miércoles, 2 de octubre de 2019

¿Qué es Attac?

Teoría Monetaria Moderna - Modern Monetary Theory / Randall Wray - Part 1/8

Economía|Viernes, 9 de diciembre de 2011
Diálogo con Joseph Stiglitz sobre la experiencia argentina

“Con la guía del FMI, los resultados fueron desastrosos”

El Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz reivindica el camino elegido por Argentina tras la caída de la convertibilidad y el default, “aun contra lo que mucha gente considera buenas prácticas económicas”.

Por Tomás Lukin y Javier Lewkowicz
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Joseph Stiglitz es un militante en contra de las recetas de ajuste fiscal, que proponen una “devaluación interna”, vía baja de salarios y del sometimiento de los deudores hacia los acreedores. Años atrás, la Argentina padeció esos males como ningún otro país, situación que pudo dejar atrás a partir de la aplicación de un conjunto de políticas económicas de signo opuesto, como la recomposición de la competitividad a partir de una fuerte devaluación, compensada con expansión del gasto público y política de ingresos al estilo keynesiano, y una fuerte reestructuración de la deuda externa que repartió los costos del default. Por eso Stiglitz se volvió un defensor del modelo argentino. “En los ’90, fue el FMI el que guió a la Argentina a aplicar las políticas de austeridad, con resultados desastrosos. En la Zona Euro no aprendieron la lección. Ahora de nuevo, Europa debería prestar atención al crecimiento argentino, que muestra que hay vida después del default”, explicó en un reportaje exclusivo a Página/12.
A primera hora de la mañana y justo antes de partir hacia Chile, el Premio Nobel 2001, mientras saboreaba un abundante desayuno americano al aire libre con pan, huevos poché, tocino y frutas, abordó en profundidad la crisis del euro, las salidas posibles para las economías más débiles, la incapacidad de los gobiernos de Alemania y Francia y las nuevas administraciones de corte “tecnócrata” que surgieron en Italia y Grecia. Stiglitz recordó el reportaje que en agosto este diario le realizó en la ciudad alemana de Lindau, donde se desarrolló la conferencia mundial de Premios Nobel de Economía. Admitió que, en relación con aquella charla, su percepción respecto de la crisis europea se volvió más negativa. “Europa y el euro van camino al suicidio”, sintetizó. Recomendó que Grecia abandonara la moneda común.
También subrayó la relativa relevancia del contexto internacional favorable para explicar el desempeño económico argentino, se refirió a la inflación y al giro de utilidades de las multinacionales. Esta semana Stiglitz se reunió con la presidenta, Cristina Fernández. “Tanto Néstor, cuando tuve la oportunidad de conocerlo, como Cristina me parecieron dos personas muy interesantes. Aunque ella es más pasional”, contó.
–Usted menciona que “Argentina esta vez lo está haciendo mejor”. ¿Qué explicación le encuentra al buen desempeño de la economía nacional y de otros países emergentes?
–En la Argentina, el fin del régimen de la convertibilidad y el default generaron un alto costo y un intenso período de caída. Luego la economía comenzó a crecer muy rápido, incluso en ausencia de lo que mucha gente considera las “mejores” prácticas económicas. Creo que Argentina, Brasil y China desplegaron muy buenas políticas macroeconómicas, al aplicar estímulos keynesianos bien diseñados, para apuntalar la economía, diversificarla y mejorar la situación en el mercado de trabajo. A la vez, las regulaciones bancarias en muchos países en desarrollo son de mejor calidad que las de Estados Unidos y Europa. En algunos casos, eso se debió a que los países ya habían atravesado grandes crisis.
–¿Qué papel juega el contexto internacional favorable?
–Ustedes se beneficiaron del continuo crecimiento económico de China. En ese sentido, se puede decir que tuvieron suerte.
–Se refiere al llamado “viento de cola”.
–Sí, pero para explicar el resultado final sin duda se necesita más que eso. Argentina mantuvo el flujo de crédito, devaluó su moneda e impulsó la inversión en salud y educación. También fue importante que Brasil creciera. Un factor fundamental, por supuesto, fue la reestructuración de la deuda, que de hecho puede servir como guía en otros procesos similares que requieren ser abordados ahora en Europa. Las políticas aplicadas, en conjunto, le permitieron comenzar a mejorar la elevada desigualdad de ingresos.
–El superávit en cuenta corriente se reduce a medida que la economía crece. Un factor que genera una importante merma de divisas es la remisión de utilidades y dividendos de las empresas multinacionales. ¿Qué podría hacer Argentina para afrontar esa tensión?
–Los beneficios de algunas empresas se deben a rentas tipo monopólicas, a raíz de la falta de competencia. Para atacar eso, lo que se hace es introducir competencia, de forma que la magnitud de esas rentas baje. Abrir los mercados puede generar fuertes retornos sociales. Probablemente algunos de los problemas se solucionarían con más competencia. Depende mucho del sector.
–¿En qué medida los tratados bilaterales de inversión que firmó Argentina reducen el margen de acción para regular a las multinacionales?
–Muchas acciones que se pueden tomar en términos de regulación pueden terminar en demandas, argumentando que se introdujeron cambios en los términos del contrato. Hay que tratar de salir de esos acuerdos y además pelear en las cortes. La política económica no debe ser dictada por esos convenios.

La crisis europea


–¿Por qué la crisis se instaló en Europa y no se visualiza una salida?
–Creo que el problema fundamental es que la concepción general de la Unión Europea fue errada. El tratado de Maastricht estableció que los países mantuvieran déficit bajos y reducida proporción de deuda en relación con el PBI. Los líderes de la UE pensaban que eso sería suficiente para hacer funcionar el euro. Sin embargo, España e Irlanda tenían superávit antes de la crisis y una buena proporción de deuda en relación con el PBI, y aun así están en problemas. Uno podría pensar que, en función de los acontecimientos, la UE se ha dado cuenta de que esas reglas no eran suficientes, pero no han aprendido.
–¿A qué se refiere?
–Ahora proponen lo que llaman una “unión fiscal”, que en realidad es sólo la imposición de mayor austeridad. Reclamar austeridad ahora es una forma de asegurarse que las economías colapsen. Creo que el esquema que Alemania está imponiendo al resto de Europa va a conducir a la misma experiencia que Argentina tuvo con el FMI, con austeridad, PBI cayendo, magros ingresos fiscales y, por eso, la supuesta necesidad de reducir más el déficit. Eso genera una caída en espiral, que conduce a más desempleo, pobreza y profundiza las desigualdades. El déficit fiscal no fue el origen de la crisis, sino que fue la crisis la que generó el déficit fiscal.
–¿Qué rol juega el Banco Central Europeo?
–El BCE hace las cosas todavía más complicadas, porque tiene el mandato de enfocarse sólo en la inflación, cuando en cambio el crecimiento, el desempleo y la estabilidad financiera importan mucho ahora. Además, el BCE no es democrático. Puede decidir políticas que no están en línea con lo que los ciudadanos quieren. Básicamente representa los intereses de los bancos, no regula el sistema financiero en forma adecuada y hay una actitud de estímulo a los CDS (Credit Default Swaps), que son instrumentos muy dañinos. Esto también es muestra de que los bancos centrales no son independientes, sino que son políticos.
–¿Cómo explica que Alemania y Francia estén empujando a los europeos hacia ese abismo?
–Creo que ellos quieren hacer las cosas bien, pero tienen ideas económicas erradas.
–¿Están errados o en realidad representan intereses de determinados sectores?
–Creo que ambas cosas. Por ejemplo, es claro que están poniendo los intereses de los bancos por encima de la gente. Eso es claro para el caso del BCE, pero no creo que lo sea para Nicolas Sarkozy o Angela Merkel –presidente de Francia y canciller de Alemania, respectivamente–. Creo que ellos están convencidos. Pueden estar protegiendo a los bancos, pero lo hacen porque creen que, si los bancos caen, la economía caerá. Por eso digo que tienen una mirada errada, aunque no creo que estén poniendo los intereses de los griegos o los españoles en el tope de la agenda. Eso es otro problema, la falta de solidaridad. Ellos dicen que no son una “unión de transferencias de dinero”. De hecho, lo son, pero la transferencia de dinero va desde Grecia a Alemania.
–¿La unión monetaria es un problema en sí mismo?
–Sí, es un problema. No hay suficiente similitud entre los países para que funcione. Con la unión monetaria ellos se quedaron sin un mecanismo de ajuste, como es la modificación de los tipos de cambio. Es como haber impuesto un patrón oro en esa parte del mundo. Si tuvieran un banco central con un mandato más amplio que contemple, además de la inflación, el crecimiento y el desempleo, y además con una cooperación fiscal real y asistencia a través de las fronteras, entonces sería concebible que funcione la unión monetaria, aunque aun así sería difícil. En el actual esquema, puede funcionar, pero con un enorme sufrimiento de mucha gente.
–¿Qué análisis hace de la aparición de gobiernos tecnocráticos como el de Mario Monti en Italia o el de Lucas Papademus en Grecia?
–El principal problema es haber creado un marco económico a partir del cual la democracia quedó su-bordinada a los mercados financieros. Es algo que Merkel sabe muy bien. La gente vota, pero se siente chantajeada. Se debería reformular el marco económico, para que las consecuencias de no seguir a los mercados no sean tan severas.
–En agosto usted dijo que el euro no tenía que desaparecer. ¿Cuál es su postura ahora?
–En aquel momento era más optimista. Pensaba que los líderes se iban a dar cuenta de que el costo de disolver el euro era muy alto. Pero desde ese momento, la confrontación con el mercado empeoró y la incapacidad de los gobiernos europeos se volvió evidente. En lugar de aprender de sus errores, los están repitiendo. Creo que realmente quieren sobrevivir, pero demostraron falta de entendimiento de economía básica, lo que me hace tener más dudas.
–¿Es posible tener un euro a dos velocidades, como algunos economistas proponen?
–Un euro a dos velocidades es una de las formas de ruptura del euro. Eso puede ser posible, la solución puede ser la creación de dos monedas con más solidaridad entre ellas. La moneda única contribuyó al problema. No era inevitable el estallido, pero pasó. Cuando se reconoce que los mercados tienen cuotas de irracionalidad, quizá se prefiera mantener más autonomía monetaria.
–Usted dice que la restructuración de deuda es buena para las finanzas públicas europeas y pone el ejemplo de Argentina. Pero nuestro país también devaluó. ¿Cree que Grecia necesita adoptar esa medida?
–Esa es la pregunta fundamental. Grecia va a tener que reestructurar su deuda, algo que todos aceptan ahora, a diferencia de hace un año. Si se hubieran hecho las cosas bien hace dos años, la reestructuración se podría haber evitado. En cambio, impusieron austeridad. Ahora la pregunta es, dada la reestructuración, ¿será suficiente para recomponer el crecimiento económico? Creo que para Grecia hoy la respuesta es no. A menos que tengan algún tipo de ayuda externa, incluso después de la reestructuración estarán bajo un régimen de austeridad. Por eso el PIB va a caer más. No tienen competitividad y hay dos maneras de lograrla. Una es a través de una devaluación interna, pero si los salarios caen, reducen todavía más la demanda y vuelven más débil la economía. En cambio, si Grecia sale del euro y devalúa, la transición será difícil y compleja, pero una vez que el proceso haya acabado, el hecho de que Grecia limite con la Unión Europea será un impulso a la recuperación. Nuevos bancos se instalarían y habría más comercio.
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Teoría Monetaria Moderna

martes, 22 de enero de 2019

Maria Moreno: reportaje de Leo Marcazzolo sobre libro BLACKOUT





28 MAR 2017
·       LIBROS

·       BLACK OUT
·       LEO MARCAZZOLO
·       ...
María Moreno

María Moreno no es María Moreno. Es Cristina Forero. Autora del popular libro Black Out. Mujer de edad indeterminada, (nunca dice su edad) biografía “accidentada”, (eufemismo que normalmente se utiliza, mediáticamente hablando, para no explicitar, tan a menudo, que estuvo familiarizada con el gollete), y gestora del popular suplemento de mujeres, hasta ahora, más vanguardista que ha existido en el influyente y conservador diario argentino, El Tiempo.
La imagen no siempre coincide con el estereotipo, prejuicio o cuadro, que una pueda hacerse del autor. Black Out, por ejemplo, es extremo, pero María Moreno, no. O no parece, o ya lo superó, o no sé, solo sé en realidad que es difícil definir lo extremo. María Moreno toma agua en la barra de un hotel, y soy su cuarta entrevista de la mañana. Son las doce. En una hora más estará cruzando la cordillera y pensando en su próximo libro: un libro que se enfrente al actual.
—¿María es verdad que después de Black Out debes comenzar a pensar contra ti misma?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque cuando el otro comienza a leerte como un cliché, algo está mal, y debes cambiar.
—¿Acaso crees que te están leyendo como un cliché del under?
—No.
—¿Black Out está construido desde el dolor y la catarsis?
—¡No!
—¡Cómo!, ¡Me engañaste entonces! Pensé que sangrabas mientras escribías…
—Bueno se trata de engañar un poco, ¿O no? Pero la verdad es que nunca sangro. La sangre en literatura solo sirve para hacer bolsitas.
—¿Entonces qué tiene de malo que disfrutes un poco del éxito?
—¡De qué éxito me estás hablando!, ¿Qué es el éxito? Quizás un poco de reconocimiento sí, pero el éxito no existe. Si te acomodás caes en el riesgo de plagiarte, y eso no puede ser… Ahora después de Black Out, por ejemplo, tengo que cambiar; no puedo seguir más interviniendo en esa línea.
—¿Por qué?
—Porque no quiero llegar al extremo de plagiarme.
—¿Y cómo sabes cuando estás llegando a ese extremo?
—Es muy difícil, pero creo que escuchar ayuda. Debes escuchar a todos, inclusive, a los que te agravian.
—¿Aunque sean venenosos?
—Aunque sean venenosos, ya que siempre tras su veneno, existe algo de verdad. Si alguien te quiere envenenar, por ejemplo, debes transformarte un poco en la vacuna que se reactiva.
—¿Destilar el veneno entonces?
—Sí destilarlo como se destila el whisky. —Dice.
Y de inmediato vuelve a clavar sus ojos al infinito. Seguimos tomando agua, pese a que en Black Out afirma, que el agua solo sirve para la misa. Estamos en un hotel de la categoría “tipo”. Del tipo gente uniformada, lámparas de lágrimas, sillones de cuerina y música del estilo jazzístico-tranquilo que no escucharía nadie. La espalda de María se refleja ante un espejo que está tan lleno de repisas con botellas de vodka, whisky y ginebra que su imagen luce más como el cuadro de su personaje de Black Out que como ella misma. María tiembla. Está incómoda. Hay algo entre ella y el taburete donde está sentada que se interpone. El exceso de rímel y su flequillo ya crecido, no la dejan ver. Tal vez es eso, o tal vez es que ya está cansada de aclarar una y otra vez, que “ella” en Black Out no es exactamente “ella”. Y que todo, como es lo habitual en la literatura, transita por la ficción.
—María, ¿Qué hay de la frase “bebo en exceso porque bebo por la boca de mi padre”?
—Es una figura literaria, ya la escribí y ya está.
—Bueno a mí me gustó, me habría gustado escribirla.
—No sé qué decirte.
—No me digas nada…
—Mirá, uno siempre ficciona. Para escribir desde el “yo” hay que cumplir ciertas reglas… Construirse un personaje, ¿Me entendés?
—¿O sea que nada es real?
—Hay mucho de real pero no todo.
—¿María Moreno es un personaje?
—La muevo como tal… Es un seudónimo, un chiste. Me puse María Moreno en el período en que trabajaba en el diario El Tiempo para escribir sobre saberes que me eran más ajenos, (como cocina, moda, etc). Yo en ese tiempo, (en los ´80) llevaba una vida nocturna, en la que salía con gente más del ámbito de la literatura y la bohemia que de los suplementos de mujeres, y por lo tanto, me pareció más coherente escribir desde María Moreno, (que sonaba a apellido bien) que desde mi nombre. Y el chiste estaba justamente ahí, en que una mujer de apellido “bien”, tomara enfoques más bien transgresores y feministas sobre ciertos temas…
—Pero luego seguiste con el mismo seudónimo…
—Sí, seguí porque me sentí tan cubierta que terminé siendo yo misma. —Me dice, y uno no puede dejar de pensar en la fusión entre seudónimo y nombre: entre Cristina Forero y María Moreno en Black Out. La transfiguración lo traspasa todo, cada letra de su escritura. “Mi cuerpo olía mal. A trapo macerado en alcohol, a sudor seco. Quiero imaginarme que no a sexo ni a queso porque me lavaba por partes en una palangana colocada junto a la cama para eludir la distancia friolenta del cuarto de baño, ubicado del otro lado del pasillo.” Escribe, y en otra página, aclara, que como un kamikaze cualquiera, “mato todo lo que amo.”
—¿Qué piensas de las relaciones de pareja?
—Son un fracaso rotundo, el amor siempre falla y las relaciones son un permanente equivoco.
—¿Cómo?
—Que el arte de la relaciones duraderas, es el arte de la castración mutua.
—Pero hay gente que dura…
—Sí, pero, pese a eso, las relaciones, continúan siendo un equívoco. Lo que pasa es que hay gente que maneja el arte de hacer duradero el equívoco.
—Me diste miedo…
—Ya, (se ríe).
—¿Y el matrimonio entonces qué significa?
—Una castración al deseo que no se puede soportar.
—¿Qué propones?
—Relaciones múltiples.
—¿Esa es tu utopía?
—Sí, relaciones que no tengan el anclaje ni en el objeto mismo ni en la posesión. Sino en las propias personas.
—¿Qué es para ti la soledad?
—Un momento hermoso. Soy solitaria y cada vez que recuerdo mis momentos de máxima felicidad, me doy cuenta que son aquellos donde estoy sola.
—¿No relacionas la felicidad con más seres humanos?
—Sí, pero no son mis momentos de máxima felicidad.
—Nárrame un momento de máxima felicidad.
—Cuando estoy en mi cabaña del Tigris y me ligo a un placer doméstico como cocinar o tejer. Me gusta tejer en el Tigris, lo hago pésimo, pero hallo placer allí… Soy como una araña pollito que hace y deshace el mismo bolso siempre, probando puntos que no funcionan, sentada en el dek, viendo el amanecer.
—¿Y no hay nada más?
—Sí, mis gatas. Tengo tres y les hablo de todo. Disfruto de esas posturas.
—Siempre ha sido así…
—Sí, siempre, soy hija única, y me recuerdo sola. En mi cuarto planteándome la fabricación de mis propios juguetes: de unas muñecas que me salían horribles.


Lo políticamente incorrecto según Moreno
Para María Moreno lo que es “políticamente incorrecto” implica riesgo, costo, dolor. No sirve, por ejemplo, el eterno payaso político que va a la tele a fingir agravio, llevándole la contraria a todo lo que se mueva, como parte del mismo show. Como tampoco, sirve, la loca histérica, que habla y habla pero que jamás se sale del ring del status quo; del chiste fácil y de la frase “seudo transgresora” y mil veces repetida. “En un punto todos los que fueron políticamente incorrectos, terminan siendo reaccionarios. Transforman la crítica en un tic, en un mecanismo de agraviador profesional…Solo se transforman en el payaso de turno.”
—El humor político, entonces, es políticamente incorrecto.
—Depende. No todos. No me parece políticamente incorrecto, por ejemplo, el humor que desarrolló Charlie Hebdo en Francia. Creo que más allá de la tragedia, su línea era terriblemente conservadora: no hacía burlas con sofisticación retórica, sino, muy por el contrario, era fácil.
—¿Y qué es políticamente incorrecto entonces?
—El movimiento “Una menos”, allí sí encuentras incorrección, en las figuras que toman para protestar ves el riesgo.
—¿Y en una mujer sola en un bar hay incorrección?
—Creo que allí más que incorrección, existe un tabú enorme, yo en un bar, por ejemplo, siempre llamo la atención, el mozo siempre me mira y me dice: ¿otro?
—¿Es verdad que llega un punto en que el alcohol te deja?
—Sí, porque bebes y bebes y la angustia no se va… A mí, por ejemplo, él me abandonó, me dejó sola.
—¿Y te calmó en algún minuto?
—Sí, cuando me amaba, pero después ya no me quiso más.
—¿Lo abandonaste?
—Por mucho tiempo.
—¿Y has vuelto?
—Sí. Ahora, llevamos una relación normal; anoche, por ejemplo, me tomé dos whiskys y ya.
—Hablas de él como si fuera alguien…
—Una amiga me dijo lo mismo, que hablaba del alcohol como si fuese un tipo, como si estuviese permanentemente en una especie de duelo por dejarlo.


Exposición y timidez
“Soy esencialmente tímida. Los minutos sociales me cuestan tanto, que la exposición pública, se ha transformado en el tema de mi vida…Me duele, pero lo hago igual.”
—¿Lo superas?
—No, no lo supero nada, sufro de pánico escénico pero a un extremo absoluto. Y por más que sigo intentándolo no lo supero, no me acostumbro, no hay entrenamiento, no hay mejoría…Me da mucha angustia.
—¿Cómo describirías esa angustia?
—No tiene figuras, no es que tema que vaya a parecer tonta, o me vaya a trabar, es más bien, un sufrimiento físico.
—¿Y si te duele tanto por qué continuas dando entrevistas?
—Porque para mí es un desafío, y es ahí justamente donde está el sufrimiento.
—¿Y ahora estás sufriendo?
—Sí, no me gusta dar entrevistas.
—Pero esto ha sido más una conversación que una entrevista…
—No, ha sido una entrevista, y parece que he confesado mucho, inclusive más de lo que hubiese querido, inclusive más que en Black Out.
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