lunes, 28 de diciembre de 2009

Contexto sobre el frente judicial de la Ley de Servicios Audiovisuales

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Contexto sobre el frente judicial de la Ley de Servicios Audiovisuales

miércoles, diciembre 23, 2009

Los fallos recientes aparecen hilados con una notable coincidencia temporal, como los actos terroristas de Al Quaeda, incluso con la cronología casualmente exacta para que no puedan ser revertidos antes de la feria judicial de Enero. Lo que sigue, noticia breve de cada uno (en el título, link a la nota de La Nación que desarrolla el caso) y un resumen ejecutivo de cómo veo la cosa.


Por orden de aparición.



A - El fallo del juez civil Edmundo Carbone.

Se trata seguramente de la mejor demanda y la más importante: es el único fallo que se dicta a pedido del Grupo Clarín, que eligió este fuero para hacer su cabecera de playa en Tribunales. Equi Cassagne dice [citado por AV en LN] que está bien que así sea porque el juez "aplicó derecho privado". Pero seamos buenos entre nosotros, ese no es ni será el eje del tema sino un rebusque de forum shopping: si el derecho invocado por el grupo consiste en un conjunto de licencias dadas por la autoridad administrativa, bajo un régimen de ostensible publicatio, eso es derecho administrativo puro y duro, y debe debatirse no en el civil, sino en el contencioso. Que parece ser un fuero menos permeable a este tipo de planteos preventivos o prematuros.

El detalle: Hace algunos años, el juez Carbone acogió un amparo contra el canal Space ordenando prohibir la emisión programada de la película "La última tentación de Cristo", marcando uno de los pocos precedentes de censura previa judicial en el país en períodos democráticos. La orden fue luego revocada por la Cámara.


B. Fallo del juez federal de Salta, Miguel Antonio Medina.

A pedido de una ONG de consumidores que quiere evitar que se afecten los monopolios, suspendió los límites que fija la norma a la acumulación de licencias, frenó el plazo de un año para vender empresas que exceden esos límites y le ordenó al Ejecutivo "abstenerse de reglamentar la norma". Alega para ello la doctrina de "Halabi", lo que es claramente improcedente a mi juicio porque no hay homogeneidad fáctica y normativa en el vasto marco de regulación que implica la ley de servicios audivisuales.

El detalle. Leemos: CODELCO, la ONG que litigó el caso, es dirigida por Guillermo Durán Cornejo, diputado provincial por el Partido Conservador Popular salteño. "Entre sus hitos recientes destacan su oposición a la reestatización de la empresa Aguas de Salta, siendo que –tal como se denunció en su momento– la organización que preside recibía aportes de dicha compañía".

C. Fallo de la juez Pura de Arrabal, en Mendoza.

La jueza que tiene un nombre que parece el de una película de Sofía Bozán hace lugar a un amparo de un Diputado Nacional, que denunció irregularidades en el trámite legislativo. Es una línea de acción de bajo impacto real, establecido como está que las cuestiones de interpretación de los reglamentos de las cámaras son resorte exclusivo del Congreso. La excepción que se cita al respecto, el caso "Binotti" de 2007, tiene que ver con el control judicial de la forma en que se computan las mayorías, problema que no tiene esta ley: está claro que las mayorías se lograron holgadamente. Digamos también que la condición de diputado no confiere legitimación al efecto (cf. caso "Polino y Bravo", litigando en 1994 contra la ley que habilitaba la reforma constitucional)



El detalle. La jueza Pura de Arrabal fue la que tiempo atrás ordenaba a Canal 7 interrumpir las transmisiones de su repetidora en San Rafael, a pedido del Grupo Vila, cablero principal de la provincia.


El futuro


Por lo menos, así lo veo yo.

1. Estas -previsibles- primeras demandas tienen observables problemas técnicos de competencia, legitimación o procedibilidad, que han sido cuidadosamente obviados por los jueces que despacharon ejecutivas cautelares en contra de la Ley. Cuentan para ello con la ventaja de ser fallos dictados inaudita parte, de modo que el Gobierno no tuvo la oportunidad procesal de decir nada al respecto, y ponderadas con la lógica del prima facie, que no exige demostracioens acabadas sino que se hace un poco a la sans façon.

2. Con lo cual estas sentencias de tipo cautelar serán muy probablemente revocadas en todo o en su mayor parte. Ello no implicará un "blindaje" ni una "validación" de la ley, sino un fallo sobre los fallos que prematuramente la descalifican. Las cuestiones de fondo (muchas) aparecerán cuando se vayan discutiendo actos concretos de la autoridad de aplicación.

3. Aunque estas escaramuzas previas son en ese sentido poco relevantes, el Ejecutivo debiera tomar nota y organizar un proceso de transición prudente, transparente y quirúrgicamente calculado para no dejar cabos sueltos fácilmente impugnables. Una mala señal en ese sentido es la desafortunada e improcedente designación de un gobernador de provincia como número uno de la autoridad de aplicación federal.

4. También debe comprenderse que no es algo que pueda hacerse desde un solo despacho a punta de puros decretos y apelaciones: necesitará el gobierno mantener la cohesión del grupo que trabajó a favor de la ley, muchos de los cuales tendrán que demostrar la continuidad del apoyo actuando y litigando en el vasto capítulo judicial que recién se empieza a abrir ahora, y que no va a ser un desfile para nadie.

5. Olvidémonos de los "detalles" señalados. Son argumentos ad hominem y con esos argumentos no se ganan partidos judiciales.

6. Feliz Navidad para todos.


Posdata.

La impresentable demanda de la provincia de San Luis está en la Corte Suprema, que la va a tratar sin intermediarios porque es un caso en el que actúa como instancia originaria. De ser aceptada, tendría un efecto irónico: si es cierto que el Congreso no pudo legislar sobre el tema, el argumento también afecta a la "ley" preexistente -la cual, ejem, ni siquiera "salió" desde el Congreso-, con lo cual ... caería también el régimen en virtud del cual todos los canales, cables y radios han gestionado y conseguido sus licencias. Lo peor que le podría pasar a Clarín sería que prosperara el argumento de San Luis. Obviaremos comentarios al respecto: no va a andar.


Lnks

- Sobre las cuestiones de fondo involucradas en la ley de medios hemos escrito aquí varias veces: "primera mirada", "asuntos constitucionales", "ley piquetera", "el día después".

14 comentarios:

Nacho dijo...
Pst, fijate que le pifiaste al link de la nota que dice lo de la ONG. Pusiste una nota de La Nación donde dice "leemos" en vez de la de Página que decía lo que citás.

Salute.
23 diciembre, 2009  


Francisco dijo...
Gustavo,

Respecto al fallo del Juez Carbone. Hace unas semanas, comentando los fallos sobre el matrimonio gay, te señalé que en mi opinión una jueza contencioso no tenía competencia para decidir cuestiones referidas al Código Civil. En su momento no le diste tanta importancia al tema competencia y te afirmaste el latiguillo del "control difuso".
Me parece que no estás siendo coherente.
23 diciembre, 2009  


Francisco dijo...
Gustavo,

Respecto al fallo del Juez Carbone. Hace unas semanas, comentando los fallos sobre el matrimonio gay, te señalé que en mi opinión una jueza contencioso no tenía competencia para decidir cuestiones referidas al Código Civil. En su momento no le diste tanta importancia al tema competencia y te afirmaste el latiguillo del "control difuso".
Me parece que no estás siendo coherente.
23 diciembre, 2009  


Anónimo dijo...
Gustavo, algunas precisiones sobre la causa de Clarín en el juzgado de Carbone, patrocinada por G. Badeni y J.C. Cassagne -quién al menos tuvo la "delicadeza" de mandar a su hijo a opinar sobre la medida cautelar, en cambio Goyo tiró su parecer como si fuera un jurisconsulto independiente-.
En rigor, el expediente se inició con la media sanción de diputados por las supuestos violaciones al Reglamento de la Cámara. Antes de fallar la cautelar tan discutida, Carbone dictó otros tres pronunciamientos: a) se declaró incompetente; b) rechazó la cautelar primigenia; y c) dijo que con la sanción de la ley la petición devenía abstracta y ordenó el archivo de las actuaciones. Las resolciones a) y c) fueron revocadas por la Sala I de la Cámara -la primera, en decisión dividida-. De hecho, al resolver la cautelar Carbone empezó aclarando que su intervención obedecía a lo ordenado por la Cámara.
El tema del forum shopping que mencionás es cierto pero ya es una práctica generalizada en esta clase de conflictos. Lo que pasa es que en otros casos importantes Contencioso Administrativo Federal -un fuero ciertamente más permeable a la actual administración- ha pretendido quedarse expedientes del fuero civil y comercial federal en los cuales se impugnaban decisiones en materia de defensa de la competencia -según el decreto reglamentario de la ley 25.156 la competencia corresponde a civil y comercial federal-. Y en esto no sólo tienen culpas las empresas invlucradas, el propio Estado Nacional hace jugarretas procesales para litigar en fueros amigables. Específicamente, me refiero a dos causas: la fusión de Multicanal-Cablevisión y el conflicto en Telecom Argentina por la entrada de Telefónica como accionista minoritario en Telecom Italia.
El fallo en sí es bastante débil, entre otras cosas señala que LSA transgrede los arts. 3 y 1324 del Código Civil, como si éste tuviera una jerarquía especial.
23 diciembre, 2009  


L! dijo...
No se si todos los lectores lo saben, pero en el fuero civil y comercial federal la asignación de las causas a los juzgados no se hace por sorteo sino por turno. Es decir, dependiendo del día en que se inicia una acción, se asigna el juzgado.
¿Es así en todos los fueros federales? ¿por qué será?
23 diciembre, 2009  


Anónimo dijo...
L! Sólo en materia de medidas cautelares y amparos la asignación es por turno; y no depende del día, es semanal. Cuando en su momento se introdujo el sistema informático, se mantuvieron los turnos para esas cuestiones por pedido de los jueces de primera instancia. Decían que era para tener mejor orden en cuestiones urgentes -vgr. en amparos de salud contra las obras sociales-.
De todos modos otros fueros federales tienen sorteo informático y es bastante sencillo de digitar.
23 diciembre, 2009  


Lionel Hutz dijo...
Sobre el tercer fallo, está bien que el fallo "Polino" veda la legitimación activa por la sola condición de diputado, pero no te parece que sería hora de revisar esa doctrina?
Por otro lado, dónde se pueden leer estos fallos?
23 diciembre, 2009  


Juan (de Mendoza) dijo...
Gustavo, un comentario sobre la Dra. Arrabal. Soy de Mendoza, y litigo en Mendoza. He tenido juicios contra el grupo Vila, por tema de juegos y casinos en el juzgado federal, y la Sra. Jueza FEDERAL se declaró competente para suspender cautelarmente un decreto provincial, porque el actor (un miembro del sindicato de empleados del casino provincial cuyo agravio era que si se ponían casinos privados en Mza el perdería plata -porque hay un plus para empleados del casino provincial por las ganancias del casino -jua jua-) dijo que había que citar a la AFIP por que la empresa hotelera podría estar incumpliendo obligaciones tributarias. Es decir que la ¿Dra? Arrabal en un solo caso: a) reinventó la competencia federal; y b) sostuvo que prima facie el daño del empleado existía -estoy preparando una acción para que no dejen a nadie más matricularse en Mza-.
Demás está acotar que casi todo lo de Vila suele caer en ese juzgado, que los tragamonedas del Casino de Mendoza son de Vila, que el grupo UNO medios es de Vila, y que el fallo de la Dra. Arrabal fue estratégico.
Por último, la Dra. Arrabal vive en el barrio privado de quien? Sí sí, de Vila.
Saludos, muy bueno el blog. Sobre la ley de medios mi postura es muy ni,pero me da bronca los que tienen jueces en su equipo.
23 diciembre, 2009  


Gustavo Arballo dijo...
Nacho - gracias x avisar, corregido.

Francisco - lo que pasó en aquel caso es que los litigantes pueden mostrar un acto denegatorio orgánicamente administrativo que les permite ir por el carril del contencioso, aquí lo que hay es una declarativa que parte de la falacia nominalista; "propiedad privada" = "derecho privado" = "juez que aplique derecho privado".

Anónimo - Muy cierto e instructivo comentario. Todo el que puede forumshopinear, forumshopinea.

Lionel - Los fallos están cuidadosamente tabicados, lo cual me parece malo y un poco raro. Si los encuentro linkeo y notifico via comment. Si alguien los tiene, se lo agradecemos con garrapiñadas. "Prima facie" estoy de acuerdo en que la condición de diputado no debe dar ningun plus de legitimación. Claro que también admitiría que eso pueda ser discutido por un ciudadano común, sin ser diputado ni senador, si le afecta, como de última lo admitió la Corte en el caso "Benotti", con los límites que yo señalé en el post.

Juan de Mendoza - No quiero agregar detalles que ya señalé como irrelevantes. Dicho esto: ¿es verdad que la Señora Pura es madrina de uno de los hijos de Dani Vila?
23 diciembre, 2009  


Anónimo dijo...
Gustavo, el lunes veo si te puedo pasar los fallos de civil y comercial por mail -ahora los tengo en papel-. Y si no te digo dónde los podés pedir. Felices fiestas.
24 diciembre, 2009  


Anónimo dijo...
Sorprende la ligereza con que, sin conocer la exposición de los hechos más que el derecho invocado (tal el marco en el que se interpretan las cuestiones de competencia, y así lo hizo la Sala I al fijar la competencia civil y comercial federal en el caso de la medida cautelar del Grupo Clarín) los académicos de blog- la turris eburnea del siglo XXI - resuelven la incompetencia de Carbone. Casi con la misma rapidez, certeza y falta de información que Anibal Fernández y Alak.

La ley de Medios Audiovisuales además de aspectos regulatorios, afecta derechos adquiridos en cuya protección se pueden invocar normas de derecho privado. Claro que los agravios del Grupo Clarín no se agotan en la acción planteada en Civil y Comercial Federal sino que apenas terminada la feria iniciará acciones en el fuero Contencioso Administrativo Federal para resguardar otros derechos.

El timing, estimados doctrinarios, y la secuencia en que se iniciaron y se iniciarán las demandas obedece a cuestiones tácticas que ningún abogado serio que se dedique a estrategias judiciales puede desconocer. Idem la elección, conforme a derecho, del fuero, la oportunidad y la comunicación.

Y todavía no empezó el juego en serio.

Ah, como pude leer el folletín editado por Rodríguez Saa y escrito por el mediocrísimo Barra, puedo coincidir 100 % en cuanto a la impresentabilidad de la mencionada presentación. Tiene párrafos absolutamente bizarros.

Me interesaría muchísimo conocer los fundamentos, no cháchara blogera, por los que sería incompetente el Fuero Civil y Comercial Federal cuando el litigio pueda resolverse exclusivamente por normas del derecho privado.

Crompton (ligeramente sesgado ya que, sí, estoy trabajando para Clarín en la estrategia contra la ley de Medios)
24 diciembre, 2009  


Anónimo dijo...
Que tiene que ver los academicos del blog con la "turris Eburnea". No sé que es lo que es la turris esa, please desbúrreme alguna anima caritativa
25 diciembre, 2009  


Gustavo Arballo dijo...
Amigo crompton estratega nochebuenístico, seré breve, el mantra "el litigio puede resolverse por normas del derecho privado" fracasa al momento en que yo me remito .. oops, a una licencia limitada y condicionada, conferida via acto administrativo, bajo un régimen fuertemente regulado por normas de derecho público, luego reemplazado por otro que será aplicado también por una autoridad administrativa.

Luego estamos de acuerdo en lo sustancial, que el tema va para largo, esto ya se dijo acá desde antes de que sancionaran la ley, no es sorpresa para nadie, como tampoco lo son los yeites y las tácticas que comprensiblemente se ensayan con mejor o peor suerte y predisposición.

Manto de piedad sobre la boutade sobre la torre de marfil porque se autorefuta sola, cualquiera que consume este y los otros blogs amigos que siempre linkeamos saben que es manifiestamente lo contrario: embarrarse en la mirada de casos concretos y calentitos, opinar on the spot.

Salud, feliz navidad y fútbol para todos!! (btw, ¿ya le iniciaron el megajuicio a la AFA o ahí también están esperando la feria?)
25 diciembre, 2009  


Anónimo dijo...
Turris what the helll....????????????????
26 diciembre, 2009  


http://www.saberderecho.com/2009/12/contexto-sobre-el-frente-judicial-de-la.html
 

domingo, 27 de diciembre de 2009

Los Mercados Efimeros y las Tarjetas de crédito. Sobre un artículo de Zigmunt Bauman


El capitalismo se especializa en la creación de problemas (las tarjetas de crédito), no en su resolución.
Gödel & Rosa Luxemburgo

Por Zymunt Barman
traducción de Joaquin Ibarburu

Tal como puede leerse aquí,  Zygmunt Bauman vuelve sobre el tema “le capitalismo como un perro que se muerde la cola”. Asunto sobre el que hice una reseña en el artículo Mercados Efímeros

igual que los sistemas de los números naturales del famoso teorema de Kurt Gödel, nos cuenta el autor,  el capitalismo no puede ser al mismo tiempo coherente y completo. Si es coherente con sus propios principios, surgen problemas que no puede abordar; y si trata de resolverlos, no puede hacerlo sin caer en la falta de coherencia con sus propias premisas.

Mucho antes de que Gödel escribiera su teorema, Rosa Luxemburgo publicó su estudio sobre la "acumulación capitalista" en el que sugería que el capitalismo no puede sobrevivir sin economías "no capitalistas"; puede proceder según sus principios siempre cuando haya "territorios vírgenes" abiertos a la expansión y la explotación, si bien cuando los conquista con fines de explotación, el capitalismo los priva de su virginidad precapitalista y de esa forma agota las reservas que lo nutren. En buena medida es como una serpiente que se devora la cola: en un primer momento la comida abunda, pero pronto se hace cada vez más difícil de tragar, y poco después no queda nada que comer ni tampoco quien lo coma...

Rosa Luxemburgo, que escribió en una era de imperialismo rampante y conquista territorial, no pudo prever que
las tierras premodernas de continentes exóticos no eran los únicos posibles "anfitriones" de los que el capitalismo podía alimentarse para prolongar su vida e iniciar sucesivos ciclos de prosperidad.

Millones de hombres y mujeres que se dedicaban a ahorrar en lugar de a vivir del crédito fueron transformados con astucia en uno de esos territorios vírgenes aún no explotados.

La introducción de las tarjetas de crédito fue el indicio de lo que se avecinaba. Las tarjetas de crédito habían hecho irrupción en el mercado con una consigna elocuente y seductora: "elimine la espera para concretar el deseo”

Si se quiere reembolsar la totalidad de un crédito hipotecario antes del plazo acordado... Hasta la reciente "crisis del crédito", los bancos y emisores de tarjetas de crédito se mostraban más que dispuestos a ofrecer nuevos préstamos a deudores insolventes para cubrir los intereses impagos de créditos anteriores. Una de las principales compañías de tarjetas de crédito de Gran Bretaña se negó hace poco a renovar las tarjetas de los clientes que pagaban la totalidad de su deuda cada mes y, por lo tanto, no incurrían en interés punitorio alguno.

Mario CARDOSO, Bs. As. Diciembre de 2009.


sábado, 26 de diciembre de 2009

Hugo Cerusico, pianista catamarqueño, hijo del Negro Cerusico

  • Teatro Universidad (21.30 hs.)
  • Programa XIX - Ciclo Sinfónico
  • "En conmemoración del 180ª aniversario de fallecimiento de Ludwig van Beethoven"
  • Director: CARLOS CALLEJA (Argentina)
  • Arkadi Gologorsky, violín – Néstor Longo, violoncello – Hugo Cerúsico, piano
  • Programa Beethoven:
  • Obertura Egmont
  • Triple Concierto para violín, violoncello y piano

  • Sinfonía nº5

quot;Book TV: After Words: Alan Beattie,False Economy nterviewed by Patrice Hill


"Book TV: After Words: Alan Beattie, "False Economy" interviewed by Patrice Hill" 
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viernes, 25 de diciembre de 2009

After Words - After Words: Alan Beattie, "False Economy: A Surprising Economic History of the World" interviewed by Patrice Hill, chief economic correspondent for The Washington Times - Book TV

Enlaces a esta entrada
Argentina: The superpower that never was By Alan Beattie Everyone remembers the world-changing events of the morning of September 11, 2001. Everyone remembers the planes commandeered by terrorists slamming into the twin towers of the Centro ­Mundial de Comercio in Buenos Aires. As the richest country on earth and the ­modern world’s first global hyperpower, Argentina was a prime target for malcontents revolting against the might of the western capitalist order. Fewer recall the disaster that befell the United States of America three months later. Fewer recall the wrenching moment when the US federal government, crushed by the huge debts it had run up borrowing abroad in pesos, announced it was bankrupt. The economic implosion that followed, in which thousands of jobless, homeless Americans slept rough and picked through trash tips at night in Central Park, shocked only those still used to thinking of the US as a first-world country. EDITOR’S CHOICE More from Reportage - Nov-24 Well, no. It happened the other way round. But that was not inevitable. And the crisis that has hit the US – and then the entire global financial system, threatening to plunge the world into another Great Depression – should be a warning. The US could have gone the way of Argentina. It could still go that way, if the painfully learnt lessons of the past are forgotten. A short century ago the US and Argentina were rivals. Both were riding the first wave of globalisation at the turn of the 20th century. Both were young, dynamic nations with fertile farmlands and confident exporters. Both brought the beef of the New World to the tables of their European colonial forebears. Before the Great Depression of the 1930s, Argentina was among the 10 richest economies in the world. The millions of emigrant ­Italians and Irish fleeing poverty at the end of the 19th century were torn between the two: Buenos Aires or New York? The pampas or the prairie? A hundred years later there was no choice at all. One had gone on to be among the most successful economies ever. The other was a broken husk. There was no individual event at which Argentina’s path was set on a permanent divergence from that of the United States of America. But there was a series of mistakes and missteps that fit a general pattern. The countries were dealt quite similar hands but played them very differently. The similarities between the two in the second half of the 19th century, and in fact up to 1939, were neither fictional nor superficial. The “lords of the pampas” – young Argentines strutting the salons of Europe between the wars – pop up in accounts of the time as an equally prominent type as the swaggering Americans playing at European decadence in Berlin and Paris. For a long while the two countries were on parallel paths. The states that later became the US declared independence in 1776 and became a new nation in 1789. The vice-royalty of Argentina, part of the Spanish empire, was overthrown in 1810 by rebels inspired by the American revolution; in 1816, Argentina became an independent republic. Both faced an internal struggle between those that wanted a centralised nation and those that wanted power reserved for the individual states or provinces. In the US, the separate colonies had existed long before the idea of uniting them and it was not guaranteed that a republic would succeed. The negotiations that led to the writing of the constitution were tortuous and often bad-tempered, and the different denominations, traditions and constitutions of the previous colonies all too evident. Only five of the 13 founding colonies, later states, even bothered turning up to the first drafting meeting, in 1786. ­Battles had to be fought to make flesh the national motto “E pluribus unum” (“out of many, one”). That motto appears today on US coins, but at the time of independence in 1789 dozens of different currencies were circulating. A national bank and a single “national debt” – making the federal government responsible for the debts of the states – were not created without fierce opposition. In Argentina, it took decades of struggle before a constitution was adopted in 1853 with a system of sharing tax revenue between the centre and the provinces. But continual tensions were not settled until the suppression of an armed uprising in the province of Buenos Aires in 1880, handing more power to the centre. Domingo Sarmiento, who had tried to forge Argentine national unity while president between 1868 and 1874, said he would settle for an Argentina whose inhabitants were not killing each other. On the face of it the economies of the two countries also looked similar: agrarian nations pushing settlement westwards into a wilderness of temperate grasslands. In both nations, the frontier rancher – the gaucho and the cowboy – was elevated into a national symbol of courage and ­independence. But there were big disparities in the way this happened. America chose a path that parcelled out new land to individuals and families; Argentina delivered it into the hands of a few rich landowners. From the founding of the colonies, America was fortunate to have imported many of the farming practices of northern Europe. The farmers of “New England” came largely from Britain, Germany and the Netherlands, bringing with them the tradition of skilled farmers on small homesteads. Argentina, by contrast, had a history of a few rich landowners on great estates left by the Spanish and the aristocratic elitism that came with it. It also had a labour shortage. Mass immigration to Argentina came later in the 19th century, but the country had to push forward its frontier with a skeleton staff. Both countries opened up the west, the US to the Pacific and the Argentines to the Andes, but not in the same way. America favoured squatters: Argentina backed landlords. Short of cash, Buenos Aires found the best way to encourage settlers was to sell in advance large plots in areas yet to be seized from the native Americans. But once the battles were won the victors were exhausted, good farm labourers in short supply and the distances from the eastern seaboard to the frontier vast. Most of the new landowners simply encircled wide tracts of grassland with barbed-wire fences and turned them over to pasture. Thus was privilege reinforced. European emigrants to Argentina had escaped a landowning aristocracy, only to ­recreate it in the New World. The similarities were more than superficial. In the 1860s and 1870s, the landowners regarded rural life and the actual practice of agriculture with disdain. Many lived refined, deracinated lives in the cities, spending their time immersed in European literature and music. The closest they came to celebrating country life was elevating polo, an aristocratised version of a rural pursuit, to a symbol of Argentine athletic elegance. Even then it took an elite form: the famous Jockey Club of Buenos Aires. By the end of the 19th century some were sending their sons to Eton. America’s move westwards was more democratic. The government encouraged a system of smaller family holdings. Even when it did sell off large tracts of land, the potential for a powerful landowning class to emerge was limited. Squatters who seized family-sized patches of soil had their claims acknowledged. US cattle ranchers did not spend much time boning up on the entrance requirements of elite English schools. And as well as raising cattle, the western settlers grew wheat and corn. By the 1850s, the US was importing a quarter of a million immigrants a year. Immigrants came to Argentina as well, but they came later and with fewer skills – largely low-skilled Italians and Irish. In 1914, a third of Argentina’s population was still illiterate. America imported the special forces of British agriculture, and in addition a large number of literate, skilled workers in cloth and other manufactures. Meanwhile, Argentina had more land than it could efficiently work. But it was well into the 20th century before the rot in the foundations was apparent. . . . Hyperbole about the “unprecedented” nature of the 21st century globalised economy is ­misplaced. There was huge integration in markets for goods, capital and (particularly) people during the first “Golden Age” of globalisation, roughly dating from 1880 to 1914. Peace in Europe coincided with the growth of cities and with them urban consumers. A global trading system swiftly developed as transport costs dropped sharply. It was a great time to be a New World farmer. A canning industry already existed, having been boosted by the need to provision soldiers in the American civil war. Canning was supplemented by other new industrial processes such as freezing and refrigerating meat. American and Argentine farmers saw the markets of Europe open wide and clear in front of them. Production expanded massively. Fresh American beef appeared with frequency on the tables of Europe. Established supply chains meant that concentrating output in a few areas such as cattle and wheat seemed the logical thing to do. By the end of the 19th century Argentina’s economy, per head of population, was higher than that of France and a third higher than Italy’s. The export boom could have kept Argentina up in the pack, but much of the money was captured by landowners who generally either spent it on imported consumer goods or bought more land with it. Economies rarely get rich on agriculture alone and ­Britain had shown the world the next stage, industrialisation. ­America grasped that building a manufacturing industry would allow it to benefit from better technologies, while trying to squeeze a little more grain out of the same fields would not. It was not as if Argentina consciously rejected the same course. It could scarcely avoid growing its own manufacturing industry. But when industrialisation did come, prevailing prejudices ensured it was limited and late. Argentina’s elites saw no ­reason to risk their status and livelihoods in the fickle new sphere and anyway there were not enough new workers to fill the factories. Argentina brought the same tendencies that it had to the ossified agricultural sector, ­preferring cosy, safe monopolies to the brutal riskiness of competition. Its wellbeing rested on farm prices holding their own against the prices of manufactured goods, and on global markets remaining open. The 20th century was a time of markets opened and snatched away, a time that rewarded rapid reactions to unprecedented events. An economy like America’s, with a nimble industrial sector, was well placed to take advantage. An economy like Argentina’s, grown fat and complacent, endlessly borrowing foreign money to pump out grain and corned beef to foreign markets, was not. The Great Depression after 1929 drove a wedge between the two countries that would later cleave into a gulf between democracy and dictatorship. Between 1880 and 1914, the US political system was reacting to change and addressing at least some of the demands of the discontented. But Argentine politics remained dominated by a small, self-perpetuating elite. Franklin Delano Roosevelt, elected president amidst crisis and despair in 1932, took few chances. He saw that reform was needed and met the Depression head-on with the New Deal, a somewhat experimental set of policies distinctly at odds with the hands-off doctrine of the Golden Age. It was not until the build-up to war in 1939 revived demand for factory output that the economy truly recovered. But the political impact of the federal government’s efforts was undoubtedly felt. The system was capable of absorbing new ideas. The system could renew itself. The system did not crash. By contrast, Argentina suffered a deep crisis that ran throughout its narrow political class. With a pathological ­dislike of anything that smacked of socialism, it appeared paralysed by the slump. Exports of beef and wheat were ­particularly hard hit – by the end of the 1920s, meat exports to continental Europe had fallen by more than two-thirds from their level in 1924. The Depression brought FDR and a more active federal government to the US. To Argentina it brought dictatorship. Nationalism and self-sufficiency became attractive; hapless democratic governments passing power ineffectually between each other did not. The man who came to embody the new doctrine, Juan Perón, was one of the leaders of a military coup in 1943. He became president in 1946 and projected an ­assertive, disciplined nationalism. He encouraged a cult of personality and urged Nazi-style economic self-sufficiency and “corporatism” – a strong government, organised labour and industrial conglomerates jointly directing and managing growth. These ideas came to the US, too, but few took them seriously. Argentina believed that its travails had been caused by becoming an economic colony – exporting low-value commodities and importing higher-value manufactured goods. There was some truth in this, but the solution, to industrialise at the cost of cutting off the economy from the rest of the world, was not the right answer. . . . In 1944, a meeting at Bretton Woods, New Hampshire, created the eponymous system of fixed exchange rates and controls on capital. The footloose money of speculators was to be subordinated to the production of real goods and services. To oversee the system, the conference created the International Monetary Fund. The US and the Europeans also began talks to reduce trade barriers, to undo the panicked protectionism of the Depression. Argentina headed blindly off in the other direction, ­rejecting the tenets of open trade. Perón referred to foreign capital as an “imperialist agent”. Rather than face its own problems, the elastic Argentine sense of victimhood stretched to include other, successful economies. Argentina’s obsession with itself was shared by few. Once the US was satisfied that Argentina was unlikely to ally itself with the Soviet Union, it turned its attention to preventing other Latin American states doing so. The US had emerged from the second world war with both moral and financial credit from Europe. For the next 30 years the US economy was raised by the tide of trade, technology and growth that lifted all the western European countries together. Some referred to the three decades after 1945 as the second Golden Age. The world economy was less integrated than during the first, but the benefits of growth were more widely and sustainably spread. Meanwhile, Argentina pursued industrialisation within one country. Tariffs averaged 84 per cent in the early 1960s, at a time when barriers between many advanced countries were being reduced towards single figures. It also taxed exports: Argentina had been one of the most open economies in the world in the late 19th century, but now its exports shrank to equal just 2 per cent of its national income. In the US, by 1970, the equivalent figure was nearly 10 per cent and rising fast. Peronism endured, and indeed endures: Argentina’s ­current president calls herself a Peronist, and so did her predecessor, who happens to be her husband. One reason is that, in a limited way and under its own distorted terms, it succeeded. The state had become strong. The government owned and ran not just natural monopolies such as water and electricity but anything that looked big and strategic – steel, chemicals, car ­factories. The economy did industrialise. But it was still falling behind. In 1950 Argentine income per head was twice that of Spain, its former coloniser. By 1975 the average ­Spaniard was richer than the average Argentine. Argentines were almost three times richer than Japanese in the 1950s; by the early 1980s the ratio had been reversed. Argentina’s was a fragile and superficial progress that masked relative decline. Workers flood Plaza de Mayo in Buenos Aires, on August 31, 1955 to show their support for President Juan Peron, who had offered to resign.Since exports had been discouraged, Argentina again and again ran into balance of payments problems. Though Perón was forced out in 1955 (he would later return), Peronism survived. The lavish promises of social welfare made by Perón to the urban workers meant that the government was often in deficit. And when the stability of the Bretton Woods system broke down in the early 1970s as even the US struggled to make its budget balance, Argentina’s defining trait came to the fore. Argentines might not have known how to build, but they most certainly knew how to borrow. No countries except net exporters of oil did well in the 1970s. Even America had double-digit inflation, but at least it could continue to borrow in dollars. The pretence that Argentina was still a first-world country should have disintegrated in the 1970s, when swelling oil prices and economic dislocation battered even seaworthy governments, and Argentina was thrown repeatedly on to the rocks. In rich countries, the 1970s generally presaged a move to more free-market administrations and policies, as faith in the ability of governments to guide the economy disappeared. In the US, this eventually meant appointing the tough-minded Paul Volcker as chairman of the Federal Reserve. The advanced countries experienced strikes, demonstrations and petrol shortages, but they survived and stabilised. Argentina slid instead towards military dictatorship. An army junta took over in an out-and-out coup in 1976, just as the White House was again changing hands peacefully and constitutionally. After the disastrous misadventure of seizing the symbolic but economically worthless Falkland Islands from the British, the junta too collapsed. A “lost decade” of stagnation and strife followed. ­Hyper­inflation wiped out the value of lifetime savings in a few months. Osvaldo Soriano, an Argentine author, writing in 1989, noted that during the time it took him to type the piece, the price of the cigarette that he was smoking went from 11 to ­14 australes (a new currency that lasted a matter of weeks). . . . In the 1990s, many fragmented markets around the world once more dissolved into one. Like the Golden Age of the late 19th century, the lurch ­forward of globalisation was helped by a shove from new technology, this time in information and tele­communications rather than ships and railways. As in the Golden Age, the US and Argentina were both leaders of the charge. And as before, the US weathered the storms of change while Argentina, having promised a heroic rise, once again succumbed to a fatal flaw. On this occasion the hubris was embodied in the government of Carlos Menem. Although from a Peronist background, Menem edged away from economic isolationism, deciding there was one useful thing Argentina could import from America: credibility. He linked the Argentine peso irrevocably, or so the intention was, to the US dollar. This was a high-risk course. Argentina had got used to printing as much domestic currency as it liked. It now had to earn dollars with an economy that had forgotten how to export. It also required public spending to be controlled. It required, in fact, Argentina to stop acting like Argentina. For a while, it seemed to work. Inflation dropped and the economy stabilised. The IMF, desperate to find a model globaliser to parade to the developing world, unwisely began touting Argentina as an exemplar. But once again Argentina proved a delinquent, better at borrowing than earning. As capital markets dried up after 1998 investors started pulling dollars out of the country and so the supply of pesos had to fall too. In countries that controlled their own currencies, like the US, the severity of the worldwide economic slowdown in 2001 could be minimised by rapid cuts in interest rates, the price of money. The US Federal Reserve slashed the cost of borrowing in 2001, ensuring that the American economy would endure only a brief recession despite huge falls in the inflated share prices of technology companies. Demonstrators protesting Argentina’s economic crisis bang pots and pans outside the Supreme Court building in Buenos Aires on January 31, 2002.In Argentina, a shortage of dollars in its reserves drove up interest rates to punishingly high levels, crushing businesses and bankrupting families. In December 2001 the IMF pulled the plug, forcing Argentina into the largest government bankruptcy in history. Income per head dropped by nearly a ­quarter in three years. Five presidents came and went within two weeks. The country became a laughing stock. Yet at dozens of different points over the previous two centuries it could have been the other way round. In fact, it still could. During the second Golden Age of globalisation, the US too was not immune from the deception that everything was fine as long as it could keep borrowing. Throughout the 1990s and 2000s the American economy ran an ever larger trade deficit, financed by borrowing from abroad. But what sparked the financial crisis in the US was the way that borrowing was being financed domestically. Decades of deregulation had produced ways of borrowing and new financial assets so ­complex that not even the banks that sold them really ­understood what they were doing. Critics were dismissed as doom-­mongers and a property bubble was allowed to inflate absurdly. Mortgages were extended to ­people with bad credit histories – the Argentines of the US housing market. If the US fails to recognise the flaws and correct them, as it painfully learnt to do in the Great ­Depression, the trajectory of its future wealth and power will be lowered. Its rise was not preordained, and neither is its continued pre-eminence. Argentina, meanwhile, remained true to form. Having initially announced with familiar hubris that the country would be unaffected, its government decided that a good way to deal with the loss of investor confidence would be to appropriate the country’s private pensions. All in all, it would be wise to keep betting on the US finding the right way out of the financial crisis and Argentina continuing to harm itself. Of the two great hopes of the western ­hemisphere in the late 19th century, one succeeded and the other stalled in the 20th. It was history and choice, not fate, that determined which became which. It is history and choice that will determine which is which in a century’s time. Alan Beattie is the FT’s world trade editor This is an edited extract from ‘False Economy: A Surprising Economic History of the World’ by Alan Beattie, published next month by Viking, £20. To buy the book for £16 call the FT ordering service on 0870 429 5884 or go to www.ft.com/bookshop Copyright The Financial Times Limited 2009
After Words - After Words: Alan Beattie, "False Economy: A Surprising Economic History of the World" interviewed by Patrice Hill, chief economic correspondent for The Washington Times - Book TV
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TRABAJO, PROTECCIONISMO Y PRIMER MUNDO

http://www.revistadebate.com.ar//2009/11/13/2451.php




No hacer lo que nos dicen, sino hacer lo que ellos hacen


Al problema del trabajo no lo vamos a arreglar con exhortaciones a que haya más ocupación. Se necesita una política económica que estimule la existencia de ocupación, ¿Cómo se hace eso? Con diversas estrategias, por parte del Gobierno y por parte de los empresarios privados. Y las que tiene que tomar el Gobierno implican una interferencia con el puro mercado.
La Argentina ha tenido una experiencia de intervención y planificación del Estado que ya empezó en los años treinta, con gobiernos conservadores, las famosas Juntas Reguladoras, y otros organismos de control y promoción. Después, durante la Segunda Guerra Mundial, hubo una protección automática, un gran desarrollo social y el gobierno de Juan Domingo Perón, evidentemente, llevó muy adelante una política de intervención.
Esta política de intervención tuvo éxito en algunos aspectos y, en otros, tuvo debilidades, pero en general se dice que en los países de América Latina no funcionó bien. Esto es cierto, más en algunos casos que en otros. En la Argentina, si se toma el período largo, no ha funcionado bien; pero en otros países de la región ha funcionado mucho mejor, por ejemplo, en Brasil, que ha tenido tasas de desarrollo increíbles bajo diversos tipos de gobiernos, desde los relativamente autoritarios, como los primeros de Getulio Vargas, a los democráticos, como los del mismo Vargas, cuando volvió en 1951 e, incluso, bajo los militares que tuvieron éxito a expensas de otros valores, pero el desarrollo industrial fue de niveles asiáticos. Después han entrado también ellos en crisis, de las cuales están saliendo, pero Brasil es un país que se ha transformado totalmente en veinte o treinta años, aunque sigue teniendo brutales problemas porque las cosas no se arreglan tan fácilmente. La Argentina en cambio no se ha transformado tanto, aunque en algunos frentes los cambios son innegables.
Un proyecto de desarrollo e industrialización necesita implementar algunas medidas que son “bestias negras” para el supuesto Consenso de Washington, que está ya prácticamente muerto. Los casos históricos exitosos, empezando con las Navigation Acts inglesas del siglo XVII, y siguiendo con la política industrial de Estados Unidos del siglo XIX y comienzos del XX (y hasta la actualidad, cuando lo necesitan), y desde ya el Oriente asiático, han aplicado proteccionismo, intervensionismo del Estado y subsidios, o sea, un horror. Ese horror es lo que ha llevado a Japón a la gran prosperidad que tiene, a pesar de algún resfrío que hace unos años ha tenido. Esa política, de todos modos, no es ni ha sido de autarquía, y se da cuenta de que se necesita el mercado.
Pero, al mismo tiempo, si el Estado no interviene para controlar el mercado, el mercado se vuelve loco. De la misma manera, si un Estado es puramente Estado, sin mercado, como en el caso de la Unión Soviética, se genera otro desastre, por una serie de motivos, entre otros, por una dictadura que no funcionó, aunque hay algunas dictaduras que sí funcionaron. Por ejemplo, en algunos de los países del Este de Asia, aunque sea feo reconocerlo. Pero tanto en Corea como en Taiwan, al final, el gran desarrollo hizo posible una transición democrática.
En México ha ocurrido algo parecido, pues ha tenido desarrollos brutales durante varias décadas. Pero en la medida en que uno pasa una etapa mayor de industrialización, de urbanización y de educación se van presentando sociedades distintas. En el caso mexicano no hubo una dictadura militar, pero existió un gobierno excesivamente omnipotente y la omnipotencia lleva a la corrupción. A pesar de ello, hubo un desarrollo que también transformó al país.
En la Argentina ya veníamos bastante bien de antes, ya que en los años treinta y cuarenta éramos uno de los países más prósperos del mundo, aunque nos faltaba algo: nos faltaba la espina dorsal tecnológica. Éramos un país rico porque, sin demasiado mérito nuestro, de golpe conquistamos las pampas, cuando se volvió económicamente posible hacerlo, por las transformaciones de los ferrocarriles, por los transportes por mar, y entonces se valorizó algo que nos cayo del cielo sin suficiente mérito nuestro.
Nos faltaba la espina dorsal tecnológica, cuya importancia es obvia. La crisis argentina es la crisis de la industrialización. Cuando tuvimos que pasar de una economía predominantemente agraria a una economía industrial, como en cualquier país desarrollado del mundo, ahí se nos pincharon las gomas, por causas complejas que no es éste el momento para analizar, pero que tienen mucho que ver con la inestabilidad política.
En la realidad actual estamos cada vez más conscientes de que se necesita una política económica distinta a la que se ha practicado por varias décadas. Para esto hay que difundir sus características en la opinión pública, aunque ésta, por supuesto, es una opinión pública mediatizada, filtrada por los medios, controlada en gran medida por los elementos de poder que existen en diversos centros financieros nacionales e internacionales. Pero, a pesar de eso, se puede crear una opinión distinta y dejar claros los defectos del mal llamado Consenso de Washington. Es interesante ver lo que le ocurre al Fondo Monetario Internacional, que ha sido criticado por economistas como Joseph Stiglitz, Paul Krugman y otros, y la ola es cada vez mayor. Si yo fuera del FMI, estaría un poco asustado en este momento.
Obviamente, el tema del trabajo está vinculado al tema de las políticas económicas, que deben ser implementadas por los gobiernos en forma pragmática, sin ideologismos. Por supuesto que todos tienen ideología, pero hay que evitar el ideologismo, que es la fanatización con una ideología. Es cierto que el pragmatismo se ha invocado en el pasado para seguir políticas dependiendo totalmente del exterior, pero ese mismo pragmatismo tenemos que usarlo para encarar otro paquete de medidas económicas y sociales. Debemos tener en cuenta que a algunas de las “bestias negras” del Consenso de Washington, por ejemplo, el proteccionismo, los primeros que lo aplican son los países desarrollados, no sólo en la agricultura, donde es muy grande. Los argentinos protestamos, decimos que ellos deberían abrir sus fronteras a nuestros productos, pero eso jamás lo van a hacer. Estados Unidos, lejos de eso, ha decidido también proteger al acero, aunque tuvo que dar marcha atrás, luego, por presión de la Unión Europea. Es lógico que hagan estas cosas y, yo diría, que está bien que lo hagan, pues tienen que proteger sus intereses, no los del mundo. Acá podemos quejarnos, invocar las contradicciones entre lo que recomiendan y lo que hacen, pero no nos van a escuchar. Lo que sí se puede y debe hacerse es negociar, conseguir exportar un poco más de carne a Europa, o de arroz a Japón.
Detengámonos brevemente en Estados Unidos y su relación con Japón. Japón le exporta una cantidad de autos, pero con un límite y eso es una interferencia con el mercado, por lo tanto, es buena, ya que no es una interferencia arbitraria, no es cualquier cosa. Saber el límite y el equilibro entre lo que es el desarrollo del mercado, de la exportación y, además, de los necesarios elementos de intervención estatal, ahí está la capacidad política.
No hay una solución única, no hay una solución ideologista, tiene que ser una solución pragmática, pero el pragmatismo no es adecuarse a cualquier cosa que nos viene de afuera o de grandes poderes sino hacer un equilibrio. Eso es lo que necesitamos.


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lunes, 21 de diciembre de 2009

21-12-2001 Mis comentarios acerca del post de "Escriba" en ARTEPOLITICA. Escriba es Nicolás Tereschuk. Politólogo (UBA), Maestría en Sociologìa Económica (IDAES-UNSAM).



EL PUEBLO NO GOBIERNA SINO POR MEDIO DE SUS REPRESENTANTES




Este post   del "Escriba" en Artepolítica, que puede ser irritante para muchos, como evidentemente lo muestran los comments debajo del mismo (recomiendo leerlos) es en cambio para mi impecable.

Estoy de acuerdo en todo (incluso con la analogía con el 24 de marzo, que viví personalmente en La Plata, y, mientras escuchaba por la radio los comunicados militares, contrapuestos al ruego de Balbín de que se dejara gobernar hasta las elecciones de septiembre; en "la plaza pública"  la gente agrupada cual precursora de las asambleas populares que vinieron, salía  de a miles a vivar a los tanques en las calles.

Simultáneamente, también  el Partido Comunista y el Partido Comunista Revolucionario (donde militaba Beatriz Sarlo) apoyaban el golpe de Videla.

Estoy más de acuerdo aún con el post de Tomás, cuando en los últimos tiempos tuve el desagrado de haber leído  a Beatriz Sarlo, militante de Partido Comunista Revolucionario escribiendo loas en LA NACION al  lockout ruralista y advirtiendo por la provocación (?) a las caceroleras de la abundancia.

Simultáneamente la desagradable e incomprensibe visión del  Partido Obrero (e Izquierda Unida)  compartiendo la plaza pública de los Ruralistas  en Palermo,  a Pino Solanas votando en contra de la 125 modificada y que atendìa a los pequeños productores;  y a Bonasso, votando en contra de la ley de medios audiovisuales (¡porque la autoridad de aplicación no era independiente! palabras de un señor que de militante de montonero devino en escritor privilegiado de PERFIL) me convencen de que el  post de "Escriba" que nos ocupa, no puede ser más claro con respecto al imaginario argentino "de la discordia permanente como un destino"   (Joaquin V. Gonzalez dixit)

Somos tan cancheros que a todos nos gusta jugar de troskos , o maoístas, como la Sarlo, y en realidad de revolucionarios sólo tenemos nuestros rasgos fascistoides y el egoísmo  más acérrimo que se conoce en Latinoamérica toda.

Como no nos va tan bien, sería hora de pensar en cambiar un poco. 

Disculpas si ofendo a alguien.  Solo pido que el que quiera oir, que oiga.

Mario Cardoso, Buenos Aires, Diciembre de 2009

domingo, 20 de diciembre de 2009

La "nueva institucionalidad"

Tal como lo señala Alfredo Zaiat en el artículo que puede leerse aquí,  
“cuestionar el traspaso de las AFJP al ANSSES, por ejemplo, es rechazado en nombre de la ‘Institucionalidad’”. Paradójicamente, estos cruzados de la institucionalidad, no la defendieron cuando el camino fue el inverso: transformar un sistema de pensiones de reparto en Aseguradoras Privadas, quebrando una institucionalidad anterior. Quienes alguna vez leímos a Roland Barthes, especialmente sus Mitologías y El grado Cero de la Escritura, recordamos sus señalamiento de que al pensamiento pequeño burgués le interesa sostener el statu quo por medio de “naturalizar” lo histórico. Esto es pretender que todo es así por “un deber ser” y no porque es un producto de la historia y de las luchas por el poder.

Para el pensamiento pequeño-burgués rechazar una “nueva” institucionalidad es defender el lugar de la pequeña burguesía en el estado de las cosas. Actualmente este pensamiento se reconoce en las ideas neoliberales o libertarians que debieron su nacimiento a la crisis del petróleo en 1973.  Para este ideario, todo el orden institucional debe adecuarse o subordinarse a la lógica del libre mercado, lo que significa, de hecho, la instauración del mercado como “sociedad perfecta”.
Esa corriente “elabora una noción de institución cuasi-natural, que enfatiza su carácter de tradición histórica, pero la concibe como fijada y no sujeta a su transformación radical o reemplazo”. En síntesis, un  “capitalismo utópico”, como denomina Pierre Rosanvallon a aquél que cree en los mercados son perfectos porque los actores son racionales, esto es, conocen los pro y los contra de cada una de sus elecciones.

El chileno Iván Vergara señala que “se trata de una retórica que apoya la afirmación del orden establecido como el único viable o el mejor de todos los mundos posibles”. Esa noción conservadora de instituciones acentúa el carácter de tradición, de permanencia y su “trascendencia” respecto de los individuos, basando su argumentación en términos de lo concreto y lo práctico.

La comprobación histórica del sociólogo británico Anthony Giddens de que entre las instituciones y los individuos hay una interacción  permanente, por lo que aquellas se transforman históricamente en ese diálogo entre el agente (individuo) y la agencia (la estructura institucional) refutan definitivamente esa idea naïve (o intencionada) de la inmutabilidad de las instituciones.

Iván Vergara apunta que “las alternativas no se reducen a la aceptación del statu quo ni a su rechazo global. Tampoco pueden ser comprendidas como una opción entre el antiinstitucionalismo y la defensa de las instituciones vigentes”. “Se trata, entonces, de elaborar una concepción capaz de contribuir decisivamente a la comprensión de las instituciones en vías a su transformación democrática, no a su eliminación”.

Mario Cardoso, Bs. As. 


SEGURIDAD JURIDICA, EL REVES DE LA TRAMA

 
En el artículo que puede leerse aquí, Mario Rappoport concluye que:
  1. El país con mayor inseguridad jurídica del mundo actualmente, a raíz de la crisis económica y financiera, con un fuerte componente especulativo,  es justamente los EE.
  2. En el 2009 quebraron poco más de 130 bancos de los 8500 existentes. En cuanto a los depósitos, la FDIC (Federal Deposit Insurance Corporation) sólo cubre hasta un cierto límite los de aquellos bancos asegurados en ella, no la de todos los bancos ni toda clase de acreencias.
  3. ¿Qué seguridad jurídica existió para los miles de propietarios de inmuebles que se encontraron sin poder seguir pagando sus hipotecas y fueron desalojados de sus hogares?
  4. ¿Cuál fue la seguridad jurídica de los futuros jubilados cuyos fondos de pensión cayeron en el pozo interminable creado por las pérdidas de valor de los activos financieros a los que estaban ligados y se quedaron sin ingresos futuros después de años de aportes y de trabajo?
  5. ¿De qué seguridad jurídica se habla para los que perdieron sus empleos en numerosas empresas que achicaron masivamente su personal o cerraron directamente sus puertas?
  6. ¿cómo se aprecia la seguridad jurídica de grandes industrias que se encontraron financieramente arruinadas hasta llegar a ser nacionalizadas, como General Motors, en un país que pregona que ése es el principal peligro para sus compañías fuera de sus fronteras?
  7. la libertad personal, una de las bases mismas de la Constitución del país del Norte, vulnerada en el pasado por el tristemente célebre macartismo
7.1  O por la aprobación de la patriotic act, que redujo el derecho de privacidad y estableció la detención sin tiempo y sin intervención judicial de extranjeros y hasta de ciudadanos.
7.2  O la que sostiene el principio de soberanía, transgredido por razones falsas en la invasión a Irak.



sábado, 19 de diciembre de 2009

The Supreme Court Justices: Mr. Justice Benjamin Nathan Cardoso



Benjamin N. Cardoso






Associate Justice of the United States Supreme Court

In office

March 2, 1932[1] – July 9, 1938

Nominated by Herbert Hoover

Preceded by Oliver Wendell Holmes, Jr.

Succeeded by Felix Frankfurter



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Chief Judge of the New York Court of Appeals

In office

January 1, 1927 – March 7, 1932



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Associate Judge of the New York Court of Appeals

In office

February 1914 – December 31, 1926



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Born May 24, 1870(1870-05-24)

New York City, New York

Died July 9, 1938 (aged 68)

Port Chester, New York

Religion Agnostic

Benjamin Nathan Cardoso (May 24, 1870 – July 9, 1938) was a well-known American lawyer and associate Supreme Court Justice. Cardoso is remembered for his significant influence on the development of American common law in the 20th century, in addition to his modesty, philosophy, and vivid prose style. Although Cardoso only served on the Supreme Court from 1932 until his death six years later, the majority of his landmark decisions were delivered during his eighteen year tenure on the New York Court of Appeals, the highest court of that state.
Biografia Cardoso.[2] Both Cardoso's maternal grandparents, Sara Seixas and Isaac Mendes Seixas Nathan, and his paternal grandparents, Ellen Hart and Michael H. Cardoso, were Sephardi Jews of the Portuguese Jewish community affiliated with Manhattan's Congregation Shearith Israel; their families immigrated from England before the American Revolution, and were descended from Jews who left the Iberian Peninsula for Holland during the Inquisition.[2] Cardoso family tradition held that their ancestors were Marranos from Portugal,[2] although Cardoso's ancestry has not been firmly traced to Portugal.[3] "Cardoso", "Seixas" and "Mendes" are common Portuguese surnames.



Cardoso was a twin, with his sister Emily. He was a cousin of the poet Emma Lazarus. He was named for his uncle, Benjamin Nathan, a vice president of the New York Stock Exchange and the victim of a famous unsolved murder case in 1870.



Albert Cardoso was himself a judge on the Supreme Court of New York (the state's general trial court) until he was implicated in a judicial corruption scandal, sparked by the Erie Railway takeover wars, in 1868. The scandal led to the creation of the Association of the Bar of the City of New York and Albert's resignation from the bench. After leaving the court, he practiced law until his death in 1885.
Early years
Early Years
Rebecca Cardoso died in 1879 when Benjamin was quite young. He was raised during much of his childhood by his sister Nell, who was 11 years older. One of his tutors was Horatio Alger.[4] At age 15, Cardoso entered Columbia University[4] where he was elected to Phi Beta Kappa,[5] and then went on to Columbia Law School in 1889. Cardoso wanted to enter a profession that could materially aid himself and his siblings, but he also hoped to restore the family name, sullied by his father's actions as a judge. When Cardoso entered Columbia Law School, the program was only two years long; in the midst of his studies, however, the faculty voted to extend the program to three years. Cardoso declined to stay for an extra year, and thus left law school without a law degree.[6] He passed the bar in 1891 and began practicing appellate law alongside his older brother.[4] Benjamin Cardoso practiced law in New York City until 1914.[4] In November 1913, Cardoso was narrowly elected to a 14-year term on the New York Supreme Court, taking office on January 1, 1914.

 New York Court of Appeals

In February 1914, Cardoso was designated to the New York Court of Appeals under the Amendment of 1899,[7] and reportedly was the first Jew to serve on the Court of Appeals. In January 1917, he was appointed to a regular seat on the Court of Appeals to fill the vacancy caused by the resignation of Samuel Seabury, and in November 1917, he was elected on the Democratic and Republican tickets to a 14-year term on the Court of Appeals. In 1926, he was elected, on both tickets again, to a 14-year term as Chief Judge. He took office on January 1, 1927, and resigned on March 7, 1932 to accept an appointment to the United States Supreme Court.



His tenure was marked by a number of original rulings, in tort and contract law in particular. This is partly due to timing; rapid industrialization was forcing courts to look anew at old common law components to adapt to new settings.[4] In 1921, Cardoso gave the Storrs Lectures at Yale University, which were later published as The Nature of the Judicial Process (On line version), a book that remains valuable to judges today. Shortly thereafter, Cardoso became a member of the group that founded the American Law Institute, which crafted a Restatement of the Law of Torts, Contracts, and a host of other private law subjects. He wrote three other books that also became standards in the legal world.[4]


United States Supreme Court

In 1932, President Herbert Hoover appointed Cardoso to the Supreme Court of the United States to succeed Justice Oliver Wendell Holmes. The New York Times said of Cardoso's appointment that "seldom, if ever, in the history of the Court has an appointment been so universally commended."[8] Democratic Cardoso's appointment by a Republican president has been referred to as one of the few Supreme Court appointments in history not motivated by partisanship or politics, but strictly based on the nominee's contribution to law.[9] However, Hoover was running for re-election, eventually against Franklin Roosevelt, so a larger political calculation may have been operating.

Cardoso was confirmed by a unanimous voice vote in the Senate on February 24.[10] On a radio broadcast on March 1, 1932, the day of Cardoso's confirmation, Clarence C. Dill, Democratic Senator for Washington, called Hoover's appointment of Cardoso "the finest act of his career as President"[11] The entire faculty of the University of Chicago Law School had urged Hoover to nominate him, as did the deans of the law schools at Harvard, Yale, and Columbia. Justice Harlan Fiske Stone strongly urged Hoover to name Cardoso, even offering to resign to make room for him if Hoover had his heart set on someone else (Stone had in fact suggested to Calvin Coolidge that he should nominate Cardoso rather than himself back in 1925).[12] Hoover, however, originally demurred: there were already two justices from New York, and a Jew on the court; in addition, Justice James McReynolds was a notorious anti-Semite. When the chairman of the Senate Foreign Relations Committee, William E. Borah of Idaho, added his strong support for Cardoso, however, Hoover finally bowed to the pressure.



Cardoso was a member of the Three Musketeers along with Brandeis and Stone, which was considered to be the liberal faction of the Supreme Court. In his years as an Associate Justice, he handed down opinions that stressed the necessity for the tightest adherence to the tenth amendment.

Death

In late 1937, Cardoso had a heart attack, and in early 1938, he suffered a stroke. He died on July 9, 1938, at the age of 68 and was buried in Beth-Olam Cemetery in Queens.[13] His death came at a time of much transition for the court, as many of the other justices died or retired during the late 1930s and early 1940s.


Personal life

As an adult, Cardoso no longer practiced his faith (he identified himself as an "agnostic"), but remained proud of his Jewish heritage.[14]



Of the six children born to Albert and Rebecca Cardoso, only Emily, his twin sister, married, and she and her husband did not have any children. As far as is known, Benjamin Cardoso led a celibate life. The fact that Cardoso was unmarried and was personally tutored by the writer Horatio Alger (who had been accused of inappropriate sexual relations with young boys) has led some of Cardoso's biographers to insinuate that Cardoso was homosexual, but no real evidence exists to corroborate this possibility. Constitutional law scholar Jeffrey Rosen noted in a New York Times Book Review of Richard Polenberg's book on Cardoso:



“ Polenberg describes Cardoso's lifelong devotion to his older sister Nell, with whom he lived in New York until her death in 1929. When asked why he had never married, Cardoso replied, quietly and sadly, I never could give Nellie the second place in my life. Polenberg suggests that friends may have stressed Cardoso's devotion to his sister to discourage rumors that he was sexually dysfunctional, or had an unusually low sexual drive or was homosexual. But he produces no evidence to support any of these possibilities, except to note that friends, in describing Cardoso, used words like beautiful, exquisite, sensitive or delicate.[15] ”



Andrew Kaufman, a Harvard Law School professor and Cardoso biographer, notes that "Although one cannot be absolutely certain, it seems highly likely that Cardoso lived a celibate life." Judge Learned Hand is quoted in the book as saying about Cardoso: "He [had] no trace of homosexuality anyway."[16]


The question of Cardoso's ethnicity

Cardoso was the second Jew, after Louis Brandeis, to be appointed to the Supreme Court.



Since Cardoso was a member of the Spanish and Portuguese Jewish community, there has been recent discussion as to whether he should be considered the 'first Hispanic justice,' a notion which is disputed.[17][18][19] Cardoso-biographer Kaufman, for example, questioned the usage of the term "Hispanic" in the justice's lifetime, stating: "Well, I think he regarded himself as a Sephardic Jew whose ancestors came from the Iberian Peninsula.”[20]



It has also been asserted that Cardoso himself "confessed in 1937 that his family preserved neither the Spanish language nor Iberian cultural traditions".[21] Both the National Association of Latino Elected Officials and the Hispanic National Bar Association consider Sonia Sotomayor to be the first unequivocally Hispanic justice.[17][20]

Famous opinions

Meinhard v. Salmon, concerning fiduciary duty of business partners -- "Not honesty alone, but the punctilio of an honor the most sensitive."

Wood v. Lucy, Lady Duff-Gordon was both a minor cause célèbre at the time and an influential development in the law of contract consideration.

Palsgraf v. Long Island Rail Road Co. in 1928 was important in the development of the concept of the proximate cause in tort law.

MacPherson v. Buick Motor Co. helped signal the end of the law's attachment with privity as a source of duty in products liability. It is one of Cardoso's landmark decisions wherein he ruled that manufacturers of products could be held liable for injuries to consumers who had purchased the product from a retailer rather than directly from the manufacturer.[22] This is the foundational doctrine underlying nearly all modern product liability lawsuits.

DeCicco v. Schweizer, where Cardoso approached the issue of third party beneficiary law in a contract for marriage case.

Jacob & Youngs v. Kent, in which Cardoso argued that expectation damages arising from a breach of contract are limited to the diminution of the property's value if the undoing of the breach was an economic waste.

Hynes v. New York Central Railroad Company, 231 N.Y. 229, 131 N.E. 898 (N.Y. 1921), which held that the defendant railway owed a duty of care despite the victims being trespassers.

Berkey v. Third Avenue Railway, 244 N.Y. 84 (1926), in which Cardoso pierced the corporate veil saying that the parent subsidiary relationship is a legal metaphor: "The whole problem of the relation between parent and subsidiary corporations is one that is still enveloped in the mists of metaphor. Metaphors in law are to be narrowly watched, for starting as devices to liberate thought, they end often by enslaving it. We say at times that the corporate entity will be ignored when the parent corporation operates a business through a subsidiary which is characterized as an 'alias' or a 'dummy.'... Dominion may be so complete, interference so obtrusive, that by the general rules of agency the parent will be a principal and the subsidiary an agent." (pp. 93–94)

Ultramares v. Touche, 174 N.E. 441.

Panama Refining Co. v. Ryan, in which he dissented from a narrow interpretation of the Commerce Clause.

Palko v. Connecticut, rationalizing the Court's previous holdings that incorporated specific portions of the Bill of Rights against the states via the Due Process Clause of the Fourteenth Amendment by declaring that the due process clause incorporated those rights which were "implicit in the concept of ordered liberty." Though Palko's specific result (namely the refusal to incorporate the double jeopardy clause upon the states) was overturned in 1969's Benton v. Maryland, Cardoso's broader analysis of the Due Process Clause has never been displaced.

Welch v. Helvering, which concerns Internal Revenue Code Section 162 and the meaning of "ordinary" business deductions.

Murphy v. Steeplechase Amusement Park, where Cardoso denied a right to recover for a knee injury from riding "The Flopper" because plaintiff Murphy had legally "assumed the risk."

Wagner v. International Railway, which created the rescue doctrine, holding that if a tortfeasor creates a circumstance that places the tort victim in danger, the tortfeasor is liable not only for the harm caused to the victim, but also the harm caused to any person injured in an effort to rescue that victim. "Danger invites rescue. The cry of distress is the summons to relief [...] The emergency begets the man. The wrongdoer may not have foreseen the coming of a deliverer. He is accountable as if he had."

In his own words

Wikiquote has a collection of quotations related to: Benjamin N. Cardoso

Cardoso's opinion of himself shows some of the same flair as his legal opinions:

In truth, I am nothing but a plodding mediocrity—please observe, a plodding mediocrity—for a mere mediocrity does not go very far, but a plodding one gets quite a distance. There is joy in that success, and a distinction can come from courage, fidelity and industry.

Buildings and organizations named after Cardoso

Cardoso High School in Queens, New York

Benjamin N. Cardoso School of Law at Yeshiva University in New York City

Cardoso College, a dormitory building at the State University of New York at Stony Brook

Benjamin N. Cardoso Lodge #163, Knights of Pythias[23]

Bibliography

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Cardoso, Benjamin N. Contributor: Bell, Clara. The Altruist in Politics.

Notes

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Further reading

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See also

Demographics of the Supreme Court of the United States

List of Justices of the Supreme Court of the United States

List of law clerks of the Supreme Court of the United States

List of United States Chief Justices by time in office

List of U.S. Supreme Court Justices by time in office

United States Supreme Court cases during the Hughes Court

External links

Benjamin N. Cardoso at the Biographical Directory of Federal Judges, a public domain publication of the Federal Judicial Center.

Works by Benjamin N. Cardoso at Project Gutenberg

Benjamin Cardoso Memorial at Find A Grave.

Benjamin Cardoso at Michael Ariens.com.

History of the Court, the Hughes Court at Supreme Court Historical Society.

Listing and portrait of Benjamin N. Cardoso, New York Court of Appeals judge at Historical Society of the Courts of the State of New York.

Oyez Project, U.S. Supreme Court media, Benjamin N. Cardoso.