lunes, 31 de octubre de 2011

Debido a al enfrentamiento de las patronales del “campo” con el gobierno por las retenciones móviles; con las retenciones fijas los precios internos de los alimentos no pudieron desprenderse de sus subas internacionales. Eso obligó a mantener el dólar planchado mientras Brasil devaluaba; y a mantener los subsidios a la electricidad, el gas y los transportes. ¿Cuáles serían las condiciones necesarias para mover este esquema y realmente poder lograr un dólar diferenciado?


Tipo de cambio diferencial

Por Martín Burgos *
Los resultados logrados por el modelo económico actual durante el período 2003-2011 fueron destacables en la historia argentina por su durabilidad. Para ello resultó fundamental la elección de un modelo macroeconómico que generó por primera vez en muchos años un crecimiento equilibrado entre sectores económicos, que permitió aumentar los salarios, reducir el desempleo y la pobreza. Sin embargo, el comparativo nos muestra que los resultados fueron más brillantes entre 2003 y 2007 que entre 2008 y 2011. Si bien el contexto internacional en ambos períodos fue muy distinto, los motivos internos son los que impidieron dar respuestas adecuadas a las circunstancias que enfrentó nuestra economía nacional.
El buen funcionamiento del modelo entre 2003 y 2007 se dio sobre la base de un tipo de cambio alto, fundamental para mejorar la competitividad-costo de la industria frente a las importaciones. Sin embargo, esto no fue suficiente para explicar los precios relativos considerados por numerosos autores como los correctos para el desarrollo del país. La clave del modelo estaba en la articulación de ese tipo de cambio alto con las retenciones a las exportaciones, que permitieron regular los márgenes de rentabilidad de los sectores agropecuarios y petroleros. Estas, asimismo, también ayudaban a controlar los precios internos al desconectarlos de los precios internacionales.
Las subvenciones a los servicios públicos formaban el tercer pilar del modelo económico, dado que permitían controlar las tarifas públicas y en consecuencia reducir los costos de transporte, de energía y de agua para los consumidores residenciales e industriales. En tanto que la revitalización de los convenios colectivos de trabajo, congelados durante los años noventa, permitió un aumento del poder de compra de los asalariados y una recuperación del consumo popular.
Ese crecimiento equilibrado tuvo su corolario en las finanzas públicas, que mejoraron sustancialmente gracias a la implementación de nuevos impuestos y al carácter pro-cíclico de los impuestos ya existentes. Por otra parte, la suspensión de los pagos de la deuda externa desde 2002 permitió darle aire al gasto público y redireccionarlo hacia inversiones públicas.
El conflicto con los empresarios del campo por las retenciones móviles en 2008 tuvo por efecto herir el modelo económico en uno de sus fundamentos: la desconexión de los precios internos respecto de los precios internacionales. En efecto, la imposibilidad política de compensar una devaluación con un aumento de las retenciones a las exportaciones, planchó el tipo de cambio en el momento de la recesión de 2009, dando lugar al uso de instrumentos de protección a la industria nacional de alcance menor, como el antidumping o las licencias no automáticas, mientras Brasil devaluaba.
Por otra parte, al mantener fijas las alícuotas de las retenciones, el aumento de los precios internacionales de alimentos se trasladó directamente a los precios internos, creando una carrera entre aumentos de precios y aumentos de salarios. Uno de los efectos de esa puja distributiva fue la sensible reducción del tipo de cambio y de las tarifas públicas en relación con los precios internos y los salarios, afectando dos pilares del modelo: el superávit externo y el superávit fiscal. El primero debido a la fuerte competencia que debió sufrir la industria nacional frente a las importaciones, el segundo, en parte, puede explicarse por el aumento de los subsidios a los servicios públicos.
Como león herido, el Gobierno pudo levantarse luego del voto no positivo, para vencer a su adversario político. Pero sigue herido: los precios relativos del 2011 ya no son los del 2007. Para volver a aquéllos, es necesario en primer lugar implementar herramientas que permitan desconectar los precios internos de los internacionales. La buena cosecha de votos que consiguió el Gobierno en áreas rurales y la propuesta de fideicomisos de los Agricultores Federales Argentinos son a tomar en consideración, y es una de las alternativas posibles entre las existentes, que van desde la nacionalización del comercio exterior a la creación de una empresa pública de exportación de granos que rompa el oligopolio de las empresas multinacionales exportadoras. Recién logrado esto, debería pensarse en reducir el monto de los subsidios a las tarifas públicas (desdoblando las tarifas por ingresos del consumidor) y, para enfrentar una coyuntura de crisis, evaluar la posibilidad de un tipo de cambio industrial diferencial con el objetivo de proteger a las pymes de las importaciones sin afectar los salarios reales.
* Economista, Centro Cultural de la Cooperación y Cátedra Nacional de Economía Arturo Jauretche.

sábado, 29 de octubre de 2011

¿Por qué el mayordomo Barack Obama habrá pedido reunirse con la presidenta Argentina, Cristina Fernández en la próxima reunión del G20?. Aquí una nota con las conjeturas sobre cuáles podrían ser las razones desmenuzadas por el eminente sociólogo ATILIO BORON.

Sábado, 29 de octubre de 2011
Opinión

¿Qué quiere Obama?

Por Atilio Boron *
¿Por qué Barack Obama querría reunirse con la presidenta Cristina Fernández? Sobran las conjeturas, pero las escasas –y además crípticas– declaraciones procedentes de Washington remiten a una agenda conteniendo temas tales como la supuesta presencia de grupos terroristas iraníes operando en América latina, y particularmente en la Argentina, y la excesiva labilidad de la legislación nacional en relación con el lavado de dinero, lo que habría originado el bloqueo estadounidense a créditos otorgados por el BID y el Banco Mundial.
En realidad, estos asuntos carecen de sustancia: lo de los iraníes es en parte la clásica paranoia de Washington y en parte una táctica para presionar a nuestros países y para aislar, satanizándolo, a Irán. Lo del lavado de dinero es otra acusación que carece de fundamento, sobre todo cuando quien la esgrime tiene a unos cien kilómetros de la Casa Blanca a uno de los paraísos fiscales más importantes del mundo: el estado de Delaware, que publicita por todos los medios que cualquier compañía que instale allí su casa matriz, aunque sea una diminuta oficina, estará eximida del pago de impuestos por todos los ingresos producidos por sus subsidiarias que desarrollen sus actividades fuera de los pequeños límites de este estado, sea dentro de los Estados Unidos o en el exterior. Por eso un 60 por ciento de las 500 mayores transnacionales listadas en la revista Fortune tienen sus oficinas centrales en ese estado, que además se vanagloria de tener una legislación que “no pone límites a la usura”.
Dados estos antecedentes y teniendo siempre en cuenta que jamás se puede confiar en la mentirosa benevolencia del imperialismo y sus voceros (el que tenga dudas mejor que medite sobre lo ocurrido con Khadafi), la hipótesis que se perfila con más fuerza para comprender el sentido de la invitación de Obama diría que está motivada por el deseo de sabotear, por ahora diplomáticamente, el proyecto integracionista representado por la Unasur y aislar a los gobiernos de izquierda de la región, principalmente a la Venezuela de Hugo Chávez.
El Acuerdo del Pacífico, recientemente promovido por Estados Unidos y secundado por México, y en Sudamérica por Colombia, Chile y Perú, equivale a introducir el Caballo de Troya dentro de la Unasur. No es casual que la inesperada solicitud para reunirse durante la Cumbre del G-20 en Cannes haya llegado poco después de que la Presidenta pronunciara dos discursos enfáticamente “unasurianos” el domingo por la noche luego de su rotunda victoria electoral. La enfermiza obsesión de Washington es acabar con el experimento bolivariano y apoderarse del petróleo de Venezuela, como ya lo hizo con el de Irak y Libia. Para los halcones norteamericanos –de los cuales Obama es solícito mayordomo–, la estrecha relación consolidada a lo largo de estos años entre la Argentina y Venezuela es un molesto obstáculo que debe ser removido cuanto antes. La estrategia para el 2012, año en que se celebrará la crucial elección presidencial en Venezuela, es llegar a ese momento con un Chávez debilitado por una intensa campaña desestabilizadora –¡que ya ha comenzado!–, que incluye de-
sabastecimientos selectivos de artículos de primera necesidad, asesinatos al voleo hecho por paramilitares colombianos infiltrados ilegalmente en el país o lúmpenes reclutados para instalar una sensación de absoluta inseguridad ciudadana, y la permanente gritería de la “prensa independiente” (en realidad, la única instancia organizativa que tiene la derecha, habida cuenta de la debilidad de sus expresiones partidarias) denunciando supuestas restricciones a la libertad de prensa en un país en donde desde un periódico, una radio o una televisora se puede hacer la apología del magnicidio o incitar a la violencia con total impunidad.
Dentro de esta estrategia global, apartar a la Argentina del proyecto integracionista su-damericano es un paso táctico de la mayor importancia. Avanzar hacia ese objetivo parecería ser el único sentido posible de la invitación hecha por el mandatario norteamericano.
* Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales.
© 2000-2011 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.

Los discursos de la noche electoral: La épica de un país normal, por la politóloga María Esperanza Casullo


Comparados con los de la noche del 14 de agosto, los discursos del domingo 23 de
octubre fueron anticlimáticos. La amplitud y lo anunciado del resultado, restaron
urgencia a las reacciones de los candidatos. Sin embargo, dejaron algunos argumentos
para el análisis. Toda la atención estuvo puesta en lo que diría la Presidenta reelecta. Cristina Fernández de Kirchner dio dos discursos: uno en su comando electoral y otro en la Plaza de Mayo. Ambos fueron moderados en su contenido pero personales y emotivos en su tono. En su contenido, siguieron las líneas marcadas en campaña: moderación, apelaciones a la unidad nacional, ningún rastro de agresividad para con las otras fuerzas políticas.
No fueron, sin embargo, aburridos. Cristina Fernández ha crecido mucho como oradora política (siempre lo fue en lo que era su ámbito de acción, el Senado). Y lo ha hecho, sobre todo, porque aprendió a decir menos en sus discursos. Ahora son más simples, más personales, establecen con más facilidad un ida y vuelta afectivo con su público, usan más el humor y se mueven en un registro más intimista. Lo que sus discursos han perdido en tono épico han ganado en cercanía y personalidad. En el Hotel Intercontinental, Cristina Fernández tuvo dos momentos notables: cuando se emocionó al evocar la figura de Néstor Kirchner (“no como marido, sino como cuadro militante”) y cuando calló a su público, que rechiflaba sus menciones a los candidatos opositores. La frase “no seamos chiquititos, en la victoria hay que ser mas grandes”, fue una de las más memorables de la noche. En este discurso, además, pareció dejar a un lado rumores sobre una posible rerelección (dijo “yo ya no deseo más nada”). En síntesis, Cristina continuó con la línea de los últimos tiempos: tranquilo, afectivo, centrado en construir un vínculo con los que escuchan y en enfatizar su rol de Presidenta y garante de la institucionalidad.
Su discurso en la Plaza de Mayo, dirigido a los jóvenes, fue un poco más encendido
en su tono y contenido. El núcleo de sus palabras fue una comparación entre esa plaza
kirchnerista y las plazas de las juventudes peronistas. En esa comparación se marcaron continuidades pero también diferencias. “Ahora nadie los echa de la Plaza”, dijo Cristina. Esto marca uno de los núcleos del discurso kirchnerista, no sólo de esta Presidenta, sino de Néstor Kirchner: ambos hicieron hincapié, una y otra vez, en lo que podríamos llamar la presentación épica de la normalidad. Si bien el discurso kirchnerista se nutre de lo épico y lo pasional (ya sea por su contenido, ya sea por su tono afectivo), esta carga emotiva no se pone al servicio de grandes utopías revolucionarias, sino de una épica de “un país normal”. Es una inversión muy interesante.
La forma de los discursos de Cristina, más típicamente populista, se pone al servicio
de valores como la normalidad, la institucionalidad, la pluralidad, y la unidad. Lo “revolucionario” del kirchnerismo sería entonces lograr implantar la normalidad y romper la “normalidad anormal” de un país signado por las crisis. A menudo se señala que el Gobierno de Cristina Kirchner es “setentista”. Y es cierto que, en cada discurso, Cristina Kirchner enraiza su genealogía ideológica en la militancia juvenil de esa época. Sin embargo, en esta recuperación hay tanto una recuperación como una crítica. No sólo se marca un rechazo a la lucha armada, sino que se sostienen valores como el pluralismo, la tolerancia y la paz, que no estaban en la agenda de esa época. Es una evocación transformativa antes que nostálgica.
Con respecto a los discurso de los candidatos perdedores, no dejaron demasiado para
el análisis. En general, dijeron poco.Hermes Binner, el único que tenía algo para  festejar, dio un discurso poco memorable, aunque esto forma parte, a esta altura, de las características del candidato. Su discurso puede resumirse en una frase: “Seremos una oposición racional pero implacable”, y su estilo podría condensarse en “Hermes Binner, antipopulista”. No se le pedía, sin embargo, que dijera mucho más, ya que esta no era su noche, y cumplió su rol adecuadamente.
Los discursos de Eduardo Duhalde y Ricardo Alfonsín estuvieron marcados por una
idea común: marcar que no piensan retirarse de la política argentina (“No cometeremos los mismos errores”, dijo Alfonsín; “Seguiré participando”, dijo Duhalde). El tiempo juzgará la verdad de estos dichos. Rodríguez Saá, por su parte, hizo una nueva demostración de su nuevo estilo oratorio, que roza la comedia de stand up.
Párrafo final para el discurso de Elisa Carrió, tal vez la figura política más castigada
de las últimas elecciones. Enfrentada a un verdadero castigo electoral a su fuerza (tal vez no haya paralelo mundial para una figura que pasó de segunda en 2007 a sacar el 1,8% cuatro años después) Carrió decidió redoblar la apuesta. Anunció calamidades inminentes (“el dólar y el super”), responsabilizó a la mayoría de su propia estupidez (“de esto se tendrá que hacer cargo el 53% que la votó”) y anunció su pase de la política electoral a serla líder a una “resistencia al régimen” que llevarán a cabo ella y “un grupo”. No vale la pena decir más sobre estas aseveraciones, que no pertenecen,
strictu sensu, al discurso público-político. Sin embargo, el aviso de Carrió de que seguiría liderando el bloque de diputados de la CC da la pauta de que Carrió no piensa democratizar internamente su partido, el cual se reducirá, sin duda, al núcleo mínimo de seguidores de una líder cuasi mesiánica.
Así visto, el electorado argentino premió a los candidatos que privilegiaron en sus discursos elementos de racionalidad política, moderación y tolerancia (Cristina Fernández de Kirchner, Hermes Binner, Rodríguez Saá) y castigó a aquellos que construyeron discursos apocalípticos e intolerantes (Duhalde y Elisa Carrió). Esto habla muy bien de la salud del discurso político en nuestra democracia.
(De la edición impresa)

PARAFRASEANDO EL CUENTO DE RODOLFO WALSH "ESA MUJER" LA EMINENTE SOCIÓLOGA MARÍA PÍA LÓPEZ ANALIZA EL TRIUNFO APABULLANTE DE CRISTINA FERNANDEZ Y COMPLEMENTA LAS VOCES YA PUBLICADAS EN ESTE BLOG DE SARLO, LA RESPUESTA DE GALASSO A SARLO, EL ENCANTADOR Y LITERARIO RETRATO DE MARÍA MORENO.

Viernes, 28 de octubre de 2011
logo las12

Levantando polvareda

SOCIEDAD Si a poco de iniciar su mandato la violencia misógina convirtió a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en “la yegua” –modismo muy usado durante el conflicto con el campo e incluso utilizado para la amenaza anónima en un “maten a la yegua” escuchado en el helicóptero presidencial–, después de ser reelecta con una cantidad abrumadora de votos esa violencia misógina parece haberse diluido o quedado confinada a los márgenes. Ella es ahora esa “morocha argentina” un poco arquetípica, pero sin caer en la figura del tango. ¿Cuál fue el camino recorrido para que se abriera esta distancia? ¿Alcanzan para explicarlo las medidas de gobierno o hay algo más que no está dicho en la figura de esta mujer poderosa que ya está incorporada a la historia como la primera presidenta electa y reelecta? Diez voces diferentes desandan el camino de Cristina entre la denigración y la consagración del voto popular.

Por MarIa PIa LOpez *
/fotos/las12/20111028/notas_12/met02.jpg

ESA MUJER


Presidenta. Caramba: reelecta. Por un porcentaje que sorprendió a votantes y opositores en las primarias y que se acrecentó en la elección general. Bajo los millones de boletas que cayeron en las urnas aún resuenan sordos gritos de la ira de 2008. Resuena, digo, el “yegua” con el cual se sustituía su nombre. Pero también por el mismo juego de las inversiones, la alegría combatiente con la cual esa palabra era retomada para decir, como se dijo con muchas voces, “todas somos yeguas”. No tercas como una mula, aunque también. Yeguas, sí: malévolas, mañosas. Obcecadas y carentes de ingenuidad. Un politólogo dijo –sin ruborizarse– que ella ganaba porque perseveraba en sus errores hasta convencer. Extraño don, casi de bruja, que haría que la sinrazón se vuelva razonable. No se sonrojó él cuando argumentaba tan exento de racionalidad.
Esa mujer: más recostada sobre el modelo de la estratega que sobre el de la cándida. Y, como se sabe, la que elige el primer camino reclama para sí el denuesto. Salvo que lo haga negándose como mujer. Porque el problema con ella, la que preside, es que no quiere la renuncia, sino la apetencia. Que no alivia su condición con un traje neutralizante como los grises de la Merkel. Al contrario: va por el énfasis y el subrayado, por el taco aguja y el rimmel que remarca. Eso la vuelve inaceptable. O innombrable, como a tantas. Un taxista me hablaba de ella sin nombrarla. Decía: “Esa mujer”. Y no sabía, segura estoy de que no sabía, que un cuento magnífico llevaba ese título y que se desplegaba el relato alrededor de otra mujer que había sufrido en su cuerpo y su memoria la negación del nombre.
Aquella mujer tuvo un nombre prohibido y un cuerpo capturado, fue santoral y sueño político para las generaciones siguientes. En esa recuperación hubo quienes –como Perlongher– la imaginaron en hoteles clandestinos, entremezclada en el sexo colectivo –y así la escribía Copi–, y esa figura revelaba el inconsciente deseante de su negación, mientras pervivía al lado de los rituales de una santificación popular. Esta mujer, la que preside, no deja de proyectarse sobre la otra: piensa y actúa el melodrama del pueblo con su líder a la vez que ya lo sabe parodiado y deconstruido. Quiso un rostro de aquella de nombre prohibido y definió dos: el del grito airado hacia el norte, el de la dulzura asistente hacia el sur.
Esta mujer juega con esas caras. No esquiva las polaridades ni desprecia lo dispar. Más bien conjuga, vuelve coexistente, tensiona. Ira y comprensión. También: sobriedad y provocación. O vaivén entre la argumentación y el mohín. Si importa cómo se viste, de un modo en que pocas veces se insistió tanto en la política argentina, es porque en la superficie está el sentido. Porque es más investidura que vestido. O ambas cosas, mejor. Porque es puesta en escena pública de un cuerpo y a la vez goce privado que se muestra. Es el placer del roce de una tela y la imagen del espejo y a la vez es necesidad de atributos para disponerse al combate. Quizás ese doblez es lo que más enfáticos enojos provoca porque, finalmente, pocos (y pocas) se atreven a revelar el sentido personal y afectivo de la puesta en escena de lo público. Ella lo hace.
* Socióloga y ensayista.
© 2000-2011 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.

UNA RESPUESTA A SARLO ¿Qué te pasa, Beatriz? Por el historiador Norberto Galasso


Publicado el 26 de Octubre de 2011

Me hacés acordar a Borges, Beatriz, cuando dijo que el 17 de Octubre fue todo una farsa armada desde el gobierno. Peor todavía, a Mirtha Legrand cuando dudó que el cadáver estuviese adentro del féretro, o a Carrió cuando sostuvo que el llanto de los jóvenes lo organizó Fuerza Bruta.

He leído tu  artículo en La Nación del lunes 24 de octubre. Y en verdad, Beatriz, estoy  sorprendido, demasiado sorprendido. Casi una página de Beatriz Sarlo en el diario de los Mitre para sostener que si bien hay algunos “motivos económicos”, la causa del  triunfo electoral de Cristina tiene su explicación profunda en que se trató  de la “autoinvención” de una viuda. La lectura de ese artículo me dejó perplejo. Sólo se me ocurre preguntarte: ¿Qué te pasa,  Beatriz?
Vos quizás no recuerdes que nos conocimos en 1966, en la editorial Jorge Álvarez que funcionaba en la calle Talcahuano y donde circulaban jóvenes  escritores  progresistas (te supuse marxista). Después, te visité  en un  departamento de la calle Coronel Díaz para entregarte unas páginas sobre la Década Infame para la editorial de Carlos Pérez –lamentablemente desaparecido– (te supuse posadista). Más tarde, tuviste la gentileza de  registrar algunos de mis libros como “recibidos” en tu revista Punto de vista (te supuse “prochina”)  y en una ocasión, bajo la dictadura, nos encontramos en una manifestación obrera de la cual nos corrieron las fuerzas represivas con gases lacrimógenos (te supuse peronista de izquierda). Ya bajo el gobierno de Alfonsín, nos cruzamos, si mal no recuerdo, en el Teatro San Martín, pero no advertiste mi presencia, quizás porque moviéndote siempre en la crítica vanguardista no habías registrado en tu memoria esos encuentros casuales con alguien de la Izquierda Nacional, encuentros que no llegaron a convertirse en amistad, pero sí en esa complicidad recóndita entre quienes aspiramos a una sociedad distinta (aunque ya te  supuse socialdemócrata). Por eso, cuando alguien me decía: Beatriz ha sido peronista, trabajó cerca del posadismo, fue prochina, pro alfonsinista y socialdemócrata yo intentaba justificar esos cambios como producto de una búsqueda, una auténtica y trabajosa búsqueda en un país complicado donde las palabras se vacían de contenido y hay que realizar  grandes esfuerzos para saber lo que ocurre y dónde ubicarse. Siempre te consideré inteligente y sin ningún interés subalterno, fuese prestigio o dinero.
Sé que no te importa demasiado saber que defendía tus giros políticos, como tampoco que siempre te he leído con respeto y te he valorado como  intelectual. Quizás tampoco te importe ahora que te pregunte –siguiendo el ejemplo de Kirchner con Clarín– “¿Qué te pasa, Beatriz?”. Y formulé la pregunta porque ese artículo es indigno de vos y ahora debo suponer que te hiciste “mitrista”. Claro, para mí eso ya es más grave porque nunca he escrito ni voy a escribir jamás en La  Nación  hasta que –suceso imposible– ese matutino denuncie que Mitre fue un genocida que arrasó con el  Paraguay según lo denunció Alberdi y lo cantó Guido Spano con aquel: “Ya no existe el  Paraguay / donde nací como tú.”
Por eso siento la necesidad de reprocharte este último salto mortal que diste. Porque ya eran suficientes tus colaboraciones en Clarín para venir a recalar, desde hace un tiempo, en La Nación, que es, como se sabe,  todo lo contrario de la nación. Siento la necesidad de decírtelo y no vas a poder contestarme “conmigo, no” porque vos no tenés “coronita” ni tampoco me podés imputar alguna actitud o conducta dudosa, ni concesiones de ningún tipo que hayan ido en perjuicio de las mayorías populares. 
Y vamos al artículo, donde  reducís un gran triunfo electoral, por márgenes poco habituales del 54% de Cristina al 17% para la segunda fuerza (con la que casualmente vos simpatizás).
Lo titulaste “Victoriosa autoinvención”. Y a poco de empezar reproducís, como si la compartieses, la declaración de la pitonisa derrotada, que espero que ya no salga más en las pantallas televisivas después del  l%  de los votos, es decir, de ser repudiada por el 99% de la sociedad argentina: “De lo que pase ahora, nosotros no somos responsables, sino los millones que la votaron.” Es decir, implícitamente, más de 11 millones de imbéciles,  tontos,  engañados o boludos, según el calificativo que quieras emplear. 
Pocas líneas después, te referís a un cántico: “Néstor no se murió / Néstor vive en el pueblo”. Y nada más. No, Beatriz, no, debiste decirlo completo: “Néstor no se murió / Néstor no se murió / Néstor vive en el Pueblo / la puta madre que los parió.” Así se expresa la juventud que proclama su dolor y  su bronca por la muerte de un presidente militante,  y también  alude a  sus opositores. Así, completito.  ¿O es que en la Tribuna de doctrina no se puede putear? ¿Se puede mentir, difamar, distorsionar la historia, pero se trata de un órgano tan delicado y  de tan elevada cultura que no se puede putear?
Pero esto es anecdótico. Lo fundamental de tu artículo constituye una interpretación pobrísima de un acontecimiento riquísimo. Este último es el cambio operado en la Argentina en los últimos ocho años,  que  vos lo reducís a una cosmética fúnebre, a un montaje cinematográfico, a una “puesta en escena”, según lo subtitulás. Y esto no se  puede permitir en una intelectual que hace años que piensa, elabora tesis, critica, argumenta con tan alto nivel que ha dado clases en la Facultad de Filosofía y Letras (¡ah! y también en Cambridge,  supuesto templo de la sabiduría universal).
Entonces decís –cuando tu pueblo se moviliza y le otorga a Cristina 40 puntos de diferencia respecto al segundo-, vos decís,  -y no quisiera recordártelo– decís: “La Presidenta Viuda  fue la protagonista de la obra y la directora de la obra, una creación suya y de un grupo muy chico de publicitarios e ideólogos que la dejó hacer y perfeccionó lo perfeccionable. En lo esencial, una autoinvención” (La Nación, 24/10/2011). Luego, seguís de este modo: “Después del entierro de Néstor, Cristina Kirchner dispuso casi de inmediato todos los elementos de la puesta en escena y vestuario: su luto, su palidez (atenuada con el transcurso de los meses), su figura erguida, su voz potente, que podía quebrarse por la emoción que ella misma se provocaba al mencionar al marido ausente.” ¿Cómo no nos dimos cuenta, Beatriz? Quizás se ponía cebolla cortada en el escote para provocarse lágrimas... y nosotros, tan boludos, ¡nos creíamos que era dolor, que era tristeza!
Pero decís más todavía: “La Presidenta hizo una actuación de alta escuela, mezcla de vigor y emoción, se colocó a sí misma al borde del llanto y se rescató por un ejercicio público de la voluntad. Es la gran actriz de carácter sobre un escenario diseñado meticulosamente por ella misma.” Y más aún: “A veces, un flash la asimila a buena actriz de la televisión representando a una gran mujer política, el mismo empaque de señora que ha bajado a las cosas pero que conserva sus aires, la misma ropa con brillos, un poco de sobreactuación, un poco de distancia y mucho de afectividad.”
Me hacés acordar a Borges, Beatriz, cuando dijo que el 17 de octubre fue todo una farsa armada desde el gobierno. Peor todavía, a Mirtha Legrand cuando dudó que el cadáver estuviese adentro del féretro o a Carrió cuando sostuvo que el llanto de los jóvenes lo organizó Fuerza Bruta. Y vuelvo a preguntarte: ¿Qué te pasa, Beatriz?
No puedo creer que pienses que todo ha sido un invento, todo ficción. ¿En estos últimos años no hubo disminución de la desocupación, ni de la pobreza, ni de la indigencia, no hubo hundimiento del ALCA en Mar del Plata ni constitución de la Unasur, no hubo lucha contra la Sociedad Rural y las grandes corporaciones mediáticas, ni Asignación Universal por Hijo, ni Asignación Prenatal, ni matrimonio igualitario, ni Ley de Medios, ni hubo captación parcial de la renta agraria diferencial a través de las retenciones, ni estatización de las AFJP para  recuperar los aportes previsionales de los trabajadores, ni aumento de jubilados y para jubilados? ¿Sólo hubo un escenario bien montado, una mujer pálida por el cosmético y una leyenda para incautos?
Para peor, agregás que, por cierto, hubo “inversiones en cultura..., necesarias para montar el espectáculo” y contar con los artistas, aunque “habrá que examinar su transparencia porque hay mucho dinero en juego flotando por áreas grises”, es decir, “pan y circo”, o lo que es lo mismo “choripán y Coca Cola” para 11 millones de argentinos a quienes se les compraron los votos. No eran entonces boludos, eran corruptos. Y de  esas inversiones  en la farándula, con algo –reconocés– de “subsidios, miniturismo, bolsas de shoppings o plasmas”, se montó la gran mentira  que provocó el 54% de los votos.
Finalmente agregás que la gran “novedad en la historia electoral argentina no está dada por el triunfo por 40 puntos de diferencia sino en  el lejano segundo lugar obtenido por Binner”. Eso sí es genuino e importante, ¿no es cierto? Esos tres millones de votos fueron concientes, de gente culta, progresista, que seguramente leyó alguna vez las sesudas elucubraciones de “Norteamérico Ghioldi”. Aunque, te digo, no es tan novedoso: esa palidez del candidato, ese empaque y seriedad que hacen recordar demasiado a los socialistas del treinta, tan poco graciosos que a su candidato Nicolás Repetto lo llamaban el “candidato del cianuro”, algo así como el aburrimiento de De la Rúa, quiero suponer  sin Banelco. Pero con un gran don de la oportunidad este Binner se abraza con otro “socialista”, el ex presidente uruguayo Tabaré (Marx los perdone desde la eternidad por llamarse socialistas), a quien supongo te referís cuando hablás del  “inspirador uruguayo” que apoyó a Binner, que “supo esperar desde años atrás”, que vetó la ley del  aborto y luego fue a decirle a Bush que le diera armas para hacerle la guerra a nuestra patria. Mejor referente, imposible. 
Por eso te pregunto, ¿qué te pasa, Beatriz? Y no te enojés y me digas “conmigo, no”, ubicándote en una supuesta altura de ética, progresismo y cultura elevada para terminar  descalificando la alegría de tu pueblo en las calles;  desvalorizando un gran triunfo popular como hace muchos años no se había visto con tanta contundencia.
¿Acaso vale la pena rodar por la pendiente de esta manera para escribir en el diario que el genocida de la Guerra del Paraguay se dejó de guardaespaldas, como bien decía Homero Manzi? En serio, ¿te pasa algo, Beatriz? <

Avanti Moroooocha (apostillas cristinistas) Por María Moreno.

Como siempre genial, este artículo de la escritora y periodista María Moreno sobre Cristina, el peronismo y el machismo argentinos


/fotos/las12/20111028/subnotas_12/me03fo99.jpg

MUÑECA BRAVA

El estilo de Cristina Fernández de Kirchner es y no es una cita de “La morocha” de Saborido. Si el verso “La más renombrada de esta población” puede leerse como una profecía, es dudoso que ella alguna vez haya tenido “dueño” y usado la madrugada, en lugar de cranear como estadista, para cebar mate. Más bien, en el catálogo de “Mujeres son las nuestras”, Cristina representa a la mujer criolla de origen español, la militante que no virginiza su cuerpo en nombre del ascetismo que exigiría una causa y que aunque no haya sido guerrillera, permanece “guerrera” –bien podría responder al apodo de La Negra o La Negrita–. Madre, no proyecta una figura nutricia sino marcadamente sexuada; esposa, subordina esa categoría en la de compañera; viuda, no se retira sino que aparece cada vez más alto en la escena política. Si para Evita, que también era morocha, ser rubia formó parte de un autodiseño con el que insinuaba que el poder necesitaba del recurso de la luz mientras exigía la cara despejada y el cabello sujeto de quien trabaja, Cristina lleva el cabello oscuro y suelto como mensaje popular de un entrecasa público. Cuando al principio citaba a Evita con vehemencia se equivocaba, porque ella, contrariamente a Eva, es hija legítima, profesional y presidenta, entonces la fuerza y la vehemencia pueden a llegar a oírse como mero subrayado de la potestad y no como resentimiento y vindicación. Cuando ese tono pasa por la purificación del llanto, la fuerza se vuelve más sutil y compleja: no es la de quien la tiene sino la de quien la pierde a cada rato pero se repone en nombre de una causa mayor.

ESPADAS

Para apoyar a Cristina el machismo retroperuca ha ignorado el imperialista sable de luz de Darth Vader por las espadas imaginarias que la Colección Robin Hood difundía en novelas de caballería adaptadas a los niños: a la dama que pasó de primera a Presidenta habría que defenderla como un cruzado y hay agrupaciones que no lo disimulan, como Los mosqueteros de la Reina. de los que forma parte el periodista Juan José Salinas. Pero algún publicista despejado debe haber advertido que la metáfora caballeresca provenía de tradiciones europeas y entonces la peronizó con la promoción de Los Caballeros de la Quema, autores de la canción “Avanti, morocha”. La Quema es todo lo contrario del castillo de Belrepeire, en su pasado no hay allí ningún Grial sino basura. Sir Perceval no le lanzarían un avanti a su amada Blancaflor ni Sir Lancelot a la reina Ginebra y es dudoso que tanto Ginebra y Blancaflor fueran morochas. Que haya caballeros en La Quema jaquea la idea misma de caballerosidad para proponer una heráldica ciruja. Los Caballeros de la Quema serían nietos de aquellos “grasitas” de la retórica evitista. El “avanti”, una marca en la lengua de la voz del inmigrante, contaminación buscada para incluir y no para estigmatizar como lo hacían los escritores de la generación del ‘80 con el cocoliche. El Avanti morocha puede ser tanto la expresión del caballero que abre paso a su dama como la del que la sigue. Pero en la memoria popular hay otra canción que los adversarios de Cristina han interpretado y difundido con variaciones zumbonas: la guaracha de Ñico Saquito, “María Cristina”, en la que un macho dice cómo ha logrado usar una treta para enfrentar el poder de una mujer: “María Cristina me quiere gobernar/ y yo le sigo, le sigo la corriente/ porque no quiero que diga la gente/ que María Cristina me quiere gobernar”. La afirmación parece contradictoria pero, en realidad no lo es. El sujeto de la canción está diciendo que en lugar de obedecer y, para que no se diga que obedece, finge que está de acuerdo, es decir le sigue la corriente. Si él quiere o no hacer las cosas que le ordena hacer María Cristina, no se sabe. María Cristina tiene un origen político, unas coplas que circulaban durante la regencia de María Cristina de Habsburgo, segunda esposa de Alfonso XII, y constituyen un síntoma de las inquietudes que despierta una mujer fuerte en el poder. Pero ¿y si María Cristina guarachera fuera una buena gobernante y hubiera simplemente interpretado las demandas de su hombre? Sería otra canción.

“EL”

“Por él/ a él/ para él/ al cóndor él si no fuese por él/ a él/ brotando ha de lo más íntimo de mí a él:/ de mi razón de mi vida “ dice el poema “Eva Perón en la Hoguera”, de Leónidas Lamborghini. Evita se enunciaba como mediación entre el General Perón y el Pueblo con el que ella parecía estar en una suerte de plebiscito perpetuo e invitaba a que sus privilegios fueran leídos así: lo que ella tiene no lo tiene en lugar de ellos, es algo que ella tiene de ellos, que han sido usurpados, y que les será devuelto luego del pasaje purificador de su cuerpo de “plenipotenciaria”, de “ministra de los humildes”.
En los Kirchner, era Néstor el que parecía tener el talento de fusionarse con la multitud –hasta muchas veces caerse en ella–, anular la distancia corporal con el abrazo o la mano tendida, los chistes y los comentarios impulsivos. Cuando él muere, sin esa mediación Cristina queda expuesta y entonces pierde esa rigidez de la muchacha de clase media a quien han enseñado que la educación es ante todo guardar cierta distancia y de pronto, debido a su cargo, debe dejarse tocar, besar un niño anónimo o abrazar en masa. Sin el escudo de él, su cuerpo se ablanda, “se deja” y hasta “cacha”, como cuando la quieren hacer entrar en los agravios rimados a Cobos o las consignas que terminan siempre con “la puta que los parió” –-en todo varón hay un boludo y un barrabrava– y entonces dice irónicamente “ah, qué creativos” o “a esa no la conocía”, con el aire algo agotado de una maestra de jardín de infantes con doble jornada.
Evita no decía “él”, pero no porque supusiera que si lo llamaba así, alguien podría ignorar a quién aludía, sino por imponer el nombre y el rango, “General Perón”, como un mantra.
Cuando Cristina dice “él “también sabe que el pueblo sabe, pero lo dice para dejar ligado ese pronombre a otro, “ella” y “ella” no como esposa sino como compañera que elogia al cuadro, al presidente, al “fundador del proyecto” pero en paridad y simetría. “El” es también la estrategia para no nombrar a quien, quizá, todavía no se puede nombrar sin quebrarse o porque no nombrar es subrayar su ausencia. Cristina acepta las consignas que resucitan a Néstor Kirchner “Néstor vive” o “¿Quién dijo que Néstor murió?”, pero no las repite casi nunca. Que ese vacío no se toque, que a él se lo haga brillar por su ausencia.
Gobernar: no lo hace por él, sino con él, su legado, y entonces, en el juego de las elecciones, en lugar de tacharse la doble, no lo hizo y ganó. Avanti, morocha.
© 2000-2011 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Guerra a la dolarización: obligan a petroleras y mineras a liquidar divisas en el país Al igual que los exportadores de granos, estas empresas ahora deberán volcar todos sus dólares al mercado interno; la medida da marcha atrás con un decreto que Kirchner firmó en 2004






El Gobierno reestableció la obligatoriedad del ingreso y negociación en el mercado de cambios de la totalidad de las divisas provenientes de exportaciones petroleras, de gas natural y licuado y de productos mineros.
Así fue dispuesto mediante el decreto 1722 publicado este miércoles en el Boletín Oficial (BO) con las firmas de la presidenta Cristina Fernández; el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández; y del ministro de Economía, Amado Boudou.
El sector exportador de hidrocarburos y de minería gozaba de un tratamiento diferencial para la liquidación de las divisas pero ahora ahora se decidió restablecer la obligatoriedad de volcar las divisas en el mercado local "por razones de equidad".
CAMBIO. Con esta norma publicada hoy en el BO, la Presidenta dejó sin efecto el decreto 753/2004 por el cual el ex presidente Néstor Kirchner había exceptuado a las exportadoras mineras y petroleras de liquidar obligatoriamente las divisas en el país.
"Habiéndose modificado las circunstancias que dieran origen a las excepciones aludidas y, con la finalidad de otorgar un trato igualitario respecto de las demás actividades productivas, como por ejemplo las del complejo agro exportador", argumenta la norma.
Primariamente, la norma que dispuso la obligatoriedad del ingreso y negociación en el mercado cambiario de la totalidad de las divisas provenientes de la exportación de empresas productoras de petróleos crudos o de sus derivados, de gas natural y de gases licuados y mineras es el decreto 2581/64 , que había firmado el presidente Arturo Illia.
Durante los primeros nueve meses de 2011, Argentina exportó petróleo crudo por U$S 1.482 millones; gas de petróleo y otros hidrocarburos por U$S 732 millones, según detalla el último informe de comercio internacional de INDEC.

FUENTE: LA NACION

lunes, 24 de octubre de 2011

Las claves culturales del triunfo y la puesta en escena de Cristina Kirchner VICTORIOSA AUTOINVENCIÓN Por Beatriz Sarlo | Para LA NACION

 Cristina Kirchner y Amado Boudou después de bailar "Avanti morocha" en un escenario montado frente a Plaza de Mayo. Foto: Rodrigo Néspolo


"Los resultados de estas elecciones presidenciales no se alcanzan sólo con subsidios, miniturismo, bolsas de shopping o plasmas. Juzgar la adhesión al peronismo sólo por motivos económicos siempre le impidió a la oposición descubrir sus verdaderas peculiaridades. Está claro que si falla la economía, fallarán las urnas. Pero definir su predominio sólo como distribución sistemática o al voleo y obediencia produce el mismo efecto de mal foco. Cristina Kirchner tiene ahora la iniciativa."

Cuando la Presidenta salió de su casa de Río Gallegos, un grupo de vecinos quiso sacarse fotos con ella. La rodearon, la abrazaron y la despidieron con el grito de "Fuerza, Cristina". La misma expansión en la escuela donde fue a votar y también frente al aeropuerto. El entusiasmo es comprensible, pero el aliento es innecesario. Nadie más fuerte que la Presidenta en este día.
A las seis de la tarde del domingo, hay centenares de banderas en Plaza de Mayo y frente al hotel donde se espera a la vencedora. A las ocho en punto, Scioli hace su discurso: la Presidenta ha conducido este proyecto magistralmente; Mariotto es un gran compañero y amigo. Por su parte, Mariotto se acuerda de que todo comenzó con Juan Domingo Perón: Kirchner llegó para continuar esa obra. La historia no empieza cuando uno llega, dice Mariotto, y por eso todo sigue con la "Presidenta Coraje".
Contrastes. A esa misma hora, en el comité nacional de la UCR, lugar elegido por Alfonsín para recibir los resultados en el seno de la familia que desde mañana le ajustará cuentas, un pupitre y el escudo del partido: la soledad de una derrota inevitable, no sólo por la fuerza oficialista sino por los errores propios. Pro, municipalizado, se reúne en Vicente López. En el Instituto Hannah Arendt, Elisa Carrió dice: "De lo que pase ahora, nosotros no somos responsables, sino los millones que lo votaron".
A las ocho y media, la Plaza de Mayo está iluminada y colmada como corresponde a una gran noche. La Presidenta llega al Hotel Intercontinental, donde hay pleno de actores, actrices, intelectuales y políticos. Cristina Kirchner, nimbada por los focos y mostrando una emoción tranquila, escucha el canto con que la reciben: "Néstor no se murió, Néstor vive en el pueblo". La Presidenta reelecta empieza más dulce que nunca. Recita, casi entona, su agradecimiento "a todo lo que conforma la Argentina" (incluido Macri). El mayor agradecimiento es a El. La intensidad subjetiva aumenta hasta que comienza la parte propiamente política de un discurso que incluye, varias veces, el llamado a la unidad. Todo puede leerse o mejor verse nuevamente, porque la lectura sola no trasmite las seguridades con que la Presidenta se siente investida, pese a la abundante gestualidad emocional.
El discurso de la victoria coronó el resultado que se esperaba. La aritmética electoral coincide con la de la economía. Pero la Presidenta sacó más y fue votada con más entusiasmo que el que producen los números.
Se ha renovado la identidad justicialista. Imposible decir si el efecto será duradero. Pero lo que parecía difícil cuando la popularidad de Cristina Kirchner alcanzaba un penoso 20 por ciento, sobrevino en el año que va entre la muerte de Néstor Kirchner y estas elecciones. La Presidenta Viuda fue la protagonista y la directora de la obra, una creación suya y de un grupo muy chico de publicitarios e ideólogos, que la dejó hacer y perfeccionó lo perfeccionable. En lo esencial, una autoinvención.
Después del entierro de Néstor, Cristina Kirchner dispuso casi de inmediato todos los elementos de la puesta en escena y vestuario: su luto, su palidez (atenuada con el transcurso de los meses), su figura erguida, su voz potente, que podía quebrarse por la emoción que ella misma se provocaba al mencionar al marido ausente. La Presidenta hizo una actuación de alta escuela, mezcla de vigor y emoción; se colocó a sí misma al borde del llanto y se rescató por un ejercicio público de la voluntad. Es la gran actriz de carácter sobre un escenario diseñado meticulosamente por ella misma. No compartió jamás el rol protagónico. Los focos, todos, convergieron en un solo punto.
Siendo un personaje excepcional (todo presidente lo es en su medida), la estética de la Presidenta tiene un aire de familia con las imágenes audiovisuales. A veces, un flash la asimila a una buena actriz de la televisión representando a una gran mujer política: el mismo empaque de señora que ha bajado a las cosas pero que conserva sus aires; la misma ropa con brillos; un poco de sobreactuación; un poco de distancia y mucho de afectividad. Aunque la Presidenta ha enriquecido estos rasgos, se apoya en una espontaneidad que es anterior a la puesta en escena.
El liderazgo se compone de muchas vetas. Una de ellas es la capacidad de representar, en dos sentidos complementarios: representar los sentimientos de otros (los dirigidos) y representar, ante ellos, los sentimientos propios, a fin de darle un sustento crucial a la confianza. Con una mezcla de afectividad y exhibición de fuerza, la Presidenta es una figura a la vez política y humana. Este éxito de la imagen fortaleció el vínculo que la cruda economía tejía por debajo. Anudó con un lazo simbólico el intercambio entre mejoras materiales y apoyo político.
Hubo cambios en su discurso. Un llamado a todos, completamente abstracto, porque nunca se reunió con nadie, excepto en media docena de visitas a asociaciones empresarias y, por supuesto, en las inauguraciones, donde los miembros de las burguesías locales ingresaban al círculo mágico que rodea a la Presidenta en sus excursiones por el territorio. Un llamado especial a la juventud. Los entendidos traducen: "juventud" es, en términos concretos, la guardia de hierro de La Cámpora. Pero los no entendidos traducen probablemente de otro modo. Escuchan el mejor sonido de las palabras: el futuro es de los jóvenes, cosas por el estilo. Un llamado a la solidaridad entre sectores. Hugo Moyano escucha el ruido del machete con el que planean cortarle la reelección en la CGT. Pero miles escuchan que la Presidenta pide solidaridad con quienes no tienen trabajo, trabajan en negro, cobran por convenio. Escuchan que a ellos les prometen esa solidaridad. Se consolida el lazo: habla de nosotros, nos habla a nosotros.
La Presidenta hizo centenares de discursos, usó sin límites ni prudencia republicana la cadena nacional. Dicen que el rating baja cuando expone durante demasiado tiempo. Pero no se trata de escuchar un discurso entero, sino más bien de preparar fragmentos, planos, cortas secuencias que se multiplican luego en los informativos, en los diarios y en las redes sociales.
Se alcanzó la saturación ambiental de discursos: Cristina hablándoles a "todos" (¿quiénes son todos?); diseñando el futuro con planes etiquetados como "2020", o consignas mnemotécnicas como "industrializar la ruralidad" (dejó un poco de lado, para no cansarse ella misma, la "cadena de valor"). Estos fragmentos de sonidos se diseminan, repetidos por cada uno de los candidatos. Crean sentido común: ella dice esas cosas mientras las muestra en concreto, al inaugurar fábricas abiertas o cerradas, puentes, tramos de carretera, usinas atómicas, escuelas, hospitales terminados o a medio terminar. La inauguración no es un acto para ser verificado, sino para ser comunicado. Es un acto simbólico.
Para no asustar a las capas medias, la Presidenta moderó su retórica. Hubo palos para el sindicalismo (que caen bien a esos votantes) y el sarcasmo consuetudinario para la prensa (no dijo qué piensa hacer a partir de hoy). Así como las campañas publicitarias tienen un título, la que condujo al triunfo podría llamarse "Cristina, paz y amor". Boudou demostró ser un gran aporte a la buena onda. El también parece salido de la televisión, de un viejo casting para La Banda del Golden Rocket.
Funcionaron otras dependencias del dispositivo oficial. El Gobierno está haciendo inversiones considerables en cultura, cine y televisión, que ofrecen trabajo a guionistas, actores, directores de arte, músicos, fotógrafos. En algún momento habrá que examinar estas inversiones y la transparencia con que se deciden los contratos. Hay mucho dinero en juego, flotando por áreas grises, atravesadas por intereses proclives a mecanismos de cooptación, cosas que se dicen a media voz. Pero, a partir de los festejos del Bicentenario, la cultura se convirtió en una pieza orgánica. Se asentó el convencimiento de que con la cultura había mucho para ganar. El peronismo es poroso. Y, en la cultura, el kirchnerismo ha aceptado todas las incorporaciones, sin pedir otra cosa que cristinismo puro.
Los resultados de estas elecciones presidenciales no se alcanzan sólo con subsidios, miniturismo, bolsas de shopping o plasmas. Juzgar la adhesión al peronismo sólo por motivos económicos siempre le impidió a la oposición descubrir sus verdaderas peculiaridades. Está claro que si falla la economía, fallarán las urnas. Pero definir su predominio sólo como distribución sistemática o al voleo y obediencia produce el mismo efecto de mal foco. Cristina Kirchner tiene ahora la iniciativa. Se verá qué hace con su capital.
La novedad, por primera vez en la historia electoral argentina, es el lejano segundo lugar del Frente Amplio Progresista, dirigido por Hermes Binner y muy heterogéneo. Sobre esta construcción, circulan las nuevas preguntas. La principal es si podrá recorrer el largo camino que recorrió su inspirador uruguayo, y romper una hegemonía, aunque la tarea exija una paciencia extraña a las costumbres políticas nacionales.