martes, 26 de junio de 2012

El modelo de la oligarquía paraguaya no es el de la integración regional, sino el de los acuerdos comerciales típicos de una economía de base estrecha, que descansa en la exportación de la carne y soja y en la importación de la base material y financiera para el creciente consumo. Esto es, el conocido patrón de desarrollo desigual, exitoso para unos pocos y nefasto para las mayorías.

El epígrafe está tomado de éste artículo,  El nuevo golpismo en Latinoamérica,  escrito por los españoles Iñigo Errejón (doctor e investigador en Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid) y  Alfredo Serrano (doctor en Economía por la Universidad Abierta de Barcelona. 

Ambos son miembros de la  Fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS)  que es una organización política no partidaria dedicada a la producción de pensamiento crítico y al trabajo cultural e intelectual para fomentar consensos de izquierdas.

Quiero decir, en las Universidades españolas se produce un pensamiento crítico que no se refleja en la gente de la calle, el pueblo llano o plebeyo. Pongo como ejemplo de pueblo llano al movimiento de Los indignados, tan poco formados políticamente, tan burdos en sus reclamos. 

Me he preguntado siempre por qué España, el imperio subdesarrollado, flanqueado por los países que hicieron la revolución burguesa y capitalista, Francia e Inglaterra, pudo  producir en su subdesarrollo figuras de la envergadura de un Buñel, un Picasso, un Dali, por hablar del siglo XX no más. 

Alguien me respondió que en las sociedades con mucha diferencia de clases y de información, es probable que las élites sean muy fecundas en producción intelectual y artística. 

Así ocurrió en Argentina alrededor de la Revista Sur. Cuando todavía este país del Río de la Plata ni se planteaba salir de la agroexportación, Sur tradujo a los grandes del siglo XX para toda Latinoamérica, lo que permitió que el colombiano García Márquez (contado por él mismo) que no leía inglés, accediera a Faulkner, influencia prodigiosa que impulsó el llamado Boom de la Literatura Latinoamericana de la mano nada menos que de Cien años de soledad, de G. Márquez. 

En Uruguay hoy mismo, igual que en España y que en Argentina de los cuarentas del XX, hay un país desindustrializado. Una economía de exportación de productos primarios,  mucha concentración de la riqueza y muy poco trabajo para el pueblo, es una economía excluyente, la prueba los miles de uruguayos que históricamente se desplazan a Argentina para trabajar. Sin embargo, y a pesar de ello, el Uruguay tiene una cultura de élites envidiable en toda América. Concentra latifundiospor un lado y concentra cultura por otra. Pero, dolorosamente expulsa a la mayoría de sus habitantes. 

En ocasión de la teleconferencia de ayer entre Cristina Fernandez, el primer ministro de China Wen Jiabao, y el cada vez más entrañable presidente del Uruguay, D. Pepe Mujica, éste admitió, con el corazón partido, que todavía el Uruguay le debe mucho a su pueblo: transformar una economía primaria en otra más industrializada. 

El caso del Paraguay es más intrigante y no encuentro explicación. 

Paraguay fue el primer país industrializado de Latinoamérica. Allá por el siglo XIX exportaba textiles y manufacturas a Europa. 

La Guerra de la Triple Alianza, en la que participaron los poderosos países que estaban construyendo una economía primaria (Brasil, Argentina, y Uruguay) impulsados por Gran Bretaña, destruyeron el Paraguay industrializado, porque  el Imperio británico no consentía que un paisito como el Paraguay le quitara el predominio de  Taller del Mundo y la división del trabajo que había pergeñado para sus colonias formales o no formales. 

Esa destrucción, horrorosa,  dolorosa, ha quedado tal vez en el inconsciente colectivo paraguayo. 

Que alguien que sepa más de historia me pueda dar una mano para desentrañar este dilema. El libro de Moniz Bandeira sobre la guerra de la Triple Alianza puede ser un buen camino para comenzar a desanudar estos enigmas. No lo he podido leer porque los libros de Moniz Bandeira son casi inhallables en Argentina. 

Hoy asistimos a la contra cara de la Guerra de la Triple Alianza, ya no está la voluntad imperialista británica detrás del Golpe institucional al único presidente progresista del Paraguay, D. Fernando Lugo, desde que se tenga memoria ( o sea después de la guerra de la Triple Alianza) 

No deja de ser probable que estén los EUA en esta oportunidad detrás de que el Paraguay prosiga con esa estructura excluyente y primarizada, con un conservadurismo brutal y una cultura de élites casi inexistente. Es una obviedad que el Paraguay es un enclave conveniente para la estrategia estadounidense en América del Sur. 


En síntesis, si pensamos que esta vez Brasil, Argentina y Uruguay se unirán para defender la Democracia del Mercosur, conseguida con sangre de hermanos, revertiremos el oprobio de la Guerra de la Triple Alianza. 

Que nuestro hermanos (el pueblo paraguayo) confíen esta vez que la historia y el resto de Suramérica le está dando una oportunidad a su país para salir de la exclusión e integrarse definitivamente a los países progresistas que en Suramérica son cada vez más. 

Mientras tanto, bienvenidos los paraguayos que quieran vivir en suelo argentino, para poder subsistir y a la vez encarar la organización de una reforma de las instituciones de su país en este exilio que puede ser muy eficaz para el cambio soñado por todos: una Suramérica unida bajo los ideales libertarios e igualitaristas de un San Martín, un Bolívar, un Mariano Moreno y para el precoz ideario industrialista de un Francisco Solano López. 



miércoles, 13 de junio de 2012

“Los exabruptos de los discursos de Perón en contra de la Iglesia no pueden ni deben ser equiparados con las bombas que se arrojaron sobre los civiles en la Plaza de Mayo en junio de 1955” .

La cita del epígrafe es de un reportaje al historiador Lucas Lanusse, sobrino nieto del dictador que presidió la Argentina entre 1971 y 1973.

Para quienes no somos peronistas, aunque no antiperonistas; pero provenimos de familias ultra antiperonistas (desde el lado católico de unos parientes o del lado de oficiales de la marina de guerra, de otros), los libros de Pablo Lanusse son absolutamente imprescindibles.

Aquí el link al reportaje mencionado.

sábado, 9 de junio de 2012

LOS CACEROLEROS ARGENTINOS. O más bien los “camisas pardas” de clase media que salen a “decir no” –esto es, sin ninguna “demanda” hacia el gobierno de la que ellos llaman “yegua hija de colectivero”, es decir, la Presidenta de la Nación, cuyo padre fue colectivero. En síntesis, cuando sólo hay “no” y ninguna “demanda concreta”, estamos frente a un mero ejercicio destituyente, que no busca “representación política” , sino un líder autoritario para el GRAN NO

En el Post de María Esperanza CASULLO (doctora y profesora en Cs. Políticas UBA) : Las cacerolas se representan solas, que recomiendo enfàticamente leer de una vez, y luego tomándose el trabajo de leer los links que ella pone en el artículo a otros artículos del mismo blog colectivo ARTEPOLÍTICA y finalmente leer los Comments.

Uno muy sintético y a la vez descriptivo del imaginario de estos caceroleros "vestidos de camisas pardas" es el siguiente que además de sus virtudes descriptivas e históricas es muy gracioso:


No puedo dejar de contar esto: Precisamente en Santa Fe y Callao, en 1989, buscando una locación para filmar, subimos a un piso de un edificio antiguo y elegante (de esos que tienen ascensor “enrrejillado”). La dueña, sumamente alta, flaca y pelo casi blanco de tan rubio, me hizo pensar en las valkirias. Necesitábamos un estudio elegante (el personaje de la ficción era un profesional con consultorio). Entonces nos hizo pasar al de su marido:
La pared tras el escritorio —entera— estaba cubierta con un inmenso tapiz con la svástica. Todas las demás paredes, atestadas de pistolas Luger, cascos alemanes de la 2ª guerra y demás lindos “souvenirs” de la misma. Había también muchas fotos enmarcadas, de oficiales nazis, algunos MUY conocidos, todos posando muy sonrientes. “El marido debe ser alguno de esos” —pensé, y enseguida—: “Todo esto debe haber llegado en submarino”.
Cuando el director, la productora y yo bajamos en el ascensor, la valkiria debe haber oído desde arriba el enorme suspiro unánime de alivio…
Ya caminando por Santa Fe, agradeciendo el aire fresco, pensé “¿Cuántas veces habré pasado yo por esta esquina —miles, seguro— sin imaginarme algo así?”
Y eso que, como ya dije, “conozco el paño”, el lugar y su gente, pero…
El imbécil que crea que lo invento… bueno, pues eso.