domingo, 27 de febrero de 2011

¿POR QUÉ AHORA LA REBELION?: La explicación de Peter POPHAM


     Manifestantes en Yemen mostrando hogazas de pan con la inscripción "Leave"


“¿Por qué ahora?” Se pregunta el periodista Peter POPHAM de The Independent. “Hay varias explicaciones en oferta” continúa y enumera

  1. nuevas poblaciones urbanas con educación y sin empleo,
  2. décadas de resentimiento acumulado contra lo que Peter Bergen, de la New American Foundation, define como “cleptocracias autoritarias y endogámicas que no saben gobernar”,
  3. Facebook y Twitter subvirtiendo el control de la población.

“Lo que no aparece en la lista, para el asombro y alivio de EE.UU. y Europa” explica,  “son las cosas que se suponía eran la base del populismo árabe”
a)     el fundamentalismo islámico
b)     combinado con antisionismo y antiamericanismo.


Como destacó un egipcio tras la caída de Mubarak, en ningún momento en las semanas de disturbios se le ocurrió a alguien atacar las embajadas de Israel o de Estados Unidos, aunque están a unas cuadras de la plaza Tahrir. “Ni siquiera les tiraron una botella de Coca”, dijo.

El artículo original  The price of food is at the heart of this wave of revolutions puede leerse aquí. La versión de Página/12:LOS PRECIOS INTERNACIONALES DE LOS ALIMENTOS Y LA REVOLUCIÓN EN MEDIO ORIENTE. El hambre de democracia

jueves, 24 de febrero de 2011

UNA CLASE MAGISTRAL DE DERECHO e HISTORIA

El país|Jueves, 24 de febrero de 2011
Opinión

La impunidad hipoteca el futuro

(Tributo a Macarena Gelman)

Por Hernán Patiño Mayer *
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Ex presidente del Uruguay Julio María Sanguinetti.
“La fuente última de los derechos humanos no se encuentra en la mera voluntad de los seres humanos, en la realidad del Estado o en los poderes públicos, sino en el hombre mismo y en Dios su Creador. Estos derechos son ‘universales e inviolables y no pueden renunciarse por ningún concepto’.”
(Pontificio Consejo Justicia y Paz. Año 2005)
En La Nación del miércoles 8 del corriente, el ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti, ante quien tuve el honor de representar a mi gobierno durante dos de los más de diez años en que serví como embajador en el Uruguay, nos expone una versión de la historia reciente de su país bajo el sugestivo título de “Los peligros de falsificar el pasado”. No quiero aquí cuestionar esa interpretación. Ya lo han hecho con más autoridad muchos compatriotas suyos. Quiero exclusivamente referirme a un párrafo de su nota que, por su carácter taxativo, reclama una réplica. Dice Sanguinetti: “Demasiados desafíos nos acucian como para seguir revolviendo cenizas. Un pueblo que no sabe perdonar se arriesga a repetir su pasado. Como entidad nacional, lo ha sabido hacer Uruguay, que incluso ha ratificado con su voto, por dos veces, la amnistía a los militares”. Desgraciada la metáfora con la que lo inicia. No se trata, Dr. Sanguinetti, de “revolver cenizas”, sino de hallar las de aquellos asesinados sin tumba, clausurando así el atropello criminal que se sigue perpetrando al violar una de las más ancestrales (exclusiva) conductas del género humano, cual es la de enterrar y honrar a sus propios muertos. Ningún desafío del futuro puede dejar impaga esta deuda con el pasado, salvo que se legalice la impunidad. Me ha tocado participar en Montevideo por lo menos en diez oportunidades de la dolorosa recordación de “La Noche de los Cristales Rotos” (Kristallnacht). Casi siempre se hallaba presente el ex presidente. Nunca le escuché, ni tampoco leí, una recomendación suya dirigida a la comunidad judía proponiendo no “revolver las cenizas” y mucho menos la afirmación temeraria de que “un pueblo que no sabe perdonar se arriesga a repetir su pasado”. Pero vayamos al perdón. Como bien lo sabe el presidente Sanguinetti, el concepto del perdón es hijo del cristianismo. Hasta entonces la venganza en lo individual y la muerte o la esclavitud en lo colectivo eran las consecuencias de las ofensas o de las derrotas militares. Pero el perdón para los cristianos no es un acto gratuito y mucho menos puede ser impuesto por voluntades extrañas a las propias víctimas. El 15 de mayo de 1999, el entonces obispo de Morón, Justo Laguna, decía que el perdón supone “el arrepentimiento claro y expreso, el arrepentimiento desde luego interior, pero también exterior. Todo el que comete un delito está absolutamente obligado a arrepentirse de lo que ha hecho”. Ni en la Argentina, menos en el Uruguay, los responsables del terrorismo de Estado han manifestado arrepentimiento alguno por las atrocidades cometidas. Peor aún, dos meses atrás, asistimos estupefactos a la repugnante reivindicación de ese terrorismo, que Videla y Menéndez hicieron ante el tribunal que en Córdoba los condenó a cadena perpetua. En Uruguay, sólo días atrás, un militar detenido hizo declaraciones públicas reivindicando los secuestros, las torturas y las desapariciones y un numeroso grupo de oficiales retirados lanzó frases amenazantes ante las investigaciones que tramita la Justicia. Sería interesante que el Dr. Sanguinetti nos explicara cómo se puede perdonar a quienes hacen gala de tanto nihilismo y contumacia. Cómo perdonar a quienes reivindican el horror y amenazan con repetirlo. Conviene agregar que para que el perdón sea factible la doctrina cristiana exige dos requisitos más: la reparación del daño causado en toda su extensión posible (restitutio in integrum) y el firme compromiso de no repetir la ofensa.
Finalmente, con respecto a la ley de amnistía que según Sanguinetti ha permitido a los uruguayos superar el pasado, dada su ratificación en dos plebiscitos (el último con un 48 por ciento de votos en contra) cae el ex presidente en un grave error conceptual. Los derechos humanos y sus violaciones no son objeto, ni responden, ni se subordinan a la voluntad de mayorías circunstanciales por muchas que sean las veces que ésta se manifieste. El bien jurídico protegido es la dignidad suprema del hombre y su derecho inalienable a la justicia cuando ésta es avasallada. No hay ley que merezca llamarse tal si ampara su violación o deja sin castigo a sus responsables. En este sentido, me permito recomendarle la lectura completa del magnífico trabajo publicado por La Nación en su edición del 31 de agosto de 2005, firmado por el ex juez de la Corte Suprema de Justicia Argentina Gustavo Bossert, que en uno de sus párrafos textualmente dice: “Los crímenes que a lo largo de la historia se han cometido usando el aparato estatal (son)... crímenes de lesa humanidad, que no pueden beneficiarse ni de la prescripción ni del perdón ni aun bajo amnistías encubiertas, y deben, en cambio, permitir a las víctimas y dar lugar, entonces, a un juicio justo”.
Al contrario de lo que expresa el ex presidente, si un pueblo perdonara sin que sus victimarios reconocieran sus delitos, se arrepintieran públicamente de ellos, buscaran repararlos y asumieran el compromiso de no repetirlos, lo que haría, aunque circunstancialmente lo ignore, es hipotecar su futuro en garantía de un pasado que no ha sido capaz de resolver a través de la verdad y la justicia.
* Ex embajador argentino en Uruguay.
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miércoles, 23 de febrero de 2011

Una brillante nota en homenaje al GRAN SARMIENTO. Inteligente, culturosa, con un british humouir que a veces omite la sonrisa y prefiere la carcajada...


Por silph, el 20 de febrero de 2011.

                                                                                  Domingo Faustino Sarmiento 
                                                            La Casa Natal de Sarmiento


Hace doscientos años nació en San Juan Domingo Faustino Sarmiento. Con este comienzo de efeméride escolar, me permito compartir, con los compañeros y compañeras (como diría mi hijo de 3 años recientemente peronizado o barbarizado, según se prefiera) de Artepolítica, mis impresiones de los homenajes que, de un lado, y del otro, recibió el “gran maestro argentino”.
El gran diario argentino hizo un homenaje bien mainstream. Algunos fragmentos sarmientinos relativamente interesantes, la palabra del viejo Romero que aunque “vetusta” (diría mi rector Horacio Sanguinetti) siempre más certera que la de de su hijo, y la intervención de esas señoras expertas en educación que, a pesar de sus cortes de pelo modernos de pelo, se parecen más a Noelia, la maestra de Gasalla, que a los maestros sarmientinos, que como su mentor, eran normalmente autoritarios pero creativos y vanguardistas para su tiempo. Como todos los lancasterianos. Una de esas señoras se atreve a la siguiente boutade: la educación de Sarmiento era una educación popular no populista como aquella que presenciamos hoy con la distribución a mansalva de inútiles netbooks del Decreto 459/10. Realmente un argumento bastante pavo para plantear la antinomia popular populista que, en otro contexto, es más que interesante. O mejor dicho, para ser fiel a la pluma y la palabra de Don Domingo (el himno a Sarmiento con la Marcha de San Lorenzo me parecen lo más pero lo de la pluma y la palabra no deja de ser parcialmente redundante), lo que hace esta mujer con clara intencionalidad política de desacreditar el presente es una guachada que sólo puede decir “un mierda” (en este caso una mierda, para modernizar el tema de género). Dejemos por ahora el diccionario de improperios sarmientinos, una de sus genialidades que compartía con algunos de sus rivales políticos preferidos, y por eso más odiados, Rosas y los Varela. Vayamos al encuentro de Encuentro.
Ayer Encuentro pasó una bioepic de Sarmiento muy bien conducida por el envidiado y envidiable historiador hoy mediático, Gabriel Di Meglio, y con la calidad de formato y edición características de esos envíos del canal cultural. No faltó la cuota sensiblera, con niños claramente identificables por su fenotipo (al final puteamos al Sarmiento “racista” pero reproducimos sus gestos) con estudiantes de escuelas rurales del “interior” que contestaban aquello que sabían de Sarmiento. Algunas intervenciones intelectuales (Fabio Wasserman hablando de los intelectuales de 1837), una interesante dramatización de la composición del himno a Sarmiento, y un muestreo de esos lugares emblema donde Sarmiento dejó su marca (en un caso la literal los Baños del Zonda donde escribió en francés, “comme il faut”, las ideas no se matan). El mensaje era claro: Sarmiento era un enemigo de lo popular, pero, a pesar de ello, dejó un legado educativo que trascendió los intereses de la clase dominante a la que representó. Sin dejar de ser cierto, y cuidándose de contextualizar las expresiones de Sarmiento en un clima de época, también esta narrativa es algo simplificada (lo cual es lógico y natural) pero sobre todo nos impide apropiarnos desde acá de elementos claramente sarmientinos de nuestro modo de vida que pueden producir el desmayo o al menos el escozor (bah cosquilleo en la panza peluda) de quienes creen que nuestro presente es bien poco sarmientino.
Dejemos algunos comentarios al correr de la pluma. Primero, sin duda Sarmiento no era una amante de lo popular, o específicamente de aquellas fuerzas que encarnaban al pueblo real en su presente, pero tampoco era el mayor adorador de las elites dominantes entonces realmente existentes. En esa película épica, La vida de Dominguito, Homero Manzi, como guionista, demostró ser mucho más sutil que la historiografía neo-liberal y neo-revisionista al mostrarnos al viejo Sarmiento sordo y solo en el Senado, llamando a los diputados representantes de las fuerzas vivas de la nación (Rural Society) aristocracia con olor a bosta. Pero vamos por más. Si entendemos a la antinomia populismo legitimismo en términos de los valores culturales, sin duda Sarmiento era un legitimista, como casi todas las personas que llegan al saber por sus propios medios partiendo de una situación de subalternidad (como el propio Bourdieu que bien sabía de esto). Sin embargo, cualquier lector del Facundo, o incluso de los Viajes, se da cuenta que la fascinación de Sarmiento por la barbarie, ciertamente estetizada y romatizada, es tal, porque en su corazón, su estirpe (su sangre y su raza, para usar sus palabras) y su estilo (hasta en su lengua) se siente un bárbaro. El único bárbaro (quizás con la excepción de Rosas, aunque este actúe “a la inversa) que está autorizado el hacer de la barbarie el instrumento de civilización.
Sarmiento fue también un político pendenciero, peleador, con múltiples y cambiantes enemigos. Consciente, mucho más explícitamente que sus falsos acólitos, que la política es conflicto. Su carácter polémico no creo haya sido funcional a los designios de la elites dominantes que siempre juzgó como excesivo a este gaucho de la pluma. Albedi, otro personaje que merece algo más que gargareliadas (leáse comentarios del Dr. Roberto Gargarela) era en eso más funcional, como buen egresado del Colegio (entonces del Ciencias Morales y hoy Buenos Aires). Sarmiento jugaba un partido donde uno y sólo uno tenía que ganar: él. Era un personalista de la política, no tenía referentes institucionales, generaba antagonistas por doquier, se amigaba con execrables, y atacaba a sus antiguos compañeros de ruta. Y con sus enemigos, no tenía ni justicia. Pero era desagradablemente fascinante. Cualquier similitud con otros no “prohombres” argentinos, ¿será pura coincidencia? Lejos estaba Sarmiento de ser un hombre de partido: tiene razón Di Meglio. Para eso estaba Don Bartolo (Mitre). Hombre de partido, liberal, pero único, hegemónico, y controlado sólo por él y para él. Un partido que siempre ganaba porque cuando perdía era porque los otros habían hecho trampa. Eso es más típico de los pro-hombres y pro-mujeres de hoy. Pero si hay que reconocerle algo a Mitre es que, salvo cuando se escondía en la polvareda de los archivos (qué documentos tiene su biblioteca museo, vayamos populistas a apropiarnos del plusvalor ya apropiado por los dominantes) para hacer historia “científica”, decía lo que pensaba, aunque no siempre pensara lo que decía. Lástima que su diario presente hoy como objetividad lo que históricamente ha sido tribuna de doctrina.
Volviendo a Sarmiento si hay algo de popular en su forma de ver y hacer la política está en su “republicanismo cívico”. Para Sarmiento, quiera o no, todo pueblo debe votar. Mucho mejor si ese pueblo está compuesto por gajos renovados de la inmigración, pero para que estos den frutos no deben ser solamente industriosos y laboriosos habitantes, tienen que ser comprometidos ciudadanos. Y si no lo son, hay que obligarlos a las patadas. Sarmiento adoraba la política y despreciaba a quien se desinteresaba por ella y sólo quería llenar de dinero sus bolsillos sin comprometerse en lo que Arendt llamaría la “vita activa”. Por eso, su enojo final con los inmigrantes, no tanto y no sólo, porque no fuesen anglosajanes sino porque esos “tanos” querían seguir hablando italiano y ganar guita sin valorar las dos cosas más importantes para la vida de Sarmiento: la participación política y la escuela pública.
Sin entrar en detalle porque no tenemos ya espacio, pero haciendo honor a la actualidad, Sarmiento admiraba a los EEUU. Pero no tanto porque fuese potencia imperial (en su tiempo para eso estaban los chupamedias de Inglaterra) como hacen hoy quienes no se dan cuenta, que para bien o mal, el imperio americano está en decadencia. Lo admiraba porque creía que allí estaba el presente de la democracia y el desarrollo industrial articulado con una producción primaria centrada en la pequeña explotación. Seguramente sus EEUU tenían más de los EEUU de La Democracia en América de Tocqueville que los que él realmente llegó a conocer, pero desilusionado con la “civilización” europea encontró un sueño americano no en comprar en Miami si no en educar al soberano.
Al fin y al cabo, si de educación se trata en 6 años de gobierno Domingo fundó 800 escuelas. Cristina, que habla y vive orgullosamente como un producto de la escuela sarmientina, construyó y terminó en su gestión 686 escuelas en tres años de gestión y son 1098, contando desde el 2003. No se hacían tantas escuelas desde el primer peronismo, dicen los que saben y no necesariamente nos quieren. Vieron, al fin y al cabo, también hay Sarmientos nac and pop. Lo cool queda para el kirchnerismo 3.0.


jueves, 17 de febrero de 2011

Apuntes para una nota crítica al artículo de Santiago LLACH en Revista CRISIS nº 2



                                                                 Ernesto LACLAU                                             


Escribo estas notas críticas a  Putos y Faloperos de Santiago LLach en crisis nº 2 qué hay de nuevo, viejo 2001/2010, número dedicado a reflexionar sobre el legado de Néstor Kirchner, después de su fallecimiento y los acontecimientos que todo Occidente presenció a raíz de se velorio público. 
                            Santiago LLACH
                               
 Mario Antonio SANTUCHO (izq.); Diego GENOUD (der.): Editores de la Revista CRISIS

En esta nueva edición de la revista dirigida nada menos que por Mario Antonio SANTUCHO -hijo del desaparecido Mario Roberto- , se puede leer en el editorial de ese número, La década impensada/manifiesto, un escrito que Mario Antonio escribe con nitidez: Significaciones ante un hecho impensado. Vaya este párrafo para enfocarlo nítido: 

[...]"La aparición en escena de una gran cantidad de jóvenes, que se han sentido interpelados por el lenguaje de la política, es en este sentido una gran incógnita. Quienes se apuran para encontrar la manera de encuadrarlos o interpretar sus intenciones, harían mejor en darse cuenta que el destino de una generación no puede ser la mera contemplación de lo actuado. Tal vez estemos asistiendo a la emergencia de aquellas energías e inteligencias que faltaban para forzar una innovación social verdadera" [...]


Me permito creer que tanta claridad y distinción, ese foco nítido al que aludo, se haya forjado en el dolor del sufrimiento y al mismo tiempo en la fortaleza de los ideales justos, como una cicatriz zen.

Paradojalmente, lamento que Santiago LLACH, hijo de Juan, y hermano de Lucas haya sufrido tan poco, como para escribir pavadas semejantes que publicaré en este blog próximamente, con más detalle.

Como avant de lo próximo, quiero decir que la escritura de Santiago se me hace sin  metáforas dignas y de una  persistencia  en un heterosexismo futbolero ya anacrónico, por lo que el título de su artículo (Putos y faloperos) que pareciera tan avant garde, vaya la redundancia, se rebaja a reverenda estupidez. 

Pareciera que Santiago no fuera hijo de Juan, el Sr. paquetérrimo, ultracatólico, licenciado en sociología en la Universidad Católica y en Economía en la UBA y  quien diseñó la Ley de Convertibilidad como viceministro de economía de Cavallo, etc. etc. [o tal vez no quiera parecese y eso no está mal, aunque podría elegir una differénce menos burda].

Como no hay mal que por bien no venga,  cuando Santiago LLACH  asegura que LACLAU escribió en Página/12 que la movilización por la muerte de  de Kirchner fue la mayor demostracion colectiva de tristeza de la historia argentina, se da el lujo de refutarlo con la siguiente pavada:  no fue triste sino que fue un hecho pop (¡sic!); decidí comenzar la lectura de La razón populista de Laclau, para entender un poco qué lo molesta tanto de lo popular a este eterno enfant terrible que se pretende Santiago LLACH, con sus 39 años, a la manera en que su hermanito Lucas, de 36, también lo pretende desde su blog de economía en LA NACIÓN.

Quiero dejar como apunte este párrafo del libro señalado:

"Psicología de las masas y análisis del yo (1921) de Freud, fue sin duda el progreso más radical que se había realizado hasta entonces en la psicología de las masas. Y esto -es necesario reconocerlo desde el principio- a pesar de varios impasses que impidieron que sus nuevas percepciones desarrollaran todo su potencial. Freud comienza su trabajo afirmando que la oposiciòn entre psicología individual y psicología social pierde buena parte de su nitidez si se la considera más detenidamente, porque desde el principio de su vida, el individuo está invariablemente vinculado a otra persona "como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo, y por eso desde el comienzo mismo la psicología individual [...] es simultáneamente psicologìa social" [...] S. Freud, Group Psychology and the Analysis of the Ego (1921) en The Standard Edition of the Psychological Works of Sigmund Fred, vol XVIII, Londres, Vintage 2001. p. 69

Esta cita del libro de Ernesto LACLAU, me servirá próximamente para contrastar la escritura y el pensamiento de un liberal-pop, como Santiago LLACH y un académico argentino, de clara conciencia republicana que, invitado por Eric Hobsbawm,  hace 40 años dirige tesis de doctorados de varios programas en la Universidad de Essex, Inglaterra.

LACLAU, que se licenció en Historia en la UBA y fue ayudante de Gino GERMANI, fundó junto a José Luis ROMERO la primera cátedra de HISTORIA SOCIAL en Filosofía y Letras (de allí la beca que le otorga HOBSBAWM -el inventor de la historia social-, para doctorarse en Oxford en la década del '70). Desde ese momento vive y trabaja en Inglaterra.

Además, actualmente podemos considerar a Ernesto Laclau, como  el filósofo político anglosajón (aunque argentino, escribe en inglés) que más lecturas pertinentes de Freud y Lacan aporta al mundo de la filosofía en lengua inglesa. Junto nada menos que con la estadounidense Judith Butler, el eslovaco Ziczéck, y la colaboración de su mujer Chantal Mouffe, publicó en 1984 Hegemonía y Estrategia socialista libro que se considera el manifiesto del postmarxismo.

En mi retrato a este filósofo político con ideas republicanas va mi homenaje al primer republicano argentino, Domingo Faustino Sarmiento, mi reconocimiento a la amplitud de criterios del jóven Santucho y mis cariños a él, que además es mi sobrino, y aunque nunca nos hayamos visto en persona el cariño se siente igual (compartimos facebook un tiempo). La inteligencia de su padre, un primo al que tampoco conocí en persona -nuestras familias estaban distanciadas- siempre me ha deslumbrado y a la vez abismado. Es decir, es una admiración a la profundidad y al coraje que no tengo, en un pellejo que tampoco tengo

Del número citado de Crisis recomiendo la lectura de una larga e intensa entrevista que le realizó Mario Antonio SANTUCHO a otro célebre hijo de desaparecidos, otro jóven (37) que tal vez por sufrir ha alcanzado también una lucidez que provoca alegría, el ex candidato a la presidencia de Chile Marco ENRIQUEZ- OMINAMI