sábado, 23 de septiembre de 2017

MEDIOS ALTERNATIVOS DE ARGENTINA QUE INFORMAN LO QUE LOS MEDIOS MASIVOS NO QUIEREN QUE SEPAS

Medios alternativos que informan lo que los medios masivos y el poder dominante no quieren que sepas. Leelos, escuchalos, miralos y enterate!!!
(por favor sumar en comentarios los medios que faltan para actualizar y que sea enorme la lista)
Agencia Para la Libertad
Antena Negra TV 
ANRed
Barricada TV
Canal barrial Yungay
Cartago TV
Che Barracas FM 99.7
Corriendo la Voz
Cosecha Roja
CPR - Centro de Producciones Radiofónicas
Digamos (Télegram / TW)
Ecos Córdoba
EmpoderadosRCA (Télegram, FB TW)
Emergentes
En movimiento TV
En Orsai
El Cactus
El Destape Web
El diario de Morón
EL disenso (Telegram, TW, WEB)
El Zumbido
Fm Alas
FM Fribuay
FM en Transito
FM La tribu
FM La Colmena,107.9
FM La Fortaleza, 106.5
FM La Tusca, 96.5
Furia Trava Noticias
Gen TV
Giramundo TV
Haedo Sin H 93.3
Indymedi
Infoensenada
La batalla cultural (FB)
La Colectiva Radio, FM 102.5
La Columna Vertebral
La Garganta Poderosa
La Izquierda Diario
La Retaguardia
La Olla TV
M.a.f.i.a.
Marcha Una mirada popular
Matanza Viva
MU Cooperativa la Vaca
Mucho Palo Noticias
Notas periodismo popular
Noticias en Red
NODAL
Quinto Poder Conurbano
Pares TV
Pantera Rosa (Telegram TW)
Radio Fogon
Radio La Negra
Revista Anfibia
Radionauta FM106.3 - La Plata
Radio Con Aguante
Radio la Bulla
Radio La Caterva
Radio La Negra
Radio Libre
Red Eco Alternativo
Radio El Algarrobo
Radio Popular Che Guevara, FM 100.3
Radio Pueblo 90.1
Radio Roja 90.1
Radio Semilla, FM 106.5
Radio Voces 87.7
REDCOM
Radio Zumba la Turba - FM 99.5
RNMA Red Nacional de Medios Alternativos
Resumen Latinoamericano
Revista cítrica
Revista Sudestada
Revolucion Popular (WEB - youtube)
Sub coop
Templefm 93.3
Urbana TV
Veinticuatro/tres
"Difunda esta información, sienta la satisfacción moral de un acto de libertad" Rodolfo Walsh

martes, 22 de agosto de 2017

FILOSOFÍA Y PSICOANÁLISIS: Horacio González escribe sobre Jorge Alemán



Jorge Alemán, filosofía y psicoanálisis


Foto: Marta Jara
Por Horacio González*
(para La Tecl@ Eñe)
Jorge Alemán es el autor de una obra filosófico-psicoanalítica que consideramos fundamental para las relaciones del psicoanálisis de carácter lacaniano con los horizontes filosófico-políticos que se agrupan en el máximo nivel de la especulación contemporánea. Las interpretaciones de Lacan a la luz de las filosofías contemporáneas que problematizan la hermenéutica o la condición compleja del sujeto, caracterizan la obra de Alemán, además vinculada a la relectura de Heidegger, Badiou, Laclau, Deleuze y Levinas. El uso de los dos puntos (:) en su balance entre nombres Heidegger: Lacan; Soledad: Común, implica un pensar sobre la relación sumida en una equivalencia de los no similares. Por lo tanto todo su ejercicio de conocimiento está enraizado en lo cotejable entre nombres y situaciones, como forma de bucear en relaciones visibles e invisibles entre las formas más exigentes y exigibles del conocimiento y las crítica política al presente estadio del capitalismo y sus neo-ideologías.

Esta conjunción lo pone en un plano singular frente al lenguaje diseminado por Lacan, pues lo inviste de una denotación de izquierda, lo que también lo confronta con los dos puntos, izquierda: lacanismo. En sus palabras, Lacan y antes Freud han explorado un cuerpo de nociones que llevaban a la división irreductible del sujeto y al real sin ley, lo que configuraba malas noticias para la autodeterminación consciente del individuo. El alcance que llegaron a tener esas derivaciones de cómo el inconsciente atrae hacia su fondo de opacidad, ruptura del logos sistémico y derrumbamiento de la transparencia orientativa del yo, motivó una respuesta en diversos planos de la gran teoría de la mitad del siglo veinte. Alemán suele enumerarlas: el compromiso sartreano, el proceso sin sujeto de Althusser, el esquizo revolucionario de Deleuze, la hermenéutica del sujeto de Foucault, la fidelidad de Badiou, la subjetividad política en Toni Negri. Tomando estas configuraciones como testimonio de un proyecto político que intuye los alcances de las definiciones lacanianas y las sustituye con ingenios teóricos que pasan de largo ante la ciudadela de los escritos y seminarios de Lacan, queda insinuado la travesía hacia una forma de la idealidad de la izquierda que se haga cargo de la crítica de textos de Lacan.

Entre otras ausencias, en este listado de ineficiencias respetables, no encontramos la deconstrucción de Derrida. Es que Alemán balancea con más cuidado la aventura derrideana. La última importante, acaso, de la cultura filosófica francesa, en trance de agotarse o quizás de generar otro alumbramiento. En el ello se deconstruye podría apreciarse una vecindad con el inconsciente de Lacan, como un no calculante y no sujeto, pero instigado por el duelo de la memoria en las arcanas textualidades marxistas y la fanstamología que hay que volver a interrogar en escritos fundadores de Marx. Escrito en los tramos finales del siglo XX, Espectros de Marx de Jacques Derrida busca la voz interna voz no pronunciada, un habla sin resonancia de tres escritos fundamentales de Marx. El Manifiesto, La ideología alemana y el Dieciocho Brumario. Volver a escucharles la voz esto es, lo que dicen en esa voz sin voz, lo que vendría a ser la escritura imponiéndose sobre la centralidad de la phoné–, significa volverlos a la vida real, la vida en presente absoluto y disoluto de los textos que no supimos leer. Para Derrida leer es un ejercicio que hay que reaprender, para practicarlo como si lo que estamos leyendo fuesen imágenes huidizas o lo ininteligible, que con su resistencia hace un último esfuerzo por sobrevivir ante la cuchilla del desconstructor. Un toque familiar nos conduce por los vericuetos de Espectros de Marx. Es el tema de la caída del lenguaje representativo, que puede entenderse como la caída del lenguaje primordial en el lenguaje meramente comunicacional o el cese del sentido que implica tomar al lenguaje siempre como un ente que representa otra cosa que lo que él es. Derrida hereda de Benjamin la idea de una lengua del nombre, una poética del llamado, lo único que podría garantizar la crítica a la representación informativa, que es la de los medios de comunicación evangelizantes que en Espectros de Marx son criticados como esencia de la teoría de Fukuyama sobre el fin de la historia.

Este último es un tema ya muy madurado por Jorge Alemán. Su polemismo público consiste en estudiar el capitalismo en sus nuevas fases, como un capitalismo cuya reproducción ampliada consiste en la creación de hombres específicos, una humanidad deducida de su propia mecánica de emplazamientos, pues en su furia del solicitar, los armazones del capital replican individuos unidimensionales producidos ad effectum disciplinae, con lo que el clásico dilema de la alienación ya no describiría la experiencia de lo humano frente a la cosificación capitalista. ¿Cómo conjurar entonces esa disciplina emplazada por lo macizo de lo humano como ens creatum del capitalismo mismo? Alemán cita la apertura al acontecimiento, que Derrida inspira en Heidegger. Pero lo hace para pasar a Levinas, o a la relación de Derrida con Levinas, notoria en el aspecto escatológico de religión racional del lenguaje que hay en Espectros. La noción de acontecimiento trae una impronta decisiva de Levinas, lo que permite a Derrida en Violencia y metafísica su estudio sobre el autor de Totalité et infini afirmar que la historia de la metafísica y su consumación culmina en esta época en que la distancia entre guerra y paz se ha borrado y ni siquiera la sobremedida del dolor traerá cambio alguno. Se trata de la meditación sobre un mesianismo que no obliga al sujeto a encarnarlo como ideología sabida y a ser consumada, sino como un hay que se percibe como la realidad de una esperanza fugitiva, el reconocimiento de una imposibilidad en medio de la noche que sin embargo es reconstructiva.

Para Alemán esta experiencia equivale al trauma de Freud y a la tyché de Lacan, con sabor al acontecimiento derrideano. Queda relativamente excluido, en este cordaje asociativo en los trabajos de Alemán, la perspectiva acontecimientista de Badiou, que le dedica un notorio volumen de seiscientas páginas al tema en Ser y acontecimiento, un libro de 1988. Badiou lo anuncia como una conjunción contemporánea de la filosofía, que abarca la historia del pensamiento occidental, las matemáticas pos-cantorianas, el psicoanálisis, el arte contemporáneo y la política. Alemán prefiere la definición acontecimiental de Derrida, que lleva desde la mencionada tyché, la compulsión de repetición, la insistencia de lo real como fondo último de una reincidencia inadvertida, y el Ven de Levinas. Ese Ven es previo aún al Hay, que es la solicitación de lo que no llega ni puede anticiparse pero es el sentimiento que nos deja en tensión frente a una temporalidad sospechada, en un hay que siempre es impaciencia y hospitalidad de la praxis.

El método, si así pudiéramos llamarlo, consistiría para Alemán en un conjunto de evocaciones de un autor en otro autor, como en el caso comentado, Levinas en Derrida. Esta evocación es una forma de la afinidad por la vía de un eco, un lejano parentesco, una máquina de resonancias que trae un lejano retumbo familiar. También sobrevuela la palabra impronta. Es lo que queremos decir cuando hablamos de transcripción como un acontecimiento a ser atrapado, precisamente la intuición del que sabe que puede perderlo todo si no captura algo de un golpe, lo que hay en ciertos juegos, lo súbito tomado con un manotazo en el aire. ¿Y por qué no capturar también esa rara secuencia conjugada que anuncia Badiou entre matemáticas y poesía, en su decir que un sitio es de acontecimiento cuando únicamente es calificado de manera retroactiva por el acontecimiento?

Si dejáramos que actúe nuestra evocación ante esa frase sin las demás consideraciones que le he escuchado a Alemán sobre el conjunto de la obra de Badiou, quizás debería ser puesto el horizonte general de las evocaciones intertextuales que hallamos en el pensamiento de Alemán. La idea de equivalente o de conectar está presente también en la obra de Alemán. Transcribimos y leemos aquí su libro Jacques Lacan y el debate posmoderno, Buenos Aires, 2013.

Lo que Levinas denomina la experiencia del hay, un experiencia que designa la captación del acontecimiento de un modo casi subjetivo como un exterior que no tiene correlación ni reciprocidad con ningún interior, algo equivalente a lo que Blanchot llama el afuera, o lo que Lacan en su seminario de Las psicosis conecta en relación a la frase la paz en el atardecer, una frase que viene en el límite de la  subjetivización de la palabra.

Evocación y conectar, entre tantas otras expresiones, señalan el sitio donde excavamos para encontrar nuestro mundo de la experiencia primitiva; son esas, todas, expresiones de la retórica de una subjetividad que percibe no sin desperdicios algo de sí mismo. El Ven de Levinas (con el que se piensa el acontecimiento y no al revés) ha sido analizado por Derrida y también formulado por Blanchot en La comunidad inconfesable. Una cita más sobre la evocación: Tal vez, el hay de Levinas en Derrida, le evocaría aquello con lo que Heidegger quiso sustituir la palabra Ser, el Ereignis (lo que hace advenir a nuestro ser lo más propio), término que designaba el acaecimiento propicio, el acontecimiento apropiado de la Diferencia en el pliego de lo mismo y también el Ven evocaría esa disponibilidad con la que insistía tanto Heidegger en sus últimas épocas…”

¿Y luego? Resuena la idea de Dios no como una Onto-Teología sino como hipótesis de lectura Solo un Dios puede salvarnos. La retórica de Alemán (evocar, resonar, formular, etc.) para referirse a todos estos autores, nos lleva a la ética de las relaciones inter-lecturales. No quiero escribir demasiadas palabras con guiones, las condené o condenaré, pero en estas circunstancias no es fácil escapar de ellas. Retuercen el pescuezo de la frase o el concepto, la espacializan de un fustazo, apenas con un segmento olvidado de un escarbadiente partido entremedio. Pero veo también que toda palabra esconde en su interior esos palillos y, si los ha devorado suertudamente, puede fluir sin exhibirlo. Interlectural quiere o querría decir (pues a esas palabras hay que ofrecerles una explicación adicional) que hay una reverberación o acústica simultánea entre documentos textuales, entre páginas de libros o autores diferentes. Lo digo para seguir con la cuestión del rostro en el propio libro ya mencionado de Jorge Alemán: Derrida habría aceptado o comprobado que en Violencia y Metafísica Levinas quiere fundar una relación con el otro a través del rostro, despojado de los narcisismos del caso, que lleva a la agresividad, pero esa idea de alteridad es portadora también de la violencia.
       
Es que en el propio Levinas el rostro es lo que invita a matar en razón de su precariedad como aquello de donde surge el no matarás. ¿Falla entonces el mandato del rostro, cual es el de llamar a que la autocontención espiritual impida la violencia de la rostridad? El sitio del rostro en la reflexión de Levinas puede terminar, como sugiere Alemán, en la solución que le da Blanchot al mismo tema: El rostro no es una mera porción del cuerpo; desde del fondo  de aquellos rostros indefensos, desde el rostro no soy poder. Son todas reflexiones la de Blanchot, Derrida o Levinas, con un toque juzga Alemán de cierta escatología, de cierto finalismo de la salvación y la catástrofe.
       
En este pequeño paseo por la obra de Jorge Alemán, de gran repercusión en España y Argentina, no debe privarse de señalar el modo en que este autor se ha empeñado en trazar puentes de la gran teoría psicoanalítica con la crítica de la fórmula de subjetivación a la que apela el Capitalismo, al desconectar los sufrimientos que produce, de la explicación que los lastimados dan para explicarlos, de un modo en que queda velada la maquinaria y se culpa a quienes quieren modificarla, aunque sea muy tímidamente. Sus compromisos conocidos con la política argentina le han traído a Jorge fuertes reconocimientos, y también el ataque obtuso de los siniestros francotiradores de los medios, editorialistas embozados de la prensa que fotografían rostros para clavarlos ante la mirada de una tribu invisible de injurias descabaladas. Es obvio que esta obra resista las operaciones de prensa, cualquiera las que fuesen, porque en sí misma es un gran proyecto de desarmar operaciones en la que lo humano pierde su ímpetu emancipador.

Buenos Aires, 22 de agosto de 2017


*Sociólogo, ensayista y escritor. Ex Director de la Biblioteca Nacional        

viernes, 4 de agosto de 2017

La modernidad y el progreso no se lo debemos al capitalismo. Hasta los algoritmos que se usan en computación fueron un invento musulmán del siglo IX

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04 de agosto de 2017 · Actualizado hace 3 hs
¿Realmente le debemos la modernidad al capitalismo?
Por Jorge Majfud *

Una de las afirmaciones que los apologistas del capitalismo más repiten y menos se cuestiona es aquella que afirma que este ha sido el sistema que más riqueza y más progreso ha creado en la historia. Le debemos Internet, los aviones, YouTube, las computadoras desde las que escribimos y todo el adelanto médico y las libertades sociales e individuales que podemos encontrar hoy.
El capitalismo no es el peor ni el menos criminal de los sistemas que hayan existido, pero esta interpretación arrogante es, además, un secuestro que la ignorancia le hace a la historia.
En términos absolutos, el capitalismo es el período (no el sistema) que ha producido más riqueza en la historia. Esta verdad sería suficiente si no consideramos que es tan engañosa como cuando en los años 90 un ministro uruguayo se ufanaba de que en su gobierno se habían vendido más teléfonos móviles que en el resto de la historia del país.
La llegada del hombre a la Luna no fue simple consecuencia del capitalismo. Para empezar, ni las universidades públicas ni las privadas son, en sus fundamentos, empresas capitalistas (excepto algunos pocos ejemplos, como el fiasco de Trump University). La NASA tampoco fue nunca una empresa privada sino estatal y, además, se desarrolló gracias a la previa contratación de más de mil ingenieros alemanes, entre ellos Wernher von Braun, que habían experimentado y perfeccionado la tecnología de cohetes en los laboratorios de Hitler, quien invirtió fortunas (cierto, con alguna ayuda económica y moral de las grandes empresas norteamericanas). Todo, el dinero y la planificación, fueron estatales. La Unión Soviética, sobre todo bajo el mando de un dictador como Stalin, ganó la carrera espacial al poner por primera vez en la historia el primer satélite, la primera perra y hasta el primer hombre en órbita doce años antes del Apollo 11 y apenas cuarenta años después de la revolución que convirtió un país atrasado y rural, como Rusia, en una potencia militar e industrial en unas pocas décadas. Nada de eso se entiende como capitalista.
Claro, el sistema soviético fue responsable de muchos pecados morales. Crímenes. Pero no son las deficiencias morales las que distinguían al comunismo burocrático del capitalismo. El capitalismo sólo se asocia con las democracias y los Derechos Humanos por una narrativa, repetitiva y abrumadora (teorizada por los Friedman y practicada por los Pinochet), pero la historia demuestra que puede convivir perfectamente con una democracia liberal; con las genocidas dictaduras latinoamericanas que precedieron a la excusa de la guerra contra el comunismo; con gobiernos comunistas como China o Vietnam; con sistemas racistas como Sud África; con imperios destructores de democracias y de millones de habitantes en Asia, África y América latina, como en los siglos XIX y XX lo fueron Inglaterra, Bélgica, Estados Unidos, Francia, etc.
La llegada a la Luna como la creación de Internet y las computadoras que se atribuyen al capitalismo fueron básicamente (y, en casos, únicamente) proyectos de gobiernos, no de empresas como Apple o Microsoft. Ninguno de los científicos que trabajaron en esos revolucionarios programas tecnológicos lo hizo como empresario o buscando hacerse ricos. De hecho, muchos de ellos eran ideológicamente anticapitalistas, como Einstein, etc. La mayoría eran profesores asalariados, no los ahora venerados entrepreneurs.
A esta realidad hay que agregar otros hechos y un concepto básico: nada de esto surgió de cero en el siglo XIX o en el siglo XX. La energía atómica y las bombas son hijas directas de las especulaciones y los experimentos imaginarios de Albert Einstein, seguido de otros genios asalariados. La llegada del hombre a la Luna hubiese sido imposible sin conceptos básicos como la Tercera ley de Newton. Ni Einstein ni Newton hubiesen desarrollado sus maravillosas matemáticas superiores (ninguna de ellas debidas al capitalismo) sin una plétora de descubrimientos matemáticos introducidos por otras culturas siglos antes. ¿Alguien se imagina el cálculo infinitesimal sin el concepto del cero, sin los números arábigos y sin el algebra (al-jabr), por nombrar unos pocos?
Los algoritmos que usan las computadoras y los sistemas de internet no fueron creados ni por un capitalista ni en ningún período capitalista sino siglos atrás. Conceptualmente fue desarrollado en Bagdad, la capital de las ciencias, por un matemático musulmán de origen persa en siglo IX llamado, precisamente, Al-Juarismi. Según Oriana Fallaci, esa cultura no dio nada a las ciencias (irónicamente, el capitalismo nace en el mundo musulmán y el mundo cristiano lo desarrolla).
Ni el alfabeto fenicio, ni el comercio, ni las repúblicas, ni las democracias surgieron en el periodo capitalista sino decenas de siglos antes. Ni siquiera la imprenta en sus diferentes versiones alemanas o china, un invento más revolucionario que Google, fueron gracias al capitalismo. Ni la pólvora, ni el dinero, ni los cheques, ni la libertad de expresión.
Aunque Marx y Edison sean la consecuencia del capitalismo, ninguna gran revolución científica del Renacimiento y la Era Moderna (Averroes, Copérnico, Kepler, Galileo, Pascal, Newton, Einstein, Turing, Hawking) se debió ese sistema. El capitalismo salvaje produjo mucho capital y muchos Donad Trump, pero muy pocos genios.
Por no hablar de descubrimientos más prácticos, como la palanca, el tornillo o la hidrostática de Arquímedes, descubiertas hace 2300 años. O la brújula del siglo IX, uno de los descubrimientos más trascendentes en la historia de la humanidad, por lejos más trascendente que cualquier teléfono inteligente. O la rueda, que se viene usando en Oriente desde hace seis mil años y que todavía no ha pasado de moda.
Por supuesto que entre la invención de la rueda y la invención de la brújula pasaron varios siglos. Pero el tan vanagloriado “vertiginoso progreso” del periodo capitalista no es ninguna novedad. Salvo periodos de catástrofe como lo fue la peste negra durante el siglo XIV, la humanidad ha venido acelerando la aparición de nuevas tecnologías y de recursos disponibles para una creciente parte de la población, como por ejemplo lo fueron las diferentes revoluciones agrícolas. No es necesario ser un genio para advertir que esa aceleración se debe a la acumulación de conocimiento y a la libertad intelectual.
En Europa, el dinero y el capitalismo significaron un progreso social ante el estático orden feudal de la Edad Media. Pero pronto se convirtieron en el motor de genocidios coloniales y luego en una nueva forma de feudalismo, como la del siglo XXI, con una aristocracia financiera (un puñado de familias acumulan la mayor parte de la riqueza en países ricos y pobres), con duques y condes políticos y con villanos y vasallos desmovilizados.
El capitalismo capitalizó (y los capitalistas secuestraron) siglos de progreso social, científico y tecnológico. Por esa razón, y por ser el sistema global dominante, fue capaz de producir más riqueza que los sistemas anteriores.
El capitalismo no es el sistema de algunos países. Es el sistema hegemónico del mundo. Se pueden mitigar sus problemas, se pueden desmantelar sus mitos, pero no se puede eliminarlo hasta que no entre en su crisis o declive como el feudalismo. Hasta que sea reemplazado por otro sistema. Eso en caso de que quede planeta o humanidad. Porque también el capitalismo es el único sistema que ha puesto a la especie humana al borde de la catástrofe global.

* Escritor uruguayo, profesor en Jacksonville University, College of Arts and Sciences, Division of Humanities.