domingo, 21 de enero de 2018

Todo un programa para responder a la pregunta ¿qué hacer? para darle representación política a la enorme y heterogénea oposición al neoliberalismo argentino representado hoy por el gobierno de Mauricio Macri

¿Es posible representar políticamente a la unidad de las calles?

Por Alejandro Grimson



Creo que estamos en una coyuntura especialmente extraña para definir qué hacer. No porque resulte difícil precisar qué deberían hacer todos los sectores que se oponen al macrismo y a sus políticas. En realidad, el qué hacer aparece muy claro en un plano teórico, de definiciones, y al mismo tiempo se presenta como algo impracticable. Y es que el qué hacer, en una dimensión, lo han respondido las calles con el ciclo de movilización y protesta que se abrió a principios de 2016.
La sociedad argentina ha estado intensamente movilizada. Centenares de miles participaron en movilizaciones muy distintas. Las movilizaciones de la CGT y de las CTA. Las movilizaciones de las organizaciones sociales. Las movilizaciones vinculadas a derechos humanos, incluyendo los 24, contra el 2×1, los reclamos por Santiago Maldonado. Las movilizaciones de NiUnaMenos y el paro de Mujeres. La Marcha Federal, la movilización universitaria, de científicos o de secundarios. Las protestas contra los tarifazos, los frutazos y la creciente movilización de los pueblos originarios.
Quien haya ido a una sola de esas protestas sabe de su composición políticamente heterogénea. Hubo kirchneristas y antikirchneristas, estuvo la izquierda partidaria, peronistas de diferentes vertientes y una multiplicidad de organizaciones. Entonces, la calle tiene dos rasgos: heterogeneidad de demandas (salarios, política social, derechos humanos, derechos de las mujeres, contra el ajuste, etc) y heterogeneidad política en cada una de esas protestas.
En todas las movilizaciones más multitudinarias convergieron sectores sociales que hace dos años tenían posiciones políticas opuestas y que actuaron de modo unitario ante el avance neoliberal. Esto significa que la movilización popular contra las políticas gubernamentales implica una confluencia de diferentes vertientes sociales y políticas en defensa de derechos ya conquistados y por el reclamo de nuevos.
Todos los sectores partidarios que participan de estas movilizaciones aspiran a representar en el plano político estas demandas y esta movilización. Unos se ilusionan con que el pueblo compare la actualidad con la situación anterior y quiera “volver”. Otros con ser los “luchadores más consecuentes”. Y así sucesivamente. Pero ninguno consigue representar en el plano político ese diverso rechazo social.
Ningún sector tiene la capacidad de llenar por sí mismo ese vacío de representación. Y por ahora todos continúan actuando como tales, es decir, como una parte. Con bastante rapidez articularon partes diversas para salir a las calles. Pero existe una dificultad inmensa para traducir esa articulación en un frente político en el cual nadie tendría asegurado de antemano el protagonismo.
En ese sentido, el problema es que, para postular una representación política contra el neoliberalismo, deberíamos apuntar a una confluencia por los derechos; pero los principales actores apuestan a una política de identidad. A construir, en lugar de una confluencia, una fuerte frontera con los otros sectores que participan de las protestas. Y una frontera de identidades es exactamente lo contrario a una confluencia por derechos.
Parece que no toman nota de que vivimos una etapa defensiva. Y que se apresuran a ser los protagonistas de una nueva ofensiva. Pero justamente ese error puede tornar más larga y dramática la situación actual. Porque existe el riesgo cierto de que la actual derrota política devenga en una derrota histórica. Y hay políticas sectarias y de autoproclamación que pueden, sin quererlo, contribuir a ese objetivo del macrismo.

Logros y límites

La heterogénea y fragmentada oposición al macrismo incluye al kirchnerismo, a la izquierda partidaria, a múltiples organizaciones sociales y políticas, y a un peronismo de gestión.
El kirchnerismo, más allá del balance que se haga de los 12 años, es la corriente política más numerosa en la oposición a las políticas neoliberales. En la coyuntura actual no hay chances de derrotar al macrismo sin la participación del kirchnerismo. Sin embargo, tampoco hay posibilidad alguna de hacerlo en función de la propuesta kirchnerista de construir el frente más amplio posible donde sus líderes se reservan la conducción del mismo. Porque el resultado es que los actores con fuerte peso propio no están dispuestos a ir detrás. Más bien esa posición ha contribuido a acentuar la fragmentación.
Por eso, uno de los laberintos se sintetiza en el problema de que sin Cristina es imposible derrotar al macrismo y con Cristina también es imposible. No reconocer el peso político y electoral que tiene Cristina es temerario. Al mismo tiempo, plantear la unidad en torno a su figura es una quimera. Esta paradoja define la situación actual.
¿Cuál es el papel de la izquierda tradicional? Sin dudas, el FIT ha sido uno de los fenómenos más dinámicos, con un crecimiento en militancia y en su desempeño electoral. Además, ha logrado potenciar figuras con cierto carisma que cruzan sus fronteras políticas. Y ha revisado algunas cuestiones tradicionales, generando innovaciones como La Izquierda Diario. Sin embargo, hay problemas muy serios en sus concepciones políticas que tornan inviable por ahora cualquier unidad. El trotskismo argentino tiene una muy extensa tradición. Y sin embargo nunca ha analizado si sus propias políticas han incidido en su incapacidad para dejar de ser una minoría en bastante más de medio siglo. Básicamente, la apuesta es a que un día los trabajadores argentinos escojan una dirección política trotskista.
Entonces, se trata de mantener su absoluta independencia política, lo cual supone colocar su anticapitalismo como antídoto de cualquier unidad con sectores no clasistas. Salvo que haya una fuerte presión social por la que puedan perder todo lo que han avanzado, es improbable que se asuma el desafío de la hora, en el sentido de ir a una confluencia diversa. En la disyuntiva, preferirán preservar su identidad pura y no “arriesgarse” a la “contaminación”. Aunque el que no arriesga no gana.
Si consideramos otras fuerzas y otros referentes, sean de izquierda o del progresismo devenido antikirchnerista, veremos que se repite el modelo de vocación de protagonismo (que no se concreta) en contra de la vocación de mayorías (que es imposible con tanta disputa por el protagonismo). Ese problema constituye una fuerza decisiva en la fragmentación de la oposición y en su carácter minoritario.
La única unidad posible es en torno a las demandas populares que ya mencionamos y su derivación en un programa claro y breve. ¿Es completamente imposible? Allí están los casos del movimiento sindical santafesino, donde todas las corrientes quedaron adentro, o el reciente encuentro de Luján que derivó en la movilización contra la reforma laboral y previsional del 29 de noviembre. Todo lo dicho anteriormente se aplica para estos casos. Están las diversas corrientes políticas, pero no hay representación política de esas demandas.
Las organizaciones sociales de diverso tipo han sido las que más han contribuido a la unidad de acción, en el sentido de haber colocado sus demandas por encima de las divisiones identitarias. Sin embargo, hasta ahora no han podido, no han sabido o no han querido proyectar esa confluencia en la acción hacia el plano de la representación política. O bien por sus fidelidades previas, o bien porque suponen que ese problema se resolverá de otra manera.
Sin embargo, parece imposible imaginar el surgimiento de un fenómeno político con capacidad de enfrentar al macrismo que no incorpore en lugares protagónicos a nuevos y antiguos referentes sociales de las diversas demandas de estos años. Lo que sucede es que hasta ahora no ha madurado un lenguaje nuevo para enunciar una alternativa.
Aún estamos en una etapa marcada por la noción de oposición, donde el debate es cómo oponerse y quién es la oposición más potente o consecuente. Pero hay todo un sector de la sociedad que no podrá ser interpelado desde ese lugar, sino a partir de la construcción de una alternativa política popular, con un programa de gobierno que sea percibido como preferible y factible.
Mientras eso no suceda, crece un problema y un riesgo. La fragmentación de la oposición es una fuente de potencia política para el gobierno, que avanza con leyes que incrementan la exclusión, la desigualdad y las políticas represivas. Cuanto peor, peor. El gobierno sabe que para poder avanzar con la totalidad de su plan necesita consumar no sólo una derrota electoral, sino una derrota social. Derrotas de la movilización social, comparables a las de ferroviarios y telefónicos de inicios de los noventa. Derrotas que serían fuentes de “estabilización” del modelo neoliberal.
¿Puede Cristina ser protagonista de la construcción de una unidad de la cual no sea la protagonista? ¿Puede el FIT modificar sus apuestas políticas? ¿Pueden los sectores antikirchneristas y antimacristas asumir que hay un cambio cualitativo en contra de los derechos desde la asunción de Macri? ¿Pueden los referentes sociales apostar a traducir a la representación política sus avances frentistas en la lucha social?
No lo sabemos. Mientras tanto, hay varias tareas políticas urgentes. La primera es multiplicar en cada territorio y espacio de trabajo, en cada universidad y en cada lucha, no sólo la unidad de acción, sino mesas de trabajo más institucionalizadas donde se pueda discutir y acordar una unidad táctica, estratégica y programática. Eso parte de una cuestión básica: los modelos económicos no se “caen solos”. Incluso si las políticas económicas actuales terminaran exclusivamente por factores económicos llevando a una crisis (por ejemplo, por el endeudamiento), nadie podría asegurar cómo terminaría esa crisis, ya que su resolución siempre va a depender de relaciones de fuerzas sociales y políticas. Descartada cualquier hipótesis economicista, el desafío es dejar de debatir por pequeñas palabras, dejar de hacer política de “diferenciación” o de imposición, política de codazos de quién lleva el cartel más grande, y asumir que el gran desafío es construir una alternativa política al macrismo.
Por eso, impulsar, organizar e institucionalizar la unidad por abajo es el paso necesario para posteriormente coordinar entre diferentes ámbitos. Así se logrará que la unidad heterogénea vaya ascendiendo a marcos más amplios, generando nuevos referentes políticos y ejerciendo una presión creciente sobre los referentes ya existentes.
Lo más probable es que, por todo lo dicho, lleve varios años construir una articulación realmente alternativa con capacidad transformadora. No sólo va a depender de los éxitos políticos, o no, que tenga el gobierno. También va a depender de la capacidad de articulación de tal alternativa. Como nada dura para siempre, si no surge una política kirchnerista y/o de la izquierda con vocación de mayoría, el proceso histórico decantará en una nueva amalgama con retazos grandes o pequeños de kirchnerismos, izquierdas, peronismos y organizaciones sociales. Con partes de la historia y parte de los nuevos fenómenos que han surgido y de otros que aún no conocemos, el ciclo macrista deberá enfrentarse en algún momento a una alternativa política popular.
No podemos darnos el lujo de hacer los esfuerzos unitarios y de construcción sin tomarnos el tiempo para poder comprender algunas de las razones más profundas que llevaron a las derrotas recientes ante proyectos neoliberales. Estamos atravesando una etapa de indigencia teórica y política de las fuerzas populares y transformadoras. La necesidad de múltiples aportes que contribuyan a conceptualizar mejor el momento histórico y las estrategias políticas no puede ser, como tantas veces, postergada.

Algunos puntos para el debate conceptual

Debemos asumir que hace varias décadas las fuerzas populares y transformadores sufren una gran debilidad teórica y política. Cuando asumieron los gobiernos del llamado “giro a la izquierda” no había modelos a seguir, ni teorías económicas o políticas sólidas, ni siquiera utopías claras. La frase de Jamenson acerca de que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo debe tomarse muy en serio. Ante las crisis del capitalismo financiero hay procesos de giro a la derecha y de polarización en varios países, pero son excepcionales las construcciones de alternativas políticas con capacidad de construcción hegemónica y vocación de mayoría.
Un breve repaso por las experiencias sudamericanas permite al menos señalar un listado de debates necesarios para la construcción política futura:
  1. Es tan necesario construir y reconstruir utopías emancipatorias como generar políticas económicas viables y sostenibles en el tiempo que modifiquen en el mediano plazo las estructuras productivas, la distribución del ingreso y la riqueza, la relación con los recursos naturales, la jerarquización de los bienes públicos por sobre el impulso al consumo. Según nuestra lectura, no está planteado en la coyuntura la posibilidad de terminar con el capitalismo, pero sí debe asumirse la posibilidad real de construir modelos económicos que avancen en fuertes reformas sociales apuntando a una creciente igualdad en cada sociedad y entre las sociedades.
  2. No existe un sujeto social del cambio que deba tener una expresión política. No hay un “proletariado” objetivo a la espera de la conciencia de clase, no hay un pueblo uniforme. Al comprender las heterogeneidades de los trabajadores y de los sectores populares, se podrá entender que una fuerza política transformadora deberá respetar esas diversidades y articularlas.
  3. A esto se agrega la complejidad de que en Argentina y en otros países, la mayoría de la población se considera a sí misma como parte de la clase media o clase media baja. Esto implica que las fuerzas transformadoras sólo tienen vocación de mayoría si pretenden representar a los sectores excluidos, a los trabajadores y a las clases medias. Una parte significativa de los trabajadores argentinos se considera hoy de clase media, con un significado muy distinto al de las teorías marxistas o sociológicas clásicas. En su lenguaje, “clase media” se asemeja más a “no ser el último orejón del tarro”, a no estar excluido, y a su vocación de estar integrado socialmente.
  4. Una política transformadora y popular no se hace desde el dogmatismo, sino en el diálogo entre las utopías emancipatorias y los deseos concretos de la mayoría de la sociedad. No se trata de adaptarse en cada momento a los “humores” de la sociedad. Pero no es posible construir hegemonía sin dialogar con esas sensaciones, creencias, deseos y lenguajes.
  5. Toda política tiene una dimensión simbólica y relacional constitutiva. Los actores sociales y políticos, sus demandas y discursos, adquieren significados complejos y en permanente disputa. Si el kirchnerismo buscó reducir esa complejidad a partir de la dicotomía con el 2001, el neoliberalismo, la sociedad rural y la dictadura, el macrismo busca reducirla en su dicotomía con el kirchnerismo. El proceso de estigmatización actual es muy simple: todo opositor es considerado kirchnerista y todo kirchnerista es considerado corrupto. Por razones éticas y políticas, ambas operaciones deben ser deconstruidas.
  6. Una mirada reflexiva acerca de cómo el gobierno actual propone la dicotomía implica reponer aquello que el gobierno busca anular: la gran heterogeneidad política y social de la oposición. Eso no puede implicar la no reivindicación de los logros de derechos de aquellos 12 años, como tampoco de épocas anteriores. Tampoco se puede aceptar que reivindicar los logros reales implique mecánicamente suscribir una identidad política. El primer cambio positivo que habrá en el escenario político será cuando se encuentre un nuevo lenguaje que incorpore toda la heterogeneidad para expresar la polarización.
  7. Hay un problema de liderazgos y de construcción de la fuerza política. Existe una tensión entre las necesidades propias de las formas políticas en las cuales es necesario contar con líderes muy específicos que permitan articular los procesos políticos y el hecho de que son necesarias fuerzas políticas más colectivas y más democráticas para generar sostenibilidad en el tiempo.
  8. Otro problema es cómo se ha concebido la “batalla cultural”, que se instrumentalizó como lucha entre identidades políticas, cuando en realidad se refiere a luchas por el sentido común. La lucha por valores e instituciones más igualitarias y democráticas es incompatible con la defensa de un “nosotros” donde todos y cada uno y cada acción debe ser defendida, incluso si resulta obvio que se da de bruces con valores que se pretenden instituir. En esos casos siempre se opta, y la batalla cultural a veces es incompatible con la batalla identitaria.
  9. La política es dinámica por definición. Si las acciones de gobierno generan empleo y reducen el desempleo, o todas las acciones análogas que se quieran mencionar, no hay que esperar un agradecimiento eterno de las grandes mayorías, sino el desplazamiento de las demandas sociales hacia nuevos temas y agendas. Por ejemplo, pueden crecer demandas sobre transporte público, seguridad y contra la corrupción. Cuando se cambie una realidad, también es necesario cambiar la forma y la estrategia política, al menos si se pretende que la sintonía política con las grandes mayorías se sostenga en el tiempo.
  10. Las concepciones de la política deben escoger entre dejar testimonio histórico a partir de las derrotas o a partir de construir cambios sociales reales. Para el primer caso, el debate conceptual es bastante irrelevante, porque las certezas ideológicas vienen desde el fondo de la historia y se trata de sostener en alto las banderas en todas las situaciones. En el segundo caso, se acepta que las sociedades son cambiantes, que las grandes mayorías necesitan y quieren vivir mejor, pero justamente por eso no quieren vivir todo el tiempo en confrontaciones políticas, y mucho menos si estas no resultan eficaces. No se trata de combatir al mundo, sino de transformarlo.
Atreverse a hacerse estas y otras preguntas, a asumir estos y otros debates, a adoptar nuevos símbolos y lenguajes que acompañen nuestras diversas tradiciones, implica una cierta revolución de algunas formas de pensar y actuar muy arraigadas en las fuerzas políticas. Cuidado, no sea que nuestra propia cultura se erija como un obstáculo eficaz entre nuestros sueños y los de las grandes mayorías. La política transformadora siempre depende de factores objetivos, de la situación económica, de las fuerzas hegemónicas. Pero también depende en parte de la propia subjetividad, de las propias concepciones, de los propios hábitos. Ni lo objetivo ni lo subjetivo son sencillos de modificar. Pero en alguna parte comienza nuestro quehacer.

viernes, 19 de enero de 2018

Caetano Veloso - Tempo de Estio

Quero comer
Quero mamar
Quero preguiça
Quero querer
Quero sonhar
Felicidade

É o amor
É o calor
A cor da vida
É o verão
Meu coração
É a cidade

Rio
Tempo de estio
Eu quero
Suas meninas
Rio
Tempo de estio
Eu quero
Suas meninas

O Rio está
Cheio de sol
Solanges e Leilas
Flávias e Patrícias
E Sônias e Malenas
Anas e Marinas
E Lúcias e Terezas
Glórias e Denises
E luz eterna Vera

Rio
Tempo de estio
Eu quero
Suas meninas
Rio
Tempo de estio
Eu quero
Suas meninas

Caetano Veloso Menino do Rio

miércoles, 17 de enero de 2018

FINK, BRUCE, Lacan a la Letra: ¿la evitación?

(..) Quienes han leído a Lacan durante algún tiempo saben qué frustrante puede ser situar una tesis particular sobre, por ejemplo, la angustia, y tomarla como base para intentar aplicarla en la clínica ¿Se trata de una estrategia neurótica de Lacan: ¿la evitacion? ¿Trata de evitar que lo definamos porque ello requeriría que tome una posición, que ponga todo en riesgo con una tesis y un argumento en particular, con lo cual quedaría expuesto a la castración (es decir, a las limitaciones, a las críticas, y demás)? No creo que podamos descartar tan fácilmente que se trate de evitaciones neuróticas, y sin embargo no parece que ese sea todo el asunto. De hecho, calificar esta evitación de neurótica supone que proporcionar una tesis concreta es un objetivo válido en sí mismo. En otras palabras sería adoptar un parámetro obsesivo para la teoría: la teoría debe producir un objeto discreto, discernible (o sea, una mierda) para que lo examinemos (y lo admiremos o lo despreciemos) (...)

FINK, Bruce Lacan a la letra. Una lectura exhaustiva de los Escritos, Capìtulo 3 "Lectura de la Instancia de la letra en el inconsciente. Pág. 86  Gedisa Editorial. Primera edición marzo de 2015. Buenos Aires

sábado, 9 de diciembre de 2017



Las mujeres que escriben suelen ignorar 
al escritor canónico o al menos, 
por estar afuera de la pulsión genealógica patriarcal, 
pueden filiarse en una mujer infértil (Alejandra), 
en otra que  parió fuera de la ley (Alfonsina) o 
escribir guachas para volver a la gauchezca.  

María Moreno reflexiona sobre la literatura  argentina
 a partir de la nueva novela de Gabriela Cabezón Cámara
 “Las aventuras de la China Iron”



Este es el romance de la Mujer de Martín Fierro y la gringa Elizabeth luego de un autostop sin ruta y en carreta, el cuento del viaje que las dos hicieron por la pampa adonde encontraron peligro y amistad, leyeron libros y probaron especias, siendo maestra una de la otra y– pasando fortín y desierto– , fundaron una patria flotante que no pide carta de ciudadanía, en la que se trabaja un mes de tres y se cultiva el sexo, la lectura, la droga y la cría y no hay patrón ni marido y menospolecía.

Gabriela Cabezón Cámara rescata a la mujer de Fierro de la muerte solitaria en un hospital a la que la había condenado La vuelta y la hace autobautizarse “China Josefina Star Iron”, ya que aprendió el inglés con esa otra mujer inventada, la del gringo de la tercera parte de La Ida (“Hasta un inglés sanjiador /que decía en la última guerra /que él era de Inca-la-perra /y que no quería servir,/ también tuvo que juir /a guarecerse en la sierra) a quien le pone el nombre de Elizabeth Taylor.
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La ley cabeza. Cabezón, cabeza, cabecita. Es verdad que en el nombre está la cifra y en el primero de Cabezón Cámara está la fiesta popular –la de gigantes y cabezudos de cartón piedra bailando y girando –y, en superlativo, el del pajarito con que se bautizó a los hombres y mujeres que se juntaron para hacerse muchos según el concepto de Pueblo durante el gobierno peronista: cabecita negra. Tradición gorila y paranoica para nombrar la idea de invasión de los provincianos a la capital, entonces dignificados y versión primaria del “aluvión zoológico”.

Hija del pueblo, tan cerca de la canción de José Alfredo Giménez como del himno anarquista, Cabezón Cámara deja sentada en cada uno de sus libros una ley que carece del cepo moral de las izquierdas y de la mera picaresca individual.

En La virgen cabeza, la periodista Qüiti, luego de rematar con su Smith&Weson a una puta bonzo –“una hoguera en tanga”–escribe –, quemada por su patrón alias La bestia, ex policía, capo de la Agencia de Seguridad más fuerte del conurbano, mandamás de la prostitución en la provincia y testaferro del Jefe Juárez, el empresario con más poder en el gobierno nacional, se pregunta: “¿Sería asesinato terminar de matar a un casi muerto? ¿me hizo cómplice del castigo que la Bestia administraba a las chicas que se escapaban de sus prostíbulos? ¿No hubiera sido mejor llamar a la policía, al Same, al ejército y denunciarlo y que la muerte de la chica tuviera alguna utilidad? Pero no se podía denunciar, la policía, el Same, el gobierno, el ejército, los medios, todos encubrían el negocio prostibulario (…) yo sólo ejecuté el fin de un fin.”

Como no es un alma bella, La protagonista de Beya, le viste la cara a Dios, acepta un arma del patrón cafishio y ejecuta a otra cautiva de la trata que denunció, ingenua, ante un juez cliente y fue dejada al borde de la muerte por la paliza. Tentaría hacerla cómplice del crimen. Sin embargo ¿matar lo ya muriente por manos otras es todavía matar? ¿O es decir ni un minuto más de dolor para una ya no vida?
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Esa es la parte filosófica de la Ley Cabezón que no es sólo penal. Se ocupa también del arte. Romance de la negra rubia cuenta cómo una poeta se fue a lo de una amiga que era artista de la basura, y quedó en medio de un desalojo y llena de merca y whisky, se hizo bonzo con zippo y querosene hasta perder la jeta en vez de incendiar a los canas que la querían detener, luego devino santa popular; obra de arte en Venecia, amante de una suiza que la compró como tal y que fue su Helena y que muerta le dejó como herencia su cara de tirolesa para que, transplantada, se volviera un oxímoron: La negra rubia (la cara le quedó un poco tirante hasta que un chiste de Capusotto la hizo reír y aflojarse), militante social con gestal–imagino–, onda Frankestein.

Y hay una Ley Cabezón también para los derechos de autor que critica el plagio (de Hernández que aparece en Las aventuras de la china Iron como un milico baboso y bastante rústico, mero copión de los versos de su personaje ) pero no el propio afano: le adjudica a la madre de Hernández la historia borgeana del guerrero y la cautiva, esa donde se cuenta de una inglesa raptada por los indios que se pasa al otro, no quiere salir de las tolderías, ha dejado su lengua por el araucano y, mientras se alejan las tropas de quienes le han ofrecido infructuosamente la vuelta al fortín, bebe en el cuenco de sus manos la sangre caliente de una oveja recién carneada. Otra que Katchaskian y su Aleph engordado, la Ley Cabezón Cámara cambia a la abuela de Borges por la madre de Hernández. Si según el sonsonete patriarcal, escribir en la Argentina es pagas una deuda con Borges, Cabezón, antes de chorearlo, ni siquiera lo deja entrar en su libro.

Ella es capaz de escribir por boca de la china Iron que a lo mejor Fierro no venía borracho cuando mató al negro , que lo mató por negro nomás y que le gusta pensar que lo mató por enviudar a la Negra que la maltrató media infancia como si ella hubiera sido su negra, la negra de una negra ( en su versión la Negra habría criado y luego, perdido al truco por culpa de su marido , pasando a ser de Fierro). No se trata de la mera incorrección política, en la incorrección política hay un referente a torcer, burlar, desenmascarar, entonces es todavía un sometimiento, una obediencia como la del pobre perverso que no pasa un día sin verse obligado a escupir en el trono, el altar y la posición del misionero.

Cabezón Cámara inventa toda una política de la felicidad que, de haberse impuesto en el mundo real, otra sería la Historia. Una hipótesis: el socialismo no hubiera caído si hubiera comprendido antes la industria del sueño de Hollywood como una forma de vida y no como una enajenación de la vida misma. Si le hubiera dado más bolilla política –no quiero decir al “deseo”, esa palabra ocupada, que detiene la imaginación en una especie de entre nos cool y ahora hasta psicobolche– pero sí a las ganas imperiosas de tener lo que tiene el otro, las calenturas con quien no conviene, las amables pavadas, el comprarse Addidas estando en cana. Porque lo que Cabezón Cámara comprende, pero comprende profundamente es que la China Iron se enloquezca por la porcelana inglesa, el curry, las enagüitas, una pelirroja dadivosa y de piel transparente, zapatitos bordeaux, los cuentos con dragones y la droga gourmet. Porqué ¿que iba a desear la china? ¿otro par de alpargatas bigotudas? ¿tener una escobilla de biznaga para barrer el rancho? ¿un trapo grande para colgar un hijo de un tirante?¿una cola de potro para clavar el peine?

La Ley Cabezón Cámara no elimina al gozador: lo organiza y lo hace viajar.

La gauchita again. Las mujeres que escriben suelen ignorar al escritor canónico o al menos, por estar afuera de la pulsión genealógica patriarcal, pueden filiarse en una mujer infértil (Alejandra), en otra que parió fuera de la ley (Alfonsina) o escribir guachas para volver a la gauchezca. “Gauchita” inventó fino Ariel Schiatini para un libro de Cabezón Cámara pero podría ser para todos. La gauchita es a la gauchezca, propongo por si alguien quiere agarra la sortija, lo que el neobarroso perlonguiano es al neobarroco. Por gauchita se combate con el subfusil justiciero Miniuser que se traduce “Minita, usala”  (ésta es una ocurrencia). En gauchita se perdona al que mata de celos pero más por amor puto como hizo Fierro con el gaucho Raúl al que amaba la china Iron (”Fui yo el que mató a Raúl/Lo degollé y quedó azul,/Y después blanco de muerte./Era hermoso y era juerte/Pero era más mi facón/Y había perdido el corazón”, rima cabezón Cámara heciéndose el Fierro), se puede tener de amigo a un cana como Qüiti en La virgen cabeza, a condición de que el cana se haya dado vuelta. En gauchita la forajida y el forajido no caen bajo el peso de la ley, se fugan para la farra y la libertad pero siempre en comunidad desbolada, con otros, entre otros, al vive y nunca al muere. 
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Cuando Cruz y Fierro se van al desierto, el beso por turnos al porrón es la garantía de que se trata de una de esas uniones homosexuales con instintos coartados en su fin como llamaba Freud a la homosexualidad sublimada delmacho a macho: “Lo agarramos mano a mano/ entre los dos al porrón:/ en semejante ocasión/ un trago a cualquiera encanta;/ y Cruz no era remolón/ ni pijotiaba garganta./ Calentamos los gargueros/ y nos largamos muy tiesos,/ siguiendo siempre los besos/ al pichel, y por más señas,/ íbamos como cigüeñas/ estirando los pescuezos” . El porrón que pasa de mano en mano, los gargueros calientes, y el estiramiento de pescuezos me hace pensar en una felatio por turnos. Pero el romance de la China Iron con la gringa Elizabeth no es un contrapunto ni un panfleto en ficción feminista como el que rescató a la hermana de Shakespeare . La unión de Fierro y Cruz es una precursora del matrimonio igualitario, la de la China y la Gringa , la fundación de otro modo de estar juntos, una diáspora en potencia insurgente .
La lengua de Cabezón Cámara aunque, cuando quiera, rime , es una lengua sacada , ida a los indios para dejar entrar al diccionario el mapuche, el guaraní, el mapu-espanglish y al tupi-british, las invenciones lingüística de los hongos alucinógenos y el balbuceo húmedo del amor. Y hasta, en medio de una lírica del paisaje muy Angel Della Valle, ella la pone a decir , tomándose al churrete el significante : “dando vuelta carnero los carneros”.

Y a esa lengua sacada la están usando otras mujeres como Selva Almada o Lucrecia Martel– del lado de la imagen pero como un tajo genial– , fuera de la gleba del realismo ramplón y de la pureza legislada. Por eso en el descargo que le hace en verso y avanzado el libro (Ay, Chinita de mi vida , un apócrifo genial de la autora ) Martín Fierro le dice a la China Iron “¿Me perdonás, Josefina?” y ese “¿Me perdonás, Josefina?” es también un chiste que Cabezón Cámara hace por boca de Fierro y en homenaje a la mujer cuyo nombre tomó prestado para bautizar a su personaje: Josefina Ludmer, la otra China, autora del Tratado de la Patria a quien tanto debemos.

La que(e)rencia. El Fierro de Hernández arrugó y volvió del desierto a la querencia en nombre del olvido de sus delitos y la muerte de sus perseguidores, a elogiar el mundo del trabajo (“Se dirigir la mansera/Y también echar un pial,/Sé correr en un rodeo,/Trabajar en un corral,/Me se sentar en un pértigo/Lo mesmo que en su bagual.” y convertir sus hazañas en canto jubilado La querencia es el estado, el palenque emocional, un punto en el catastro donde la servidumbre es uso horario a la espera de la muerte , cada uno, cada una separados con su correspondiente partenaire y la reproducción bendecida . El Fierro de Cabezón Cámara se hizo trans: tomó el nombre de Kurusu “–nombre de cuña en guaraní y homenaje al que la hizo hembra, significa, sí, Cruz-“ y volvió a ser amigo de la China.

Esa runfla que sube Paraná arriba en el final del libro con sus cargas de animales y de hongos alucinógenos con gusto a lechuga o a membrillo, sus caballos sobados, sus libros y sus flores no es querencia, es que(e)rencia y la que(e)rencia no vuelve, no fija, no separa: es fiesta que pasa y anexa. Como en las ferias populares sudamericanas tiene un arte de la geometría que consiste en cargar lo máximo y poner en equilibrio sobre el suelo pasajero, como esas vacas y su pasto, sussecretaires y sus naciones pintadas en sus rukas y sus guampos. Es un falansterio a lo Charles Fourier, ese utopista del amor cuyo mayor problema teórico fue que los sádicos no querían vivir con masoquistas.
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Perdónenme pero que peruca ese final con tantos diferentes embarcados y protegidos por la niebla. ¡Qué 17 de octubre! Es como si las patas en las fuentes hubieran sido tantas que, por el principio de Arquímedes y los callos nacidos al cruzar el Puente Avellaneda, se hubieran desbordado las fuentes hasta formar un río. Si la guerrera Kauka se me hace una Milagros Sala que no estuvo pero por ahí…. Si la gringa Elizabeth me recuerda a esa otra gringa, Isabel Ernst, la alemana que era novia de Domingo Mercante y fue juntando los trabajadores de a gremio y de a pasión por el general preso. Y el gaucho Rosario, sobador de caballos y nodriza de bichos guachos bien podría ser un Cipriano Reyes. Pero esta masa que pasa mete más miedo porque no para y la China dice en primera –escribe Cabezón Cámara–: “Hay que vernos pero no nos van a ver”. Como si dijera “Hay que vernos –compañeras, compañeros subansé ­–pero no nos van a ver–ni Policía, ni Ejército, ni Iglesia–,” repito y me esfumo dejando la resonancia como para que vayan corriendo a leer: “Hay que vernos, no nos van a ver”. 

viernes, 8 de diciembre de 2017

Recuerdos del Medioevo Por María Moreno

El país|Sábado, 21 de noviembre de 2015
OPINION

Recuerdos del Medioevo

Por María Moreno
Imagen: Carolina Camps.
Y el verdadero debate fueron los comentarios sobre el debate, pulsiones semiológicas ante una mezcla de Odol pregunta con La justa del saber, aquellos viejos programas de tele para jugadores de palabras cruzadas, pasando (obvio) por ShowMatch (los destacados de Scioli repicaron luego en los últimos actos de campaña). Y aunque las estrategias político-espectaculares parecieran estar bajo la influencia de Domingo Faustino Sarmiento cuando dijo “Seamos los EE.UU.”, para mí estábamos en el Medioevo. No, no es una frase apocalíptica, tiene cierta precisión vigente. Michel Foucault cuenta en la tercera conferencia de su libro La verdad y sus formas jurídicas cómo en el derecho feudal, cuando alguien era acusado de algún delito, el litigio se reglamentaba por el sistema de la prueba (épreuve). Una de ellas era verbal: el acusado debía responder a la acusación con cierto tipo de fórmulas. Un error de gramática o un cambio de palabras podían hacerlo perder por invalidar las fórmulas y no por haber sido hallado culpable del delito del que se lo acusaba. Como si le hubieran dicho al Petiso Orejudo que podía quedar en libertad si recitaba correctamente “Hay chicas chachareras que chacotean con chicos chazos. Y un chico mete al chillón de la chepa un chichón por chirrichote”. Y algo de eso hubo en el debate del 15 de noviembre, de acuerdo con el texto denominado Manual de Estilo de Argentina Debate, en la restricción de responder cuando se quería hacerlo, en la imposibilidad de diálogos de ida y vuelta, de retomar temas e hilar fino cuestiones donde el formato pautado parecía favorecer la intervención aforismo de poster o la repetición en espejo del cargo de mentir al igual que en esas peleas conyugales que empiezan con y siguen con “¡y vos...!”, “¡y vos...!”. El Manual de Estilo de Argentina Debate tuvo como función principal, como se vio, impedir el debate. En las horas siguientes, ya en la última seguidilla de actos de la campaña, Daniel Scioli subió y templó la voz como si soltarla en la calle la dejara más en forma y, entonces, aguzó su lenguaje realista en un concretismo vehemente, llegó a improvisar una injuria popular al llamar a Macri “un creído de Barrio Parque” y, ya en la noche del jueves, durante el programa de Baby Etchecopar se asentó en un inventario de lo hecho en sus diversas gestiones como legado de lo por venir, a la manera de una heráldica fáctica, recurso bien diferente del de su rival, que en oposición al axioma peronista “mejor que prometer es realizar” pareció creer a través de todos sus dichos que nombrar es realizar.

De carismas y de símbolos

¿Qué se puede esperar de un candidato cuyo cotillón publicitario asume la estética del cumpleaños infantil, se hace el zonzo con el hecho de que “globo” quiere decir mentira y cuyos puestos de promoción callejera se asemejan a los de Cablevisión? Si la silla de ruedas de la candidata a la presidencia por Cambiemos, como ya escribí en otra ocasión, transmite la imagen ejemplar de alguien que se ha sobrepuesto al infortunio personal y exige el respeto de la corrección política para las personas con distintas capacidades, deslizando una cadena de asociaciones por las cuales a ella se la vería como aliada natural de diversos grupos discriminados y evocando la potencialidad de milagro –ese levántate y anda jugado en las puestas en escena evangelistas de curación por la fe–, el brazo ortopédico de Daniel Scioli no parece tener la misma fuerza semiótica –amén de haber despertado las desdichadas bromas de los compadres políticos que suelen alternar sus agudezas retóricas con lapsus a lo bestia del archivo popular barrriobajero–, ya que cierto resentimiento medio pelo lo asocia al error bravucón del deportista banana y a su prótesis con el privilegio tecnológico, y no al desafío de alguien con un sino trágico popular como, por ejemplo, fue el caso de René Lavand, de mano única pero maga. En cuanto a puestas en escenas, entre la hinchada macrista habría un cierto consenso sobre que el ejercicio del poder exige una soltura tranquila, esa cara de póquer, indicio de que el control empieza por casa: con el autocontrol (de Hitler a Fidel pasando por Ubaldini, las pasiones han sido archivadas). Y de Daniel Scioli se criticó su nerviosismo agresivo, su sobrepasarse en el tiempo de las preguntas o exposiciones, es decir su desobediencia al manual de estilo y aunque repitiera varias veces que no iba a responder por un gobierno que iba a terminar el 10 de diciembre, mostró un linaje kirchnerista en no poder fingir politesse, calentándose sin disimulo y mostrando en el tuteo con la audiencia representada por la cámara (un hallazgo teatral electoral adjudicado a John Fitzgerald Kennedy), la misma incomodidad que debe sentir el paciente de un terapeuta gestáltico cuando en su primera sesión debe hablarle a un almohadón, llorarle, abrazarlo y hasta golpearlo, haciendo de cuenta de que es su padre o su madre.
Ningún arte de la injuria se ejercitó en el modelo Medioevo-ShowMatch y estuvo claro que ninguno de los dos competidores era seguidor de Quintiliano, siquiera Tato Bores o Fidel Pintos salvo eso de “si todavía no pudiste resolver el problema de los trapitos, ¿en serio creés que la gente va a creer que vos podés solucionar el problema del narcotráfico?” y “Daniel: ¿en qué te has transformado? ¿O en qué te han transformado? Parecés un panelista de 6, 7, 8”. Pero sonó muy democrático que Daniel Scioli dijera en un momento “conmigo no, Mauricio” citando, al parecer involuntariamente, a una adversaria (¿te imaginabas, Beatriz, que una frase tuya llegaría a formar parte de las frases hechas del archivo popular nac y pop?).
El cuestionario a Mauricio Macri y Daniel Scioli publicado el 19 de noviembre en Clarín arrastra en su edición, por sobre un supuesto efecto de subjetividad, ciertos procedimientos insidiosos. A pesar de que un par de epígrafes informan que las entrevistas se han hecho por separado, la dirigida a Macri en una oficina del Gobierno de la Ciudad y la dirigida a Scioli en el hotel NH City, la nota general está editada como una sola entrevista en donde el nombre de Macri siempre encabeza cada respuesta: en buen cayetano el lector lee a lo largo de varias páginas, muchas veces, el nombre de Macri encima del de Scioli como si se tratara de una performance del pizarrón electoral.

Intervalo

Y para poner un poco de humor en estas horas en donde, como dijo magistralmente la catadora de tendencias Kiwi Sainz, muchos nos sentimos como cuando esperamos los resultados de una biopsia, aviso: ¡ojo al mensaje subliminal de los ojos de Mauri! Ese celeste tano evoca el color del ojo imperial y de raza blanca, por algo los ojos claros figuran en la línea más alta de la tablilla exhibida en el Museo Etnográfico como el rasgo más alto en la escala civilizatoria. En este mientras tanto podemos también evadirnos un poco inventando slogans como éste que se me ocurrió una noche de insomnio y plagia un poco al de los evangelistas “Pare de sufrir: tome an(scioli)ticos” o “Mejor Scioli que mal acompañado” como el que difundió por Facebook el artista y sociólogo Roberto Jacoby o el chascarrillo interpretativo de la música Paula Trama: “Cuenta la leyenda que si tu apellido está a una letra de diferencia de la palabra ‘social’ vas a ser mejor presidente que si tu apellido está a una letra de la palabra ‘marca’.”
Aunque más divertido sería someter toda intervención pública de Mauricio Macri a una comisión integrada por afásicos. Me explico: una vez el finado Oliver Sacks escuchó unas carcajadas convulsivas que provenían de la sala de afásicos del hospital donde trabajaba. Al entrar descubrió que la reacción se estaba produciendo ante el discurso del presidente –Sacks no dice cuál, aunque se puede sospechar que se trataba de Ronald Reagan–. Según su diagnóstico, cierto tipo de afásicos no pueden comprender el significado de las palabras y sí, con una peculiar precisión, la expresión que las acompaña, es decir la teatralidad. Su conclusión es que a un afásico no se le puede mentir.

No mirar: leer

Pensar que una imagen vale más que mil palabras depende de qué imagen y de qué mil palabras. Las palabras pensadas, calculadas, medidas en sus alcances fuera de las tasaciones del otro, la síntesis con la mediación del análisis desplaza la cuestión del formato torneo y ShowMatch. A las palabras no hace falta buscarlas muy lejos, se las puede buscar y elegir en el popurrí de las redes sociales, allí donde se escapen a las regulaciones taimadas y a la lógica de la cinchada. Por ejemplo en la carta dirigida al abogado Gustavo Cosacov, y multiplicada por la red, del filósofo Oscar del Barco, quien realiza una pedagogía de urgencia y cierto uso proselitista de la repetición al señalar cómo el proyecto del macrismo es dejar el control de la economía al mercado en tiempos en que capitalismo de libre competencia ha sido absorbido/destruido por el capitalismo monopolista mientras que el proyecto “kirchnerista” sostiene con fuerza el papel del Estado como freno y control de los monopolios: “No hay alternativas. Esto es lo que ocultan los bailecitos, el papel picado y las cantinelas vacuas y las sonrisitas de circunstancias... ¡como si de eso se tratara! Se está en favor del capital monopólico imperialista o se está por un Estado que defienda al obrero, al campesino, a la mediana empresa, a los pequeños comerciantes, a los jubilados, a las amas de casa, a los chicos, a los viejos... No hay término medio, o, el término medio, que es el voto en blanco o la abstención, es el juego de las ‘bellas almas’ intelectuales clase medieras, bien comidas, bien vestidas, con sus autos último modelo, sus vacaciones en el extranjero, ah, ¡y los cacerolazos!”(Tomá). O en las palabras que pronunció Horacio González durante el Festival Crece desde el pie organizado en toda la manzana que junta la Biblioteca Nacional con el Museo del Libro y de la Lengua, poco antes del debate, palabras que parecieron conciliar antiguas divergencias a través de una concertación involuntaria (“quiero decir que a este nombre (Daniel Scioli), al que llegamos después de muchas vicisitudes –ustedes lo saben–, le estamos entregando un mandato y una gran responsabilidad. La responsabilidad es que escuche estos actos. Que escuche los actos que se hicieron dentro y fuera de la campaña. Que se escuche a las voces autónomas. Que se escuche a las voces independientes. Que se escuche a las voces que se sumaron ante el momento de riesgo. Que escuche las voces que antes no se escucharon. Es la tarea de la sapiencia del político, y del ser humano en general. Lo que no supimos escuchar antes, que se escuche ahora. Por eso este voto, al candidato que vamos a votar, no es un voto sin más: se le entrega a él una gran responsabilidad. Se le entrega un mandato de escucha, un mandato de sensibilidad, un mandato de construcción, un mandato de autorreflexión”. Y ese domingo de “debate” Daniel Scioli pareció encarnar con su no disimulada dificultad para caretear, la angustia por una responsabilidad futura, aún por conseguir.
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martes, 5 de diciembre de 2017

Exposición del Presidente Evo Morales ante la reunión de Jefes de Estado de los países productores de petróleo


¡EXTRAORDINARIO EVO MORALES!
Exposición del Presidente Evo Morales ante la reunión de Jefes de Estado de los países productores de petróleo. Con lenguaje simple, trasmitido en traducción simultánea a más de un centenar de Jefes de Estado y dignatarios de los países productores de petróleo, logró inquietar a su audiencia cuando dijo:
" Aquí pues yo, Evo Morales, he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.
Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace solo quinientos años.

Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante.
Yo, venido de la noble tierra americana declaro que el hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron.
Yo, venido de la noble tierra americana declaro que el hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme.
Yo, venido de la noble tierra americana declaro que el hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses aunque sea, vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.
Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América.

¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron a su Séptimo Mandamiento.
¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre de su hermano!
¿Genocidio? ¡Eso sería dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos!
¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir la devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.
Yo, Evo Morales, prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis.
Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan 'MARSHALLTESUMA", para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la medicina, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.

Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos: ¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional? Deploramos decir que no.
En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en terceros reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá, pero sin canal.
En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo.

Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y los intereses que, tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar.
Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a nuestros hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos les cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado sólo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia.

Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de 300.
Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta Tierra.
Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre?
Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.

Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos.
Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica...
Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: despertar.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Sociedad|Domingo, 24 de noviembre de 2013
Reportaje a Héctor Anabitarte, uno de los fundadores del Frente de Liberación Homosexual

La huella de un pionero

Este jueves volvió a la Plaza de Mayo una bandera que se estrenó ahí el 25 de mayo de 1973, en la asunción de Cámpora, y presentaba al FLH, un puñado de audaces que señalaba una opresión todavía silenciada. Cuarenta años después, fueron homenajeados por la Secretaría de Derechos Humanos.

Por Marta Dillon
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Y volvieron a pisar las calles nuevamente. Y aunque esté seca la sangre que las cubrió alguna vez, las cicatrices todavía hablan de lo que fue y merecen la caricia del homenaje. El jueves, la bandera del Frente de Liberación Homosexual que hizo su primera aparición pública en la Plaza de Mayo, el 25 de mayo de 1973, volvió a campear en la ronda de las Madres como primera acción de un homenaje a un puñado de hombres y todavía menos mujeres que aun en la primavera camporista fueron humillados por propios y ajenos. Propios, los que marchaban codo a codo en una efervescencia de la lucha anticapitalista, de liberación a la que el FLH pretendía aportar desde su identidad, con la conciencia del oprimido buscando romper con todas las opresiones; ajenos, para qué nombrarlos, ahí no hay contradicciones. Sí en cambio es necesario recordar cómo se imprimió en el cuerpo de los audaces ese canto que recorría las columnas de los jóvenes revolucionarios: “No somos putos, no somos faloperos...”, o la marginación a la que eran sometidos quienes tenían el tupé de reconocerse en una sexualidad disidente, los militantes de todos los partidos de izquierda. El viernes, en el final del homenaje al FLH que organizó la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, a través de la Subsecretaría de Promoción de Derechos Humanos, Jorge Giacosa, uno de los pocos sobrevivientes de esa experiencia, dijo que él fue “un adolescente que pensó en el suicidio por ser quien era, y cuando quise sumarme a las luchas populares era el pueblo el que me rechazaba”. Por eso el homenaje, además de un ejercicio de memoria bajo la consigna “Las luchas de ayer garantizan los derechos de hoy”, tuvo mucho de desagravio, de reconocimiento de esa huella que ellos marcaron, que otros profundizaron y que tantos más transitan ahora con soltura, amparados por derechos que en épocas del FLH ni siquiera eran utopías.
Héctor Anabitarte es uno de esos pioneros. Delegado del sindicato de correos desde muy joven y militante del Partido Comunista, tuvo la osadía de pensar, cuando promediaba la década del ’60, que ser “homosexual” no era un hábito privado, sino una identidad que merecía la pena defender. Lo comunicó por carta a su partido, fue aislado de toda responsabilidad aun cuando era un cuadro medio y se lo mandó a hacer terapia como si estuviera enfermo. En los ’70 fundó, en alianza con intelectuales como Juan José Sebreli, Néstor Perlongher, Blas Matamoro y otros, en alianza con la Unión de Mujeres Feministas, el Frente de Liberación Homosexual. En 1977, como tantos, tuvo que exiliarse. Todavía vive en España donde nunca dejó de militar, desde su identidad, no sólo como homosexual, sino como oprimido. Emocionado al punto de no poder leer ni siquiera sus apuntes de agradecimiento, Anabitarte, de todos modos, suelta su risa como una resistencia tenaz y sostenida. Y cuenta su historia, nuestra historia.
–¿Esperaba este homenaje? –No sé si lo esperaba, pero entra dentro de la lógica. Hay que recordar que, como decía George Orwell, quien domina el pasado domina el futuro, pero quien domina el presente, domina el pasado; por eso hay que estar siempre alerta para que no nos quiten lo que hemos avanzado. De todos modos, quiero decir también que no somos de mármol, puedes pellizcarme y te vas a dar cuenta. Aunque ya esté mayor y tenga que aguantar el tipo (se ríe). Pero estoy emocionado, claro que sí, por mí y por todos los que no están. Imagínate que en el pequeño grupo que formamos en el ’67 ya había gente muy mayor, así que entre la represión, el sida y el tiempo; vamos quedando pocos.
–¿Cómo fue que en 1967 se les ocurre integrar un grupo para reivindicar los derechos de los homosexuales, se llamaban así entre ustedes? –Putos, maricas, homosexuales, nos movíamos un poco entre esos motes, aunque con mucha clandestinidad. Pero en cuanto a cómo se nos ocurrió pedir nuestras reivindicaciones, era algo propio de la época y de nuestra experiencia. Yo fui delegado de Foecyt (el sindicato de correos) con menos de 20 años, y en la lista opositora a UPCN había otro homosexual en Lomas de Zamora al que reconocí no sabría decirte cómo, sería la forma de hablar, qué se yo, y con él empezamos a conversar en nuestro lenguaje que era el de la demanda y la reivindicación
–¿Cuál era la principal reivindicación entonces? –Nuestra reivindicación principal era contra los edictos policiales y por los que estaban en Devoto por culpa de los edictos, eso era realmente lo que nos importaba, para nosotros no era siquiera una utopía lo que está pasando ahora, la sociedad ha cambiado bastante, aunque no del todo, en España siguen matando mujeres, tenemos 60 o 70 mujeres muertas por año y eso tiene que ver con las opresiones que nosotros denunciábamos, la que sufren las mujeres es la misma que la que sufren los homosexuales. Hay que ver que la homosexualidad es una cosa interclasista y que está en todas partes y que recién ahora es visible.
–¿Cómo era la vida social de los gays en los ’60? –No se puede generalizar, porque una cosa era la vida social y el ambiente en el que se movía Sebreli o Pepe Bianco o Manuel Puig o Blas Matamoros o mismo Néstor Perlongher, que era más joven, trotskista y de Filosofía y Letras, que era un ambiente completamente distinto. No- sotros, el grupo que se formó en el ’67, que llamamos Nuestro Mundo, éramos trabajadores de clase media tirando a baja. Y nuestra vida social era clandestina, cuidábamos de pasar desapercibidos. Al punto que me acuerdo que nuestras primeras reuniones fueron en Lomas de Zamora, en un conventillo de clase media desde nos llevaron todos presos una vez porque nos reuníamos en la cocina y una vecina nos había denunciado pensando que jugábamos por dinero. ¡Pasamos toda la noche en la comisaría y no se dieron cuenta de ninguna otra cosa! (risas).
–¿Quiénes integraban ese primer grupo? –La mayoría éramos empleados de correos, había también un compañero que vendía máquinas de escribir y era casado y con hijos, otro vendedor de seguros, eran realidades complejas de las que recién se puede hablar ahora...
–Ni hablar de salir del closet. –Jamás, lo ocultábamos, creo que los que salían eran los que no tenían nada que perder, o travestis que eran muy provocadoras. Ahora, el Correo Central era muy paradójico, eh, una cosa que es para escribir un libro solamente del Correo Central. Había bastante gente gay, aunque es lógico porque éramos diez mil trabajadores, pero había algunos muy visibles. En el sexto piso, donde además estaba la cafetería, me acuerdo que había uno muy jovencito, con el guardapolvo, que llegaba del brazo de un compañero y era una mujer, una mujer. Había varios muy provocadores, era un escándalo.
–¿Y los jefes qué decían? –No mucho. No sé por qué. Incluso tuvimos uno que cambió de sexo con el doctor De Facio, que fue preso por esa operación. Este chico, también tucumano, pidió tres meses de excedencia en el correo y un buen día aparece de mujer, va a ver a su jefe, se cruza de piernas delante de él y pide que lo reingresen. Mirá, eso pasó en la quinta planta que había cientos de telegrafistas, por ahí pasaba el corazón de las comunicaciones del país en aquella época, que se detuvieron. Paró toda la planta (se ríe) y lo readmitieron.
–¿Pararon en solidaridad para que lo readmitieran? –Yo creo que pararon por el asombro, pero funcionó igual. Recién cuando llegó Onganía agarraron a los homosexuales más escandalosos y los mandaron a la sección del correo que está en el Congreso.
–¿Por qué? –Porque al haber golpe de Estado el Congreso no funcionaba y no hay público, y ahí estaban. ¡Habían hecho un cabaret de la sucursal de Correos! Pero cuando llegó la democracia, los senadores y diputados iban a esa sucursal y cuando oían alguna sirena siempre había alguno que gritaba “¡vienen por nosotras!” Tiene su gracia, porque en medio de la represión y todo, solemos ser gente con bastante humor, quizá recurrimos al humor como lo hacen los judíos, el humor judío es tremendo. Como la compañera trans (en referencia a Lohana Berkins) que habló en la marcha, es una profesional, es un cuadro y es graciosa.
–¿Y en la intimidad, a nivel personal, era conflictivo reconocerse en esa identidad? –Era muy conflictivo, hay que ubicarse en la época. Eramos no-sotros mismos los que teníamos dudas, el problema no es simplemente que los demás te rechazan, el problema peor es cuánto tú te odias. Y eso no se ha detenido. En Aranjuez hace pocos días, un chico de 24 años se suicidó, no tanto por su familia, o además que por eso, porque él no toleraba ser quién era, hacerle daño a la familia. Y entonces, en aquella época también pesaba mucho el deseo de tener hijos, de tener que encuadrar en la familia tradicional ¿no? Ahora, lo que yo dije en la plaza, es que uno de los méritos del FLH era también nuestra inconciencia. Porque estábamos solos, no nos quería nadie.
–Vos, de hecho, escribiste una carta a la conducción del Partido Comunista donde militabas... Y me apartaron. En algunos libros dice que me expulsaron, no es cierto. Yo en ese momento era una cuadro medio, estaba en la Fede (Federación Juvenil Comunista) y era uno de los pocos delegados sindicales que tenía la Fede, porque representábamos a la clase obrera, pero ella en general no se enteraba. Entonces bueno, mandé una carta a la dirección de la juventud para que se hablara del tema de la homosexualidad.
–Te respondieron? –Me quitaron toda responsabilidad dentro de la organización, lo cual era muy fácil porque como éramos clandestinos, no tenía un local donde ir, no tenía contactos, todos son nombres falsos y te aíslan muy fácil. Y además me mandaron a un psiquiatra. Un hombre encantador, pero pensaba que la Unión Soviética era psicoterapéutica en sí misma ¡ojo! que tiene tela... El venía de allí y estaba fascinado, creía que la URSS curaba por su sola existencia. Era como un católico que dice que ve al Papa en Roma y se produce el milagro (risas).
–¿Te querían mandar a la URSS? –No, no, me mandaron a la sede del partido en el Correo, porque yo había estado muchos años. Y nadie me dio ninguna tarea de nada, con lo cuál, quedé afuera. La expulsión suena más rocambolesco, pero lo que hubo fue un pacto de silencio y un exilio.
–¿Y cómo lo viviste? –Muy mal. Imagínate que yo era un militante obsesivo, no- sotros éramos militantes de tiempo completo, de todos los días. Era una cosa enfermiza, reuniones, juntadas de dinero para Cuba, para Nicaragua, para Vietnam, vender la revista... nosotros éramos, ¡testigos de Jehová!, no parábamos nunca. Y entonces, claro, de repente toda la vida se te derrumba. Y además tenía muchos amigos ahí.
–¿Y también te aislaron? –Sí, la disciplina estaba ante todo, era espantoso.
–En los ’70 confluye Nuestro Mundo con otros grupos y forman el FLH, ¿cómo es que ese grupo de delegados sindicales y trabajadores del conurbano llega a trabar relación con intelectuales como Sebreli, Manuel Puig o Pepe Bianco e incluso el grupo de Filosofía y Letras donde estaba Néstor Perlongher? –Juan José Hernández fue el puente, el gran poeta tucumano. Cuando el grupo empieza a consolidarse a alguien se le ocurre llamarlo, y lo vimos y nos conecta con Blas Matamoro y los demás. Me acuerdo que Pepe Bianco decía que era un completo disparate hacer un grupo militante de homosexuales, pero igual estaba metido en la historia. Juan José Hernández era muy peculiar, no fue nunca militante de nada en sentido estricto, pero era la persona que sabía vincular unos con otros. Me llamaba todo el tiempo para presentarnos a alguien, lo que era muy importante, pero no le pidas que esté en manifestaciones ni que escriba panfletos, no le importaba, pero su papel fue fundamental.
–¿Cuáles eran las lecturas del grupo Nuestro Mundo? –Con Nuestro Mundo, prácticamente ninguna, porque nadie sabía inglés, que era fundamental. Sólo teníamos vinculación con Armand de Fluviá, un catalán, que en la época de Franco hizo un recurso contra la ley aquella de peligrosidad social que metía a los homosexuales en la cárcel y podían tenerte reeducándote meses. En el ’69, José viaja becado a Estados Unidos y nos trae una octavilla que recogió en la calle después de los disturbios de ese bar, Stonewall, que también nos sirvió de mucho. Entonces empezamos un poco a vincularnos. Y Pepe Bianco nos tradujo el documento de los Panteras Negras, que es histórico, porque eran bien machistas y reconocían a los homosexuales. Escrito en un inglés difícil, porque era con el lenguaje de estos negros que me acuerdo que a Pepe le costó muchísimo traducir cuatro folios.
–¿Y cómo fue para un comunista como vos relacionarte con un trotskista que quería unirse al peronismo como Perlongher? –Sí, él era trotskista, pero sobre todo era de Filosofía y Letras que era cualquier cosa, se armaban grupos para defender a un chino de quien ni siquiera se sabía el nombre. Yo creo que es un error de Néstor pensar que en aquellas circunstancias, adentrándose en el movimiento peronista se podía dar una alianza, no. En ese momento, no.
–¿Pero tuvieron reuniones? –No, oficialmente no. La única reunión oficial la tuvimos con Nahuel Moreno, del Partido Socialista de los Trabajadores, influenciado por los franceses tenía una actitud de comprensión para nosotros. Gente de su partido se incorporó al frente, pero todo tenía que ser clandestino, que ni su propia gente se enterara. Entonces teníamos, en un local, en un momento de legalidad, una habitación que nos prestaron para que nos reuniéramos. Pero había un cartel que decía “No pasar”, nadie podía saber lo que pasaba ahí dentro y eso era en el partido más abierto de todos.
–Dada esa situación tan dura, escribir la palabra “amor” en la bandera de un grupo homosexual era toda una osadía, ¿cómo fue que se decidieron por esa consigna? –La verdad que sí fue osado. Yo lo discutí mucho, eran más bien ideas de Néstor (Perlongher). Era una frase de la marcha peronista, pero como estrategia fue un disparate. Miles de Montoneros gritaban “no somos putos, no somos faloperos”, y no-sotros ahí paraditos
–¿Y cómo se escuchaba ese canto? –Era duro, era el pueblo que nos rechazaba. Pero también era como la confirmación de que nos habíamos equivocado. Porque no hay buenos muy buenos y malos muy malos, eso lo puedes decir ahora. Es como el Che Guevara, más errores no pudo haber cometido, todo lo hizo absolutamente al revés, lo de Africa, lo de Bolivia, y seguimos con su remera puesta. Muy majo el muchacho, pero con una homofobia más fuerte que todo. Y eso hay que contarlo bien, para no intoxicarnos. Ahora parece que está todo bien, los peronistas presentes y tal, pero hay que recordar que el PC tenía una homofobia insoportable, igual que el ERP y Montoneros, eran de un puritanismo espantoso y conviene contar estas cosas porque si no, no se entiende nada.
–Pero ustedes estaban convencidos, que desde la identidad homosexual se podía aportar a la lucha anticapitalista. –Sí, esa ingenuidad teníamos. Porque cuando tú tomas conciencia de que has sido marginado, humillado, eso te ayuda a analizar otras discriminaciones, otros sometimientos. Los que quieren conservar el poder te limitan económicamente, sexualmente, te van mutilando por todas partes y lo que buscan es obediencia y sumisión. Como lo que decía Perón: “De casa al trabajo y del trabajo a casa”, vamos, que el compañero Perón tenía sus frases interesantes.
–¿Cómo viviste la crisis del sida después de esta militancia tan politizada? –Es que para algunas personas la militancia es una adicción. Siempre estuve vinculado a los grupos gays, pero desde Amnistía Internacional. Y, claro, cuando tomamos contacto con los primeros casos de sida, en el año ’83, cuando todavía no sabíamos casi nada, en el hospital de Barcelona se empiezan a poner carteles de “No pasar”, como si fuera la peste negra. Y lo cierto es que el movimiento ciudadano antisida de España empieza con nosotros, con argentinos, porque somos de un protagonismo... (se ríe). Empezamos a organizarnos y formamos comités en cada provincia, con nuestras reivindicaciones, a hablar del condón, que tenía muchas resistencias en España, porque había estado prohibido en la época de Franco y no sabían ni cómo fabricarlo, no había normativa escrita para hacerlos, y en eso estuvimos. Finalmente creamos la fundación antisida, con la infanta Isabel como nuestra madrina. Néstor (Perlongher) no lo hubiera entendido, pero era tal el rechazo que teníamos que correrlos por derecha para tener un paraguas.
–¿Se te han muerto muchos amigos? –Bastantes. Martín Bartolomé, que era el novio de Blas Matamoro. Eduardo Todesca, sí, mucha gente. Sobrevivimos, pero realmente fue muy duro, era gente joven. Atacó la omnipotencia y no salimos los mismos, fue una bofetada.
–¿Tuviste miedo? –No, después de tantos miedos, mirá si le iba a temer a un retrovirus. Como militante supe de inmediato cómo se transmitía.
–¿Ahora tenés alguna militancia? –Claro, si es una adicción (se ríe). Nosotros tenemos una fundación, Hombro con hombro, que trabaja por los derechos de los migrantes y soy miembro del Partido Socialista, ya he sido candidato a concejal dos veces, soy de UGT –la central sindical–, el sida; sí, vicio, como un cocainómano, no puedo dejar la militancia. Además está el desafío de educar. A nosotros nos llaman de las escuelas para hablar de sida, damos una charla de 45 minutos y te vas contento. No sirve para nada. La educación sexual es algo de todos los días. No es información lo que necesitan, sino educación. Hay que empezar desde muy jóvenes, porque entre los niños y niñas ya hay homosexuales, lesbianas y trans. Eso de que la orientación sexual viene más tarde es mentira, yo recuerdo mis fantasías homosexuales a los ocho años y no conocía ni un sólo homosexual.
–¿Y con qué fantaseabas? –Bueno, la tenía muy escondida porque, sin saber nada, sabía que había que ocultarla: una foto a color –que había recortado de una revista– de un policía montada de Canadá.
Y por supuesto son las carcajadas las que ponen punto final a la entrevista.
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