martes, 31 de mayo de 2011

La pregunta por la "comunidad" o por el "lazo social" en Argentina. ENTREVISTA A MARÍA PÍA LÓPEZ, socióloga, activista cultural y académica. Por Verónica Gago

Académica/activista

María Pía López –socióloga y ensayista– se asoma a los modos de producción antes y después de 2001, trazando un paralelo con lo sucedido antes y después de la Década Infame, tomándola no como un desierto creativo, sino como un tiempo inaugural para lenguajes generacionales. Así, se pregunta sobre qué constituye una comunidad y cuáles son las tensiones entre el activismo cultural y la academia.

Por Veronica Gago
María Pía López –ensayista, socióloga y editora de la revista El Ojo Mocho– investiga ciertas figuras emblemáticas de la historia intelectual y literaria argentina con la hipótesis de que son nombres que articulan lo que puede verse y decirse sobre una época.
Su primer libro fue Mutantes. Trazos sobre los cuerpos y le siguieron Sabato o la moral de los argentinos (en colaboración con Guillermo Korn), y Lugones. Entre la aventura y la cruzada. Ahora acaba de compilar un volumen colectivo titulado La década infame y los escritores suicidas (1930-1943) (Paradiso), donde realiza una lectura a contrapelo de los clichés más convencionales sobre aquel período: la Década Infame es narrada no como un momento de parálisis creativa después de unos esplendorosos años ’20, sino como el tiempo en que se inauguraron nuevos modos de intervención estética y lenguajes generacionales; especialmente a partir de la marca de dos escritores: Jorge Luis Borges y Ezequiel Martínez Estrada. López expande esta pregunta –qué es lo que una época hereda de otra– para pensar la relación entre la producción cultural y artística antes y después del 2001 –tomado como punto de inflexión– y revisa los efectos de un signo de esta época: que los saberes forjados en la militancia y la autogestión son hoy valorizados y reconocidos institucionalmente.
Fotos: Juana Ghersa
En tus investigaciones sobre las experiencias culturales de las décadas del ’20 y ’30 proponés la idea de que a un momento de creación colectiva le sigue otro de polarización política, en el que las obras se vuelven más individuales...
–En el caso de la década del ’30 siempre se piensa que no pasó nada en relación al esplendor de los ’20. Tengo la impresión de que, por un lado, hay efectivamente una pérdida, pero, por otro, las grandes obras individuales de los ’30 no se podrían pensar sin el momento grupal y generacional de los ’20. La pregunta siempre es qué hereda una época de la otra. Nunca hereda la vitalidad plena de la anterior, sino aquellas cosas que tuvieron más fuerza en instalarse y continuar un camino. En los ’30, el caso de Borges es un clásico para pensar esto: él descubre el camino de la ficción. Pero también Ezequiel Martínez Estrada, quien descubre un ensayismo crítico, como testimonio de lo que se está desgastando. En este giro entristecido, sin embargo, hay mucha potencia. En términos políticos es más complejo porque una politicidad –muy general y generosa como logran ciertos momentos– tiende a ser continuada por tipos de política que articulan y organizan más y, por eso mismo, cierran. En los ’20 la vida intelectual suponía una productiva ambigüedad política –eso es lo que en cierto modo queda explícito en Los siete locos de Roberto Arlt– y también una circulación fluida entre personas de compromisos divergentes. En los ’30, y en especial desde la guerra en España, las diferencias se crispan y sólo quedan modos muy reactivos de pasar de un lugar a otro.
Esta misma secuencia, ¿puede pensarse para la actualidad?
–Sí, y también puede pensarse en relación a los años ’60 y ’70. Ciertos momentos que son de mucha vitalidad porque habilitan cruces raros, una cierta circulación de personas y una capacidad de invención luego entran en tensión sobre el campo político más real, cuya lógica reorganiza los materiales de esa experiencia anterior.
¿Podría decirse que en los momentos de creación social más generalizada se vuelve al problema del realismo en el arte y que, en cambio, en los momentos de repliegue político se revalorizan lo que vos llamás “las potencias de lo falso”?
–No sé si se puede generalizar, pero si pensamos esto en relación al 2001, vemos que los años previos –desde mediados de los ’90– marcan un retorno al realismo cultural muy evidente. La pregunta que estaba en el cine, en el teatro, en las artes plásticas y también en la literatura era, ¿de qué modo se vuelve a inaugurar una relación entre arte y vida dando cuenta de fenómenos sociales que producen cambios fuertes? Esa pregunta por el realismo se vuelve difícil de sostener cuando los procesos que se están narrando parecen resolverse en un sentido inesperado. En el caso de los años ’30 la derrota del proceso emancipatorio en la Guerra Civil Española, la crisis local y el cierre de la experiencia democrática del yrigoyenismo plantean la pregunta de si efectivamente hay algo que podamos llamar realidad y que porta alguna promesa. Esto da lugar a fuertes despliegues ficcionales y a escrituras con una explícita conciencia de su fuerza. En la cultura argentina actual, pensando en el trayecto 2002-2007, me parece que la pregunta por los acontecimientos se fue desplazando hacia el análisis autorreflexivo de los distintos campos de producción: es la reflexión interna de qué significa hacer literatura o teatro o directamente poner en escena procedimientos de construcción de obra. Habría que pensar qué pasa cuando se tensiona tanto un campo social que de lo único que se puede hablar es del propio modo de producción de las cosas. En este momento creo que ése sería el giro: desde una revisión de los realismos desde mediados de los ’90 al 2001-2002, a un acotamiento posterior de las preguntas que se orientan a cómo se produce obra, al análisis o la explicitación de los procedimientos mismos de cada campo.
Vos también vinculás el problema de “lo falso” a la pregunta por la comunidad. ¿Por qué?
–Lo que Martínez Estrada ve como ilusión es la idea de que se pueda constituir una Argentina a partir de una idea de civilización que se erige como lo contrario a la barbarie. Es la discusión que él le dirige a Sarmiento, diciendo que éste suponía que civilización y barbarie eran dos planos claramente distinguidos. El efecto de esa distinción, siendo fuertemente ilusoria, constituye una civilización que no es más que el ropaje falso o la fachada de una barbarie continuada por otras vías. La falsedad sería lo que niega u omite una parte de lo real. En los años ’30 la denuncia de lo “falso” y de la “farsa” era moneda corriente, quizá por la conversión de los mecanismos electorales en simulacros o por el efecto de la crisis sobre las ilusiones de gran destino previas. Lo interesante de Martínez Estrada es que no enjuicia esa cuestión en términos clásicos, con la idea de traición o mentira o intención, sino con una idea de comunidad irredenta que se imagina realizada, ahí estaría lo falso.
¿Por dónde pasaría hoy la pregunta por la comunidad? ¿Con qué lenguaje se está pensando?
–Pensando nuevamente desde el 2001 para acá, creo que la pregunta hoy ya no es por la nación. Hoy la nación no está puesta en primer plano ni siquiera por las estrategias de dominio. Por eso creo que la discusión de la comunidad pasó a algo más constitutivo, como es la pregunta por el lazo social, por cómo se funda comunidad más allá de los modos simbólicos de esa fundación. Mi impresión es que esta pregunta actual es mucho más despojada. Esto es fácil de ver en lo que fue el nuevo cine argentino, donde se construyó una estética austera, por momentos desolada, en la que la pregunta fundamental era precisamente de qué modo se fundan los vínculos mínimos entre personas.
Hoy, luego de la crisis del 2001, ¿lo nacional retoma un papel al menos discursivo?
–Sí, entre otras cosas, porque como estrategia simbólica gubernamental la nación está relativamente puesta en juego, y probablemente esto va a motivar otras respuestas culturales. Ya aparecen algunas revisiones paródicas, como la obra de Kartun en El niño argentino o la pintura de Daniel Santoro, o revisiones vanguardistas como la de la novela Tartabul, de Viñas. Pero también hay una narrativa que se constituye sobre la ciudad, como la de Wa-shington Cucurto, que no la piensa en su dimensión nacional.
Vos hablás de la tensión entre la académica y la activista cultural. ¿Cuáles son las figuras intelectuales que funcionan en la actualidad?
–En las últimas décadas hay una fractura fuerte de la figura intelectual que provenía de los años ’60, y ha sido sustituida por la idea del académico, el erudito o el especialista. La figura anterior suponía un mundo amplio de cruces entre literatura, cine, teatro y una participación activa en el plano de la opinión pública. La contemporánea, y esto puede verse en distintas disciplinas, se convierte en especialista de un área. La universidad en general giró hacia esa cerrazón. En lo que con muchas reservas puede llamarse el campo cultural actual, se ve una separación entre bandas que disputan por la afirmación y negociación de sus posiciones y que se hacen casi invisibles en el plano polémico porque cada cual se ocupa de su autorreproducción, mientras que en la universidad es mucho más acentuado aún porque lo único que parece viable es la especialización. Ahí aparece una diferencia con la figura del activista cultural, quien debe revisar con más insistencia sus mecanismos de producción. Además, se caracteriza por tener una relación más indirecta con las instituciones y un modo de articulación diferente de los problemas, a punto de darse normativas propias.
En los últimos años, varias experiencias que nacieron de la autogestión lograron reconocimiento financiero y/o simbólico por parte de instituciones estatales. ¿Esto impacta en términos de su producción?
Diría que aún no puede saberse. Lo interesante es la complejidad de la situación política actual que supone que una cantidad de aprendizajes no institucionales, muy paralelos a los sistemas de financiamiento, empiezan a tener un lugar y ser valorados. Esto implica un cambio grande en cómo es considerado el trabajo cultural. Es decir, deja de ser lo que se hace en los momentos de ocio, con absoluta gratuidad, para convertirse en un trabajo rentado. Quizás esto también pueda pensarse en el marco del pasaje que señalaba antes: de un momento de creación general y elaboración común a otro de concentración, donde algunas cosas sobreviven y otras demuestran su no viabilidad. Pero lo que me llama la atención es cómo hoy se valorizan en términos mercantiles los saberes de la militancia política y del activismo cultural. En un sentido se puede decir que esto es promisorio porque permite ciertas retribuciones. Pero no sería tampoco tan optimista: no es debido a que haya más recursos que se despliegan las energías en un sentido más innovador. Muchas veces, la existencia misma de esos flujos de financiamiento opera como elemento de coerción y como regulación.
Hiciste un programa de entrevistas sobre los 30 años del golpe (La Creciente, Ciudad Abierta), ¿qué evaluación te quedó sobre la proliferación de producciones culturales que hubo respecto de ese aniversario?
–Si hay algo eficaz del kirchnerismo es percibir la existencia de fuerzas activas. En el caso de los 30 años fue la capacidad enorme del Estado de ponerse casi a la saga de los movimientos de reivindicación de derechos humanos. Es un Estado que reconoce que otros actores sociales habían hecho cosas e incluso que se autocritica mientras está con los dirigentes de esos movimientos. Esto inaugura algo interesante. Al mismo tiempo, los movimientos plantean una visión fuerte de la historia y la pregunta es: ¿puede el Estado sostener la visión de la historia de las Madres de Plaza de Mayo sin que eso signifique eludir los problemas de la memoria en la trama social? Porque cuando un movimiento instala un lenguaje y unos símbolos para pensar la historia es claro que es una minoría activa de la sociedad y que como tal está en una disputa abierta para impulsarlos. ¿Qué pasa cuando el Estado los asume como propios en términos discursivos? El problema es que se da lugar a un discurso dando por resueltas una cantidad de situaciones y disputas que no terminaron y que son las que verdaderamente instalan los movimientos. Creo que el Estado sólo puede asumirlas si decide profundizar su acción y no sólo aceptarlas en términos discursivos como si los discursos de H.I.J.O.S. coincidieran con la opinión de cualquier vecino. En ese sentido, las intervenciones sobre los 30 años fueron muy disímiles, pero no sé si se permitieron pensar en qué tipos de silencios y de opacidades cómplices permanecen en la vida social, como para que, en el mismo año, un ex desaparecido vuelva a desaparecer y no sepamos nada sobre su destino.
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lunes, 30 de mayo de 2011

"Ningún pelotazo acertado al gorila sustituye el ejercicio, profundamente político, de interpretar la época y procurar descifrar sus nombres". MARÍA PÍA LÓPEZ

DE ESTE LADO HABEMUS INTELECTUAL

María Pía López, socióloga y  catedrática en la Facultad de Sociología de la Universidad de Buenos Aires 


Reflexiones sobre un texto de María Pía López y  sobre la urgente necesidad de sustentar el modelo no sólo en la inclusión de pobres y ciudadanías con diversidad de género y razas, que es la tarea primera. Sino también con la inclusión del Otro cultural, para ampliar la lucidez y evitar la banalización.  Por Mario Luis CARDOSO CERUSICO



En ésta brillante nota: Batallas y Hegemonías, la socióloga y catedrática de Sociología de la UBA,  María Pía López, reflexiona sobre las categoría de "hegemonía", que ha devenido en "batalla cultural", más afín con otras metáforas de guerra de Gramsci, y que implica claramente, un lugar en la trinchera, antes de ganar la guerra.

El tema es acuciante, porque la construcción de la Hegemonía, significa lograr una especie de "sentido común" que involucre a quienes desde la trinchera fueron oponentes. La noción de "hegemonía" gramsciana significa nada más que esto: la culminación de una guerra por el sentido  en la confluencia de unos valores que sirvan de una suerte de amalgama para unir las clases y los sectores que integran una sociedad.  Como los sintetiza María Pía, "articula el conflicto y la conciliación". 


El tema es acuciante, porque venimos tratando de sintetizarnos en Nación desde la masacre del 16 de junio de 1955 en Plaza de Mayo, y todavía no lo logramos, ni de cerca, como sí lo logró hace siglos, el Brasil. 

Es acuciante también,  porque si bien no nos vamos a escandalizar por esta falta como  lo harían los libertarians que pululan por los medios; a quienes estamos de este lado del modelo reformador que comenzó en 2003, "nos cabe la alarma por la fragilidad de las ideas con las que se sostiene, por momentos, el entusiasmo compartido", explica Marìa Pìa.

En estos últimos años, la idea de "hegemonía" ha sido "malversada en el vocerío de presuntos republicanos y trastocada en sinónimo de una voluntad de primacía absoluta sobre el espacio público". Desandando esta "manipulación desdeñosa de la idea", continúa María Pía, "hegemonía" no nombra la imposición de la lógica de un sector sobre otro, como
nombra "la capacidad de ese sector de traducir, deglutir y retomar temas y valores que no han surgido de él y que sin embargo por su mediación pueden generalizarse".  Y aquí María Pía López se detiene en el concepto de "traducción" desde la concepción del brasileño Viveiros de Castro a propósito del análisis de la antropología de Lévis Strauss, donde demuestra que "toda traducción es traición, pero no al objeto sino a la lengua que intenta recibirlo", lo cual significa que nadie queda indemne, pues la lengua a la que se traduce se transforma y se enriquece con ese nuevo objeto, se vuelve más lúcida porque se amplía su capacidad conceptual.

En síntesis, el concepto de "traducción"  bajo la mirada de Viveiros de Castro, ayuda a poder pensar que el combate por  la traducción de las ideas  en principio, como dijimos, no es neutral con ninguno de los actores, pero  más aún, "sus efectos políticos más potentes se inscriben en quien (...) se deja afectar más profundamente" por la  amplitud de la nueva escena surgida del pase de la traducción.

Hace unas semanas terminó en el Palais de Glasse una muestra destinada al pensamiento nacional. Las ausencias en esa muestra de intelectuales como Borges, Léonidas Lamborghini, Rozitchner o Astrada (por mencionar algunos) no sólo nos impulsa a reclamar la falta de valoración intelectual  y el reconocimiento a estos intelectuales que forma parte del patrimonio de las ideas más genuinas de esta patria que entre ellos, otros, y nosotros estamos construyendo, con alegría, a veces angustia y dolor, pero con buena fe, puntualiza Marìa Pìa.

Al respecto, la catedrática  afirma, contundente, que la ausencia de esos actores de la vida intelectual no indica sólo el problema de la falta de valoración de sus obras, sino algo aun peor, indica "el problema de que un pensamiento nacional se banaliza al no considerarlos".  "La propia idea de 'batalla cultural' nos obliga a banalizarnos, (...) a ponerle 'grilletes' a nuestra propia palabra (...)". Para  Marìa Pìa "la noción de hegemonía alude a otro movimiento", al de la busca de una verdad posible, o de un valor a afirmar, o de un elemento que conviene (aún en el sentido de la astucia) retomar para incluir en un colectivo profundo y ancho,  que amplíe lucidez, y no se quede en la banalización del otro oponente, a  la que nos recluye la trinchera de la noción de "batalla cultural". 

Dicho en otros términos, tal vez menos ricos que los que expone María Pía López;  en los términos más simplistas de la discusión anglosajona entre Republicanismo vs. Liberalismo: necesitamos encontrar  el valor que nos amalgame  como comunidad nacional (como afirman los republicanistas en esta discusión, en contraposición a los liberales, quienes con su individualismo atomizan, des-hermanan y terminan agudizando los conflictos). La noción de hegemonía necesita de aquél adjetivo colectivo que nos permita sentirnos hermanos en una misma patria (que para el poeta Kavafis, significa "la tierra de nuestros padres") o en una misma "matria" (como dice el poeta Caetano Veloso), la tierra de nuestras madres. Sin perder individualidad, pero tampoco sin perder la lucidez de poder comprender las aristas valiosas de un otro, que en una república es mi hermana/o de matria o patria.

En toda batalla (como la "cultural") estoy yo y un otro que es mi "enemigo".  Y las metáforas de guerra, como ésta,  en política,  nos privan de la potencia de construir un colectivo grande, porque esa pequeñita trinchera  nos reduce a facción; y si el antagonismo en política es necesario para construir identidades "cuando logra capturar y expresar, con los símbolos y las dinámicas propias de esa práctica, las particiones del antagonismo social",  explica la socióloga,  "esa división de campos, no tiene por qué derivar en bandos o facciones; al contrario, afirma su vitalidad y lucidez en la capacidad de evitar esa deriva", concluye.

La idea de hegemonía "tiene un doble latido: el del conflicto y el de la conciliación" ejemplifica María Pía, y agrega: pero no sólo la conciliación a la que puede llamar el victorioso", sino la conciliación en la que "construir hegemonía requiere traducir también la voz del otro, retomar sus valores o marchar hacia la construcción de lo común". En este sentido, continúa, la hegemonía "exige más la disposición a una hermenéutica de la conversación que a la contundencia de la repetición de un eslogan". 

Jorge Luis Borges (parafraseando a María Pía López)  una vez comentó, que aunque no había leído el  ensayo de Mallea Historia de una pasión argentina, su titulo le había  sonado tan bello que lo dejó pensando en cuál sería la pasión argentina por excelencia.  Llegó a la conclusión de que no había otra pasión más excelsa en los argentinos que la amistad que se materializa en  una amable y tranquila conversación, cuyo símbolo  es la charla  del quiero o el envido del “truco” (el juego de naipes más popular de Argentina).



domingo, 29 de mayo de 2011

EL LIBRO DE BEATRIZ SARLO SOBRE KIRCHNER Y CRISTINA La audacia sin cálculo Antes que en 6,7,8, Beatriz Sarlo había expuesto su impugnación al kirchnerismo en un libro. Con escaso sustento fáctico alaba al ex senador Duhalde, ignora el compromiso de Kirchner con los derechos humanos previo a su presidencia, minimiza el reto del poder agromediático, desconoce la cronología del conflicto con Clarín, atribuye a Kirchner la ley de comunicación audiovisual con menosprecio machista por CFK y subestima la calidad del debate que la precedió y la coalición que la sustenta.

Néstor y Cristina en 1983, durante un acto de campaña en el que se reclamó juicio y castigo por los crímenes de la dictadura militar. Beatriz Sarlo desconoce esos hechos y sostiene que ese fue un discurso adoptado en 2003 para legitimar a un gobierno débil.

LOS CHISTES DE BEATRIZ SARLO
Con estas fotos y las palabras del epígrafe, comienza Horacio Verbitsky su nota sobre el libro de Beatriz SarloKirchner 2003-2001. La audacia y el cálculo. Donde el prestigioso periodista, como nos tiene acostumbrados, refuta con documentación en mano, las inexactitudes y dislates empíricos de las afirmaciones de Beatriz Sarlo, en su libro, y en el programa 678 que la convocó. 

Pero en cuanto al "machismo" de Sarlo, todavía no se ha escrito lo suficiente. Es bueno que Verbistky lo señale. En un artículo de la Nación, que no he podido encontrar todavía en la net, Sarlo se mofa de la falta de sentido del humor de Cristina Kirchner, para comentar inmediatamente que esa falta de sentido del humor es típicamente femenino. Por lo cual, si una mujer no lo cultivó desde sus más tierna infancia, es imposible que a los 58 años como Cristina pueda aprenderlo (al momento del artículo Cristina no tenía 55 años).

En el libro que nos convoca, casi no habla de Cristina. Inesperadamente califica la figura de Néstor Kirchner como la de uno de los mejores políticos que dio Argentina. Y si uno tacha las disgresiones gorilas, que son un mero guiño a sus lectores de La Nación, el breve capítulo sobre Kirchner es un homenaje a un "animal político", como también lo califica, que supo que en política nos se puede "gestionar" o "administrar" sin ser un político, como lo fue cabal el finado presidente, según la propia autora. Tanto valor le da a esta afirmación, que por contraste describe el desastre de gestión de Macri, (a quien critica junto a De Narváez, Michetti, y los politicos que vienen de Celebrity Land, como Reutemann, Palito Ortega y Scioli). Macri de política lo ignora todo, como una doña Rosa, y se presentó como el "administrador" que le faltaba a la política argentina. Los desatinos y la destrucción a que llevó a la ciudad de Buenos Aires están a la vista. 

Volviendo a Cristina, Sarlo critica el vestuario de colores chillones que la actual presidenta usó, hasta la muerte de su marido, y lo contrasta con la dignidad del vestuario de la británica  Tatcher, la alemana Merkel y la chilena Bachelet. De toda la administración de Cristina, no dice nada de nada, sólo afirma que "dicen que fue una buena legisladora"...una afirmación del tono de esta otra que dijo cuando le preguntaron si Cristina era para ella una persona formada intelectualmente, "y... habrá leído algún manual".

Sarlo tal vez proyecte en Cristina sus falencias: la chistes malos de Beatriz Sarlo son proverbiales. Como cuando comentó que con Ema Zunnz, Borges, puso toda la carne a la parrilla, psicoanálisis (¡sic!), lucha de clases, el mundo de la fábrica y del obrero; y agregó: ¿lo habrá escrito fumando un porrito? Jajaja. (esta es otra de las características de los chistes de Sarlo, inmediatamente se los festeja ella misma). Otra vez hablando de una novela de Héctor Tizón, llegó a la clase y dijo, "esta semana estuve culta; me leí toda la Odisea" para entender a Tizón. Jajaja. En aquella época nos recomendaba leer la crítica literaria de Clarín, y no de La Nación, el diario con olor a bosta. 

En un reportaje que le hicieron en TV, hace mucho, Cristina Mucci la apuró diciéndole, si te lo pasás hablando de política, por qué no estudiaste ciencias políticas en lugar de letras. La respuesta fue que ella en realidad comenzó Filosofía, pero evidentemente le resultaba tan difícil que la bochaban en todas las materias y allí decidió pasarse a Letras, porque Ciencias Políticas no existía en su época. Pero nunca fui una alumna con presencia en la facultad, comentó Sarlo, yo iba de vez en cuando. Inmediatamente Cristina Mucci le preguntó cómo era la composición de su familia. "Mi padre era culto, era judicial, pero mi madre en cambio era una simple ama de casa plebeya". Qué querés decir con judicial, la inquirió Mucci, ¿era juez tu papá, era abogado? No, era "empleado del poder Judicial" y gran lector (chiste mayúsculo que Sarlo ni se dio cuenta que producía una sonrisa en la entrevistadora). Entonces Mucci le preguntó y cómo te bancaste la carrera de Letras, ¿trabajabas? Si, como sabía inglés, y en la facultad estudiaba Latín, que para la época era materia obligatoria en todos los colegios, me dediqué a dictar latín en inglés en colegios bilingües. "Allí encontré un nicho" (dijo haciendo el gesto de penetrar con la mano) Jajaja, se festejó ante una impávida Cristina Mucci, abogada, que dirige el programa sobre libros Los Siete Locos, hace aproximadamente treinta años. 

No es pavada deconstruir a Sarlo, de verdad se ha transformado en la intelectual del establishment y da letra a todo el gorilismo argentino, lo cual no es poco. Una "intelectual" entre comillas, porque nunca fue deslumbrante ni en la cátedra ni en sus libros, que escribe como ristra de chorizos, pero con la consistencia de una incesante paráfrasis de otros textos críticos (literarios o de sociología a lo Merton) que no cita, a veces ni siquiera al final, como bibliografía consultada. 

Y no es pavada deconstruir a Sarlo, no por ella, pobre mujer, sino porque la construcción de este proceso político que ha realizado las transformaciones que el progresismo enunció y nunca llevó a cabo, convengamos que es muy endeble. 

Ponerse en intelectuales para aplaudirla porque 678 ya es un formato vetusto (como lo afirman muchos blogeros incluso kirchneristas) es jugar con fuego. 678 apareció como un programa para deconstruir la mentiras de los grupos hegemónicos en la "guerra gaucha" y tuvo un logro muy grande en ese propósito. La convocatoria en Facebook, que llenó la Plaza de Mayo de admiradores del programa, es un hecho que debe ser destacado. Por lo demás, cualquiera de los integrantes del staff de 678, podrían estar viviendo perfectamente bien de su profesión sin arriesgarse en lo más mínimo exponiéndose en un programa oficialista. Pero lo hacen de buena fe, con un sentido de militancia epocal. Con el enorme esfuerzo de sostener un proceso que sabemos frágil. Cuando ese proceso se consolide, 678 habrá cumplido su cometido y desaparecerá. Por ahora es una tarea militante imprescindible, frente a un movimiento transformador, que tiene mucha fuerza popular, pero poca fuerza en las corporaciones que son la economía real. Los triunfos han sido por "prepotencia de trabajo" para usar la famosa frase de Arlt, o por "la voluntad" de no dejar en la puerta de la casa de gobierno sus convicciones (para usar el título de la saga de Eduardo Anguita sobre los '70 titulada así, La voluntad  y la frase de Néstor Kirchner en discurso que dió al asumir como Presidente de la Nación Argentina).

Mientras tanto, la derecha vernácula, que quiere decir rentistas de la tierra o de las industrias no competitivas, que odian todo olor a pueblo, está al acecho. Todo el movimiento reformador se sostiene débilmente alrededor de la figura de Cristina, viuda y si no sola, rodeada de un grupo de técnicos senior, como Debora Giorgi, Tomada, Alicia Kirchner, Nilda Garré, Amado Boudu, Mercedes Marcó del Pont, y otro grupo más íntimo de gran perfil, pero no exactamente capaces de reemplazar a Cristina, fallecido Néstor, como aglutinantes de este proyecto que salvo los negadores de La Nación, todos visualizamos como transformador de una Argentina que estuvo anquilosada durante demasiado tiempo. 

Mientras tanto la derecha-derechosa argentina (ojalá hubiera una derecha-liberal) tiene más poder que el gobierno: son los capitanes de la soja,  son los oligopolios de la comercialización exterior, los oligopolios de la alimentación, los monopolios del acero y del petróleo y de las comunicaciones. Ellos están agazapados para ver el momento justo para  poner a un Moyano, a un Scioli o a un De Narváez  en reemplazo de Cristina; para desbaratar todo lo construido y volver a fojas cero: desindustrialización, nulo sentido social, colonialismo obsceno.  


sábado, 28 de mayo de 2011

Difícilmente un malandra opte por pelearse con la Iglesia, con Clarín, con el FMI y con Bush y es más probable que un tipo de buena entraña impulse los juicios a los represores o la conformación de una Corte independiente y de alto nivel.

Néstor Kirchner leyendo el discurso el 25 de Mayo de 2003, día que asumió como Presidente de la Nación Argentina


A propósito del título del ya tan comentado libro de Beatriz Sarlo: Néstor Kirchner 2003-2011: La audacia y el cálculo; el sociólogo y Secretario de Redacción del diario Página 12, Luis Bruschtein, hace un interesante análisis del campo semántico al que pretende Sarlo confinar la figura de Néstor Kirchner. En es campo semántico, en el que pueden caber "malandra", "sin escrúpulos", "amoral",  etc, confluyen varios relatos, que  pueden simplificarse en dos: uno más simplista y otro más sofisticado:

  •  el primero es el simple  negacionismo,  que es el que utiliza el Grupo Clarín -entre otros- a través de todos sus medios, la prensa escrita, la televisión abierta y el canal de noticias TN Este relato es el más elemental. Niega lisa y llanamente todos los logros de la gestión Kirchner;
  • otro, más sofisticado, personifica a un Kirchner como un político tradicional, amoral, sin principios, sin ética ni ideología; motivado sólo por el poder y que paradójicamente, con ese combustible realiza el gobierno más progresista de que tengamos memoria. En ese lugar están parados los "progresistas" que nunca pudieron concretar uno sólo de sus eslogan y a los que Kirchner dejó offside. Este sector del progresismo al que pertenece Beatriz Sarlo es capaz de reconocer virtudes en Alfonsín (que las tuvo, y el propio Kirchner lo diferenció claramente del resto de los presidentes), y perdonarle las capitulaciones.
Si se justifican esas capitulaciones de Alfonsín al promediar su gobierno por las circunstancias drásticas que le tocaron en cuanto a la crisis de la deuda,  las fuertes presiones de la corporación militar y de los capitanes de la industria, que lo ponían en un lugar de tanta debilidad -dice Bruschtein- ¿por qué se critican las políticas del kirchnerismo, con sus alianzas y sus ofensivas para no capitular?

Algunos intelectuales, como Beatriz Sarlo, tienden a simpatizar con políticos testimoniales, como Elisa Carrió, por un carácter "chamánico" que los acercan a los intelectuales. Priorizan la consigna frente a la acción. Pero la política es real y trata de combinar la abstracción y la pureza del pensamiento con la impureza del conflicto real. 

La nota  completa de Luis Bruschtein aquí

jueves, 26 de mayo de 2011

Una socialdemócrata sin partido, ex marxista y ex maoista. Beatriz Sarlo en Miradas al Sur

REPORTAJE A BEATRIZ SARLO EN Miradas al Sur, como promoción de su libro LA AUDACIA Y EL CÁLCULO: Por MIguel RUSSO

Beatriz Sarlo: “Soy una social-demócrata, ex marxista y ex maoísta”Año 3. Edición número 157. Domingo 22 de mayo de 2011Por  Miguel Russomrusso@miradasalsur.com[Image](GUIDO PIOTRKOWSKI)OTRAS NOTASSe corrió el velo de un relatoCon la muerte de Néstor Kirchner se corrió un velo que tenía que ver con un discurso monótono que parecía ser el portador de la verdad de lo que pensaba la mayoría de los argentinos sobre el ex presidente. Al correrse ese velo, lo que apareció fue una parte importantísima de la sociedad que fue a rendirle homenaje y a despedirse. Lo hizo con una intensidad única e histórica. Una disputa que tuvo claros objetivos políticosLas declaraciones de Elisa Carrió contra Ricardo Alfonsín, Hermes Binner y Margarita Stolbizer no fueron un exabrupto producto de la personalidad de la jefa de la Coalición Cívica (CC). Los ataques llegaron en el momento en que se consolida la idea de que la fórmula presidencial del Acuerdo Cívico y Social (ACyS) –formado por la UCR la CC, el GEN y el socialismo– será Alfonsín-Binner. La fórmula se instaló, entre otras cosas, porque todo sugiere que Julio Cobos quedará en el camino. 2011: el año de CristinaEl 2011 empieza con una gran sorpresa para los sectores que después del resultado electoral de 2009 creían que el ciclo kirchnerista había llegado a su fin. La presidenta Cristina Fernández lidera todos los sondeos de opinión. Hoy ganaría la elección presidencial en primera vuelta y también en cualquiera de los escenarios de ballotage. Según los analistas consultados por Miradas al Sur, los motivos que explican este mapa político son los logros de la gestión. “Este es un libro sobre un desacuerdo”Debió ser el día más otoñal del año. En verdad la noche, porque mientras las luces de la calle y de los autos rebotaban en el pavimento mojado, el periodista y el fotógrafo se aterían de frío bajo la lluvia sobre Azcuénaga, a metros de la Facultad de Medicina, a la espera de ser recibidos por José Pablo Feinmann. Es que este encumbrado y prolífico filósofo argentino sólo funciona a esas horas. Duerme de día y escribe mientras el músculo del resto descansa. Con Pino cambió el paisajeContra el triste 8 por ciento de los porteños que en septiembre de 2009 opinaban que la situación del país era “buena o muy buena”, hoy la proporción de los optimistas pasó al 38 por ciento. Contra el alicaído 20 por ciento que aprobaba la gestión de la Presidenta, en febrero pasado el porcentaje subió al 47 por ciento y en abril trepó un poco más: 49. En sentido contrario, la desaprobación a la gestión de Mauricio Macri creció del 33 por ciento registrado en marzo de 2008 al 55 por ciento en este mes. ¿Estos números hablan de un escenario harto favorable para el kirchnerismo en Capital? Vivo, como nuestra democraciaLa separación que frecuentemente se hace entre reflexión intelectual y práctica política es una de las operaciones más forzadas que se puedan concebir. Sólo basta detenerse a pensar lo que se escribe o se dice por un instante para comprender que la acción política comporta por definición una reflexión. Más aún, pocas acciones sociales son menos automáticas que la intervención consciente, programática en los asuntos colectivos que es la definición misma de la política. Publicó La audacia y el cálculo, un recorrido por el ideario político de Néstor Kirchner en el período 2003-2010. Y, polémica por excelencia, recibió críticas por derecha y por izquierda. Una charla donde desentraña el rol de los intelectuales y define posiciones.El mozo del bar de la esquina no pregunta. “Va a ver a Sarlo”, dice, como si un libro abierto y unas páginas con anotaciones sobre la mesa sólo remitiera a una persona: Beatriz Sarlo. No espera ni un sí ni un no, vuelve a la lectura de Clarín abierto en la página de deportes. TN, en el televisor colgante, machaca con su indignación profesional. Cuando trae el ticket, recibe una pregunta: “¿Paga Cablevisión el abono?”. No dice ni sí ni no. Vuelve al Clarín.
En la calle, el fotógrafo (con ese don que tienen los buenos fotógrafos de ver algo que pasa desapercibido y luego de su intervención será visto por todos como algo nuevo) mira las vidrieras donde guitarras eléctricas se reflejan sobre la superficie dorada de los saxos. Unos pisos más arriba, unos minutos después, Beatriz Sarlo (la mujer que, entre otros libros, escribió La ciudad vista, esa forma de usar las palabras como imágenes, y el reciente La audacia y el cálculo. Kirchner 2003-2010) abre la puerta de su estudio y ofrece mate –ritual argentino que emula la pipa de la paz– para arrancar la charla.
“Empecé mal el día; la vi a Sarlo en el bondi”, arranca La audacia y el cálculo. Y la frase, perfecta para cualquier novela, preanuncia la mirada de una intelectual atípica.
–¿Viaja en bondi?
–Todos los días, no tengo auto.
–Dijo en una entrevista que circula por la web: “…podés llegar a tener el nombre de la persona, pero me pareció más discreto ponerlo así. Si tengo que jurar ante un juez de la Nación, digo que era político”.
–No, si eso salió así está mal. Leí en twitter ese mensaje. Y escribí que no empezaba mal el día si veía a un kirchnerista en el colectivo o en el subte. Un “kirchnerista”, así como yo soy “no kirchnerista”. Además, los políticos no viajan en bondi ni en subte, solamente algún diputado de vez en cuando subiendo en Congreso para ir hasta Castro Barros. Pero sí, viajo en transporte público a cualquier hora del día y de la noche. Y llego en transporte público a mi casa. Me parece que es una de las formas de afirmar que Buenos Aires es una ciudad vivible por completo.
–¿Pasó de “no kirchnerista” a “macrista”?
–No, para nada. Macri dice que Buenos Aires no es una ciudad vivible, que la gente no puede viajar en transporte público, que está desesperada. No es así. Con mucha menos violencia que se encuentran los argentinos que van a Río de Janeiro de vacaciones. Cuando hay algún acto de violencia en las vacaciones de los argentinos en Brasil, me pregunto qué pasaría si ese mismo acto de violencia hubiera transcurrido en alguna playa argentina: para los titulares argentinos sería una catástrofe.
–A veces se habla de los dos mil autos por minuto en las rutas a la costa durante los fines de semana largos como sinónimo de felicidad. ¿Es otra lectura de la sociedad el uso del transporte público? 
–En efecto, eso da el poco contacto con la gente que puede tener un intelectual. El contacto no sólo se hace por encuestas o por observación etnográfica. El transporte público, y andar por la ciudad en lugares que no sean Palermo, es otra lectura, sí. Los intelectuales andan en nichos ecológicos miserablemente chicos, con experiencias reducidas al límite. Mi lugar no es Palermo. Cada uno, con su práctica urbana, debe ser coherente con los discursos ideales que emite sobre la ciudad.
Llega un volante del PRO por debajo de la puerta. “Mirá vos, por mano, Macri en sobrecitos a cada uno de los vecinos”, dice Sarlo. Y cuenta: “Es esa propaganda totalmente asquerosa que sacaron, la de ‘Sos bienvenido’ con una serie de caras que supuestamente no serían bienvenidas si Macri no les permitiera la entrada. Ahí está la más patética, la del pibe con la camiseta de River. Todas tienen ese sentido: vos sos diferente pero acá te damos la bienvenida”.
–Hay cierto grado de mal gusto en las campañas políticas. Habrá visto la de María Eugenia Estenssoro afirmando tener “un sueño entre ceja y ceja”.
–Muy mala elección de frase. Creo que la Coalición Cívica tiene algo más para decir que una mala frase de campaña. Es como si partidos, que por momentos son muy ideológicos principistas, desembarcan con una campaña que se asemeja a lo que los italianos llaman ‘qualunquista’. Es muy raro cómo eso se combina: cuánto hay de discusión política de la campaña.
–Más allá de que recién dijo que la Coalición tiene mucho más para decir, asombra la defensa que hace de Elisa Carrió en su libro.
–Yo creo que Carrió analizó bien el escenario político. Ella dijo que los precandidatos se iban a caer como muñecos. Y eso, efectivamente pasó. Mientras gran parte de los analistas políticos, kirchneristas o no kirchneristas, decían cómo venían posicionados en el sistema de alianzas que se iban a hacer, Lilita anunció sus caídas. Y eso ocurrió. Ahora hay un panorama con dos nombres y Lilita como una candidata que va a poner en escena ciertos principios: republicanos, institucionales, de separación de los poderes, de no usar la cosa pública como si le perteneciera. No es una defensa, sino una descripción. Andaba todo el mundo desesperado proponiendo las alquimias más extravagantes. Y Lilita llamó a la tranquilidad.
–No parecía muy tranquila cuando anunció que la gente andaba por la calle deseosa de matar a Néstor Kirchner o a Cristina...
–Carrió tiene un discurso a dos velocidades. Basta verla en el transcurso de un programa: hace una intervención extremadamente racional y luego hace una entrada que se empezó a categorizar como “mesiánica”, adjetivo que a mí no me gusta.
–¿Por eso utiliza el de “chamánica”?
–Claro. Por su cuerpo, como por el de cualquiera que encarna algo, como un chamán, pasan sus ideas. Su cuerpo es como la materia transmisora de sus ideas. Mucho de lo que se dijo alrededor de la muerte de Kirchner, también tenía que ver con que su intencionalidad política había pasado por su cuerpo hasta quemarlo. A nadie le pareció que estaba mal ese análisis. Pero cuando pasan por el cuerpo de Lilita Carrió todos dicen que está mal. A nadie le parecía que estuviera mal que por el cuerpo de Eva Perón pasara su devoción y su consagración a su tarea. Y cuando las ideas pasan por el cuerpo de Carrió, se dice “mesiánico”. Parecería que hay gente que tiene derecho a tener psicología y gente que no. La Presidenta tiene derecho a tener psicología porque es viuda. Alfonsín tiene derecho a tener psicología porque es huérfano. Y Carrió no tiene derecho a tener psicología, es simplemente “mesiánica”.
–Una cosa es psicología y otra patología. Usted menciona la viudez de la Presidenta o la orfandad de Alfonsín. Dentro de esa línea, ¿qué pérdida le aportaría el derecho a Carrió?
–Todo el mundo tiene derecho a tener psicología. ¿Por qué a algunos se les reconoce de manera eminente y pública el derecho a tener una psicología? Dicen “la Presidenta está afectada por la muerte de su esposo” o “Ricardo Alfonsín lleva sobre sus hombros la pesada carga de la herencia paterna”. Otros, en cambio, parecen como si les hubieran barrido la cabeza. Y sólo tienen defectos.
–Más allá de Carrió, aunque sirve muy bien de disparador, ¿no hay en el discurso político actual una pelea contra las personas en lugar de contra las ideas?
–Alfonsín o Binner no pelean contra personas, más bien son de una discreción extrema. Critican modalidades de gobierno.
–Son dos...
–Sí, está bien, pero dos que son candidatos presidenciales de la oposición o la fórmula de la oposición. No son cualquiera, no jodamos. Pero la personalización del poder está también del lado del kirchnerismo. Contamos los minutos para saber que la Presidenta elegía a Filmus y Tomada para ser candidatos del independiente Estado de Buenos Aires. Ese personalismo es un rasgo que se encuentra en las políticas de la posmodernidad.
–¿Las crisis de los partidos?
–Crisis donde el poder tiende a encarnarse en una figura.
–Retomando aquello de los intelectuales y la inserción en la cosa pública: ¿le preocupa ser una preocupación para los políticos? 
–No creo ser una preocupación para los políticos. Puedo llegar a ser un punto de debate para otros intelectuales, pero no creo que los políticos me conozcan. Mantengo un diálogo con los asesores de los políticos, periodistas, cientistas sociales, egresados de la facultad de Filosofía y Letras. Después, quizás, esos asesores les pasen un párrafo subrayado a algún político. Los políticos tienen muy poco tiempo para leer. No hablo porque sí: fue mi experiencia cuando trabajé en el Frepaso. El periodismo político o de opinión que escribimos es leído por una minoría. Y una minoría que es personal estable: esto se ve en los diarios que tienen foros más activos, como el caso de La Nación. Allí, más allá de los trolls kirchneristas y furiosamente antikirchneristas, el personal es muy estable. Son muchos, es cierto, pero siempre los mismos. No me doy más trascendencia que esa. No soy Feinmann.
–¿Chicana o golpe bajo?
–No, verdad. No me creo tanto. No creo en la repercusión del discurso intelectual en los políticos. Creo que sí hay una esfera de opinión muy activa, que se irá agrandando a medida que se acerquen las elecciones
–¿Cuánta gente integra hoy esa esfera de opinión activa y dónde está representada? 
–En el kirchnerismo está el punto y medio o dos puntos de 6,7,8, que es mucho, muchísimo. Un equivalente son los programas de la noche de TN, donde desfila la oposición pero también el kirchnerismo, ya que responden a una lógica periodística de dualidad. Pero un dato sintomático es que, más allá de 6,7,8, no hay programas políticos en los canales de aire. Estas ausencias ocurren por primera vez en la historia de la televisión argentina de aire.
–Bueno, con TN, Canal 13 no parece necesitarlos...
–Sí, pero el que hace la imagen en la televisión es el aire. Y en el aire ponen a Tinelli o a quien demonios esté en el preciado espacio de las 10 de la noche. Esa es la imagen de la televisión, eso es lo que repercute en la tapa de las revistas, eso es lo que crea celebrities, de eso habla toda la televisión durante el día y la tarde siguiente.
–¿No cree que hay una ebullición política que hace que la injerencia de los intelectuales, se llamen Sarlo o se llamen Feinmann, para ahorrar chicanas, sea mayor que en otros momentos de la historia reciente argentina?
–No lo sé. Pero no lo sé de verdad, no es que dude. La cuestión sería reconstruir los años ’80 y ’90 como los reconstruye un historiador. Olvidemos los ’90, en los ’80 nosotros éramos muy jóvenes, no teníamos la experiencia de visibilidad que tenemos hoy.
–Pero había otros intelectuales...
–Es probable que los hubiera y es probable que su incidencia fuera más profunda en algunos campos. Carlos Nino tiene una influencia muy fuerte sobre Alfonsín como filósofo del derecho. El famoso discurso de Parque Norte fue escrito por intelectuales: Juan Carlos Portantiero, Emilio de Ipola, etcétera. No sé si esa incidencia no era más profunda en el nivel ideológico. Hoy, Carta Abierta le proporciona a Kirchner una palabra fundamental para caracterizar el conflicto con el campo.
–Destituyente...
–Palabra que evita todos los peligros de una mala caracterización. Evita la repetición sonsa y vacía, neurótica, de la palabra “oligarquía”. Y evita la calificación de “golpista”, lo que le hubiera quitado toda verosimilitud. Ellos proporcionan esa palabra que tiene, además, la virtud de ser adoptada hasta por la oposición. Kirchner dice “destituyente” y los que estaban en contra dijeron “no somos destituyentes”. Después está la célebre visita de Néstor Kirchner a Carta Abierta, pero, pensemos, ¿cuánto del discurso complejo de Horacio González pudo incidir en el pensamiento de Kirchner? Yo creo que, para un político, González no proporciona las armas para una acción inmediata. Por eso Aníbal Fernández no escribe la segunda parte de los ensayos de John William Cooke sino la segunda parte del Manual de Zonceras, un libro sencillo escrito por un gran estilista como era Arturo Jauretche. Como una manera de decir “meta palo y a la bolsa”.
–En abril de 2010, en una nota de La Nación, desarrolló la idea de la batalla cultural ganada por Néstor Kirchner.
–Fue la idea que me trajo más dolores de cabeza en mi existencia.
–¿Se lamenta?
–Qué sé yo, ya estoy vieja para lamentarme de algo. En ese artículo decía que, frente a los discursos que interpretaban al kirchnerismo como pura construcción de hegemonía sin dimensión cultural, una mezcla de imposición y prebenda, allí había una serie de objetos y dispositivos simbólicos que estaban funcionando y que no convencían sólo sobre la base de planes sociales o imposiciones. Eso se fue armando después de 2008. Antes, el kirchnerismo era muy pobre en símbolos. Después de 2008, Kirchner muestra que es un político audaz y firme. Allí sale al armado de este dispositivo, que está hecho sobre una red de medios kirchneristas, financiados con publicidad pública, claro. Pero al margen de las críticas que se le pueden hacer a las formas en que se arma ese dispositivo, hay que tener en cuenta que no se arma en una mesa de la Secretaría de Inteligencia del Estado, no es concebido por una mente. Se arma por una mezcla de iniciativas individuales, de artistas e intelectuales, con apoyo del Estado. Así se arman los dispositivos exitosos. Y, otro costado a tener en cuenta es que eso tuvo su respuesta.
–¿Por ejemplo?
–Uno puede tener toda esa red de intelectuales y artistas y no obtener la respuesta social que obtuvo. No se puede pensar que esa respuesta se obtuvo sobre la base de bolsas de shopping para las capas medias. Allí estaba ese cemento del cual hablaba Gramsci y que unía distintos segmentos de la sociedad. Eso quise decir.
–Pero...
–Pero, claro, siempre hay un pero. De repente, los kirchneristas me convirtieron en intérprete de algo que yo no decía de ellos. Y los antikirchneristas en una suerte de traidora que atribuía a Néstor la victoria del combate de Ayacucho por el cual los españoles abandonaron América latina. Ese malentendido por partida doble marca un enfrentamiento muy fuerte de la sociedad argentina. El alineamiento, de uno y otro lado, fue muy tajante.
–Disipemos dudas: unos días antes de cubrir los actos del 25 de mayo de 2010, había escrito que los festejos “tendrán algunas puestas en escena en el espacio público, pero va a pasar sin que nos demos cuenta”.
–Me equivoqué. Me equivoqué fiero. No vi que se estaba organizando. No fue una equivocación política o ideológica.
–¿Se equivocó sobre lo que el Gobierno estaba organizando o se equivocó en relación a la respuesta social?
–Me equivoqué porque supuse que el Gobierno estaba como distraído de la cuestión. En cuanto a la respuesta social, no fue una celebración de cuatro días kirchneristas. Fueron cuatro días de fiesta popular, en la tradición de las fiestas populares francesas desde la Revolución. No percibí dimensión kirchnerista. Percibí dimensión de fiesta. Y está muy bien que un gobierno logre organizar una fiesta así, completamente segura, en la cual reinaba la buena onda de todos. Está muy bien que el Gobierno se apunte un poroto.
–¿Podría hacer una caracterización de los candidatos presidenciales lanzados hasta ahora?
–De Carrió ya hablé. Pero algo más: salvo que suceda algún entendimiento que no logro ver por ahora cuál es, y que hablaría de la inteligencia y el tiempismo de los políticos, Carrió va a ser la candidata que represente una serie de valores en estas elecciones. A quien muchos votarán diciendo “si la suerte está echada, voy a hacer un voto de principios”.
–Ricardo Alfonsín.
–Quiere un frente de centro izquierda con los socialistas y el GEN, pero se puso un obstáculo fuerte al no descartar a De Narváez. Cuando se elige llevar a la provincia de Buenos Aires, el 40 por ciento del padrón, a De Narváez se está llevando a un gran elector para ganar las elecciones. No lo lleva en Catamarca para ganarle al saadismo. Se metió sólo en un brete. Si armara ese frente con el socialismo y el GEN, tendría algunas posibilidades de entrar a una segunda vuelta. Aún perdiendo las elecciones, sería bueno que cambiaran las representaciones parlamentarias, que permitieran un gobierno con un alto control. ¿Sabés cómo le dicen en Brasil a los Decretos de necesidad y urgencia? Medida provisoria. Me encantaría que un parlamento pudiera parar esos decretos o, al menos, hacerlos provisorios.
–Duhalde.
–Con toda la consideración que me merece el tipo que tomó el gobierno en 2001 y entregó un país ordenado en 2003, no lo veo. Duhalde tiene muchas etapas en su vida: de la maldita policía y el flagelo narco a pilotear una salida a la crisis. Pero en este momento, no lo pondría sobre la mesa.
–Cristina.
–Néstor Kirchner había ideado una especie deloop donde se podían suceder entre él y Cristina por varios mandatos. Esto se quebró. La sucesión de Cristina va a empezar a ser discutida el próximo 12 de diciembre. Si en los Estados Unidos, Obama tiene que empezar la campaña dos años después y no tres y medio, imaginemos lo que puede ocurrir en la Argentina con el Justicialismo donde hay varios que se sienten presidenciables y una Presidenta que, hasta ahora, ya no tiene re-reelección. No sé si Cristina quiere una re re, y no creo que quiera poner a todo el país fuera de la ley. Me resulta muy difícil de creer en una persona como ella.
–¿Dónde se para ideológicamente?
–Soy una social demócrata sin partido. Lo soy desde 1980, cuando hice una crítica de mi pasado marxista maoísta. Desde ese momento, adopté lo que muchos marxistas críticos tomaron como camino en algunos países con la opción de tener partidos socialistas: caso España, Francia, Brasil, Chile, Uruguay. En la Argentina, el peronismo hizo imposible, en el sentido que ocupó todos esos lugares, la instalación de un partido socialista. No pudieron insertarse como verdaderos partidos de masas y me quedé sin partido.

Se ha dado en comparar la crisis argentina de 2001 con la española de 2011. O es pura ignorancia o mala fe. España tiene una población inmensa de gente sin formación política, cuyo cerebro, lavado minuciosamente por el franquismo no se ha recuperado, y siguen votando al PP, como los italianos a Berlusconi. A pesar de los denodados esfuerzos de Zapatero de sotener el Estado de Bienestar del que los españoles gozan como niños malcriados. Un estado de bienestar que jamás existió en Argentina y que por eso , sin ese tejido social, en 2001 nos morimos literalmente de hambre

En el blog argentino ARTEPOLÍTICA, un blog colectivo de politólogos, se publica un fragmento de un comentario de politikón.es, que pretende comparar la crisis argentina de 2001 con la española de 2011.

Considero que hay muchísimos buenos analistas y catedráticos españoles que la tienen muy clara, como los que he publicado recientemente en este blog. Pero la gente de a pié, los que estaban en la Puerta del Sol, son unos ignorantes en política, tanto como el artículo de este politicon.es que pretende ser un manual sobre peronismo para españoles. Cito: "Desde luego, el peronismo mataría la tímida estabilización, probablemente destruiría el euro y nos pondría firmemente en el camino hacia el Tercer Mundo. Ahora bien, España lograría estar por unos meses en el centro del escenario global. Como Egipto". Pues aquí hay mala onda evidente, xenofobia, latinoamericofobia. Por su puesto que salir del euro no es la salida de España, pero porque España no tiene industrias de punta, ni industrias siquiera. Todo lo que exporta lo exporta a la Unión Europea, que está en recesión. Si saliera del Euro, sus exportaciones no aumentarían en una proporción como para pagar la enorme deuda interna de los hogares.  Alemania puede exportar a los BRICs su tecnología de punta. Argentina sus commodities alimenticios a los BRICs e incluso una enorme industria a sus países vecinos. Argentina es el mayor productor de acero de latinoamérica, por ejemplo. A España le quedan sus enclaves coloniales de Repsol y Telefónica. 

Se meten con el peronismo y se olvidan de Franco. Todos se han olvidado porque Franco les lavó el cerebro y tienen amnesia colectiva.

Que el PP haya ganado "contundentemente" y hecho perder Sevilla que desde la muerte de Franco estuvo en manos del PSOE, muestra el fracaso de los indignados, tanto en su formación política como en su nulo proyecto de país, que se queda en el armado electoral. Ni siquiera subió el voto en blanco o el voto a partidos menores que tratan de romper la hegemonía del bipartidismo español.

Españoles, no se metan con nosotros, que incluso estamos recibiendo exiliados económicos de vuestro país sin ponerles ninguna traba, al contrario de lo que Uds. hicieron con los nuestros.

Como lo dice mejor que yo, cuelgo la nota de Charlie Boyle respondiendo al artículo español.


Una bazofia el artículo, lo cuelgo porque no es el único que anda por ahí, la inquina y la saña conque trata el proceso argentino no solo manifiesta un posicionamiento ideológico sino que demuestra una gran ignorancia, leer los comments:
• Llama la atención que luego de tan prolongado franquismo, España no haya elaborado lo que significa ese trauma en proceso de democratización. Todavía no entiende cómo afecta a los procesos sociales, especialmente a la protesta, la represión violenta. Simplemente acaba con lo político
• Hasta hace muy pocos años España no era del primer mundo, ni siquiera de Europa
• La apropiación del discurso neoliberal en ese país es solo explicable desde la lógica del que nunca vivió una estado de bienestar, un proceso de industrialización y una generación de una clase media emergente precisamente de este desarrollo.
• La protesta social se minimiza porque nunca tuvo un correlato de base que lo sustentara, desde ese punto de vista los “niños” protestones no tienen ni red de sustento de base ni conocen de política para armarla. Sin embargo lo que mas indigna es que no se la reprima. Como siempre han hecho con los revoltosos: cagarlos a palos o ponerlos en ridículo.
• Lo que acá sucedió por causas similares en el 2001 fue una feroz represión que terminó con más de 30 muertos y también, como allá, los que primero salieron a la calle fueron las clases medias del corralito. Sin embargo, esto profundizó la situación y la protesta social subió al puente Puyrredón, allí era la gente común la que se manifestaba, se empiezan a hacer visibles los movimientos sociales. A España le falta el año, año y medio que dista entre esta primera manifestación y el paro y la protesta generalizada, el “que se vayan todos”.
• Finalmente España marcha directo hacia un frontón para darse de cabeza con la realidad que está viviendo. La salida de la joda neoliberal, nunca es gratis, en horabuena porque es el camino

miércoles, 25 de mayo de 2011

La mundialización y su metáfora de guerra , con sicarios pagados por el FMI y el BM, desmorona la ingenua metáfora de paz eterna (a lo Kant) que nos quieren vender. Cuando la realidad es una guerra por la plusvalía, a veces desembozada: Vietnam, Corea, Hiroshima, Afganistan, Iraq, el bloque a Cuba. Aquí las confesiones de sicario de la globalización, John PERKINS. Jugoso como todo a los que nos tiene acostumbrado el joven y brillante economista español Marco Antonio MORENO, en su blog www.elblogsalmon.com. El video que lo acompaña pueden buscarlo en la sección videos de est blog.


La deuda y sus causas: las confesiones de un "sicario" económico


Por Marco Antonio Moreno
¿Han existido reglas claras en la globalización? Sorpresivamente, Tyler Durden, del sitio Zero Hedge, publicó el fin de semana esta entrevista a John Perkins, autodenominado “sicario económico”. La entrevista fue realizada por Amy Goodman, el año 2005, a raíz de la publicación del segundo libro de Perkins, The Secret History of the American Empire (La historia secreta del imperio americano). Esta primera parte de la entrevista se centra en el primer libro de Perkins, Confessions of an economic hit man (Confesiones de un sicario económico), obra que su autor tardó veinte años en publicar, y que constituye una fascinante obra de no ficción para leer este verano.
En esta primera obra, John Perkins describe como él, egresado con distinciones de la Escuela de Negocios de la Universidad de Boston, fue reclutado a finales de los años 60 por la NSA (National Securities Agency), para timar a países pobres prestándoles más dinero del que podrían pagar, para exigir luego su libra de carne y hacerse cargo de sus economías. La confesión de Perkins aporta una cruda visión sobre la trastienda de la globalización en la cual instituciones como el Banco Mundial y el FMI estuvieron al servicio de las grandes corporaciones que sumergieron a muchos países en la esclavitud de la deuda.

De acuerdo a Perkins, la hegemonía que emprendió Estados Unidos al terminar la segunda guerra mundial, no requirió de acciones militares, sino de operaciones de estos “sicarios” (como él los describe), que llegaban a los países a ofrecer importantes acuerdos comerciales y de infraestructuras (construcción de puertos, carreteras, industrias), que beneficiaban a los Estados Unidos y a un puñado de lugareños. Más aún, el dinero que se gestionaba a través del Banco Mundial no iba directamente al país sino que a las corporaciones estadounidenses, pero la deuda quedaba a cargo de todos los ciudadanos.
El testimonio de Perkins ostenta la ventaja de una panorámica privilegiada en la que explica de manera sencilla el derrotero de la globalización de los últimos 40 años. En el profuso escaneo a que fue sometido para su reclutamieto, Perkins señala que así como le detectaron sus fortalezas comunicativas de liderazgo y gestión económica, también le detectaron sus adicciones: el poder, el dinero y el sexo (¿les recuerda algo el caso DSK?) , por lo que fue un instrumento facilmente corruptible.
Es significativo que Zero Hedge, uno de los principales sitios de economía y finanzas de Estados Unidos, desempolve esta entrevista que ya tiene seis años. Es una muestra de la necesidad por intentar comprender lo que ha estado detrás de muchos procesos que han permanecido ignorados y que resultan necesarios a la hora de buscar explicaciones al actual descalabro económico que vive el mundo. La globalización no ha sido una panacea, y el economista coreano Ha-Joon Chang desglosó hace algunos años los mitos del libre comercio en su obra La patada a la escalera.

También puede leerse en inglés el original del que se origina el artículo aquí

martes, 24 de mayo de 2011

La deuda pública de Estados Unidos desde 1790 hasta hoy, ¿qué hay de nuevo, viejo?

En su Blog Salmón,  Marco Antonio Moreno, graduado en economía y Mg. en Economía Política, que también dirige el Blog Jaque al Neoliberalismo, presenta una Historia de la Deuda Pública de EU, desde 1790 hasta 2006 y las razones claramente ideológicas de su vaivén, es decir al giro de sus políticas económicas.

En la gráfica que nos facilita se puede ver que el pico más alto había sido alcanzado en 1945 cuando la deuda trepó al 120% del PBI.

Gobiernos posteriores, desde Truman hasta Carter, dismunuyeron la deuda hasta el 34 % del PBI en 1980.

Desde ese momento la deuda avanzó hasta tocar el actual techo de la deuda  lo que hizo declarar a Timothy Geithner que Estados Unidos está al borde de la quiebra

Todo comenzó con Reagan cuando el 1 de octubre de 1981 dio curso a su primer presupuesto. Qué fue lo que ocurrió? Simplemente que Reagan adoptó los dogmas de los teóricos de la oferta, que señalaban que era la oferta, y no la demanda, la impulsora del crecimiento. Con este simple gesto derribó la concepción económica que venia cumpliendo un rol exitoso desde el fin de la guerra. Los teóricos de la oferta demoliron las propuestas keynesianas, como explica el catedrático Julián Pavón en El nudo gordiano de la política económica en una clase que está colgada en este link y que recomiendo calurosamente.

En realidad la razón del descalabro históricamente fue consecuencia del aumento del precio del petróleo de 1973. En ese momento llegan a coincidir desempleo e inflación (una inflación de oferta -y no de demanda como estábamos acostumbrados-,  por la sencilla razón de que todos los costes subían al compás de costes de la energía provista por el petróleo). Allí fue que Reagan recortó impuestos a los más ricos y acordó combatir los costes a través de bajar los salarios y fomentar la competitividad de las empresas; en sintesis volvió al pensamiento microeconómico y abrió las puertas de gentes como Friedman, dogmático de la oferta que provocó la muerte definitiva del keynesianismo, el que acaba de resucitar después del Crac de 2008.

El artículo más que interesante, lleno de links que fundamentan los argumentos, se puede leer aquí

EL EXCESO DE DINERO, CAUSA DE LAS BURBUJAS QUE EXPLOTARON ESTRELLANDO CUERPOS HUMANOS CONTRA LAS PAREDES DEL HAMBRE Y LA ANGUSTIA, ES EL PROBLEMA DE LA CRISIS ESPAÑOLAS Y DE TODAS LAS OTRAS QUE IMPLOSIONARON CON EL CRAC DE 2008. El catedrático español Armando FERNÁNDEZ STEINKO, de la Complutense de Madrid, considera que no se saldrá del infierno sin una reforma financiero profunda







La gran depresión, que arranca con el crac de 2008, marca el fin de un sueño/pesadilla de un cuarto de siglo. El modelo neoliberal, que consiguió dividir a clases populares y clases medias enriqueciendo a grandes propietarios y rentistas, pilotó alrededor de la creación de una demanda ficticia. Ficticia porque no estuvo alimentada por las rentas del trabajo sino por la renta financiera e inmobiliaria, por el endeudamiento y la apuesta bursátil. El proyecto fue restaurador en lo social y lo ideológico porque trató de generar crecimiento hundiendo salarios y precarizando empleo. Pero sólo pudo durar casi tres décadas porque se ganó a una parte de las clases medias, e incluso a una fracción de las clases populares: aquéllos con salarios regulares y capacidad adquisitiva suficiente para comprar productos financieros e invertir en bienes inmuebles. Sólo pudo hacerlo por medio de una erosión persistente del sistema político democrático, abandonando, poco a poco, a los jóvenes a su suerte.
¿Qué va a pasar ahora? Los bancos, que son los grandes ganadores del neoliberalismo, estuvieron a punto de perder el poder acumulado a lo largo de un cuarto de siglo. La única razón por la que “los expropiadores no fueron expropiados” (K. Marx) en aquellos meses críticos es que los gobiernos de centro eran y siguen siendo sus representantes políticos. Los gobiernos de centro, arropados por el bipartidismo, declararon que toda la economía caería si el poder de la finanzas y de sus gestores privados pasaba a manos públicas, a manos ciudadanas. Ahora los bancos hacen lo de siempre: negocios para sus clientes, preferentemente para sus grandes clientes que son los que tienen más incentivos para adquirir productos financieros de alto riesgo. Igual que en los años treinta el problema no es de escasez de dinero sino de exceso del mismo en manos equivocadas, es un “problema de abundancia” (J. M. Keynes). Ese exceso de liquidez persistirá hasta que se produzca una reforma fiscal progresiva, un control de los flujos de capital especulativo y una reconstrucción de la sociedad del trabajo que tenga en cuenta a los jóvenes y su futuro. Sólo esto podrá financiar sistemas públicos de pensiones, una vida digna para las mayorías, abrirá proyectos de vida para los jóvenes. Los ideólogos del neoliberalismo (Huntington, Friedman, Bell) decían hace 40 años que democracia y desregulación financiera son incompatibles. Tenían razón. El discurso de los bancos centrales y los viajes de Zapatero a las plazas financieras mendigando otra oportunidad lo demuestran de forma impactante. El capital sobreacumulado sigue fuera de control y pasa a la ofensiva. Hace lo que siempre ha hecho: buscar la máxima rentabilidad para sus ricos clientes sin pensar en el interés general.
¿Hasta cuándo? Antes o después habrá que domesticar al sector financiero. La deuda de los bancos que ahora avalan los gobiernos es impagable, pero los gobiernos están manos de los bancos que quieren cobrar su deuda pase lo que pase, exprimiendo hasta la última gota del sudor de los inocentes. Los gobiernos seguirán bombeando recursos públicos hacia el sector privado en espera de que éste cree empleo con exportaciones. Se intentarán hundir aún más los salarios para que sean competitivos hacia fuera, se forzará aún más el sector exterior para sanearse a costa del vecino, en Europa se abrirá una brecha creciente entre el norte y el sur. En el mundo habrá disimuladas escaramuzas proteccionistas para intentar que no se noten y así evitar represalias. Los bancos centrales de países con superávit comercial comprarán monedas de los países con déficit para mejorar su propia competitividad. Puras escaramuzas, un juego de suma cero incapaz de sacar la economía occidental de lo que se antoja como un largo período de crecimiento estacionario. Si no se contempla la reforma fiscal, la liquidez seguirá tiranizando a unas poblaciones a las que ya no se podrá compensar con una demanda ficticia basada en el endeudamiento. Esto cuarteará las alianzas entre neoliberalismo y sociedad, algo que aquél intentará evitar por todos los medios. El terremoto en Japón y la subida del precio del petróleo pueden complicarlo todo un poco más acelerando el declive del dólar y añadiendo aún un poco más de especulación sobre la deuda soberana.
¿Cómo van a responder las poblaciones en medio de este desconcierto? Las dos últimas veces que se dio un crecimiento estacionario similar en el último cuarto del siglo XIX y en el período de entreguerras, el nacionalismo abrió el campo ideológico a la reacción. En los años 1930 toda Europa, con la excepción de Escandinavia y las dos breves primaveras de España y Francia, se decantó hacia la derecha mientras América prácticamente entera lo hizo hacia la izquierda. Pequeños autónomos y grandes propietarios consiguieron desmontar el sufragio con ayuda del ejército, el gran capital industrial y la renta. Ecos parecidos nos llegan de algunos lugares destrozados por las curas neoliberales, músicas similares cuajan en los intersticios de los partidos del centro-derecha occidental.
¿Cómo van a responder las poblaciones? En un primer momento la distancia entre clases medias y clases populares, la clave del futuro político del mundo occidental, aumentará con la privatización de servicios públicos: ya estamos en ese escenario. Grecia empezó, siguen Irlanda, Portugal y España. La esperanza de vida entre ricos y pobres aumentará, las ciudades se degradarán junto con las universidades públicas, los espacios comunes que hoy comparten clases medias y populares –barrios, plazas, colegios, hospitales- irán borrándose siguiendo el ejemplo de América Latina en los años ochenta. Este proceso podrá ralentizarse en las zonas más lindas del capitalismo, pero en el resto una parte de la clase media caerá en una espiral de empobrecimiento con todos sus miembros dentro, sobre todo los empleados públicos y sus hijos, que están mejor preparados que nunca. Sentados en bancos roídos de parques abandonados se verá a la clase media echando de comer a las palomas. Ahí se encontrará con unas clases populares aún más empobrecidas que ella.
¿Para hacer qué? Tal vez para formar un bloque social con capacidad de forzar una versión no autoritaria de una nueva economía-de-toda-la-casa, de-todo-el-planeta. ¿Cómo? Poniendo en marcha un proceso de convergencia de ciudadanos desiguales unidos por un programa mínimo antineoliberal, empoderando a la ciudadanía, incorporando a sectores amplios de la población a la acción política directa, impugnando el sistema político y económico que lo engendró. La primera fase de este proceso fue la creación de la red de Mesas de Convergencia Ciudadana en febrero de este año. La segunda, el movimiento del 15 de mayo que está sacudiendo toda la conciencia del país. Una tercera y una cuarta ola seguirán sin duda a las primeras hasta que caiga el gigante.
Armando Fernández Steinko. Profesor de la Universidad Complutense de Madrid
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
rCR

lunes, 23 de mayo de 2011

Los aspectos económicos de la crisis española. Su estructura productiva. El corcet del euro. La inmensa deuda interna de los particulares y los bancos. Cómo salir. ¡Tienen algun proyecto en la cabeza los manifestantes del M15?


Por Juan Von, el 22 de mayo de 2011. | juaningermany@hotmail.com
 Cuando uno se mete a escarbar en los datos macroeconómicos de España (el Instituto Nacional de Estadísticas es un buen referente y amigo, en este sentido), esas 20.000 personas apostadas en la Puerta del Sol se aparecen como un número que le queda chico a los casi 5 millones de desempleados, la cuantía de la deuda pública y privada, y la perspectiva de que la economía española retome la senda del crecimiento recién para el 2017. Es que la tranquilidad y paciencia de las manifestaciones sólo se entienden por un Estado de bienestar extremadamente fuerte y un tejido social que ataja a los que se van cayendo.

Sin embargo, hay un par de datos que sorprenden por sus valores y que explican algo de lo que esta pasando. No me voy a abrazar al lema de que la economía condiciona la política, pero más o menos:

El déficit sostenido del sector externo se incrementó desde 1997 a 2007, desde el mismo momento en que se empezaron a aplicar los criterios de convergencia de Maastricht (los requisitos para entrar en el euro) y con la puesta en circulación de la moneda única en 2002, se consolidó como un hecho ineludible. En 2007 llegó a su pico: las exportaciones conformaban un 26,7% del PIB, mientras que las importaciones un asombroso 33,7%, imaginen la diferencia en términos absolutos. Mientras existieron los créditos baratos, esta situación fue fácil de sostener, hasta que a un distraído se le ocurrió preguntar cuánto valían realmente las casas en EE.UU y se desató la hecatombe financiera.
Pese a lo que se publica continuamente, la deuda de las empresas, bancos y familias es varias veces mayor que la del sector público. Es que con las tasas de interés a niveles irrisorios, quien no sacaba un crédito se perdía el tren. Mucho de la burbuja inmobiliaria se explica por esa razón: miles de familias y jóvenes españoles accedieron a su primer hogar, presionando los precios para arriba, y haciendo, por ende, de las viviendas un objeto de ahorro pero también de especulación. En 2006, si yo me compraba una casa, a fin de año podía esperar que me valiera un 35% más. Si lo sumamos a los créditos baratos, eso era una bomba de tiempo.
La desindustrialización: Con la moneda única, España se paró en pie de igualdad frente a economías muy productivas, como la alemana o la francesa. El sector más vulnerable a la competencia externa era (y sigue siendo) la industria española, la cual en 2001 contribuía en un 16% al PIB y generaba un 18% del empleo total del país. El 1 de enero de 2002, cuando se pone en circulación el euro, el sector se estanca y comienza a caerse, pese al crecimiento espectacular de la economía en general. En 2009 la contribución industrial al PIB pasa a ser del 11,6% y la creación de empleo un 14% del total, es decir, una caída de más de 4 puntos en relación al PIB y de 4 puntos en materia de generación de empleo, todo eso, ¡en siete años!
El problema no fue la desindustrialización per se, sino que el terreno abandonado por la industria fue acaparado por el sector de la construcción, aumentado en la misma cuantía en el que la industria descendía. De 1995 a 2007 (la gran etapa de expansión española) el sector duplicó su número de trabajadores, alcanzando casi la cantidad de obreros industriales. El único tema es que, mientras todo iba bien, no había inconvenientes, pero cuando se inició la crisis subprime, la construcción expulsó de 2007 a 2009 la misma cantidad de empleados que todos los demás sectores juntos. La precarización del empleo (relativa, no pensemos en casos más locales), fue otro de los rasgos de este período.


En este sentido, la construcción no fue la causa única de la crisis española, ya que la desindustrialización y la deuda de las familias y empresas también colaboraron con este desenlace. Así se puede explicar la subida rápida del desempleo y su baja recuperación. La cuestión es ahora ver qué se hace. Salir del euro no se plantea como una opción, los argumentos giran en sentido contrario más bien: reducir salarios para aumentar la productividad y la competitividad externa.

La movilización de la Puerta del Sol es una llamada de atención ante las políticas de recortes de un socialismo desdibujado. Pero no ofrece un proyecto alternativo, una idea fuerza que pueda ejercer presión para adoptar otro rumbo, ya que, “si no vamos para donde estamos yendo, ¿para dónde vamos?”.