa fueron cuestionadas por los más diversos actores: los gobiernos de Francia, México, Brasil y Uruguay; la agencia compensadora Euroclear y el fondo Fintech. También se manifestaron en el mismo sentido Joseph Stiglitz, Anne Kruger, Nouriel Roubini; la CELAC, el G24, el G77 y 106 Parlamentarios británicos. Hasta el gobierno de Estados Unidos y el FMI mostraron preocupación por sus implicancias globales.

Política Fondos buitre Sábado 21 de Junio de 2014 | 18:51

Fondos buitre: este es el texto completo de la solicitada argentina en el Wall Street Journal

A continuación, el texto completo en castellano de la solicitada del Gobierno en el diario estadounidense The Wall Street Journal.


ARGENTINA QUIERE SEGUIR PAGANDO SU DEUDA Y NO LA DEJAN

Argentina quiere seguir pagando su deuda, igual que como lo viene haciendo desde 2005, pero hoy se ve dificultada de hacerlo por el fallo del juez Thomas Griesa y la negativa de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos a tomar el caso.
El default de la República Argentina en el año 2001 fue el más grande de la historia financiera mundial, superando largamente los 100 mil millones de dólares. Décadas de sobreendeudamiento y bajo crecimiento dejaron al país con una deuda superior al 160% del PIB, una tasa de desempleo cercana al 25% y más del 50% de los habitantes en condiciones de pobreza. Desde el año 2003 se implementaron diversas medidas encaminadas a normalizar las relaciones financieras internacionales del país. El principio fundamental de todas las negociaciones mantenidas con los acreedores fue siempre el mismo: para poder pagar, Argentina debe primero crecer, para generar los recursos que le permitan honrar sus compromisos. Crecer para pagar, esa es la marca de todas las negociaciones de deuda que Argentina viene llevando desde 2003 a la fecha. Bajo esta marca, hace más de una década que la economía argentina crece, reduce su desempleo y se desendeuda, al punto tal que hoy la deuda pública con el sector privado denominada en moneda extranjera no el 8% de su Producto Interno Bruto.
El proceso de reestructuración de la deuda que en 2001 quedó en default continúa hasta el presente. En ese difícil camino se saldó completamente la deuda con el Fondo Monetario Internacional, se alcanzó a un acuerdo con los acreedores para los laudos firmes del Centro Internacional de Arreglo de Disputas relativas a Inversiones (CIADI), se cumplieron por completo las obligaciones con organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, la Corporación Andina de Fomento y recientemente se acordó un pago en hasta 7 años con el Club de París y la compensación a la empresa REPSOL por la recuperación del 51% accionario de la empresa YPF.
Indudablemente, el problema más complejo era alcanzar un acuerdo con los miles de tenedores de deuda en default desde el año 2001 por un total de 81 mil millones de dólares. Pero Argentina lo consiguió con éxito. Después de largas negociaciones, consultas con sus acreedores y aplicando el principio de buena fe, acordó un canje voluntario de los títulos en default por nuevos bonos con quita, mayor plazo y menor tasa, lo que hacía sustentable el compromiso tomado. El canje fue ofrecido en 2005 y nuevamente en 2010, y logró una adhesión del 92,4% de los acreedores. Una de las claves del éxito conseguido fue, como es habitual en estas operaciones, que tanto la legislación argentina como el prospecto de los títulos emitidos impide ofrecer mejores condiciones a quienes no aceptaron (los hold out). Desde 2003, con el esfuerzo de todos los argentinos, se han pagado regularmente los vencimientos de toda la deuda reestructurada, sumando más 190 mil millones de dólares y sin acceso al mercado financiero internacional.
Un 7,6% de los bonistas no aceptó la reestructuración. Los fondos buitres que consiguieron la sentencia a su favor no son prestamistas originales de Argentina. Compraron bonos en default a precio vil después del canje, con el solo objetivo de litigar contra el país y conseguir una ganancia fabulosa. El fondo NML de Paul Singer, por ejemplo, pagó en 2008 sólo 48,7 millones de dólares por bonos en default. Hoy la sentencia del juez Griesa le reconoce un monto de 832 millones de dólares, es decir, una ganancia de 1608% en tan solo 6 años.
Argentina apeló los fallos del juez de primera instancia de Nueva York Thomas Griesa, que obligan a pagar 1.500 millones de dólares el 30 de junio de 2014, fecha del próximo vencimiento de la deuda reestructurada. Sin embargo, se calcula que el total de bonos en situación de default que no entraron a los canjes asciende a 15.000 millones, lo que equivale a más del 50% de las reservas del país. El fallo de Griesa empujaría al país a un nuevo default. Porque si Argentina paga los 1.500 millones, deberá pagar en un futuro inmediato 15.000 millones. Para peor, por las leyes de Argentina y las cláusulas de los títulos reestructurados (RUFO), si se le pagara a los buitres, todos los demás bonistas reclamarían el mismo tratamiento, con un costo estimado en más de 120.000 millones de dólares. Si, en cambio, no paga a los fondos buitres, la sentencia de Griesa le prohíbe a Argentina pagar al 92,4% de los bonistas que aceptaron la reestructuración, ya que el juez libró órdenes al Banco de Nueva York y a las agencias de compensación para que no paguen.
En síntesis: pagarle a los buitres empuja al default, y si no se les paga, la orden de Griesa implica poner en riesgo el derecho de los bonistas a cobrar su deuda reestructurada en el 2005 y el 2010.
Mientras tanto los fondos buitres, invirtieron millones de dólares en lobby y propaganda, intentando convencer al mundo entero que Argentina no paga sus deudas y no quiere negociar. Pero, justamente, desde 2003 la salida del default con desendeudamiento se consiguió negociando y pagando. Argentina mantiene aún hoy abierta la posibilidad de canje para todos aquellos que respeten el principio de igualdad. Por una decisión de la justicia norteamericana que favorece a un 1,6% de los bonistas especializados en litigar se pone en riesgo la reestructuración de deuda que aceptó voluntariamente un 92,4%.
Las interpretaciones de la ley en que se apoya la sentencia del juez Griesa fueron cuestionadas por los más diversos actores: los gobiernos de Francia, México, Brasil y Uruguay; la agencia compensadora Euroclear y el fondo Fintech. También se manifestaron en el mismo sentido Joseph Stiglitz, Anne Kruger, Nouriel Roubini; la CELAC, el G24, el G77 y 106 Parlamentarios británicos. Hasta el gobierno de Estados Unidos y el FMI mostraron preocupación por sus implicancias globales.
Con este fallo, se pone en jaque a la Argentina, pero también a cualquier país que tenga que enfrentar en el futuro una reestructuración de su deuda. Según la legislación interna de cualquier país, cuando se produce una cesación de pagos y el 66% de los acreedores acepta un acuerdo, los restantes están obligados también a aceptar. Al no existir un marco jurídico internacional para el default de un país soberano, este precedente implica que aún si se lograra un 99,9% de adhesión voluntaria el 0,1% podría invalidar toda la reestructuración.
La voluntad de Argentina es clara: esperamos una decisión judicial que promueva condiciones de negociación justas y equilibradas para resolver este largo y penoso litigio que afectó, afecta y afectará al Pueblo Argentino, debido a la voracidad de un ínfimo grupo de especuladores.
PRESIDENCIA DE LA NACIÓN
REPÚBLICA ARGENTINA

viernes, 20 de junio de 2014

UN ATAQUE A UNA POLITICA QUE MOSTRÓ UNA ALTERNATIVA DISTINTA A LA DEL CAPITALISMO FINANCIERO.La crisis del 30 hizo lugar a la necesidad de regular los mercados financieros internacionales. Pero en los 70s Suiza y USA patearon el tablero. Luego, la caída de la Unión Soviética diio paso a una apertura obscena de los mercados financieros internacionales. La decisión de la Corte Suprema de EUA es una decisión política que se propone castigar a una política, como la argentina, que mostró la viabilidad de una alternativa distinta del capitalismo financiero.

Andrés Musacchio *

Otra dimensión de la carroña

El rechazo de la Corte Suprema estadounidense a tomar el proceso de los fondos buitre contra Argentina levantó una gran polvareda, que vuelve a poner sobre el tapete la negra etapa neoliberal de la historia argentina. Entre las fuentes de la turbulencia se destaca la cláusula Rights Upon Future Offers (RUFO), que obliga a extender las ventajas que se concedan a los bonistas que no ingresaron al canje a todos los que sí lo hicieron. La cláusula vence a fin de año. Después de trece años de espera y a sólo cinco meses de un cambio sustancial de la mesa para negociar, una mesa que daría más flexibilidad a la Argentina, es necesario preguntarse por qué la avidez por acelerar ahora algo que en poco tiempo se simplifica. Queda claro que la cuestión es absolutamente política. No se trata de guita; no es (solo) la inmoralidad del dinero en acción, sino un ataque a un tipo de políticas que más allá de algunos arduos problemas, mostró la viabilidad de una alternativa distinta del capitalismo financiero.
Se ha insistido hasta el hartazgo en que si el canje de la deuda argentina cae, cualquier reestructuración futura será muy dificultosa. Sin embargo, el problema es más grande. El mundo viene preparándose para reestructurar las deudas de muchos países ahogados por el peso de sus pasivos en el marco de una crisis internacional que, a esta altura, ha superado a sus antecesoras con holgura. Pero el problema no está en la deuda y sus reestructuraciones, sino en la crisis misma, fiel reflejo de un tipo de capitalismo que funciona mal y no tiene chances de recuperarse sin un giro radical.

Las lecciones de la crisis del ’30

Uno de los problemas que desvelaron a muchos economistas entre las dos grandes guerras mundiales fue cómo reconstruir una economía productiva y con empleo creciente, evitando burbujas especulativas que truncaran los esfuerzos de la sociedad. Central en Keynes, esta cuestión sobrevoló las discusiones de Bretton Woods en 1944. El nuevo orden internacional que comenzó a plasmarse allí incluyó la venia explícita a la regulación de los flujos internacionales de capital, buscando detener la movilidad del capital financiero. Las restricciones se generalizaron en el mundo occidental, especialmente en los países desarrollados considerados campeones del liberalismo. En síntesis, los controles frenaban la competencia internacional por captar dinero e inversiones entre los emplazamientos posibles. De esa manera podían elevarse salarios y estándares laborales al interior de las naciones, mientras la autonomía relativa de los mercados monetarios aseguraba una política expansiva.
Una nueva crisis desde finales de los ’60 y el paulatino opacamiento del “socialismo real” dieron paso en los ’70 a un golpe de timón. Rotos los acuerdos de Bretton Woods por parte de los Estados Unidos en 1971, se abrió paso una liberalización financiera que se inició en 1974 en Estados Unidos y Suiza y se expandió a prácticamente todo el mundo en los veinte años siguientes. La liberalización subordinó la dinámica económica a las lógicas del capital financiero y disparó una espuria competencia por atraer o retener capitales. Costos laborales o fiscales altos para las empresas significaban que el capital podía migrar, extorsionando a Estado y trabajadores a amoldar sus pretensiones a los que ofrecían emplazamientos competidores.
También abrió la puerta a burbujas especulativas cada vez más audaces, que despegaban las ganancias financieras de la riqueza creada e impulsaba crisis periódicas. La llave de la especulación era el endeudamiento público y privado y las crisis transcurrían invariablemente por el mismo sendero: rescate del sector privado con ayuda internacional para el Estado, que asumía las deudas privadas; negociaciones con el Estado que profundizaban las políticas neoliberales y abrían nuevas oportunidades de negocios para los recién rescatados; finalmente, se sucedía una nueva burbuja de endeudamiento especulativo con su correspondiente crisis.
Los organismos internacionales, especialmente el FMI, pasaron entonces de ser un garante de la estabilidad de corto plazo de las finanzas internacionales –tal su mandato en Bretton Woods– a un gerente del manejo de las burbujas financieras y las crisis. La misión era recauchutar a los países malheridos y volver a ponerlos en la ruta, pero ahora con un mercado laboral más flexible, un Estado más austero y un sistema legal más poroso, con mayor “competitividad”.

La piedra en el zapato

La crisis de los países latinoamericanos a finales de los ’90 puede considerarse como terminal. Finalmente, las sociedades locales manifestaron su hartazgo y forzaron a un giro en las políticas. Curiosamente quedó expuesto que un proceso expansivo necesitaba menos atraer capitales y mucho más retener los propios. Lejos de la prometida explosión de recursos, el neoliberalismo había provocado una sangría atroz y la tarea prioritaria era frenarla de raíz. Sin programas de desarrollo estructurales definidos, se fueron imponiendo procesos de crecimiento endógenos que trataban de recrear algunas de las condiciones de la posguerra. No todas, por supuesto, porque el mundo ha cambiado sustancialmente y de aquella receta varios ingredientes ya no sirven.
Uno de los pilares de las nuevas políticas fue el cuestionamiento a las lógicas de la deuda externa. La reestructuración de las deudas, el pago completo de los pasivos con el FMI y nuevas condiciones para los acreedores mejoraron el perfil de las cuentas corrientes y oxigenaron las economías nacionales. El relativo aislamiento de los mercados financieros internacionales, lejos de la catástrofe, contribuyó a una evidente mejoría. Y probablemente ahí este la clave de lo ocurrido estos días. Se busca mostrar que tal camino es inviable y conduce al abismo. Si la región tiene éxito se abre una impredecible caja de Pandora.
La reacción de los buitres y sus socios es posible por la falta de un marco legal internacional del mercado financiero. Operativamente, la ausencia de un proceso reglamentado de insolvencia le da poder de veto a una minoría no cooperativa. Pero que se sostiene en la falta total de normas relativas a las condiciones generales de los flujos financieros especulativos, que desestabilizan potencialmente cualquier salida de la crisis internacional. Exactamente lo que desvelaba a los economistas de la posguerra.
El caso argentino pone sobre el tapete esa discusión y las reacciones son esperables. No importan los 1300 millones ni los cinco meses, sino cerrar las puertas al cambio. Pero también está claro que las condiciones políticas y económicas se han deteriorado tanto incluso en las regiones centrales, que el statu quo resulta insostenible. Por eso, Argentina cosechó algunos tímidos apoyos, otrora impensables, como el de Anne Osborn Krueger o el FMI, e incluso de bancos transnacionales que notan que la falta de reglas puede tornar aún más inmanejables las finanzas globales. Por supuesto, las soluciones de cada actor son diferentes. Pero el caso argentino dispara una pulseada política en la que se debate la gobernanza internacional. En esa dimensión, eminentemente política, deben moverse nuestras autoridades para trazar su estrategia.
* Idehesi/UBA-Conicet.

jueves, 19 de junio de 2014

UNA EXPLOSION DEL PASADO: LA REESTRUCTURACIÓN EN EL PERÚ SUFRIÓ UN PROCESO SIMILAR. Elliot Management también estuvo involucrado

Buenos Aires Herald, Thursday, June 19, 2014.


ELLIOT MANAGEMENT ALSO INVOLVED
Blast form the past: Peru restructuring followed similar process
Even though it may seem an isolated case, Argentina's long-term legal battle with hedge funds is following a very similar path to that of Peru during the 1990s, even that country also squared up against hedge funds like Elliot Management in US courts.
In 1983, Peru began a long process of negotiations with creditors as result of its economic crisis, which finally led to a debt swap in 1996. The original securities were swapped for Brady Bonds. Around the same time the debt swap was announced. Elliott Management, the hedge fund run by Paul Singer and that later sued Argentina, purchased US$ 20.7 million worth of defaulted Peruvian loans for a discounted US$11.4 MILLION.
Elliott Associates, holding the only portion of Peru’s debt that remained outside the swap, immediately sued the nation and its Banco de la Nacion del Per{u in New York court for the origina amount of the loan plus interests. After mud deliberation, Elliot in June 2000 obtained a ruling against Peru for US$58 million, as well as an attachment order against a Peruvian assets that were used for commercial activity in the US
Unable to pay the sum, but wishing to honor its debt, Peru continued to repay the creditors that held Brady Bonds before paying Elliot Management. The hedge fund filed an injunction request to prevent Peru from paying off its restructures debt without also paying Elliott, successfully arguing that Peru had violated the pari  passu clause, which states that no creditor can be given preferential treatment.
Unable to make its debt repayments, Peru once again found itself facing default, and was forced to settle with Elliot in order to continue honoring its debts and remain in good standing to secure credit lines.
With the case alreade settled, the International Monetary Fund published a document in 2001, which was drafted by the Policy Development. Review  and  Legal  Departments, about the private sector’s participation in the financial crisis and the sovereign debt restructuring debt restructuring processes.

“This would be consistent with the classic behavior of so-called vulture creditors. These creditors tend to buy distressed debt at a steep discount and wait until the decks have been cleared through a restructuring before attempting to apply pressure for a favorable settlement, in many cases, through litigation”, the IMF said. – ©Herald staff

lunes, 16 de junio de 2014

Jose María Barrionuevo, analista de Wall Street había analizado en el Financial Times que "una decisión del Tribunal Supremo adversa a Argentina no sólo tirará por la borda su reestructuración y la de Grecia; sino que eliminaría la posibilidad a muchos otros países pobres de darles una oportunidad histórica para hacer frente a la deuda de enormes proporciones de una manera sostenible y volver a la senda del crecimiento".

Aquì la nota de infojus

José De Mendiguren, diputado FR "¿Ahora quién va a querer entrar en una reestructuración?"

La Corte Suprema de los Estados Unidos de América acaba de "rechazar" el pedido de Argentina de revisar el fallo del Juez neoyorkino Thomas Griesa, que ordenó el pago de la deuda total a los "holdauts", esto es, lo bonista que no entraron en los canjes anteriores de restrucuración de deuda. 
Este rechazo era la peor situación esperable del alto tribunal. Argentina cae en default técnico. Quién sabe lo que vendrá; pero argentino que se alegre de esto, es un cipayo a todas luces.

"Algunos internamente quieren aprovechar esto para pelearse con el gobierno de turno, y esto trasciende a eso. Llegamos al default por la década de los 90, que nos endeudaron hasta la insolvencia. Esto viene de políticas neoliberales, no de la Argentina de los últimos años, que aplicó la política que aplicó""Algunos internamente quieren aprovechar esto para pelearse con el gobierno de turno, y esto trasciende a eso. Llegamos al default por la década de los 90, que nos endeudaron hasta la insolvencia. Esto viene de políticas neoliberales, no de la Argentina de los últimos años, que aplicó la política que aplicó" Dice Ignacio de Mendiguren en un reportaje radial, cuya síntesis puede leerse aquí

domingo, 15 de junio de 2014

Hay algo, sin embargo, en lo que Vargas Llosa acompaña a la derecha intelectual y política global: es el modo en que renuncia a cualquier explicación consistente de la crisis. La situación económica y social europea parece no tener historia, ni causas, ni actores protagónicos; parece una catástrofe natural que es aprovechada por el populismo malvado y el nacionalismo ignorante. Mucho más actual y sugerente suele ser la intervención del papa Francisco en estos temas, cuando pone en el centro de la tormenta al capitalismo, su culto al dinero y el correlativo “descarte” de masas de millones de seres humanos.

Dice sobre Vargas LLosa el autor de ésta nota, Presencia de Europa entre nosotros

El peor desenlace sería el rechazo absoluto del recurso. Cualquier medida que dilatara el proceso favorece al Estado nacional. El óptimo sería que esas postergaciones fueran más allá del 31 de diciembre, fecha en que cesa el derecho de los acreedores que aceptaron el canje a reclamar cualquier mejora concedida a otros. O sea, tocaría a su fin la perspectiva de reclamos en cascada, de un efecto dominó.

Adelantándonos a lo peor  o lo mejor para Argentina, respecto de la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos de América: si rechaza tratar el tema, el país cae inmediatamente en default. Cualquier otra resolución que postergue la decisón de la Corte más allá del próximo 31 de diciembre, es alentadora en tanto después de esa fecha, los acreedores que aceptaron el canje I y el canje II, no podrán presentarse a reclamar cualquier mejora concedida a otros.

Fuente:

 http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/elpais/1-248656-2014-06-15.html