miércoles, 28 de diciembre de 2011

A desalambrar, que la tierra es mía de Juan y José...

Uruguay tiene su ley contra el latifundio

En su última sesión del año, el Senado aprobó el Impuesto a la Concentración de Inmuebles Rurales (ICIR) que obliga a tributar a los propietarios de más de 2 mil hectáreas de campo y cuyo fin es desalentar la concentración de tierras, tanto en manos extranjeras como uruguayas. Impactará al menos en 1.500 de los más de 50 mil productores que tienen un tercio de las 17 millones de hectáreas cultivables del territorio y el gobierno estima que con ello recaudará unos 60 millones de dólares anuales.

El proyecto que Diputados habían aprobado en noviembre pasado fue convertido en ley en el Senado, por 16 de 27 votos, solo con las manos alzadas del gobernante Frente Amplio (FA, izquierda). El desarrollo de este impuesto estuvo atravesado por la polémica en el seno del gobierno, entre su impulsor, el presidente José Pepe Mujica, y el vicepresidente Danilo Astori, arquitecto de la política económica del país y quien hizo públicas sus diferencias con la iniciativa. Una de las críticas fu e que el ICIR no tenga en cuenta la productividad de las tierras.
El impuesto hecho ley prevé un gravamen anual de 67 Unidades Indexadas por hectárea (unos 8 dólares) para las extensiones de tierra entre 2 mil y 5 mil hectáreas; de 100 Unidades Indexadas (12 dólares) la hectárea para aquellas extensiones entre 5 mil y 10 mil hectáreas, y de 135 Unidades Indexadas (16 dólares) la hectárea para las propiedades superiores a las 10 mil.
En todos los casos se gravará aquellas tierras con un índice Coneat (utilizado para medir la calidad del suelo) superior a 100 o equivalente; es decir, que 3 mil hectáreas con índice 60 no pagarían, pero 1.500 hectáreas con índice Coneat 200 sí lo harían. El gobierno estima que el impuesto permitirá recaudar unos 60 millones de dólares anuales, que serían destinados a obras de acceso o de vías rurales en los departamentos del interior.

martes, 27 de diciembre de 2011

El juez Raúl Zaffaroni explica sus críticas a la ley antiterrorista y al GAFI


“Esta ley resulta de una extorsión”

El ministro de la Corte Suprema le apunta al GAFI por reclamar una ley que considera innecesaria. Se preocupa por las “futuras extorsiones” que podría hacer el organismo.

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Zaffaroni dice que el GAFI busca “monitorear” la economía.

–Usted ha sido muy duro en sus críticas a la llamada ley antiterrorista. ¿Cree que es un error del Gobierno?

–No lo sé. Yo no tengo el panorama completo del daño que el GAFI puede hacernos. Presumo que el Gobierno, que seguramente lo puede valorar más que yo, lo habrá evaluado. Lo que sé es que la ley resulta de una extorsión de ese organismo, manejado por los intereses de quienes lavan dinero en el Hemisferio Norte. ¿O alguien cree que impide el reciclaje de medio millón de millones de dólares anuales provenientes del crimen organizado? Si el GAFI está tan preocupado por el reciclaje, ¿por qué no se ocupa de cerrar los refugios fiscales? ¿Necesitan acaso que les digamos dónde se encuentran?

–¿Qué es el GAFI?

–Es un organismo cuyo interés consiste en monitorear toda la actividad financiera de los países del sur. No tiene nada que ver con el terrorismo, ni la ley que nos extorsionaron sirve para prevenir el terrorismo, ni tampoco el lavado. Nosotros, desde siempre, por lo menos desde 1921, tenemos las más severas penas contra cualquier acto terrorista o de cooperación o instigación. Ahora resulta que el derecho penal argentino será omnipotente, los terroristas serán nuevos “Lázaro”, los resucitaremos para ponerles otra prisión perpetua. Nadie me supo decir jamás cuál es la pretendida laguna de punibilidad en materia de terrorismo, porque no la había. En cuanto al lavado, tampoco tiene relevancia, porque nuestro mercado es muy pequeño, cualquier operación grande llama la atención; aquí sólo se puede lavar alguna prenda interior y nada más. Lo que les interesa es monitorear toda nuestra actividad financiera, enterarse de todo, controlar todo. Es un organismo que sólo puede hacer “recomendaciones”, pero que se toma la atribución de calificar a los países, hacer listas negras, promover sanciones económicas. Para ello cuenta con una serie de burócratas que promueven estas leyes porque tienen que justificar sus sueldos en euros y dólares. Son sus “técnicos” o, mejor dicho, sus “escribas”.

–¿Para qué quieren controlar nuestra actividad financiera?

–Para, seguritos, conocer todos nuestros movimientos, ejercer toda clase de presiones y eventualmente para saber cómo destrozarnos mejor. No se olvide que somos la oveja negra económica, marchamos a contramano de los organismos internacionales y sus recomendaciones, somos un mal ejemplo, porque nos va bien por no hacer los deberes que ellos quieren.

–¿Lo considera un peligro cercano y grave?

–No lo sé; un peligro es, cuán cercano, no sé. Sé que como todo extorsionador vendrá por más, no se conformará con esto, es inevitable porque es la mentalidad del extorsionador y de los “yuppies”. Llegará un momento en que será necesario decirles basta, no sé si nosotros solos o en bloque, porque los otros países del sur también sufren las mismas extorsiones.

–De lo que dice se deduce que fue un error político acceder a esa exigencia.

–Insisto en que eso no me atrevo a asegurarlo, no sé si en este momento estamos en condiciones de arrostrar los daños que nos podrían causar. De cualquier modo creo que es importantísimo que tomemos conciencia de que se trata de una extorsión, en especial para sacar la cuestión del juego político y encararla como una cuestión nacional, en la que todos, Gobierno y oposición, deberían estar de acuerdo y actuar en consecuencia. No es una broma ni una nueva oportunidad para que nadie saque partido, es una amenaza común a la nación. Aquí se debe en el futuro operar con consenso de todos, no jugar con nuestra soberanía.

–¿Considera que se podría abusar de la ley para sancionar la protesta social, la crítica pública o algo parecido?

–De momento nadie jugará con esta ley, y si a alguien se le ocurriese la peregrina idea de valerse de sus defectos, para eso estamos los jueces, para ponerle los frenos que correspondan conforme a la Constitución Nacional. Si alguien quisiera filtrar alguna limitación a los derechos ciudadanos, lo pararemos en seco. Pero no es ésta la cuestión, sino ponernos a pensar todos juntos, Gobierno, oposición, técnicos, economistas, juristas, diplomáticos, qué diablos vamos a hacer con las futuras extorsiones de este organismo. Esta es una amenaza clarísima a nuestra soberanía nacional por parte de un organismo que se atribuye más poder que la ONU. Aquí tenemos que demostrar madurez, o sea, que somos una nación y no un montón de grupos en pelea constante. Está en juego el bien común de la población, no lo olvidemos. Hoy no nos invaden como a principios del siglo XIX y no resolvemos el problema tirando aceite desde los balcones, o a cañonazos desde la Iglesia de Santo Domingo, sino pensando, meditando, evaluando; el objetivo estratégico es la defensa de nuestra soberanía económica, pero la táctica la debemos decidir y actuar todos unidos.

lunes, 26 de diciembre de 2011

El juez de la Corte planteó que, con la norma sancionada la semana pasada, el organismo apunta a "controlar el movimiento financiero" y no a prevenir el lavado de dimero

Zaffaroni duro contra el GAFI por la ley antiterrorista: "Extorsiona a la Argentina"


 
 
    
El juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, volvió a lanzar duras críticas a la ley antiterrorista sancionada la semana pasada por el Congreso, pero esta vez hizo foco en el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), organismo que reclamó las reformas que, en parte, quedaron plasmadas en la nueva norma.
El ministro del máximo tribunal cuestionó los objetivos de las demandas del GAFI en materia de combate al lavado de dinero. "El GAFI es un organismo que se toma atribuciones que no tiene y extorsiona a nuestro país. Su objetivo no es evitar el lavado ni prevenir el terrorismo, sino controlar todo el movimiento financiero", advirtió en respuesta a una consulta por escrito de la agencia DyN.
"En cuanto al terrorismo, no hay ningún delito vinculado al mismo que desde siempre no haya estado severamente penado en nuestras leyes, de modo que no es más que un pretexto", añadió.
Sanciones y daño
A diferencia de la semana pasada, cuando había tildado de "disparate" la nueva ley antiterrorista, Zaffaroni prefirió no opinar del contenido del nuevo marco normativo y, en cambio, volvió a arremeter contre el GAFI.
"No abro juicio sobre la conveniencia o no de sancionar la ley; eso es una decisión política y no la puedo evaluar, porque no estoy en condiciones de dimensionar la magnitud del daño con que el GAFI amenaza (sanciones económicas, exclusión de organismos internacionales, y demás)", aseguró.
No obstante, remató: "Pero lo que debe quedar claro es que sólo se trata de la respuesta a una extorsión por parte de un organismo al que nunca debimos pertenecer. La GAFI se garantiza que en la periferia no se lave nada, aunque saben que en nuestros mercados pequeños no se puede lavar más que un calzoncillo"..

miércoles, 21 de diciembre de 2011

De Constitución a Puerto Madero y del Ministerio de Economía a Aluar


El "economista callejero" con una carrera profesional y política meteórica
 Por: Sebastián D. Penelli
Foto del perfil de Facebook de Iván Heyn
Diez días antes de perder la vidaIván Heyn había consagrado una carrera profesional y política maratónica. Egresado de la Universidad de Buenos Aires con el título de licenciado en Economía en 2003, y con el master en Políticas de Desarrollo Industrial de la Universidad Nacional de General Sarmiento, Heyn tuvo su primer cargo público como asesor del Ministerio de Economía entre abril de 2006 y el mismo mes de 2008. 

Durante su carrera facultativa fue elegido presidente de la Federación Universitaria de Buenos Aire (FUBA), donde cimentó su carrera política. En 2001, con tan solo 24 años y cursando el cuarto año de Ciencias Económicas, se convirtió en el referente de una generación de jóvenes estudiantes descreídos de la política, pero que luego fueron incorporados a las estructuras del Estado de la mano del kirchnerismo. Fue el co-fundador de la histórica agrupación TNT (Tontos pero No Tanto), que solía repartir entre sus integrantes de Económicas las casacas con la leyenda "economista callejero" para las campañas electorales. Tiene el récord de ser el primer presidente de la FUBA en 18 años que no pertenece a Franja Morada.

A Heyn se le adjudica el mote de "economista de La Cámpora" junto a Axel Kiciloff, pero en el interior de la agrupación K sobran los testimonios que lo retratan distante de la actividad militante y lo acercan a la actividad intelectual. Eran sus amigos y compañeros de facultad quienes realmente estrecharon vínculos con Máximo Kirchner, inspirador de la juventud K. TNT es el verdadero punto de partida y el nexo entre Kicillof y Heyn.

Luego de reportar a los exministros Martín Lousteau, Miguel Peirano y Felisa Miceli,fue designado como subsecretario de Industria del Palacio de Hacienda. Ese cargo lo ocupó durante nueve meses, desde mayo de 2008 a enero de 2009. 

Cumplida su tarea en Economía, pasó a la gerencia de estudios macroeconómicos y sectoriales del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) y luego desembarcó en la presidencia de la Corporación Antiguo Puerto Madero S.A. en julio de 2010. En "La corpo", como se le llama a esa empresa privada de capitales estatales que comparten en partes iguales la Ciudad y la Nación, tomó las decisiones para generar el desarrollo del barrio más nuevo y exclusivo de la ciudad de Buenos Aires, mientras vívia en Constitución. Junto con Heyn también desembarcó en el directorio de CAPMSA el arquitecto Martín Reibel-Maier, de estrechos vínculos con La Cámpora. 

Con el aval de la presidente Cristina de Kirchner, Heyn se aferró al sillón en nombre del Estado del directorio de Aluar, la principal productora de aluminio del país, propiedad de la familia Madanes, en momentos en que el gobierno se lanzó a ocupar los espacios que le correspondían por posesión de acciones en firmas privadas tras la reestatización de las AFJP. 

Por orden de la Casa Rosada y con la pluma de Máximo Kirchner, Heyn fue candidato a legislador porteño testimonial en la lista que encabezó Juan Cabandié en las elecciones de este año y auxilió al senador y derrotado excandidato a jefe de GobiernoDaniel Filmus en los planes económicos para la Ciudad. 

Los últimos dos cargos actuaron de trampolín para llegar a ser el subsecretario de Comercio Exterior, una oficina gubernamental creada recientemente por Cristina enfocada, a la par de la Secretaría de Comercio Interior de Guillermo Moreno, en generar condiciones de competitividad del país ante un mundo en crisis.

En abril de 2011 Heyn escribió un texto donde en sus último tres párrafos queda explícito sus pensamiento político y económico y su visión de futuro para la Argentina. 

"Para que nuestro país siga generando riqueza y garantice un nivel de vida digna para todos sus habitantes es necesario profundizar el proceso que se inició en 2003. Ese proceso año a año ha favorecido la generación de producción industrial nacional, recuperando el empleo, recuperando la demanda de ciencia y tecnología y por lo tanto generando cada vez mejores condiciones de trabajo para la población".

"Este modelo de crecimiento tiene como sus principales beneficiarios a los trabajadores formales e informales, a los movimientos sociales que luchan por convertirse en trabajadores, a los intelectuales, profesionales y técnicos de la industria, a ciertos sectores del empresariado nacional y a los productores agropecuarios. Estos actores forman parte de una alianza social que estructura el movimiento político que debe defender lo logrado hasta ahora y profundizar este proceso. Es claro que cuando la emergencia de la miseria no presiona aparecen pujas, saludables, entre los distintos actores que conforman esta alianza, pero es fundamental no perder de vista que las coincidencias entre estos sectores son más que las diferencias".

"Y a no olvidarse: del lado de enfrente están los sectores rentistas que esperan ansiosos volver al país neoliberal que en los 90 dejó a más de la mitad de los argentinos debajo de la línea de pobreza".

In memoriam: IVÁN: EL ECONOMISTA CALLEJERO De vendedor callejero de artesanías llegó a ser un joven economista brillante. Murió ayer ahorcado en un hotel de Montevideo donde participaba de la Cumbre del Mercosur como flamante Subsecretario de Comercio Exterior. Con 34 años recién cumplidos, recibido con honores como economista en la UBA, logró en sus años estudiantiles quitarle la presidencia de la Franja Morada (la agrupación universitaria radical) la Presidencia de la Federación Universitaria Argentina. Alegre, bailarín, notablemente brillante, es un misterio su muerte y sobre todo un gran dolor


El economista callejero

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“Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros.”
Así arrancaba casi siempre, con esa frase de Scalabrini Ortiz, sus charlas sobre temas económicos. Casi un lugar común entre los economistas del palo, pero en su caso, además de citarla la ejercía con consecuencia apasionada. Su compromiso era con todo. Como militante universitario fue presidente de la FUBA. De vendedor callejero de artesanías llegó a ser un joven economista brillante. Como bailarín de tango terminó poniendo una milonga. Como amigo y compañero fue un gran amigo y un gran compañero.
Hoy se nos fue Iván Heyn, un cuadro integral, un militante completo, un economista callejero. A pesar de su solvencia, de sus enormes conocimientos y de una inteligencia muy por encima de la media, su pasión siempre fue poder explicar las complejidades de la economía de manera tal que las entiendan los que las sufren. O sea el pueblo.
Te vamos a extrañar, Gordo, por polémico, por las noches en las que aprendimos a discutir de política y de economía como una forma de afianzar y sellar un compromiso y una amistad, hasta la última hora y hasta el último culito de Fernet. Por tu docencia constante, porque no había un tema en el mundo del que no pudieses dar una visión más o menos novedosa, combinando el monto justo de técnica y estaño. Por tu ritmo arrollador e imparable. Por tu cabeza galopante.
Con vos se va un pedazo de nosotros. Te vamos a extrañar mucho.
Tus compañeros de La Cámpora.
* Agrupación a la cual pertenecía Iván Heyn.
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domingo, 18 de diciembre de 2011

EL PROYECTO DE DELITOS ECONOMICOS TIPIFICA FRAUDES Y ESTAFAS QUE LA LEY SOLO CONSIDERABA “INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS”

En medio de la crisis mundial, algunas de las noticias internacionales más impactantes estuvieron relacionadas con la detención de banqueros, dueños de grandes fortunas o presidentes de corporaciones, autores de delitos que sorprendían no sólo por su magnitud sino por la complejidad de su operatoria. El propósito era similar en todos los casos: seguir ganando mucho cuando todos perdían. La ficción contable y financiera no es un invento reciente, pero sí su refinamiento a propósito de una crisis que tiene una poderosa raíz especulativa. Y que en las principales economías del mundo de-sarrollado y en desarrollo se las reprima no quiere decir que de-saparezcan, sino que este tipo de delitos seguirá irradiándose allá donde existen más facilidades e impunidad para su práctica. Argentina acaba de dar un gran paso, con la media sanción a la ley de delitos económicos, para empezar a salir de esa zona fértil para prácticas deshonestas, aunque con la resistencia de entidades financieras y otros que se benefician con esas prácticas.


FUENTE

FONDOS BUITRES Y LA ENMIENDA "RUBIO" QUE NO PROSPERÓ

El republicano Marc Rubio, hijo de cubanos, ferviente anticastrista, antichavista y antiargentino había propuesto que el Congreso estadounidense votara una enmienda "sólo para Argentina"(Sic) que impidiera que el BID o el Banco Mundial hicieran préstamos a este país, en tanto no pague a los bonistas que no se plegaron a las dos canjes que ofreció el país. 


Lo llamativo fue que durante el debate del presupuesto se trató el tema del BID y del Banco Mundial. Acordaron aumentar los fondos norteamericanos para fomentar el desarrollo y la recuperación de las economías, tal como se había resuelto hacer en las reuniones del G-20, pero ni se tocó el caso argentino. “Esto vendría a demostrar que los fondos buitres tienen más capacidad de lobby en algunos medios y grupos argentinos que en el propio Congreso de los Estados Unidos, donde sus iniciativas no consiguieron ningún eco"


FUENTE

Un tributo al castellano diario EL PAÍS, de Madrid, España.



Por tierras de España . Antonio Machado 

El hombre de estos campos que incendia los pinares  
y su despojo aguarda como botín de guerra, 
antaño hubo raído los negros encinares,
talado los robustos robledos de la sierra.
Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;
la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.
Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.
Pequeño, ágil, sufr
ido, los ojos de hombre astuto, 
hundidos, recelosos, movibles; y trazadas
cual arco de ballesta, en el semblante enjuto
de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.
Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,
esclava de los siete pecados capitales.
Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,
guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;
ni para su infortunio ni goza su riqueza;
le hieren y acongojan fortuna y malandanza.
El numen de estos campos es sanguinario y fiero:
al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,
veréis agigantarse la forma de un arquero,
la forma de un inmenso centauro flechador.
Veréis
 llanuras bélicas y páramos de asceta 
no fue por estos campos el bíblico jardín:
son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín.


                            Campos de Castilla

viernes, 16 de diciembre de 2011

D' ELÍA SOBRE EL ENFRENTAMIENTO DEL TITULAR DE LA Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano, con el Gobierno peronista de izquierdas de Cristina Fernández

http://www.goear.com/listen/230b360/editorial-luis-delia-acto-de-moyano-sietecero

Facundo Moyano y la contradicción fundamental


“La contradicción principal es entre el proyecto financiero neoliberal
y el proyecto nacional popular y latinoamericano, y eso se expresa
en la antinomia política kirchnerismo-antikirchnerismo.
Nosotros sabemos de qué lado estamos!” Twitter de 
Facundo Moyano (diputado nacional (por el oficialista partido de centro-izquierda, Frente para la Victoria), hijo del dirigente camionero Hugo Moyano,titular de la Confederación General del Trabajo,  que ayer, en oportunidad de la celebración del día del camionero diera un  discurso de enfrentamiento al gobierno de Cristina Fernández, líder del peronismo de centro-izquierda)

muchos funcionarios recuerdan que, en realidad, el vínculo del camionero con Néstor Kirchner tampoco había sido el lecho de rosas que hoy se pinta y que también tuvo muchos momentos de rispideces. Eso sí, a la muerte del ex presidente se agregó a los tironeos habituales la falta de feeling entre CFK y Moyano, lo que acentuó la desconfianza del camionero hacia la Casa Rosada y obstaculizó la apertura de canales de diálogo más francos.

LA PRESIDENTA ORDENO NO CONTESTAR AL DISCURSO DE HUGO MOYANO

Silencio en la Casa Rosada

En Gobierno buscaron no abrir una disputa pública con el camionero. Interpretaban que la estrategia de Moyano era equivocada y que no existían motivos objetivos para su enojo. La Presidenta reaparecerá hoy en Mendoza.

Por Fernando Cibeira
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Cristina Kirchner encabezó ayer un acto en la empresa Toyota.
La decisión del Gobierno fue no salir a contestar al discurso del secretario general de la CGT, Hugo Moyano. Desde el despacho de la presidenta Cristina Kirchner ordenaron que ningún funcionario o legislador respondiera, ni siquiera en “off the record”. La intención fue evitar que se estableciera una pelea pública entre la Casa Rosada y la central obrera, con truques y retruques. Con todo, no descartaban que en el acto que encabezará este mediodía, en Mendoza, la Presidenta pudiera marcar posición en la disputa. En Gobierno insistían en que no existía “ninguna razón objetiva” que le diera sustento a la actitud que mostró Moyano ayer.
La evaluación que se hacía en conversaciones mantenidas en los pasillos de la Casa Rosada era que el camionero había elegido el peor camino para diferenciarse del Gobierno, que lo colocaba en el mismo lugar que otros sindicalistas de pésima imagen como Juan José Zanola –a quien defendió en el acto–, Luis Barrionuevo o el Momo Venegas. Incluso, emparentaban con Eduardo Duhalde el discurso de exhibirse como la identificación de un “peronismo original” del que el kirchnerismo, supuestamente, se estaría apartando. En la Casa de Gobierno recordaban que ese mensaje se había traducido en muy pocos votos para Duhalde en octubre.
Había curiosidad por saber cuáles podían ser los próximos pasos del jefe de la CGT en el sendero emprendido ayer. Curiosidad porque, entendían, el kirchnerismo puede seguir existiendo sin Moyano sin sufrir mayores contratiempos, pero que es difícil imaginar a Moyano en la vereda opuesta al Gobierno. Incluso, en la interpretación que hizo Facundo Moyano en su cuenta de Twitter, abonó esta misma línea de pensamiento. “La contradicción principal es entre el proyecto financiero neoliberal y el proyecto nacional popular y latinoamericano, y eso se expresa en la antinomia política kirchnerismo-antikirchnerismo. Nosotros sabemos de qué lado estamos!”, escribió el hijo diputado del camionero.
En ese sentido, en la Rosada se muestran convencidos de que no existe un espacio tal como para crearle una MTA al gobierno de Cristina Kirchner, recordando la central opositora que Moyano encabezó durante el menemismo. Que es difícil armar una estructura de ese tipo a un gobierno peronista que acaba de ser reelecto con el 54 por ciento, que permitió la recuperación de cinco millones de empleos y la reapertura de las negociaciones paritarias.
Costaba rastrear en Gobierno el punto exacto donde la relación entre Cristina Kirchner y Moyano comenzó a deteriorarse hasta llegar a este punto. Pero muchos funcionarios recuerdan que, en realidad, el vínculo del camionero con Néstor Kirchner tampoco había sido el lecho de rosas que hoy se pinta y que también tuvo muchos momentos de rispideces. Eso sí, a la muerte del ex presidente se agregó a los tironeos habituales la falta de feeling entre CFK y Moyano, lo que acentuó la desconfianza del camionero hacia la Casa Rosada y obstaculizó la apertura de canales de diálogo más francos.
No existían certezas acerca de si la situación tenía retorno o si se debía comenzar a pensar en una CGT con nueva conducción. En principio, hubo obediencia a la directiva de no responder. Las dudas acerca de cómo seguirá comenzarán a develarse este mediodía, cuando la Presidenta reaparezca en público.

El desafío Por Martín Granovsky

Por supuesto que Hugo Moyano desafió al Gobierno. La pregunta es el alcance: si se trata de una disputa por porciones de poder ligadas al Estado, si en el fondo tiene la ilusión de formar un partido político de cuño laborista y, sobre todo, hasta dónde quiere y puede llegar Moyano.

Al revés de lo que ocurrió en oportunidades anteriores, donde las especulaciones superaron a los mensajes, ayer el secretario general de la Confederación General del Trabajo fue más lejos. Es cierto que no nombró a la Presidenta, pero sin duda aludió a ella cuando habló de “el poder político”.
Está claro que el desafío es de poder y no por el fondo de la política. En todo el discurso de Moyano por el Día del Camionero no hay una sola alusión crítica a la marcha del Gobierno en términos de convenciones colectivas de trabajo, intervención del Estado en la economía o papel de la integración sudamericana como pivote de la prevención contra el virus internacional. No asoma un solo indicio de que se haya revertido el discurso que la conducción de la CGT enarbola desde la asunción de Néstor Kirchner y mantuvo durante el gobierno suyo y todo el gobierno de Cristina.
Moyano tuvo la intención de instalar algo que a ningún líder peronista le gusta, se llame Juan Perón, Kirchner o Cristina: un peronómetro. Los máximos dirigentes suelen estar acostumbrados a pensar que la validación en votos, que en este caso fue apabullante por el 54,11 de los sufragios válidos emitidos, es suficiente medida.
Descartada cualquier comparación con los choques violentos de 1974 y 1975, queda por saber si Moyano apuesta a una estrategia de larga duración –una guerra fría donde los contrincantes amenacen con la bomba atómica pero no la usen– o a retirarse en 2012 con una cuota de poder. Difícil saberlo. Lo que parece seguro es que liquidado el espacio del peronismo no alineado con Cristina, su único lugar posible de acumulación de poder es dentro del mismo espacio que lidera la Presidenta. No son los votos de Eduardo Duhalde, seguramente, el objetivo de Moyano. Puede ser hacer ya una marca para incidir en el próximo turno presidencial. O reafirmar lo que hasta ahora estaba claro y ahora quedó en duda: que la alianza del Gobierno y la CGT era una coalición entre la jefatura política de Cristina y la única estructura poderosa fuera de las instancias nacionales, provinciales y municipales del Estado. Moyano dijo que el PJ es una cáscara vacía. No se trata de una idea nueva en el peronismo. Siempre pensó que lo importante es el movimiento y que el partido es sólo una maquinaria útil al momento de las elecciones. En su definición, Moyano podría ser acompañado por cualquier justicialista, la Presidenta incluida. Solo que quiso ser él quien se encargara de las definiciones.
¿Teme un carpetazo que junte todas las denuncias hasta ahora desperdigadas? También es difícil saberlo. Y para colmo esta hipótesis parte del mito de que el Gobierno hace y deshace en la Justicia como si fuera un rincón de la Quinta de Olivos.
El ex jefe del Movimiento de Trabajadores Argentinos que se opuso a la desregulación de Carlos Menem es, por cierto, no solo un dirigente sino un líder sindical, quizás el más importante desde la muerte de Saúl Ubaldini, una característica que se ve magnificada ahora por la división de la Central de Trabajadores Argentinos en dos.
Sin embargo, hasta el líder más consagrado puede cometer un error de cálculo y convertir un desafío en una pelea desgastante. Incluso con el gran poder sindical que detenta, ¿Moyano está en condiciones de usarlo sin quedar aislado? Y el Gobierno, ¿confía acaso en que, dentro de las condiciones actuales de popularidad de Cristina, no hay poder sindical posible ni contra el Estado ni sin Estado y entonces Moyano terminará poniendo límites a sí mismo?
martin.granovsky@gmail.com

Un elefante en un bazar Por Luis Bruschtein

Con la gracia de un elefante en un bazar, Hugo Moyano dio su paso de minué y trastrocó el escenario político. Sus bases acaban de votar por Cristina Kirchner, como él mismo lo dijo, y aun así eligió este momento, cuando todavía ese voto está caliente, quizá cuando está más fuerte la Presidenta, para meter presión. Sus bases emitieron ese voto no porque lo ordenara el jefe de la CGT, sino porque la representación política es diferente a la representación gremial. Es decir, sus bases se sienten cristinistas en lo político y moyanistas a nivel gremial. Son dos planos diferentes, la transferencia de esa representación es muy difícil, y la apuesta de contraponer esas dos lealtades puede tener un costo político muy alto para Moyano. Si eso pasa con los moyanistas, ni hablar de lo que piensa esa masa de la población que ha sido cooptada por el lugar común del antisindicalismo.

Puede ser legítimo o no su reclamo por más espacios de poder a nivel de cargos electivos, de gestión y partidarios para el sector gremial. Pero si su mayor argumento es el peronómetro, va por mal camino. “Está vaciado de peronismo”, “le falta peronismo” afirmó con relación al Partido Justicialista e insistió permanentemente en el peronismo de “Perón y de Evita” de alguna manera representado, según él, por su corriente. Resulta por lo menos sorprendente que ese mismo argumento fuera usado por analistas políticos interesados en ampliar la brecha entre Moyano y el Gobierno. Viejos enemigos de Moyano que a partir del discurso de ayer lo empezaron a ver rubio y de ojos azules.
La sociedad ha cambiado mucho, su composición es muy diferente que la de los años ’50, ’60 y ’70, y el mejor ejemplo justamente es que el gremio más importante en aquellos años era la UOM, un gremio de la producción, y ahora es el de los camioneros, que es un gremio de servicios. Moyano es un producto de esos fenómenos porque proviene del gremio de camioneros y tendría que tener más en cuenta esa metamorfosis. Cambió también la forma de articulación entre los distintos sectores y sobre todo se produjo un proceso muy grande de fragmentación en los sectores populares. Si piensa que el peronismo se pudo mantener al margen de esos procesos, como pensaba el ex presidente Eduardo Duhalde, corre el riesgo de seguir el mismo camino. El famoso peronómetro de hace cuarenta años que quiso usar Duhalde en la campaña electoral quedó anacrónico. Más allá de las disquisiciones dogmáticas y las admoniciones de unos pocos viejos dirigentes del menemismo que pasaron a retiro, a efectos de lo concreto, en este momento, para “la gente”, el “pueblo”, la “multitud” o como quieran llamar a la gran mayoría de los peronistas, el peronismo está representado muy fuertemente por Cristina Kirchner.
Cualquier munición en contra de esa percepción tan extendida es mojar la pólvora, desgastar argumentos que quizá en otro momento hubieran hecho más ruido. Sobre todo son argumentos que terminan por vincularlo con Gerónimo Venegas y Luis Barrionuevo, uno requemado por su respaldo a las patronales del campo –sus patronales– en el conflicto por la 125 y el otro incinerado por el menemismo. Moyano, desde que fundó el MTA en los ’90, estaba instalado más en otra tradición del gremialismo peronista como fueron los antiguos combativos, los “de pie”, los duros o “los 25”.
La proyección hacia el futuro del discurso de Moyano es difícil de medir, porque tampoco se ve con claridad cómo serán sus próximos pasos. En este momento la relación con el Gobierno quedó en un punto de poca estabilidad. La inercia de los hechos lo obligará a decidir si vuelve a posiciones de respaldo o se aleja aún más y sobrepasa el punto sin retorno, es decir, se pasa a la oposición. Es un cuadro difícil tanto para el Gobierno como para Moyano.

lunes, 12 de diciembre de 2011

SOBRE EL INSTITUTO MANUEL DORREGO Y LA VISIÓN DE LA HISTORIA DE HALPERIN DONGHI, por Horacio González

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Historia, mito y lenguaje

Publicado el 13 de Diciembre de 2011



La verdadera discusión con Tulio Halperín Donghi debería referirse a su desdén por los mitos, a los que ataca con un refinado ensañamiento, pensando que esa y no otra es la tarea del historiador, como gran augur laico en épocas que percibe como de oscuridad o desconcierto.
 
A propósito de la creación del Instituto Dorrego, mucho se ha escrito. Saludemos el debate, aunque no haya evitado asperezas. En este escrito quisiera agregar algo más a lo que he opinado en otras notas, pasado ya un tiempo de la firma del decreto que lo crea, y habiéndose expresado un número grande de historiadores al respecto. El que esto escribe también ha dicho sus cosas, pero sin dar en el clavo en el problema. Hacemos acá un nuevo intento. Evidentemente, los cimientos de la profesión del historiador se han visto sacudidos. Muchas décadas de ejercicio de la escritura histórica regida por programas académicos notoriamente críticos a lo que se llamó “sustancialismo” o “esencialismo” habían desacostumbrado al lector o aficionado a la lectura de textos históricos, a los grandes trazados apriorísticos que enlazaban un pasado irredento a un presente que expone ávidas necesidades políticas. El Instituto recientemente creado viene ahora a evocar un conglomerado subyacente de motivos que serían puntos fijos en la historia, invariantes, pero con continuidad en cada generación y que deberían suscitar un rescate o una reivindicación.
Esta perspectiva aproxima el oficio del historiador a los clásicos recursos narrativos de los que se compone el mito. En este caso, importan los documentos aunque tienen algo de mágico, e importan las leyendas que deben revelarse como impulso para la acción a partir de la historia, “maestra de los hombres”. El público lector se transforma en el pueblo lector. Esto ni es nuevo ni es inadecuado, pero hay muchas maneras de enlazar el mito con la historia, así como muchas maneras de querer desatar esas antiguas relaciones. Podemos considerar en este caso la obra de Tulio Halperín Donghi, que como es sabido se destaca por obturar las fuentes del mito, para poder estudiarlo sin embargo como una de las particularidades de la historia viva. El intelectual “forjador de mitos” es un tema de estudio histórico para Halperín: recordamos su gran trabajo sobre el fraile mexicano Servando Teresa de Paula Mier. En un sentido general, para Halperín toda acción considerada objeto de relato histórico debe ser estudiada al margen de la elaboración de mitologías y leyendas con que los agentes históricos gustan interpretar su lugar en los hechos. Por eso, toda obra historiográfica debe ser en primer lugar un texto desnudo de mito, para lo cual –pues tal cosa no es simple– debe expresarse en un lenguaje quizás escéptico y desencantado, pero vibrante, complejo y ramificado en cuanto a interpretar la acción humana en todas sus incertezas.
De ahí que la obra de Halperín sea reconocida en todo el mundo –y sumo también mi reconocimiento–, como un ensayo de lenguaje que busca atrapar la manifestación del tiempo en su carácter incompleto, caprichoso y enigmático. No es fácil leer a Halperín, tampoco es cómodo concordar con sus modos ácidos y muchas veces graciosamente desencantados, pero es absolutamente imposible desconsiderar su obra. Revolución y Guerra, Los mundos de José Hernández, Argentina en el callejón, La larga agonía de la Argentina peronista, Historia contemporánea de América Latina, son obras de gran significación cuya consideración inoportuna o deficitaria no contribuiría a ningún debate sustantivo sobre la historia, que es un debate en gran medida sobre cómo escribirla y con qué lenguaje, además de la clásica discusión respecto a qué considerar un documento. Que Halperín es mordaz, lo sabemos. Que su vastísima ironía surge de considerar que las intervenciones políticas que muchos atendemos –los que provienen de sectores generalmente considerados nacional populares– son un listado serial de acciones decadentistas y agónicas, también lo sabemos. Y que, acaso, su tinglado último de valores se encuentre en un amargo lamento por una nunca bien definida Argentina de proyectos ilustrados que tropiezan con el ensimismamiento turbio de toda acción humana. Sólo esto último, sin duda, originaría una gran discusión.
Si un historiador así, ante la fundación de un Instituto de historiadores que no coinciden con su mirada, no es interpretado a la altura de su obra, sino con clichés rápidos extraídos del desgano y no del interés por el debate que a todos debe abarcarnos, el país se empobrece intelectualmente y desmaya en la estrechez. La discusión con Halperín no consiste en decirle “mitrista” o “historiador social”. Lo primero, no lo es, aunque no se trata de una categoría historiográfica que admita usos tan abusivos; lo segundo obviamente sí, tanto como lo fueron Pirenne, Bloch, Braudel, y entre nosotros, José Luis Romero, en la más plena manifestación de esa corriente de ideas que cruzó todo el siglo XX, desde Proust a Foucault, lo que si se convirtiera en un denuesto avergonzaría a nuestra vida cultural. Incluso decirle “liberal” no corresponde, aunque sin duda su ironismo combatiente es una característica, entre otras, del liberalismo. Pero literariamente es un estilista neobarroco. En cambio, la verdadera discusión con Halperín debería referirse a su desdén por los mitos, a los que ataca con un refinado ensañamiento, pensando que esa y no otra es la tarea del historiador, como gran augur laico en épocas que percibe como de oscuridad o desconcierto.
Propongo fincar ahí la discusión. Es evidente que de alguna manera hay que tratar con los mitos de (y en) la historia, y esa manera consiste en recobrarlos en el lenguaje, desmontarlos en ese hogar que les corresponde pero no para refutarlos como buenos profesionales iluminados por las instituciones universales de referato –que hicieron de las escrituras históricas una insulsa matriz reiterativa, salvándose aquellas que aun dentro de ese régimen escribieron a contrapelo del mismo régimen–, sino para dialogar con ellos. El historiador laico le entrega a los mitos –por qué no–, su resolución desencantada, y los mitos le entregan al historiador –puesto que han sido escritos por otros historiadores–, su alma encantada, su capacidad de hacer resurgir por la escritura los hechos del pasado, como quería Michelet.
El rosismo que se extendió en la Argentina, desde los primeros trabajos del liberal Saldías a fines del siglo XIX hasta los trabajos de José María Rosa en la última mitad del siglo XX, construyó un gran mito basado en una figura fascinante, barroca, despótica, paternalista, a la que le tocó tanto mantener una actitud digna frente al bloque de las grandes potencias –ni más ni menos que la reina Victoria, con los ministros Robert Peel y Lord Palmerston, y Luis Felipe de Orleans, rey de Francia con sus ministros Guizot y Thiers–, como asistir en su exilio europeo al crecimiento de las actividades insurgentes de Mazzini y Marx, ante las que se comportó como un obcecado reaccionario sin fisuras. ¿Fue Caseros la interrupción de un capitalismo autónomo; el fin de una dictadura con fuerte apoyo social; el último capítulo de un aislamiento estamental que centralizaba el poder económico y obstaculizaba una modernidad cultural; la resistencia proteccionista de un país que resistió a la división internacional del trabajo impuesta por Inglaterra? Todas estas preguntas son válidas y se pueden contestar con o sin la apelación del mito de Rosas, que nace en verdad con el Facundo de Sarmiento, que concibe su libro como la interpretación de los varios rostros de un enigma y su desciframiento.
No cualquiera forja un mito y mucho menos a través de simplificaciones políticas. El revisionismo histórico tuvo grandes escritores –el nacionalismo argentino es una ornamentada escuela de escritores–, y la izquierda nacional que acompañó al peronismo –y no fue rosista, pues se fijaron en otros procesos económicos y políticos vinculados a la historia del interior del país–, aportó estilos polémicos y fuentes bibliográficas alternativas que en razón de un marxismo de inclinación “democrática nacional”, dio también importantes piezas de investigación y escritura. Si bien Perón fue reluctante hacia el rosismo, así como se aparta rápido del uriburismo –recordemos que tenía durante su período formativo una excelente relación con el historiador liberal Ricardo Levene–, aceptó en su último período el giro que el tercermundismo de época produjo en términos de una fusión entre peronismo, federalismo, caudillismo federal y soberanismo rosista. Pero en verdad, la gran obra sobre Rosas no la escribió Saldías, Quesada, los Irazusta o José M. Rosa –ni Jorge Abelardo Ramos, formidable polemista, que tuvo tanto como Halperín una actitud no mitologizante, aunque zambullía en nerviosas pinceladas legendarias  su erudición despareja y vital, originada en ese gran texto de Trostsky: La revolución permanente–; la escribió –escúchese bien–, José María Ramos Mejía, un gran enemigo de Rosas, al que trata como un personaje atroz, pero del que dice que sólo puede interpretarlo un “Shakespeare latinoamericano”, no un ropavejero de olvidados papeles como Saldías.
Ahora bien, fue el revisionismo en algunas de sus variantes antiguas y modernas el que aceptó mayores compromisos con un aparato mediático de divulgación, que presumió sin equivocarse que en subterráneas corrientes populares triunfaba una suerte de rosismo autonomista y de caudillismo federalista. Esto produjo una llaga profunda en el cuerpo de historiadores del país, según su pertenencia no sólo a escuelas historiográficas sino a estilos de expresión y pactos de difusión con públicos en cada caso diferentes. ¿Y entonces qué? Estamos en momentos en que el estudio de la formación misma de la nación argentina, en los grandes ciclos de su dimensiones económicas, culturales o políticas, puede trazar nuevos panoramas que incorporen de manera imaginativa las poblaciones preexistentes, la expansión del Estado Nacional sobre el territorio –que enhebra las políticas de Carlos III con las de Rosas y Roca en un largo “tempo” que puede pensarse homogéneamente–, o el análisis profundo de textos limítrofes, como el Plan de Operaciones de 1810. Sobre todos estos temas hay que abrir las compuertas y dejar entrar la imaginación historiográfica.
Tan magna tarea no se puede realizar desde trincheras sumarias, sin crear el lenguaje apropiado para ello y sin desembarazarse de los estereotipos que cada uno carga y debe saber que carga. Por eso es importante el juicio sensible sobre la escritura y el mito. No se puede escribir la historia sin independizar el lenguaje de los mitos primarios vehiculizados en general por los medios de comunicación con vocación trivializadora. Tampoco se puede realizar aceptando las premisas corporativas que con un profesionalismo monolingüe piensan la historia como “desencantamiento del mundo”. Lo que dijimos de Halperín no es válido para muchos de los que se sienten acogidos por su distante figura, pues no logran replicar la espesura escritural que lo caracteriza, que en su caso es el equivalente escéptico de la ausencia de mito. ¿Qué mito en cambio postulamos nosotros? No uno que obture la comprensión histórica con cromos superficiales aunque brillantes, sino el que la favorezca, siendo capaz de revivir documentos de los que estamos separados en el tiempo, y que trabaje las capas temporales con la ilusión del escribir el coqueteo mismo del pasado con el presente y viceversa. Visto así, el mito es el escribir mismo de la historia que sabe mirarse a sí mismo en el momento que lo hace.

En la actualidad hay otras alternativas al endeudamiento para fomentar mayores divisas sin desatender los elevados niveles de inversión pública, que han sido uno de los grandes pilares de la recuperación argentina desde el 2003. En primer lugar, fortaleciendo el proceso sustitutivo que reduzca la dependencia externa de bienes intermedios y finales, facilitando de esta manera una mayor integración del tejido industrial que evite el déficit intrasectorial de algunos complejos exportadores muy dinámicos, como el automotriz. Por otro lado, poniendo en práctica mecanismos que aumenten la participación estatal en la captación de la renta entre sectores de extraordinaria expansión actual, como la minería, más allá de obligarlas a liquidar divisas localmente.


Buscar alternativas

El modelo económico actual permitió revertir las oscilaciones del sector externo argentino características de toda su historia hasta el 2003, y que determinaban los ciclos de expansión o recesión de la economía. Casi siempre estos desequilibrios se resolvían vía endeudamiento externo, estrategia que ya todos sabemos a qué condujo y cómo terminó.
Los vencimientos de deuda para el año próximo son aproximadamente 6800 millones de dólares. El Presupuesto Nacional 2012 que presentó el Ejecutivo contempla la creación de un nuevo Fondo de Desendeudamiento, pero en el caso de que esto resulte insuficiente está previsto recurrir al crédito de distintos organismos del sector público, un hecho inédito para la historia económica del país, que muestra las diferentes alternativas de las que se disponen en la actualidad para evitar contraer deuda externa. Naturalmente, esto no es casual: hubo durante todos estos años una exitosa política de desendeudamiento que permitió sostener por primera vez ocho años consecutivos de superávit comercial a un promedio anual de 14.000 millones de dólares, y que éste no se dilapidara en el pago de servicios de deuda que apenas servían para oxigenar la economía en el corto plazo pero que comprometían seriamente el desarrollo futuro del país. Así, se mejoraron las cuentas externas, se incrementaron notablemente las reservas y se interrumpió al fin el endeudamiento crónico del Estado Nacional con los mercados financieros.
Frente a la desaceleración de ese superávit prevista para este año, sumado a una tendencia a la fuga de capitales, existe una clara presión de parte de economistas del establishment para que la Argentina acuerde con el Club de París y vuelva al crédito en los mercados financieros. Se sabe que lo que traba hoy la negociación entre las partes son los plazos de pago. El Gobierno pretende diferirlos al máximo teniendo en claro que una de las premisas más importantes de toda “deuda sana” es que su pago implique el menor costo posible para la economía.
En efecto, pues, el superávit primario se achicó en los primeros siete meses del año de 15.000 millones a 11.280 millones de pesos. Esto implicó que el superávit financiero registre un déficit de 2366 millones en el período enero-julio. Las propuestas ortodoxas para resolver el menor ingreso de divisas por desaceleración del superávit y fuga de capitales continúan promoviendo al endeudamiento como mecanismo de financiamiento, a pesar de que en la actualidad la aplicación de este mecanismo ponga en jaque a otros países de la Eurozona. Así, “moderación” del gasto público –lo que no significa otra cosa que ajustes– y endeudamiento externo aparecen como las soluciones más conducentes para quienes reclaman ser “confiables” a los mercados y evitar “el aislamiento” del mundo, que no es más que aislamiento al mundo de las finanzas y de los capitales especulativos.
Sin embargo, en la actualidad hay otras alternativas al endeudamiento para fomentar mayores divisas sin desatender los elevados niveles de inversión pública, que han sido uno de los grandes pilares de la recuperación argentina desde el 2003. Básicamente, porque hoy no existen las urgencias del pasado: Argentina ha consolidado en estos años un crecimiento económico con bases sólidas que no está en riesgo. El déficit en cuenta corriente del primer semestre no implica el desencadenamiento de una crisis, porque el nivel de deuda es bajo y las reservas, si bien menores que a comienzos de año, siguen siendo elevadas.
Por lo tanto, el equipo económico cuenta con otras posibilidades adicionales al endeudamiento para oxigenar la economía. En primer lugar, fortaleciendo el proceso sustitutivo que reduzca la dependencia externa de bienes intermedios y finales, facilitando de esta manera una mayor integración del tejido industrial que evite el déficit intrasectorial de algunos complejos exportadores muy dinámicos, como el automotriz. Por otro lado, poniendo en práctica mecanismos que aumenten la participación estatal en la captación de la renta entre sectores de extraordinaria expansión actual, como la minería, más allá de obligarlas a liquidar divisas localmente. Metales como el oro o el cobre han aumentado en forma exponencial su cotización internacional en los últimos años: de 640,50 dólares en el 2007 a los actuales 1731 dólares para el caso de la onza de oro, mientras que la tonelada de cobre pasó de 7595 a 8700 dólares. Por último, modificando las condiciones de remisión de utilidades de muchas transnacionales a sus casas matrices, que en el período 2007-2010 creció de 5241 millones a 7183 millones de dólares, exigiendo a estas empresas mayores niveles de inversión local.
En síntesis, hay numerosas alternativas para evitar nuevos procesos de endeudamiento que, aunque no sean de la magnitud del pasado, ya han probado ampliamente que sus resultados a largo plazo son, como mínimo, dudosos.
* Politólogo UBA-Integrante del Clicet.

domingo, 11 de diciembre de 2011

ROCK AND NAC AND POP AND ÉGALIBERTÉ: La Argentina que viene

Los españoles hemos españoleado demasiado en Suramérica y en especial en Argentina

A propósito del bloqueo de más de un millón seiscientos mil libros españoles en la Aduana Argentina, que se levantó en setiembre pasado (luego de la firma de un Acta Acuerdo entre  la Ministra de Industria, Debora Giorgi, el Secretario de Cultura, Jorge Coschia el Secretario de Comercio, Guillermo Moreno y el representante de la Cámara Argentina de Publicaciones, Héctor Di Marco, con el compromiso de ésta última  Cámara de incrementar la impresión y exportación de libros entre octubre de 2011 y setiembre de 2012) el autor español del blog SCRIPTAVERBA, hace las siguientes reflexiones que desasnan al más iluso de los argentinos, como yo y como la mayoría, sobre la conciencia que muchos españoles de bien tienen sobre la neocolonización española en estas tierras. Transcribo unos párrafos súper elocuentes y sabrosísimos,  que bajo el título: Esperpento en la aduana: ¿crónica de un secuestro editorial? se posteo en el blog mentao:
Pero…
…nos estaríamos equivocando si acusáramos a Argentina de ser un Estado delincuente. Sería muy fácil, desde una injustificable superioridad moral europea que algunos insisten en abanderar, achacar todo este desaguisado al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Tras ver cómo ha ido todo, tras entender que las cosas no deberían hacerse de esta manera, hay que comprender por qué se llega a estas situaciones y qué parte de culpa tiene la industria editorial española. Industria que, por cierto, no ha abierto la boca. ¿A qué se debe su silencio?
Los españoles hemos españoleado demasiado en Suramérica y en especial en Argentina. Creyendo que todo el monte hispanoparlante allende el Atlántico era orégano y sus gobiernos neoliberales de los años noventa del pasado siglo un remedo de caciques tribales dispuestos a intercambiar sus valiosos recursos por cuatro baratijas, les mandamos tantos Cortés y Pizarros como tuvimos ocasión. Lo sucedido en Argentina sobrepasa el bochorno y equipara a nuestras multinacionales con los corsarios de tristes épocas. No digopiratas porque, a diferencia de éstos, los corsarios operaban bajo patente de corso del rey; desde finales del pasado siglo nuestros prebostes empresariales se han dedicado al asalto y desvalijo de la riqueza albiceleste con el patrocinio del gobierno español, el disimulo del argentino y la avaricia de los directivos de la peor calaña que ambos países han dado al mundo. Baste recordar el triste caso de Aerolíneas Argentinas que, funcionando razonablemente bien a principios de los noventa, casi se quedó sin aviones y en bancarrota tras la deficiente gestión de Iberia y la delincuente gestión de Grupo Marsans. O lo que ocurrió con YPF, la compañía pública petrolífera argentina, que fue vendida por un plato de lentejas a Repsol. O las prácticas ajenas a toda ética de Telefónica que, no contenta con cobrar precios abusivos a sus compatriotas españoles, cobraba -¿sigue cobrando?- unos precios tan altos a los argentinos que por poco detiene la expansión de Internet en ese país y, por ende, su progreso, por no hablar del pésimo servicio. Podríamos seguir con los bancos y otras muchas empresas, la lista es suficiente como para que uno se sorprenda de que muchos argentinos sigan llamando Madre Patria a España.
Tras este resumen de lo bien que lo hemos hecho los españoles, tras este repaso a los muchos amigos que debemos habernos granjeado tras dispensar tan esmerado trato a países con quien se supone que compartimos tantas cosas, tras haberlos tratado casi tan mal como los EEUU han tratado siempre a su Patio Trasero –qué suerte que sólo tengamos un espionaje de chiste y un portaaviones de juguete – ¿de veras podemos ir por ahí dando lecciones de buen comportamiento al gobierno argentino? Yo creo que no. Lo que han hecho me parece objetivamente mal, pero no sólo lo encuentro subjetivamente justificado, lo que me sorprende es que no lo hayan hecho antes.
Estupideces para todos
Carlo Maria Cipolla se divertiría con el caso -recomiendo la lectura de Allegro ma non troppo-, pues esta es una situación muy estúpida. Aquí la estupidez, como en la lotería de Navidad, está muy repartida. Diríase que ha caído en lugares donde no hacía puñetera falta, pues ya iban bien servidos. Dos son los principales cuadros de esta galería demencial:
a/ Colonialismo editorial español: la gran industria editorial española recoge las tempestades del ventoso trato colonial dispensado a los lectores suramericanos. Se les han endosado las sobras de lo que España no compraba, con los meses de retraso y manoseo que eso conlleva. Se les ha vendido bajo políticas de precio erráticas: en ocasiones se les somete a la ley del precio del libro de aquí, de modo que para ciertas depauperadas economías unos sencillos libros son artículos de lujo. Se han hecho muy pocos esfuerzos por imprimir allí y de eso se queja el gobierno argentino y su industria gráfica; de hecho, la ineficiencia en el sistema editorial español es tan escandalosa que, aunque quisieran hacerlo mejor, de la noche a la mañana no podrían. Se ha tratado a un mercado de centenares de millones de clientes como si fuera una extensión colonial del imperio cultural español (sic).
Eso incluye la negativa a editar y traducir libros desde allí, con el peregrino argumento que el castellano suramericano es ajeno y extraño al peninsular; doy fe que las exquisitas ediciones mexicanas del Fondo de Cultura Económica –por poner sólo un ejemplo- no adolecen de ningún problema de léxico, como tampoco lo hacen las traducciones argentinas que he leído. Un ejemplo palmario: ¿fue alguna vez necesario traducir las viñetas de Mafalda, llenas de argentinismos, para que fueran comprensibles en España? Nunca. Irónicamente, entre los libros retenidos en la aduana argentina había libros de Mafalda y otros álbumes de Quinocon todos los dialectalismos en su lugar. Dos generaciones de españoles crecieron viendo dibujos animados y series de televisión con doblaje puertorriqueño y ¿ahora se supone que debemos ofendernos por ver impreso papa en lugar de patata y ellos no pueden enojarse por ver cómo sus libros se llenan de coger en vez de agarrar o tomar? ¿Es el castellano más nuestro que suyo?
Estoy de acuerdo con el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires cuando dicen:
En primer lugar, estos tipos se acuerdan del libre comercio cuando les conviene, porque a la vez que lo reclaman, le piden a la administración de su país que intervenga en su favor cuando otros países defienden sus propios intereses como corresponde. Eso, en castellano, se llama incoherencia.
Pues tienen toda la razón. El sector editorial español vive, en parte, de la sopa boba, de la complacencia y el patrocinio de la administración, sea estatal o autonómica. Si con la crisis hay mucho menos dinero para comprar libros que nadie quiere leer, pagar suscripciones que nadie quiere pagar y engordar con subvenciones las actividades culturales de más de cuatro vividores, menos dinero habrá para descubrir América por enésima vez. Ahora que las editoriales anglosajonas empiezan a descubrir el castellano, con este panorama vamos dados.
b/ Cortedad de miras del gobierno argentino: el ejecutivo argentino pretende potenciar su industria gráfica en pleno cambio de paradigma, cuando la industria gráfica española se encuentra en franco retroceso a causa de la digitalización y la crisis financiera. No es un asimétrico duelo de pobres, no es un reto entre impresores argentinos y españoles, de lo que estamos hablando es de quién se quedará con los despojos de la edición en papel. Lo que el gobierno argentino parece no ver –o lo ve pero no le importa- es que el recorrido de una fortalecida industria gráfica argentina será forzosamente corto, de modo que los esfuerzos bien poco rendirán a su país. Mejor le iría invirtiendo talento y dinero en tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y en la reconversión industrial de su industria gráfica, ahora que es pequeña. También es posible que, a medida que se digitalice la demanda en España, acabe siendo más rentable imprimir directamente en Suramérica. Sería, en cualquier caso, un epílogo, no una victoria.
Dejando de lado las muchas o pocas simpatías que el gobierno de la señora Fernández de Kirchner pueda inspirarme, es muy posible que Argentina necesite unos años de protección arancelaria para despertar, cuando no resucitar, su tejido industrial. Debe reconocerse que el esfuerzo del gobierno argentino parece destinado a no gravar con impuestos la importación de libros y a la vez dar de comer a sus impresores, conjugación nada fácil y en mi opinión encomiable. Tiempo habrá para volver a abrir sus mercados al exterior, aunque sería deseable que las inversiones se realizaran en industrias culturales con algo más de futuro que las imprentas. Nunca dejaremos de imprimir papel –tampoco en Argentina- pero cada vez imprimiremos menos libros.
Es este un problema complejo y demasiado manoseado. Hay demasiada historia en la relación editorial entre España y Suramérica en general, y con Argentina en particular, como para resolverlo en 50 días. Ni en 500. Acaso 5.000. Me gustaría pensar que la digitalización es una oportunidad para todos, para leernos y tratarnos mejor. El Atlántico no necesita puertas. No se las pongamos en ninguno de los dos lados.

El debate sobre la creación del Instituto de Revisionismo Histórico. RUBÉN DRI

El país|Sábado, 10 de diciembre de 2011

Los dilemas de la historia

Por Rubén Dri *

¿La Triple Alianza o la triple infamia?


Escribe Luis Alberto Romero: “Un reciente decreto creó el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego. De sus fundamentos se deduce que el Estado argentino se propone reemplazar la ciencia histórica por la epopeya y el mito” (La Nación, 30 de noviembre de 2011). Esta afirmación con la que Romero inicia su artículo se sustenta en la suposición, que para el autor es una verdad indiscutible, de que hay una historia científica, completamente objetiva, que se estudia, investiga y narra en el Conicet y en las universidades. El Instituto que ahora se crea propone una narrativa que pertenece al género de la epopeya y el mito. Esa concepción de lo científico supone que la historia es una sucesión de “hechos” que el científico, mediante la utilización del método correspondiente, es decir, del método “científico”, descubre, analiza y expone. De esa manera se cumple el principio fundamental del método científico sustentado por el positivismo, formulado por Durkheim: “Tratar los hechos sociales como cosas”.
Frente a esa concepción exclamaba Nietzsche: “En mi criterio, contra el positivismo que se limita al fenómeno, ‘sólo hay hechos’. Y quizá, más que hechos, interpretaciones. No conocemos ningún hecho en sí, y parece absurdo pretenderlo”. De aquí se ha deducido que no hay hechos sino interpretaciones. Estaríamos en los antípodas del positivismo o, si queremos, del empirismo.
Frente a estas posiciones nos decía Max Weber que en las ciencias históricas el objeto de conocimiento se conforma mediante la síntesis de valores y hechos, o sea, del hecho valorado o significativo. El problema, en consecuencia, es cómo se determina un hecho histórico. Es evidente que quien lo determina es el sujeto.
Tomemos un hecho histórico como es la denominada “guerra del Paraguay” o “guerra de la Triple Alianza”. Si queremos tomar ese hecho como “cosa”, todos estamos de acuerdo. Esa guerra existió, hubo una triple alianza, se dieron tales combates. Sobre eso puede haber diferencias sólo en tanto se conozcan o no los documentos necesarios. Pero en ese ámbito que sería el correspondiente al hecho puro, al hecho como “cosa”, podemos ponernos todos de acuerdo, recurriendo al método o a los métodos científicos. El problema es que no se trata de un hecho puro, que para las ciencias históricas no existe. Ese hecho, que duró siete años, se enmarca en un proyecto que tiene que ver con la configuración del continente latinoamericano. ¿Fue la guerra de la civilización contra la barbarie? ¿Fue la guerra para llevar la democracia a un Paraguay sometido a la tiranía de Francisco Solano López? ¿Cuál es el método “científico” que me puede orientar para dilucidar un problema de tanta significación para nuestra historia?
Es evidente que ese problema hallará su solución si tengo en cuenta lo que dice Nietzsche sobre el momento de la interpretación del hecho y Max Weber sobre la valoración. Es decir, debo partir del sujeto, del significado que el sujeto ve en el hecho, significado que depende del proyecto político. En este caso, como en el caso general del revisionismo histórico, estamos hablando del proyecto de país o de nación, en consecuencia, estamos hablando de un sujeto que como tal necesariamente es histórico, se sustenta en un pasado custodiado por la memoria, desde la cual se proyecta hacia el futuro.
Para encontrar el significado de la guerra del Paraguay, o sea, para encontrar el hecho significativo de dicha guerra, debo preguntarme ¿por qué se dio esa guerra? ¿Por qué se la llevó hasta la destrucción masiva del pueblo paraguayo? ¿Por qué Mitre la lleva a sangre y fuego y todo el interior, salvo excepciones, se opone? Ya no nos encontramos con un hecho puro sino con el hecho significativo, es decir, con el hecho histórico, y aquí no es cuestión de que busquemos un consenso, sino indagar sobre cuál era el proyecto de país que sustentaban Mitre y su equipo y por qué no sólo había que derrotar a Solano López, sino destruir al Paraguay. Hoy eso no es difícil averiguarlo. Ninguna guerra puede comprenderse si no se conoce el proyecto por el cual se la lleva a cabo. ¿Por qué motivo Felipe Varela levanta la montonera en contra de la misma? Su proclama lo dice claramente, por la “unión americana”. La guerra se hacía en contra de la unión americana, es decir, en contra de la Patria Grande. Dos proyectos antagónicos se encuentran enfrentados. La patria chica mitrista, dependiente del imperio inglés que no podía entrar sus mercaderías en un Paraguay que había desarrollado una floreciente industria propia, y la Patria Grande Latinoamericana. El Paraguay de Solano López era el último bastión para que de las luchas por la independencia de nuestros países sólo quedasen republiquetas dependientes del imperio británico.
Si no interpretamos ese hecho histórico desde los proyectos contrapuestos, esto es como hecho significativo, sólo nos queda hacerlo desde la bondad o maldad de los sujetos singulares que lo protagonizan. Pero no se trata de bondad o maldad, sino de proyectos políticos que, como tales, son históricos.
El relato de la historia nacional que conocemos, la que hemos aprendido en la escuela y leemos diariamente en los monumentos, nombres de las calles y de las plazas, es eso, un “relato” que sustenta la construcción del modelo de país que se ha realizado y se defiende. Si no estamos de acuerdo con ese modelo de país, si estamos empeñados en una transformación profunda, es lógico que revisemos el relato.
En el relato oficial que se nos ha enseñado, San Martín aparece como un héroe impoluto, puesto sobre un altar, ajeno a todas las luchas. Ese altar y ese San Martín no dejan de ser una falacia. Ese San Martín se da de patadas con el San Martín cuya primera intervención pública fue poner sus tropas frente a la casa de gobierno y exigir la renuncia del primer triunvirato, cuyo secretario era Rivadavia. Nada tiene que ver ese San Martín “alma bella” con el San Martín que desobedece las órdenes de Buenos Aires, que es boicoteado por Buenos Aires en su gesta latinoamericana, que lega su sable a Rosas y que muere en el destierro.
El relato histórico siempre se hace desde un proyecto político, para darle legitimación o, en otras palabras, sentido. En cuanto al momento fáctico de los hechos históricos narrados puede haber coincidencia entre las distintas versiones del hecho histórico. Por ejemplo, el cruce de los Andes implica el momento fáctico que implica los preparativos, la consecución o fabricación de armas, la cantidad de soldados. En todo ello no hay problema. Pero el hecho histórico “cruce de los Andes” no es simplemente eso. Es todo eso más el significado, o sea, el proyecto. El hecho histórico es visto y valorado de manera diferente y contrapuesta si se lo hace desde el proyecto de patria chica de la pampa húmeda con epicentro en Buenos Aires o desde la Patria Grande Latinoamericana.
* Profesor consulto de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).
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