domingo, 31 de enero de 2010

La imagen argentina en el exterior: ¡LO QUE CAUSA SORPRESA ES EL VICEPRESIDENTE!

¿El canciller argentino no cree que es demasiado para la imagen del país que al mismo tiempo la Presidenta se enfrente públicamente con el presidente del Banco Central y anule un importante viaje al exterior porque teme un golpe de su vicepresidente?, preguntó LA NACION.

A lo que el canciller Taiana  en una escala en París antes de su regreso a Argentina después del viaje de negocios a China respondió: 

- "No. Lo que más bien causa sorpresa en el exterior es lo contrario: que un vicepresidente, cuya obligación es ser fiel al presidente, se oponga abiertamente a la jefa del Estado."

Trabajar sobre la OFERTA, con créditos a la inversión será la nueva política del BCRA para COMBATIR LA INFLACIÓN (al fin y al cabo, su razón de ser)


Miguel Pesce, Presidente del BCRA
El eje de la discusión en la última reunión del Directorio del BCRA, se resumen en la siguiente declaración off the record de uno de sus directivos: “Vamos a trabajar sobre la oferta, porque estos problemas se resuelven con inversión y empleo. Es una forma de actuar contra los que consideran que los problemas de inflación están provocados por la demanda interna, un razonamiento que lleva directamente a las recetas de ajuste recesivo para encontrar el equilibrio”.

Hay que agotar esta crema del negocio bancario, que es el préstamo prendario o hipotecario o el financiamiento por vía de la tarjeta, al 30 por ciento de interés o más. Hay que encontrar mecanismos para que los bancos se vuelquen hacia la actividad productiva. La mayoría no quiere hacerlo porque consideran que es mucho riesgo, prefieren los préstamos atomizados. Pero si encontramos el modo de que diez o doce bancos se junten y financien en conjunto un determinado proyecto, tendríamos una forma de mitigar el riesgo. Ya hay un par de ejemplos, en Río Negro y en provincia de Buenos Aires, y por montos de cientos de millones de pesos”, reflexiona uno de los directivos del Banco Central encabezado por Miguel Pesce. 

miércoles, 27 de enero de 2010

Obama juega a ser Roosevelt

http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=37360
Miguel Olivera
23.01.2010

Obama anunció una reforma financiera histórica. En sus propias palabras: “Propongo una reforma simple y de sentido común que llamamos la “regla Volcker”, por este tipo alto que está parado detrás de mí. Los bancos ya no podrán ser dueños, o invertir o promover hedge funds, fondos de inversión privados o realizar operaciones de trading, utilizando su balance en su propio beneficio y que no esté al servicio de sus clientes”. Al pie de la letra, es una revolución en las finanzas globales que va a llenar libros de historia. ¿Será?

Para entender lo que Obama propuso, el Congreso será el que finalmente decida, hay que hacer un poco de historia y de economía. Vale la pena para entender cuán dramática sería la transformación y pensar algunas de sus consecuencias para nuestros países.

Empecemos por la economía. ¿Qué hace un banco comercial? Toma depósitos de aquel que tiene ahorros y los presta a quien necesita para consumir o invertir. Con el desarrollo vino la innovación financiera (unos pocos economistas, usualmente pagados por los bancos, piensan que es al revés) y aparecieron los mercados de capitales, donde se comercializan bonos y acciones. Ésa es banca de inversión, ya no comercial, y que no se financia con depósitos sino con inversores a través de bonos y acciones. Los bancos de inversión, además, se dedican a comprar y vender los activos financieros que ayudan a crear asesorando a las empresas. Suficiente economía.

Ahora la historia.
En 1930 se produjo una fenomenal crisis bancaria que, para muchos, fue la causa de la Gran Depresión. En 1933, una de los remedios fue la sanción de una ley en los Estados Unidos (la Glass-Steagall) que separó la banca comercial de la banca de inversión. A partir de allí, un banco no podía jugar a la ruleta con los depósitos de la gente. La banca comercial, la de inversión, el financiamiento hipotecario, el negocio de seguros… todo tenía que hacerse por separado evitando la colusión y la formación de un mega-banco. Más, como los depósitos estaban (y están) garantizados por el Estado, la separación evitaba que las actividades más riesgosas se financiaran con capital subsidiado.

Por varias décadas la ley Glass-Steagall estuvo vigente. Poco a poco empezó a tener fisuras frente a la presión de los bancos. En 1997, se le permitió a los bancos comprar casas de bolsas. Un año después, y vaya a saber en qué marco legal, la Reserva Federal de los Estados Unidos autorizó la fusión entre el Citigroup (banco) y Travelers (seguros). En 1999, el Clinton post Lewinsky envió al Congreso una ley de modernización financiera que en los hechos acabó con la ley GS.

Todo es historia. Revisar la historia ayuda a entender la ley Volcker: la reforma propuesta por Obama es, en algún sentido, una limitación parecida a la que estuvo vigente hasta finales de los años noventa en Estados Unidos. Siempre que se pueda llevar a la práctica. Y es más también: acorde a los tiempos que corren, la propuesta también incluye límites al tamaño.

Son muchas las cosas para decir a partir de la iniciativa. Algunas más anecdóticas. Otras, que llevan a repensar incluso las políticas macroeconómicas locales. Como en botica, aquí van algunas.

Empecemos por Volcker, el consejero que le da nombre a la reforma. En la Argentina de hoy, Volcker sería considerado un conservador furioso y un militante de la política antiinflacionaria: cuando le tocó dirigir la Reserva Federal, bajó la inflación de 13,5% en 1981 a 3,2% en 1983 ¡pero lo hizo subiendo la tasa de interés al 20%!

Sin embargo, Volcker tuvo –y tiene obviamente– una visión dura acerca de las libertades que se le tienen que dar al sistema financiero: tanto que Ronald Reagan prefirió no ofrecerle nuevamente el puesto de presidente de la Fed y eligió, en cambio, a Greenspan quien (des)regularía y promovería la liberalización financiera de los años noventa. Tanto así que ya en 1987, el artículo del New York Times que narraba el cambio sostenía que la diferencia entre ambos era que Volcker “tendía a resistir la desregulación mientras que Greenspan estaba más favorablemente dispuesto” (http://www.nytimes.com/1987/06/03/business/volcker-out-after-8-years-as-federal-reserve-chief-reagan-chooses-greenspan.html) Como Presidente de la Reserva Federal, Volcker apoyó el Plan Austral de Juan Sourrouille (ambos aún son amigos).

No es tan sencillo.
Llevar adelante la reforma no es un asunto fácil y no se trata sólo del poder de lobby fenomenal de los bancos. Primero, Obama lanzó la reforma sin buscar la coordinación internacional. La falta de acuerdo internacional es un problema serio: en un mundo globalizado, la existencia de otros centros financieros internacionales alternativos a Wall Street abre la posibilidad de eludir alguna de las regulaciones. Varios mercados nacieron (por ejemplo, el de eurodólares) como resultado de regulaciones e impuestos unilaterales.

Además, la oportunidad del anuncio no es clara. Algunos medios sugieren que el timing es consecuencia de la derrota política en Massachusetts a manos de los republicanos. Sin embargo, con una recuperación en curso sin bases más sólidas que el estímulo público fiscal y monetario, un aumento en la percepción del riesgo financiero (toda reforma crea incertidumbre) puede ser contraproducente. De cualquier manera, los tiempos de implementación se piensan de 3 a 5 años.

Además, el sistema financiero fue en las últimas décadas una de las fuentes de crecimiento en los Estados Unidos. Cada vez más los servicios son una parte importante de la producción de un país en detrimento de la industria. Y dentro de los servicios, las finanzas tienen un rol importante. La “financialización” es una tendencia de largo plazo que llevó a que en la segunda mitad del siglo pasado el peso de los servicios financieros se duplicara de 10% a 20% del PBI mientras que la industria bajó de 30% a 12%. En los últimos años, Wall Street reforzó su peso a nivel local e internacional. En tanto la reforma financiera vaya en contra de esta tendencia puede tener costos de corto plazo en términos de nivel de actividad: las pólizas de seguro sirven pero al contratarlas hay que pagar la prima y, quién sabe, el resultado de ésta sea un mayor costo financiero la mayor parte del tiempo a costa de reducir las frecuencias de las crisis.

Obama y nuestras reservas. Hoy, mal que nos pese, los argentinos no podemos pasar del mundo. Nuestra suerte depende en buena medida de la liquidez mundial y los precios de las materias básicas (en términos más técnicos, los economistas estiman que más de la mitad del ciclo económico local se puede explicar sólo por factores externos). No estamos solos.

Cuando cae la tolerancia al riesgo de los inversores, los países en desarrollo se resfrían y, a veces, hasta se pescan una neumonía. Hay varias discusiones que hacen a cómo lidiar con la globalización financiera y, especialmente, mitigar sus efectos más negativos. Hay que entender que globalización significa, también, que todos los inversores privados se comportan como una manada, en forma coordinada. ¿Cómo protegerse?

La acumulación de reservas es una de las herramientas más elogiadas, especialmente luego de la crisis financiera global, en tanto póliza de seguro frente a la volatilidad importada. Los seguros, lo dije más arriba, tienen algún costo –acumular reservas no es gratuito– pero sirven cuando ocurre el siniestro. ¡Aun cuando, como en este caso, la razón sea la posible reforma bancaria en el principal país del mundo!

Por lo tanto, la utilización de las reservas, si sobran o no, si conviene usarlas para pagar deuda ahora o guardarlas en caso de que la economía mundial sufra una recaída, son asuntos de interés general y deberían ser, entonces, discusiones colectivas. Tal vez nuestro bienestar futuro dependa de ello.

sábado, 23 de enero de 2010

THE HERITAGE FOUNDATION

sábado 23 de enero de 2010

La hermanita hermosa

The Heritage Foundation es una de esas fundaciones conservadoras cuya finalidad es que siempre, pero siempre, haya políticas y gobiernos conservadores en todos los países del Planeta Tierra. Una finalidad legítima, por supuesto, pero con la que no necesariamente estamos de acuerdo en este blog donde todos somos medianamente zurdos, aunque no tanto como para ser pavotes.

La susodicha fundación publica desde hace más de 10 años un índice muy interesante que se llama The Index of Economic Freedom, el Índice de Libertad Económica, y el de este año se publicó anteayer. Argentina, siempre tan bien situada, está en el lugar 135 sobre un total de 183 países con un puntaje de 51.2, lo que la caracteriza como un país bastante poco liberal o mostly unfree. Valga para comparar que el país más libre, Hong Kong, obtuvo un puntaje de 89.7, mientras que el menos libre, Zimbabwe, 21.4. En realidad, el peor de todos fue Corea del Norte, con 1, pero creemos que está ahí sólo por el valor simbólico. En el gráfico de abajo se puede ver el indicador para una selección de países.



Qué suerte que somos tan poco libres, dirán nuestros amigos populistas. Sin embargo, aunque les cueste aceptarlo, hay una relación bastante fuerte entre libertad económica y prosperidad. Con esa capacidad de deducir causalidades – y a partir de ellas reglas de política – que lo caracteriza, Musgrave es capaz de decir "primero seamos prósperos y después seamos libres" pero hay mucha gente que piensa que el orden de causalidad es al revés. A más libertad económica, más crecimiento y más prosperidad y desarrollo. En todo caso, causalidad para un lado o para el otro, lo mejor es tenerlas juntas.

Pero antes que los liberales argentinos se pongan a decir tonterías – actividad en la que compiten seriamente con los defensores acérrimos del kirchnerismo – tendríamos que responder a la pregunta ¿como se define la tan alabada y necesaria libertad económica?

Como lo bueno de estas instituciones liberales es que a veces se toman en serio lo de la libertad, tienen una linda página de internet con contenidos abiertos y gratis, entre ellos un archivo de excel con todos los indicadores que componen el índice desde que empezaron a elaborarlo, así que ahí vamos con un intento de analizar esos datos para ver de qué trata la más hermosa de los hermanos.

Para empezar, el índice no es nomás un numerito tirado de los pelos que se le ofrece al mejor postor, como opina El del 0.33%, sino que está compuesto por otros diez subíndices de libertad en distintas áreas económicas. Esos subíndices son: libertad para hacer negocios, libertad comercial, libertad fiscal, gasto público, libertad monetaria, libertad para invertir, libertad financiera, protección a los derechos de propiedad, libertad de corrupción y libertad del mercado de trabajo. Los 10 indicadores varían entre 0 y 100 – 0 es la falta absoluta de libertad y 100 la libertad máxima posible – y todos tienen el mismo peso en el índice total.

Ahora veamos que implica cada una de esas libertades y qué da puntos y que no.

La libertad para hacer negocios está dada por la facilidad para abrir, manejar y cerrar una empresa. El exceso de burocracia quita puntos. Los datos son del estudio Doing Business del Banco Mundial.

La libertad comercial está dada por la apertura comercial al resto del mundo. Las tarifas altas, el exceso de barreras no arancelarias y la falta de transparencia en los trámites del comercio exterior quitan puntos. Los datos vienen del Banco Mundial y la OMC.

La libertad fiscal aumenta cuanto más baja es la presión fiscal. Para medirla se usan las alícuotas máximas en impuestos directos sobre las personas y las empresas y la recaudación total en términos del PIB.

El indicador de gasto público mejora cuanto más bajo es el gasto público. La función que calcula este indicador no es lineal y castiga levemente a los países con gasto público muy bajo y fuertemente a los países con gasto público muy alto. Un indicador muy interesante para que vean los que siempre quieren recortar el gasto. El país más libre de todos en este indicador es Birmania, uno de los países más pobres del sudeste asiático.

La libertad monetaria es más alta en los países con baja inflación y/o moneda estable. Las políticas de distorsión de precios relativos quitan puntos. En el estado ideal de libertad, hay estabilidad de precios sin intervención microeconómica.

La libertad para invertir está dada por la falta de restricciones o controles a la inversión extranjera directa (IED) y la facilidad de disponer de las utilidades. No diferenciar entre inversión extranjera y doméstica da puntos.

La libertad financiera mide la seguridad bancaria y la independencia del sector financiero del control estatal. En el estado de libertad perfecto, el banco central es independiente, al crédito lo asigna el mercado y no hay bancos estatales.

El indicador de protección a los derechos de propiedad es más alto cuando el gobierno defiende la propiedad privada y los contratos se cumplen. El poder judicial es independiente y castiga a los que se apropian de la propiedad de otros. No hay corrupción y la probabilidad de expropiaciones es muy baja o inexistente.

El indicador de corrupción es el de Transparencia Internacional. Sube cuando hay poca corrupción y baja si hay mucha.

El indicador de libertad del mercado de trabajo aumenta con la facilidad para contratar y despedir y cuanto más bajos sean los costos laborales no salariales.

Definidos los indicadores, en el gráfico de abajo pongo una selección de países elegidos arbitrariamente para ilustrar algunos puntos.



Para empezar, dos países pueden tener casi el mismo índice total de libertad económica pero la composición de los subíndices ser bastante diferente. Miremos el caso de Dinamarca (77.9) y Estados Unidos (78.0). En facilidad para hacer negocios, Dinamarca gana por poquito. Doy fe que tiene una burocracia de lo más placentera. Los dos países tienen casi la misma libertad comercial, monetaria y en el mercado laboral. Los derechos de propiedad se defienden igual de bien en los dos países, con una leve ventaja para Dinamarca. La libertad fiscal y la proveniente del bajo gasto público son mucho más bajas en Dinamarca, que como todos sabemos tiene la presión fiscal más alta del mundo y un gasto público acorde. Las tres áreas en las que Dinamarca compensa son corrupción – es uno de los dos países menos corruptos del mundo – libertad de invertir y libertad financiera. El resultado de todo eso en términos de bienestar económico es que Estados Unidos es un país más rico en términos de PIB per cápita, pero esa riqueza está casi igual de mal repartida que en Argentina, mientras que Dinamarca es un país con un nivel de vida muy alto pero sin grandes inequidades.

Argentina tiene menos facilidad para hacer negocios que los tres países desarrollados del ejemplo pero igual que Chile, mientras que la libertad comercial es menor que en los otros cuatro países. La presión fiscal es como la de EEUU y superior a la de Chile. Digamos que con esa presión fiscal tan baja, Chile compra medio cara su libertad. Con respecto al gasto público, los dos países latinoamericanos son más libres que los europeos y es muy interesante el hecho de que el factor que más contribuye positivamente al índice argentino es el grado de “libertad del gasto público”, lo que quiere decir que el gasto público es bajo. En el resto de los indicadores, Argentina está por debajo de los otros cuatros países, aunque la política de inversiones y el mercado laboral son igual de restrictivos que en Francia. A la libertad monetaria la arruina la intervención de Moreno. La corrupción, la falta de respeto a los derechos de propiedad y una limitada libertad financiera son los tres principales culpables de la mala ubicación argentina en el ranking liberal.

Creo que los datos muestran que la libertad económica es muchas cosas y no necesariamente se contrapone con la idea de justicia social. La gran pregunta es, entonces, ¿cómo se mejora la Argentina para conseguir ser un país donde la libertad económica potencie el crecimiento sin renunciar a mejorar la distribución del ingreso?

9 comentarios:

Musgrave dijo...
"el factor que más contribuye positivamente al índice argentino es el grado de “libertad del gasto público”, lo que quiere decir que el gasto público es bajo. " OLE OLE OLE ANA ANA Say no more p.d. y después hay gente que me pregunta porque digo que Ana es la Diosa de la BEA.
santix dijo...
Para que sirven estos indices? Si lo hacen historico y me demuestran que en el proceso de crecimiento y desarrollo tenian esos indices Alemania, Japon, Dinamarca, Francia, Canada, etc, vale. Pero el final de la pelicula no me dice nada, es mas me dice que nos estan engañando. La combinacion en un indice de 10 indices entre discutibles y truchos que da? Un indice trucho elevado a la decima potencia? Eh, Estudiante cronica?
Ana C. dijo...
Santix, intentá no confirmar mis prejuicios sobre los kirchneristas y los zurdos pavotes y leé todo el post. Dinamarca inició su lucha contra la corrupción en 1860 o algo así, la independencia del banco central es de1937, la tradición de libre comercio desde la época de los vikingos y el respeto por las leyes por lo menos desde que escribieron la Constitución, en 1849, apenas cuatro años antes que Argentina. Negar que, por ejemplo, que la terriblemente ineficiente y pesada burocracia argentina es un factor que obstruye el crecimiento es de ciegos.
El del 0.33% dijo...
Mirando el dibujo, he visto entonces que salvo en 3 puntos donde no coincidimos con ningún país (Financiera, Corrupción y Propiedad), en los demás somos como Chile, Francia o Estados Unidos. Ya sabemos en dónde tenemos que mejorar entonces.
Ana C. dijo...
Sos un maestro, El del 0.33%, qué manera de verlo rápido. Al mercado laboral yo también le daría un sacudón, eh. Ser como Francia en ese aspecto no es demasiado halagador que digamos.
Raúl C. dijo...
Ana C.: Interesantísimo el análisis y las conclusiones. Mucho material para debatir. Sólo un detalle: también soy admirador de la canción, pero la libertad no era la hermana, sino la hermosa novia del que canta.
santix dijo...
Tenga los prejuicios que quiera. Que tiene que ver lo que escribi con su prejuicio de lo que soy yo y si lei todo el post? Dinamarca actual es fruto de la guerra real y la guerra fria posterior, aprovecharon bien lo que recibieron y por eso no son como Grecia. Pero esa inyeccion externa con motivos politicos como se veria en los indices? Lo unico que comente es sobre usar herramientas truchas y muy discutibles para sacar conclusiones tendenciosas no por usted sino por parte de esas "fundaciones" tan libres que si uno rasca un poco encuentra a quienes les financian sus objetivos estudios. De donde saca lo de "Negar..."? Quien va a defender la corrupcion y la excesiva burocracia?
Ana C. dijo...
Debatamos entonces, Raúl C. :-) En la versión de Pedro Aznar dice hermana, lo mismo que en la de Mercedes Sosa. Pero me parece que es cierto que en la original de Atahualpa Yupanqui decía novia.
sin dioses dijo...
1) Ana felicito su definicíón librecambista, que era eso de andar definiéndose como radical. 2) Ana afirma que la prosperidad de un país está definida entre otras cosas por la libertad de despedir empleados y por "el costo laboral". Pensando en 2001, con la ley de reforma laboral no se porque no fuimos potencia. 3. Este post choca irremediablemente con la realidad. ¿La prosperidad de los países como Argentina, Brasil, Bolivia, fue mayor ahora o en los 90? 4. La prosperidad de Venezuela es mayor ahora (con muchas barbaridades que hace Chavéz) que con Andrés Pérez. 5. Veo el gráfico y en uno de los primeros lugares veo a Irlanda. http://www.latiza.es/Indicadores.aspx?con=59984&np=2&nn=6 Veo que España tiene un índice más rescatable que Brasil y Argentina: Acá están las consecuencias. http://www.abc.es/20100122/economia-economia/preve-paro-para-espana-201001221540.html Lo de Hong Kong no se puede tomar ni siquiera en serio, en el conurbano bonaerense se vive mejor que allí, (en orden de aumentar las falacias de Ana C) Esta es una de las prosperidades: http://www.elmundo.es/elmundo/2008/07/01/suvivienda/1214923362.html http://www.elmundo.es/elmundo/2008/07/01/suvivienda/1214923362.html

viernes, 22 de enero de 2010

La derecha “gay-friendly”



Beso a beso: El debate en California puede definir el futuro del matrimonio gay.
13-01-2010 /  Un viejo abogado conservador, ex funcionario de Reagan y Bush, argumenta por qué el matrimonio homosexual no socava, sino que promueve, los valores de la sociedad. Su alegato podría ser histórico.  
Por Theodore B. Olson

Junto con David Boies, mi buen amigo y adversario ocasional en los tribunales, trato de persuadir a un juzgado federal de invalidar la Propuesta 8 de California —la medida aprobada por los votantes en noviembre de 2008 que revirtió el derecho constitucional en California para contraer matrimonio con una persona del mismo sexo. Mi participación en este caso generó consternación entre los conservadores. ¿Cómo es que un republicano de toda la vida, un veterano de los gobiernos de Ronald Reagan y de Bush, pudo poner en tela de juicio la definición “tradicional” del matrimonio y presionar para crear otro “nuevo” derecho constitucional?

Mi respuesta estriba en toda una vida de contacto con personas con distintos antecedentes, historias, puntos de vista y características intrínsecas, y en mi rechazo a lo que considero una percepción superficialmente atractiva, pero finalmente falsa, acerca de la Constitución y su protección de la igualdad y los derechos fundamentales.

Muchos de mis compañeros conservadores muestran una hostilidad casi innata hacia el matrimonio entre homosexuales. Esto no tiene sentido, porque las uniones entre personas del mismo sexo promueven los valores más apreciados por los conservadores. El matrimonio es uno de los bloques constitutivos básicos de la nación. En su mejor expresión, es una unión estable entre dos personas que trabajan para crear un grupo familiar cariñoso y una entidad social y económica. Alentamos a las parejas a casarse porque los compromisos que contraen les proporcionan beneficios no sólo a ellos mismos, sino también a sus familias y a sus comunidades. El hecho de que personas que resultan ser gays quieran participar en esta costumbre social tan arraigada es prueba de que los ideales conservadores disfrutan de una amplia aceptación. Los conservadores deberían celebrar esto, en vez de lamentarse.

La legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo también sería un reconocimiento de los principios básicos estadounidenses, y representaría el compromiso de la nación con la igualdad de derechos.

La igualdad es un elemento central de las convicciones de liberales y conservadores por igual. El sueño que dio forma a EE. UU. comenzó con el concepto expresado en la Declaración de Independencia: “Sostenemos que estas verdades son evidentes en sí mismas, que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador con ciertos Derechos inalienables, y que entre éstos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Por desgracia, la nación ha tardado mucho tiempo en cumplir esa promesa. En 1857, la Corte Suprema sostuvo que un afroestadounidense no podría ser ciudadano. Al final de la Guerra Civil, para hacer realidad la elusiva promesa de igualdad, la Enmienda 14 a la Constitución añadió la orden de que “ningún Estado… privará a ningún ciudadano de su vida, su libertad o su propiedad sin el debido procedimiento legal; ni negará a ningún ciudadano… la protección igualitaria de las leyes.” Las leyes y decisiones de la Corte tomadas desde entonces dejaron en claro que la igualdad bajo la ley se extiende a las personas de todas las razas, religiones y lugares de origen. ¿Qué mejor manera de completar esta aspiración nacional que aplicar la misma protección a hombres y mujeres que difieren de otros sólo por su orientación sexual?

Distintas leyes federales y estatales concedieron ciertos derechos a las parejas de homosexuales y lesbianas, pero estas protecciones varían notablemente entre distintos estados. Y casi siempre les niegan la verdadera igualdad a los homosexuales y lesbianas con deseos de casarse. La sola idea de matrimonio es básica para que sean reconocidos como iguales en la sociedad; cualquier cosa menos que esto es inferior.

La Suprema Corte de Estados Unidos ha sostenido repetidamente que el matrimonio es uno de los derechos más fundamentales. El matrimonio es una parte de la protección constitucional a la libertad, la privacidad, la sucesión, y la identificación espiritual. Sin una igualdad de derechos para contraer matrimonio, no puede haber una verdadera igualdad bajo la ley.

Es verdad que el matrimonio ha sido considerado tradicionalmente como la unión entre un hombre y una mujer. Pero aunque la Corte Suprema siempre consideró el matrimonio en ese contexto, los derechos y libertades subyacentes no se limitan de ninguna manera a los heterosexuales.

El matrimonio es un enlace civil y, en algunos casos, un sacramento religioso. Es una relación reconocida por los gobiernos, que proporciona un estatus privilegiado y respetado para recibir el apoyo de los beneficios del Estado. Cuando el estado aprueba oficialmente una relación y ha proporcionado beneficios especiales a quienes participan en ella, los tribunales de EE. UU. han insistido en que, para negar ese estatus se requieren sólidas justificaciones y no puede denegarse arbitrariamente.

Entonces, ¿cuáles son las justificaciones  para la decisión de California sobre la Propuesta 8, para negar el acceso a la institución del matrimonio a algunos de sus ciudadanos?

La explicación mencionada más a menudo es la tradición. Pero el simple hecho de que algo siempre se haya hecho de una cierta forma no quiere decir que deba permanecer así. Y California y muchos otros estados permitieron a los homosexuales y lesbianas  establecer sociedades domésticas con la mayoría de los derechos de los heterosexuales casados. Resulta anómalo referirse a la “tradición” como una justificación para etiquetar esas relaciones como menos dignas, aprobables o legítimas.

El segundo argumento que suelo escuchar es que el matrimonio tradicional fomenta el interés del estado en la procreación. Pero impedir que las lesbianas y los homosexuales contraigan matrimonio no hace que más heterosexuales se casen y conciban más niños. Asimismo, permitir que las lesbianas y los homosexuales se casen no hará que los heterosexuales dejen de contraer matrimonio. No averiguamos si las parejas heterosexuales pueden o quieren tener hijos antes de permitirles la boda.

Otro argumento aún menos persuasivo es que el matrimonio entre homosexuales daña en cierta forma al matrimonio heterosexual. Aún no he encontrado a nadie que pueda explicarme esto. ¿En qué forma perjudicaría a los matrimonios heterosexuales? Cuando el juez de nuestro caso le pidió a nuestro adversario que identificara las formas en que el matrimonio homosexual podría dañar al matrimonio heterosexual, respondió que no encontraba ninguna.

No existe razón por la que deberíamos negar el matrimonio a las personas del mismo sexo. Y hay muchas por las que deberíamos reconocerlas formalmente.

Sin importar lo que usted piense acerca de la homosexualidad, los homosexuales y las lesbianas son miembros de nuestras familias, clubes, y lugares de trabajo. Son nuestros médicos, maestros, soldados (lo admitamos o no), y amigos.

Conservadores y liberales deben coincidir en los principios que nos unen. Podemos convenir en el valor de las familias sólidas, las relaciones domésticas duraderas y las comunidades pobladas por personas con lazos mutuos reconocidos y admitidos. Confinar a algunos de nuestros vecinos y de nuestros amigos a un estatus fuera de la ley o de segunda clase, subvierte su sentido de pertenencia y diluye sus relaciones con el resto.

Entiendo, pero rechazo, ciertas enseñanzas religiosas que denuncian a la homosexualidad como algo moralmente erróneo, y desapruebo enfáticamente a las personas que sostienen que las relaciones entre personas del mismo sexo deberían ser desalentadas por la sociedad y la ley. La ciencia nos  enseña, aun si la historia no lo ha hecho, que los homosexuales y las lesbianas no deciden ser homosexuales. En gran medida, estas características son inmutables. Y, mientras la Constitución nos garantiza la libertad de ejercer nuestras convicciones religiosas, igualmente nos prohíbe imponer nuestras creencias a la fuerza a otras personas.

Alguna vez toleramos leyes en EE. UU. que prohibían el matrimonio entre personas de diferentes razas. La Corte Suprema de California fue la primera en afirmar que esa discriminación es inconstitucional. En 1967, 20 años más tarde, la Corte Suprema llegó a un acuerdo unánime en el mismo sentido. La mayoría de los estadounidenses se enorgullecen de esta decisión. Estoy convencido de que estarán igualmente orgullosos cuando dejemos de discriminar a los homosexuales y lesbianas.

Las reacciones ante nuestra acción legal reforzaron para mí estas verdades. He oído cólera, resentimiento y hostilidad. Pero en su mayor parte, me han abrumado las expresiones de gratitud y buena fe. Particularmente, me han conmovido a muchos relatos personales sobre lo
solitario y personalmente destructivo que resulta ser tratado como un paria y cuán importante será obtener el respeto de las leyes e instituciones civiles de EE. UU.

Algunas personas han sugerido que hemos presentado este caso antes de tiempo, y que ni el país ni los tribunales están "listos" para abordar este asunto y eliminar el estigma. No estamos de acuerdo. Representamos a clientes reales. Nuestras clientas lesbianas crían a cuatro buenos niños que no podrían pedir mejores padres. Nuestras clientas desean casarse. Creen que tienen ese derecho constitucional. Desean ser representadas ante los tribunales para reivindicar ese derecho. El procurador general de California ya ha concedido la inconstitucionalidad de la Propuesta 8, y la ciudad de San Francisco se unió a nuestro caso.

Invariablemente, a los ciudadanos a quienes se les niega su derecho a la igualdad se les dice que “esperen su turno” y “tengan paciencia”. Sin embargo, hay que insistir en la igualdad de derechos para acelerar la aceptación de esos derechos. En lo que se refiere a si los tribunales están "listos" para este caso, hace sólo unos cuantos años, en el caso Romer vs Evans, la Suprema Corte de EE. UU. echó abajo una enmienda constitucional adoptada popularmente en Colorado que ponía los derechos de homosexuales y lesbianas bajo la protección de las leyes antidiscriminación. Y siete años atrás, en el caso de Lawrence vs Texas, la Suprema Corte echó abajo, como carente de cualquier base racional, las cláusulas legislativas de Texas que prohibían las prácticas sexuales privadas e íntimas entre personas del mismo sexo.

Estas decisiones han generado controversia, pero son decisiones del tribunal más alto de la nación, en el que nuestras clientas merecen confiar. Si todos los ciudadanos tienen el derecho constitucional de contraer matrimonio, si las leyes estatales que niegan la protección legal a los homosexuales y las lesbianas como clase son inconstitucionales, y si la conducta sexual privada e íntima entre personas del mismo sexo está protegida por la Constitución, hay muy pocos elementos en los que pueden apoyarse los adversarios al matrimonio entre personas del mismo sexo. La Propuesta 8 de California es particularmente vulnerable a la controversia constitucional, porque ese estado ha promulgado un insensato conjunto de reglas para el matrimonio que no tiene sentido para nadie. California reconoce el matrimonio entre una mujer y un hombre, incluso entre personas condenadas a muerte, abusadores de niños y cónyuges golpeadores. Al mismo tiempo, California prohíbe el matrimonio entre parejas estables y amorosas del mismo sexo, pero trata de arreglárselas al dar la alternativa de las “sociedades domésticas” o uniones civiles con prácticamente los mismos derechos. Finalmente, California reconoce 18.000 matrimonios entre personas del mismo sexo, celebrados durante los meses en que debatía la decisión de la Corte Suprema estatal que defendía los derechos del matrimonio entre homosexuales y la decisión de los ciudadanos de California de retirar esos derechos al promulgar la Propuesta 8.

Por tanto, ahora existen tres clases de californianos: las parejas heterosexuales que pueden casarse, divorciarse y volverse a casar si lo desean; las parejas del mismo sexo que no puede casarse pero puede vivir juntas en sociedades domésticas; y las parejas del mismo sexo que ya están casadas pero que, si se divorcian, no pueden volver a casarse. Se trata de un sistema irracional, discriminatorio y que no puede perdurar

Los estadounidenses que creen en las palabras de la Declaración de Independencia, en el discurso de Gettysburg de Lincoln, en la Enmienda 14, y en las garantías constitucionales de igualdad de protección y dignidad ante la ley no pueden mantenerse insensibles mientras continúe este agravio. No se trata de un tema conservador o liberal: es un tema estadounidense, y es tiempo de que los ciudadanos de este país lo adopten.              n

ENTREVISTA AL ESCRITOR Y DOCENTE JUAN CARLOS SANCHEZ SOTTOSANTO – (Segunda Parte)




Radicado desde hace un par de años en Buenos Aires, Juan Carlos sigue siendo para muchos de los amantes de los libros y la cultura, nuestra biblioteca de consulta permanente, y nuestro guía a la hora de elegir o enfrentarnos a las grandes obras universales de la literatura y el pensamiento. En exclusiva
para eldolorense, la segunda parte de la entrevista donde nos habla de su fe, el papel de la religión católica en nuestra educación, el cambio de su vida entre Dolores y Buenos Aires y la lectura de la Biblia entre otros temas.

Juan Carlos Sánchez Sottosanto es Escritor y docente. Bibliotecario Profesional. Licenciado en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Quilmes. Doctorando en Teología, por ISEDET


Ha publicado: Francisco (novela), Buenos Aires: Gárgola, 2007. Poesía de amparo y desamparo, en revista Cayey, Universidad de Puerto Rico recinto Cayey. Fragmentos Presocráticos, en revista Cuadernos Internacionales de Humanidades y Filosofía, Universidad de Puerto Rico recinto Humacao. Medición de la Pampa, en revista Malinche, Casa de las Américas de Andalucía. Miembro del staff de la desaparecida revista literaria Oliverio. Traductor de Baudelaire para editorial Gárgola.


Blog: http://sanchezsottosanto.over-blog/es
Dolorense, reside en Buenos Aires desde el 2008.
Militante por las minorías LGTTBI desde la fundación Other Sheeps.

¿Podrías explicar en qué consiste tu fe?

Bueno, hagamos una acotación primero. Quizás se dé por sentado que alguien que, como en mi caso, tiene como uno de sus centros de interés lo religioso o que se está doctorando en Teología – aunque mis intereses son mucho más amplios – necesariamente deba poseer ese sentimiento un tanto misterioso y ubicuo que llamamos fe. Pues bien, si por fe se entiende una creencia sistemática en una serie de postulados, llámense dogmas, doctrinas, credos, yo no la poseo. No me siento identificado ni soy miembro de ningún credo. No apoyo ninguna institución religiosa aunque muchas me simpaticen por su labor, especialmente social. Si se quiere, retomo en lo institucional la idea del filósofo Jacques Ellul: el cristianismo debería ser, básicamente, anárquico. A nivel íntimo, la fe es bastante indefinible. Los que pueden dar cuenta de sus creencias, apetencias y solideces religiosas, los que no parecen poseer ninguna duda, bueno, desconfío mucho de ellos.


Jesús dudó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. San Pablo dudó. Los dogmáticos, los fundamentalistas, tienen una respuesta tajante para todo; no se permiten dudar. Creo que estoy más allá del concepto de fe, y que eso es bueno. Tuve una necesidad de ella, y la satisfice muy mal con la impostura de la credulidad, que es la antítesis de la fe. Después, flasheé con el existencialismo cristiano de Kierkegaard, que me convenció de la ineficacia de las instituciones para la fe. Hoy, no sé si creo en cosas tan primordiales como la encarnación, la resurrección, la revelación. Son absurdos totales; lo paradójico es que grandes cristianos como San Pablo o Kierkegaard sabían que esos eran absurdos, pero tenían la capacidad de seguir creyendo. Yo no. Me fascina la praxis y la enseñanza de Jesús, me fascinan las Escrituras como objeto de estudio, sigo poseyendo un ansia de la Trascendencia, pero no un sistema de creencias. Algunas escuelas filosóficas griegas decían que, ante ciertas cosas que el hombre no puede captar, debe producirse la “epojé”, una palabrita que podría traducirse como “suspensión del juicio”. Ante ciertos misterios, como el de la existencia y la muerte, uno se carga de preguntas; después puede venir esa epojé, que es liberadora, que me dice: este es el límite, y sobre todo, no confíes en los que tienen respuesta para todo. Y de vuelta a los griegos, después de la epojé venía la ataraxia, es decir, la tranquilidad de ánimo necesaria, que nos hace no sucumbir a la inquietud.

Con acontecimientos desgraciados en países desgraciados -como el terremoto en Haití-, ¿cómo puede explicarse la presencia de un Dios que ama a los hombres?

Ante la situación puntual de Haití, me cabe una contrapregunta: ¿vale la pena intentar una respuesta teológica? Yo creo que no, que cualquiera cae en seguida como insuficiente e, inclusive, como cruel. Si querés podemos hacer a vuelo de pájaro una recorrida por esas respuestas intentadas, pero ninguna me satisface. Y otra contrapregunta: la situación de Haití, ¿no debe ser respondida desde lo histórico, lo sociológico, lo político más bien?


En Haití hay 100 000, 200 000 muertos, aún no se sabe y quizás nunca se sepa. Las imágenes nos horrorizan, nos sensibilizan, aunque el fin primario de los medios de comunicación que nos las transmiten pueda ser, ante todo, lucrar con esa espectacularidad macabra; todos decimos “ay, qué horror”, como lo decimos ante los niños de la calle o la situación de nuestras villas miserias. La mayoría, muy burguesamente, después tratamos de olvidarlas y no movemos un dedo – y son situaciones cotidianas, pero no menos terribles. Ayer fue Gaza, anteayer fue Irak o el tsunami en Indonesia, mañana quizás lo olvidemos todo. Los medios crean una conciencia efímera.


Pero volvamos al tema de Dios y el sufrimiento. No se necesita la tragedia de Haití para que la pregunta surja. Una madre que pierde a su niño, un sufrimiento intenso personal, nos ponen ante el abismo del ¿por qué?, del ¿dónde está Dios? Y como nada es nuevo bajo el sol, el hombre ha venido planteándose esas preguntas y esbozando soluciones desde el origen de los tiempos.


Me atengo, nuevamente, a Occidente. Pensemos en el mito de las edades, de los griegos. El hombre nace en una edad de Oro, degenera a una de Plata, después a una de Bronce, después a una de Hierro. La cuestión sería, ¿qué culpa tienen los haitianos por ese ciclo de decadencia? La doctrina, que relacionamos con la India pero que también estuvo en Grecia, de una metempsicosis o reencarnación, donde nuestros sufrimientos son consecuencia de errores cometidos en vidas pasadas, no es menos cruel. ¿Cómo puedo compensar en esta vida las supuestas vidas pasadas que no recuerdo? ¿Los 200 000 haitianos fueron unos malhechores terribles, qué se yo, hace mil años, y ahora la están pagando? Absurdo total. Pasemos a la tradición judeocristiana. Uno de los primeros escritores (o grupo de escritores) de la Biblia fue el Yavista, a quien debemos el famoso mito de Adán y Eva y su caída. Es un relato folklórico, si se quiere, pero con él el Yavista intentó responder a la cuestión más o menos así: el hombre se ha alejado de Dios, Dios se aleja de los hombres, lo que le sucede al hombre queda bajo su responsabilidad, él ha elegido libremente esa lejanía. Muchos siglos después, con San Agustín principalmente, ese relato sería la base del dogma del “Pecado Original”. Pues bien, el mito pudo satisfacer a la conciencia del Yavista, ¿pero puede explicar que 200 000 haitianos paguen de buenas a primeras por un supuesto pecado cometido al comienzo de los tiempos? La respuesta fue tan poco satisfactoria para la propia tradición judía que allí se alzaron libros como el de Job, donde se cuestiona el sufrimiento de los justos; poco a poco, cuando la vieja y reduccionista creencia de que al bueno le iría bien y al malo le iría mal cayó por su propio peso – costaba muy poco percatarse que los justos sufrían igual o peor que los malvados – se postergó la recompensa al más allá, es decir, nace la escatología, la creencia de que tras la muerte cada uno será recompensado eternamente. Lo cual también es absurdo: si fui un hijo de puta 20 años y me muero, ¿merezco sufrir toda la eternidad? Si fui medianamente “bueno”, ¿merezco tanto como un paraíso eterno? En fin, aún otras explicaciones se intentaron: que el sufrimiento es una suerte de entrenamiento o pedagogía divina; que la muerte de Cristo redimirá a toda la humanidad, etc. El tema es: ¿satisfacen estas respuestas? Más las rumia uno y más pareciera que estamos ante un Dios demasiado cruel. ¿Creer, como algunos sostienen, que la tierra es un campo de batalla entre Dios y Satán y que aquí se juega la partida a costa del sufrimiento humano? El filósofo Leibniz hasta inventó una palabra, “teodicea”, de Theos, Dios, y diké, justicia: justificación de Dios; y si Dios necesita ser “justificado” por los hombres ya nos da la señal de que algo anda muy mal. Leibniz sacaba sus conclusiones y decía que este es “el mejor de los mundos posibles”. Voltaire, socarronamente, le puso justamente el ejemplo de un terremoto de su tiempo – el de Lisboa – para mostrarle cuán “bueno” era este mundo.



Algunos han ido más lejos; los gnósticos de los siglos II-IV, por ejemplo, dijeron que nuestro mundo era fruto de un error, una equivocación obra de un dios menor, de allí el sufrimiento; la Divinidad mayor nada tenía que ver, y sólo un grupo de iniciados llegaba al conocimiento de esa deidad. Muy original la respuesta, pero muy elitista. En el caso de Haití, tan cruel como cualquier otra. Hay otra más cruel aún, que sin duda aprovecharán muchas sectas fundamentalistas: ver en los terremotos y sufrimientos consecuentes, un cumplimiento de supuestas “profecías”, marca segura de que el fin de los tiempos está cerca y después todo será mejor. Todos hemos escuchado alguna vez esta explicación; lo cierto es que no es nada nueva. Hace 2000 años que de vez en cuando reaparece, tras alguna catástrofe.



Fin de las respuestas teológicas. Mi conclusión: más o menos inútiles todas. Si a alguno le satisface alguna, no tengo nada que objetar. Decir que el sufrimiento humano es un misterio quizás sea lo más acertado, pero a la postre nos deja tan en ayunas como siempre.
Entonces me atrevo a revertir tu pregunta y decir: Ante situaciones como las de Haití, ¿CÓMO SE EXPLICA LA AUSENCIA DEL HOMBRE? Basta consultar la muy pedestre wikipedia para conocer algo de la historia de Haití. Esclavos venidos de África, explotados primero por los franceses, después por los británicos, después por los yankees. Uno de los países más pobres del mundo, pero claro, nunca aparecen en las noticias, a menos que haya imágenes vendibles como estas. Sufrieron las dictaduras de los Duvalier, de entre las más crueles del mundo, sostenidas por Estados Unidos y por la Iglesia; hasta la Madre Teresa de Calcuta las apoyó. Basurero de Norteamérica, con una deuda externa que el FMI nunca se preocupó en condonar; con transnacionales que pagaban salarios de hambre. Sin agua potable, sin servicios básicos, pobres siempre. Cuando tuvieron un presidente progresista como Aristide (un sacerdote de la Teología de la Liberación), que quiso poner coto a la explotación capitalista y nivelar los salarios, la propia CIA – bancada por grupos religiosos fundamentalistas, desde los mormones hasta los bautistas – solventó un golpe de Estado. Está bien, podrá decirse, pero un terremoto es un fenómeno natural, ¿qué tiene que ver la CIA con esto? Y sí, es natural, pero los países ricos tienen la tecnología para prevenirlos, y un sismo de 7 en la escala Richter en otros lados produce daños mínimos, no 200 000 muertos, no un país devastado. El tema de la ausencia de Dios quizás sea insoluble; pero la solución humana siempre fue posible, y no estuvo. Más que sobre la ausencia de Dios, deberíamos preguntarnos sobre el egoísmo del hombre, que la sociedad capitalista no ha hecho más que llevar a un extremo espeluznante.

¿Es o ha sido compatible la educación con la religión católica en Argentina?

No hay una respuesta unívoca, las relaciones de la iglesia católica con la educación argentina atraviesan toda la historia, desde la Conquista hasta hoy, con sus altos y bajos. Más allá de las escuelas, la Iglesia ha tenido – antes más que ahora, pero sin desaparecer – una enorme influencia educadora sobre las conciencias argentinas. Recordemos nuestros orígenes, básicamente hispánicos o itálicos; se entiende así que otros credos hayan tenido influencia menor.
El primer “romance” se da durante la larga historia colonial. Catequizadores primero: hubo de todo; explotadores, cómplices, gente sincera y humanitaria. El papel de los jesuitas fue impresionante; su labor en el terreno de la música, las artes y las letras, su sistema político cuasi-comunista, siguen causando asombro, y más si uno los ve enclavados en geografías inhóspitas como las que eligieron. Uno puede decir, y con razón, qué derecho tenían a cambiar las costumbres y creencias de poblaciones enteras. Pero al menos salvaron – por un tiempo – a miles y miles de indígenas de la esclavitud; llegaron a ser queridos. Expulsados los jesuitas, otras órdenes ocuparon su lugar, con bastante menos éxito. No olvidar que la Universidad de Córdoba, católica, fue por siglos la única de nuestro territorio.
Cuando se produce la revolución de Mayo, algunos sacerdotes la apoyan, pero por lo general el ala más progresista de los revolucionarios era anticlerical o masónica. La escasa educación quedó en manos de la Iglesia. Con el advenimiento de Rosas, ésta recobra su poder de antaño, pero Rosas prestó escasa o nula atención a la educación. Tras Caseros, se produce un intenso proceso de secularización. La Generación del ’80 es laica, liberal, anticlerical; quita la educación religiosa, crea el matrimonio civil, la Iglesia pasa a un segundo plano, no sin protestar. Lo feo viene después, con la desilusión que, tras la primera Guerra Mundial, provocan las democracias. Ahí se produce una combinación feroz: nacionalismo, iglesia, ejército. Es como si la Iglesia dijera: “Bueno, sus proyectos positivistas fallaron, aquí estamos nosotros, dispuestos a curar sus almas, como estuvimos siempre”. Pero vaya, ahí tenemos los ’20 y ’30, el fascismo, el antisemitismo, la revista Criterio, el nacionalismo católico-integrista. La Iglesia se encargó de educar al ejército, que hasta entonces había sido anticlerical. Y ambos, con apoyo civil, nos transmitieron la espantosa seguidilla de golpes de estado: 30, 43, 55, 63, 66 y el peor de todos, el del 76. La Iglesia los apoyó a todos; ese fue su aporte “educador”, desde su terror al marxismo y a la pérdida del status quo. Ojo, también hubo otras corrientes; uno no puede olvidar, por ejemplo, al padre Mugica, o a los Teólogos de la Liberación. Pero la propia Iglesia les cerró las puertas, y bastante poco le importó cuando los masacraron.
Hoy, desde el menemismo en adelante, sabemos del vaciamiento de la educación pública y del auge de la privada, mayormente en manos de la Iglesia. La paradoja: el gobierno de la ciudad de Buenos Aires aporta el triple para la educación privada que para la pública. Una cosa de locos. ¿La escuela privada sostenida por el estado y la del estado viniéndose abajo? Cosas del neoliberalismo que se niegan morir. Y por supuesto, todos los condicionantes que la Iglesia pone a la educación sexual, o a una visión de la historia donde quepa el mea culpa. Esto es, desde ya, una gruesa síntesis. En las últimas décadas, felizmente, se ha producido bibliografía de alto valor académico sobre el papel de la Iglesia en nuestra historia.

¿En qué te ayudó mudarte a Capital Federal?

Hablemos primero de las cosas buenas que tuve que dejar: los amigos, que me bancaron por etapas varias, difíciles algunas; una gran cantidad de ex alumnos que se han convertido en amigos personales, relaciones en las que el aprendizaje ha sido mutuo; la familia; los paisajes: extraño mucho el “vértigo horizontal” de la pampa. Son cosas que no tienen precio.
Los beneficios: Buenos Aires me insufló una buena, enorme dosis de humildad. En Dolores, al menos entre los que me registraban, no era difícil que me pusieran en un pedestal; los que me respetaban intelectualmente, bueno, me consideraban poco menos que un oráculo en materia de literatura o humanidades; los que me detestaban – también los hubo – fuere por envidia, competencia o por otras razones, bajo un signo opuesto, también me colocaban en un pedestal. Venirse a Buenos Aires significa que, si uno tiene un mínimo de conciencia de las propias limitaciones, ese pedestal se hace trizas en un segundo. Uno se enfrenta a la movida intelectual de aquí, traductores – hay uno que admiro profundamente, que también es dolorense, Pablo Ingberg - , escritores, artistas, gente brillante laburando en los sitios más inverosímiles, docentes de las universidades, sea en la de Quilmes, donde hice la licenciatura en Ciencias Sociales, o en la de Teología, donde curso ahora, ante los cuales solo cabe sacarse el sombrero. En contacto con esas personas, uno crece muchísimo. Dolores es un pueblo que ha producido y produce mucha gente sensible, poetas, artistas, pero las políticas culturales son tan erráticas o ineficientes o peor aún inexistentes… O peor aún, contraproducentes. Me ha tocado a mí y a muchas personas presentar proyectos culturales y salir echado como gato por tirante. En ese sentido, el ambiente – y la burocracia – pueblerinos son asfixiantes.
A nivel personal, me he permitido construir mi vida, lejos de la homofobia de Dolores. Dolores y sus instituciones quizás ya no recurran al insulto directo en ese sentido, porque no es “políticamente correcto”; hay que refugiarse tras una máscara de supuesto aperturismo. Pero la homofobia no solo se manifiesta por lo que se dice, sino por el silencio, lo que no se dice; es la otra parte del discurso. Una vida de ocultamiento, de marginalidad, de hipocresía, ya no la hubiera resistido. Creo que las minorías sexuales sufren lo indecible en los pueblos; de allí su huida a la gran ciudad, que no es un fenómeno nuevo, lleva siglos. Aunque muchos de los derechos básicos aún sigan sin conquistarse, también en la gran ciudad. Cavernícolas hay en todas partes.

Has leído la Biblia más de una vez. ¿Cuáles pasajes preferís?

Mirá, con la Biblia pasa como con Shakespeare, o con la Divina Comedia dantesca: uno no se enfrenta a un libro, se enfrenta a un cosmos. A lo largo de los años, son distintas las cosas que me han interesado de la Biblia, y en distintos planos. Uno de ellos, por ejemplo, es el estético, y por qué no: en gran parte, el conjunto de libritos que la integran son alta, a veces altísima, literatura. El Antiguo Testamento aún más, las cimas que alcanza en la prosa clásica o en la poesía son magníficas. El Nuevo nos resulta más cercano, pero en un plano estético, con excepciones, es menor; basta comparar el griego de un Mateo o aún de un Pablo, con el griego del siglo de oro ateniense para notar el abismo. Por supuesto, los evangelios, sus parábolas, tienen un encanto perenne; si tengo que elegir desde el plano estético, me quedo con Lucas; si desde el rupturismo subversivo, con el más viejo de todos, el muy radical y a veces menospreciado Marcos.
En el Antiguo, me sigue fascinando Job, creo que solo tiene un parangón en la literatura universal: la gran tragedia griega. Un hombre que sufre y que se dirige a sus amigos y a Dios mismo en una serie desbordante, alucinante de metáforas magníficas. Y que se cierra sin cerrar: la cuestión de por qué sufre el justo queda sin solución, sin dogma “tranquilizador”. Otro libro, desconcertante a primera vista, el Eclesiastés; un libro casi escéptico, una miscelánea brillante sobre la naturaleza y el destino humanos.
Ahora, hoy, hay otras cosas en que la Biblia no deja de sorprenderme. Los fundamentalismos tratan de mostrarla como un todo coherente, y su riqueza está precisamente en su incoherencia, en sus contradicciones. Su redacción llevó siglos, generaciones de hombres en búsqueda de respuestas, y en planteos provisionales. Lo loco es que allí mismo conviven posturas muy diversas, conceptos muy diferentes sobre la justicia, el bien, lo correcto, la historia. No sé si me explico. Doy un ejemplo: hay pasajes atroces, donde se justifica la guerra santa, la masacre en nombre de Dios, el ultranacionalismo del antiguo Israel. En otros pasajes, nos hallamos ante profetas pacifistas, universalistas, conciliadores. De antítesis como ésta, la Biblia está llena; sobre una cuestión se proponen, a lo largo del tiempo, varias, muchas respuestas. Y lo sorprendente es que todas entraron en el canon. Quizás los antiguos judíos y los primitivos cristianos sabían que no había una respuesta única, y conservaron todas; todas las corrientes teológicas entraron en el canon, y si se contradecían, no importaba. Sólo después se trató de fijar dogmas inequívocos que “solucionaran” esas contradicciones.
Otro interés mío, hoy por hoy, es ver las cuestiones de género en la Biblia. Siempre se creyó que había en ella un modelo de familia único; cada época proyectó al revés, desde la posteridad hacia el pasado, su modelo de vínculos. Pero la familia burguesa poco tiene que ver con el amplio espectro bíblico, donde conviven poligamia y monogamia, familias férreamente patriarcales con mujeres totalmente independientes, amores libres, erotismo en grado pleno como en El Cantar de los Cantares… y también homosexuales. Siempre se supuso que los griegos habían sido súper aperturistas al respecto (allí están el Banquete, o el Fedro, de Platón, por ejemplo) mientras que la cultura judeocristiana sólo había puesto restricciones. Estudios más recientes, desde los ’50 en adelante, nos muestran exactamente lo contrario: que la vieja historia de Sodoma nada tiene que ver con la homosexualidad sino con la falta de hospitalidad; que la Biblia está llena de homosexuales, como David y su amante Jonatán, como el esclavo-amante del centurión romano que Jesús curó y todavía felicitó. Historias que siempre estuvieron allí, pero que el velo de la homofobia había cubierto. Hasta Dios mismo, que en el Antiguo Testamento se muestra bajo metáforas antropomórficas, también se presenta como madre-mujer, o como un guerrero con amantes masculinos. ¿Parece urticante, no? La verdad es que no hace falta demasiada erudición para descubrir esas facetas… o para no querer verlas.
Una última acotación, en otro plano: también ha sido una maravilla para mí intentar leer las Escrituras en su idioma original. Con el griego del Nuevo Testamento me llevo bastante bien. En el hebreo estoy dando mis primeros, difíciles, hasta ahora bastante infructuosos pasos.

¿Qué libros sobre religión recomendás para quienes deseen iniciarse en el tema?

Recomendar libros es toda una responsabilidad, en especial porque la oferta es mucha, y van desde la banalización hasta la erudición tecnicista que dificulta mucho la lectura del no iniciado. Sobre el tema religioso en general siguen siendo imprescindibles los textos de Mircea Eliade, como Lo Sagrado y lo Profano, El Mito del Eterno Retorno, y sobre todo, la muy voluminosa pero documentada y apasionante Historia de las Creencias e Ideas Religiosas, que va desde el Paleolítico hasta el siglo XX; son cuatro tomos. Para una buena introducción al judaísmo y al cristianismo, son muy accesibles los libros del historiador británico Paul Johnson, políticamente conservador, pero muy honesto en cuestiones religiosas: Historia de los Judíos; Historia del Cristianismo; ambos los publica Javier Vergara Editor. No son obras de un teólogo, a veces adolece en el manejo de fuentes primarias, pero son muy buenos. Para el Islam, Historia de los Árabes, de Albert Hourani, también en Javier Vergara. Un librito apasionante sobre los fundamentalismos norteamericanos es La Religión Americana, de Harold Bloom, con intuiciones brillantes; su tesis cardinal es la radical diferencia del fenómeno norteamericano de cualquier rama europea del cristianismo.
Y por supuesto, como diría Unamuno, no hay que olvidarse de los clásicos, de las fuentes. En el caso judeocristiano, la Biblia obviamente. Tenemos muchas – demasiadas – traducciones. Por su rigor científico a nivel traducción, sus notas filológicas, arqueológicas, lingüísticas, históricas, la más recomendable sigue siendo la última edición de la Biblia de Jerusalén, que es de 1998; cuidado con la edición de bolsillo, que quita gran parte de esas valiosas notas. Como traducción “literaria”, la más bella es la Biblia del Peregrino, de Schökel. Ambas son católicas. Dentro del mundo protestante hispánico, la Reina-Valera es todo un clásico. Su primera edición se produjo en 1569, pleno Siglo de Oro español; revisada varias veces, la última en 1995; la edición de estudio tiene notas abundantes, pero no demasiado jugadas.
Después – en cuanto a clásicos – que el lector elija. Confieso que hay textos más ilegibles que otros. No es lo mismo leer las Confesiones de San Agustín, que es casi una novela, que la Suma Teológica de Tomás de Aquino o las Instituta, de Calvino; se precisa tiempo y abnegación para obras tan arduas.

¿Estás escribiendo alguna obra?

Siempre hay una “work in progress”, como decía Joyce. Estoy revisando y corrigiendo textos viejos, de los que se salvaron del fuego. Estoy haciendo, por puro placer nomás, mucha traducción de poesía, de grandes poetas, como Baudelaire, Rimbaud, Nerval, Pessoa, Mallamé, Leopardi, Ungaretti… La traducción poética es ardua y siempre insatisfactoria tarea; y humilde. Uno lucha con gigantes, sabiendo que tiene todas las de perder. Pero es un buen ejercicio para la propia poética. Y más cuando ya no se produce tanto propio: es que la poesía, la escritura de poesía, va en cierta medida aliada a la desdicha. Y yo hoy me siento muy feliz… para desgracia de mi poesía. Así que también incursiono en el ensayo, y hasta en algo que quizás sea mi cuarta novela (contando una publicada y dos que tiré a la basura), aunque de novela narrativa parece tener bien poco. Por ahora se llama “Santos Vega en los infiernos”.

¿Cuáles son los escépticos más grandes para vos?

Más que los obvios, los que Ricoeur llamó “maestros de la sospecha” (Freud, Marx, Nietzsche; yo agregaría a Feurbach, Voltaire o el ya lejano Diógenes el Cínico), me interesan aquellos que han luchado con sus raíces cristianas y lograron una estetización o una sublimación. Pongamos el caso del cine, que sé es una de tus pasiones. Fuera de Dreyer, que era creyente y fanático de Kierkegaard, ¿no es paradójico que el más alto cine “teológico” haya sido realizado por un agnóstico como Ingmar Bergman? Un cine atravesado por Niezsche, pero también por Kierkegaard – habría que hacer todo un estudio sobre la influencia de Kierkegaard en el cine. Bergman cruza, a grandes rasgos, por tres etapas, la primera marcada por su lucha con sus fantasmas cristianos, después otra donde traza una dialéctica sobre la incomunicación humana sin perder de vista el tema del “silencio de Dios”, y por último, una suerte de reconciliación, donde el tema de la salvación se da a través del arte, en su megafilm Fanny y Alexander, un poco como en el poeta William Blake. Son los tres estadios de Kierkegaard, pero al revés: el religioso, el ético y el estético. Algo similar con el gran Andrei Tarkovsky; agnóstico también, con fuerte presencia de lo religioso, especialmente en su último e inclasificable film, El Sacrificio… que también está atravesado por Kierkegaard. ¡La pucha! Sí o sí hay que hacer ese estudio sobre Kierkegaard y el cine.
En el área de la literatura, me fascina ver cómo los grandes místicos – San Juan de la Cruz, Angelus Silesius, Santa Teresa, Meister Eckhart – han influido en escritores para nada religiosos, como Paul Valéry, el propio Borges, Juan Gelman. La confluencia de cristianismo y arte ha sido muy fructífera, incluido para los ateos.
En el terreno de la filosofía, no puedo obviar a Michel Foucault, que ciertamente no era cristiano pero consideró a Dumezil, teólogo y mitólogo, como uno de sus grandes maestros. A la hora de la militancia, no tuvo reparos en actuar junto a clérigos de izquierda. Y por supuesto, allí está en Foucault una de sus teorías más revulsivas: el psicoanálisis no es revolucionario, sino el fin de una etapa muy vieja; el psicoanálisis no destapó ningún tema nuevo, sino que fue la culminación de una indagación sobre los cuerpos y el deseo, tarea que, siglos atrás, había preparado la “pastoral” cristiana, con sus manuales de confesión y su obsesión con la “carne”.



http://www.eldolorense.com/detalle_noticia.asp?id_noticia=37963

ENTREVISTA AL ESCRITOR Y DOCENTE JUAN CARLOS SANCHEZ SOTTOSANTO – (Primera parte)


En exclusiva para eldolorense habla de su experiencia como Testigo de Jehová, el desengaño y el cambio gradual que lo ubica donde ahora está, el Papa Benedicto XVI y las religiones de Oriente. Por Sebastián Cretón.-

Por Sebastián Cretón. Para eldolorense.com.-
http://www.eldolorense.com/detalle_noticia.asp?id_noticia=37561

jueves, 21 de enero de 2010

¿Cuánta autonomía debe tener un banco central?

Por Nicolás Tereschuk

08-01-2010 /  Al menos, la crisis política desatada por el enfrentamiento entre Martín Redrado y el Gobierno nacional ha reeditado un necesario debate en la Argentina: ¿cuánta autonomía es deseable para la autoridad monetaria?


El jefe de la bancada oficialista de senadores, Miguel Ángel Pichetto, salió a reconocer que “habría que reprocharle a [Néstor] Kirchner que en el momento de mayor poder, cuando tenía todo a favor, no hizo un proyecto para modificar la carta orgánica” del Banco Central. Tras la gresca con Redrado, el legislador pidió “remediar la actual situación en la que el Banco Central, sea quien fuere su titular, puede ubicarse por fuera y, como ocurre ahora, en oposición a las decisiones del Poder Ejecutivo”.
En los países en vías de desarrollo, el lobby por la autonomía de los bancos centrales se desató junto con otro paralelo, que definía al ajuste estructural como base de toda política económica sana. Repasar las fechas de la ola de reformas de esas instituciones en la región es un buen ejercicio: Chile (1989), Argentina (1991), Colombia (1991), Venezuela (1992) y México (1994). No parece una casualidad el período histórico en el que se concretaron las modificaciones a las cartas orgánicas.
Un paper publicado por el FMI en el 2007 (Central Bank Autonomy: Lessons from Global Trends, de Marco Arnone, Bernard J. Laurens, Jean-François Segalotto y  Martin Sommer) nos ayuda a evaluar dónde quedó parada la Argentina en este aspecto. De acuerdo con este trabajo, si tenemos en cuenta la “autonomía política” –esto es, la capacidad del Banco Central de seleccionar sus objetivos de política monetaria–, el BCRA es hoy el más autónomo de la región, por sobre los de Brasil, Chile, Perú y Venezuela. Es que la nada sutil Carta Orgánica del Banco Central no deja lugar a dudas: “En la formulación y ejecución de la política monetaria y financiera” la entidad no está sujeta a “órdenes, indicaciones o instrucciones del Poder Ejecutivo nacional”. Nada menos.
En el caso argentino, el paper evalúa que, formalmente, no se requiere aprobación del Gobierno para la formulación de la política monetaria y que existen cláusulas legales que fortalecen la posición del Banco Central ante posibles conflictos con el Ejecutivo. Por ejemplo, en Brasil, ambos aspectos están ausentes.
Además, no deja de llamar la atención que para este estudio del FMI, el Banco Central de la República Argentina sea hoy “políticamente” más autónomo que las autoridades monetarias de los Estados Unidos, el Reino Unido, Nueva Zelanda y Canadá. En otro nivel quedan los bancos centrales de Japón y Corea, dos países desarrollados en los que prácticamente no hay frontera entre la política monetaria y los dictados del gobierno.
Yendo a la autonomía “económica” –la capacidad de los bancos centrales de seleccionar con qué instrumentos se pondrá en práctica la política monetaria– la situación es más pareja a nivel regional. Por ejemplo, las entidades de la Argentina y Brasil cuentan con el mismo nivel de autonomía. Claro que es aún más alta que la que este tipo de instituciones tienen en España, Italia, Alemania y Holanda.
El completo estudio realiza también un corte intertemporal y señala que el Banco Central de la República Argentina era casi la mitad de autónomo del Gobierno en la década del ’80, por ejemplo, cuando gobernaba Raúl Alfonsín, que en la actualidad.
Si decide reformular de manera integral la Carta Orgánica del BCRA, el oficialismo no tiene más que echar mano al proyecto de Mercedes Marcó del Pont, del 2007, que llegó a obtener dictamen en la Comisión de Finanzas de la Cámara baja. La iniciativa no hace sino transparentar una idea que se ha hecho parte del sentido común en muchas fuerzas políticas, más acá o más allá del oficialismo.
Decir que el objetivo del Banco Central debe ser “preservar el valor de la moneda, de un modo consistente con las políticas orientadas a sostener un alto nivel de actividad y asegurar el máximo empleo de los recursos humanos y materiales disponibles, en un contexto de expansión sustentable de la economía” no debería ser discutible para ninguno de los dirigentes que coquetean con suceder a Cristina Kirchner. El lacónico “preservar el valor de la moneda” que puede leerse en la actual norma no hace sino recordar al Estado ausente de la década del ’90.
No puede decirse que la actual titular del Banco Nación sea revolucionaria en sus planteos. El proyecto de su autoría apenas busca poner las cosas más cerca de un justo medio, de adecuarlas a las actuales necesidades de la Argentina. En los fundamentos del proyecto, advirtió que el régimen de política económica vigente durante la gestión de Carlos Menem y hasta ahora fue demasiado lejos: “Prohibió al Banco Central todo financiamiento de las actividades estatales y privó al sistema bancario de su rol tradicional como prestamista de última instancia”.
La economista subrayó además la incoherencia en términos regionales que se vive en la Argentina, lo que se evidencia en el paper del FMI. Destacó que “la coordinación entre el Ministerio de Economía y el Banco Central” está legalmente especificada incluso en las Constituciones de varios países, como las de Colombia o Paraguay. También recordó que el Banco Central de Brasil, si bien no es autónomo de iure, sí lo es de facto, como está ampliamente reconocido.
Quizás sea una buena oportunidad para volver a poner este debate en el ámbito del Congreso, pensando en el mediano plazo, más allá de los coqueteos políticos, las disputas mediáticas y la discusión por los vencimientos de deuda del 2009.

Nicolás Tereschuk
Politólogo. Coeditor de Artepolitica.com




Comentarios (3)
Iñaki
16:59 hs.
20.01.2010
Brillante ! Muy buena nota ! Cabría acotar, que hoy en día, y luego de Bretton Woods 1971, cuando EE.UU. desconoció el patrón oro para su moneda , las monedas actuales son fiduciarias, esto es no se corresponden necesariamente con una cantidad determinada de oro o reserva en moneda dura .
aitao
13:11 hs.
15.01.2010
No hay estructura social más psicológicamente incorporada y aceptada en la actualidad que el sistema monetario. Su status y razón de ser son raramente cuestionados protegiéndose detrás de una aparente y disfrazada complejidad, que en realidad no tiene. En consecuencia, ¿cuál es la verdadera función de los bancos y el sistema monetario? ¿Cómo influyen y determinan la desigualdad en la distribución de los recursos y el aumento de la pobreza? VER: http://aitao.posterous.com
NO

miércoles, 20 de enero de 2010

"A Mario": ¡pucha qué lindo!

Martes 19 enero 2010 2 19 /01 /2010 21:22

Sonetos, cuasi-sonetos, antisonetos, sones.



el-viajero-del-bosco.jpg



 
I
 
Y los cardos perdieron la avaricia
de liturgia; los cirios se apagaron
del lirio y del junquillo; se quedaron
sin teurgia los campos. La caricia
           de algún último dios resultó en vano.
Ya no es sacra la noche, profanada
de ausencia y de presencia de la nada.
El sol apenas ocre sobre el llano
           se niega a devolverme lo perdido.
¿Por qué debo hablar siempre con fantasmas?
¿Por qué el cauce se deviene en miasma?
¿Por qué un túmulo donde otrora un nido?
           Desamparados campos, sin un rastro
del aura de los rostros y los astros.
 
II
 
           Un dios en los confines se disuelve
y nos deja este mundo de cenizas.
Bajo el orbe lunar quedan las trizas.
El polvo al polvo y a la brasa vuelve.
           Así proclamo hoy. ¿Qué haré mañana,
si ayer proclamé que no creía,
y más atrás, ninguna acefalía
me privó de esperarTe en la lejana
           semilla de plegaria? Estamos solos,
y los dos nos creímos refugiados
en certeza de Dios, o que creado
por el Tú que no eres es todo el dolo
           de este mundo que en soñarte persiste
cuando Tú de soñarnos desististe.
 
III
 
           Breve bitácora en el breve viaje.
A los sitios que huí hoy me regreso.
Oh terca persistencia del exceso
de solaz del dolor. En mi equipaje
           he plegado un murmullo de recuerdos,
y una música leve me quisiera
traer, y resurrecto, yo me viera
en un paisaje que se penetra lerdo.
           Qué habrá tras la fragancia del aromo,
qué habrá en los fondos de los charcos,
qué habré en tantos ojos zarcos
que me asoman y a los que no me asomo.
           Misterio es regresar, no haber partido,
concéntrico argonauta del olvido.
 
IV
 
Olvidados que un día fuera el Otro
quien el encuentro fraguó, que sin cimientos
hoy sabemos, volvemos a encontrarnos y el nosotros
en pura nimiedad entretejemos.
           Nos restan fragmentos de los rostros,
excusas del morir, vanas palabras,
y ardemos en amores y en calumnias,
pero cuánta inocencia, pero cuánto de ingenuos
           trazamos al cruzarnos y rehallarnos
casi otros también, ya no nosotros
sino apéndices del ayer que fuimos.
           Y gastamos la tarde, desgastamos
las rocas del vocablo, y en la puerta,
no importa que día es hoy, yace el otoño.
 
V
 
           Sobre mis propias huellas me percibo
extranjero; ni al menos peregrino:
extranjero; y no son falsas las huellas
sino mis pasos hoy, y el hoy la vana
           ilusión de reflujo; calcifica
la arena lo que fue o pudo haber sido,
y la noche hace el resto; no hay Itaca,
ni siquiera hay Ulises, ni siquiera
           Telémaco; mi puñado de greda
cae en los surcos extraños, la belleza
se exilia en cierto otoño, una mañana
que reinventé hacia mí, que es toda clara.
           Oh abeja parmenídea que quisiera
en un zumbido eterno detenida.
 
VI
 
           Ellas labran la tierra que otrora
les fuera masacrada de cemento.
Ellas trazan los surcos, se acuclillan
casi en adoración, y la caléndula
           les responde con llanto de colores.
Es feraz esta tierra, y tras de cardos,
explotan los rosales y el eneldo.
La tierra hace olvidar, la hierba
           más humilde en Leteo transfigúrase.
Soledad y vejez saben de arrugas,
de muertos días, de excesivos días.
           Pero cuánto complace un paraíso
de rectángulo mínimo, casi un viaje
de bálsamo a los años malheridos.
 
VII
 
           Ya habiendo dicho todo, o repitiendo
las pequeñas hazañas de un pasado
que finge ser idilio en el hartazgo
del hoy – un hoy de previa periferia
           tan salobre, tan cruel, que se perdona
soñar con un sur de paraíso –
quizás en el sopor que da el estío
entornemos los ojos, descubriendo
           pese a todo el regusto de falacia.
Y entreabriendo los ojos, y cerrando
los labios, más que angustia, tedio o limbo,
           nos sintamos en el vacío, cómplices,
maniatados al pacto malherido
de la sacralidad que da el silencio.
 
VIII
 
           Ausencia, sólo ausencia, da certeza
de amor; emprendido ya el viaje,
el roce de los cuerpos se entreabre en vacío,
y el vacío da cuenta del amor que
           impide la poesía en la presencia.
Ausencia, sólo ausencia, da certeza
de la noche poblada, del despueblo
que los roces acéfalos impiden.
           No se puede hacer versos de la dicha.
Pude escribir raudales al no habido
amor, o al rostro esquivo sempiterno
que me dolió una vez. Ahora, amado,
           sólo ausencia despliega su halo
para encontrarte aquí, entre mis versos.
 
a Mario