viernes, 10 de junio de 2016

Homenaja e Torcuato Di Tella, del Blog de Abel

Adiós a Torcuato Di Tella

t di tella
Este martes murió, a los 86 años, y tuvo, como corresponde, buenas notas necrológicas, como ésta de La Nación. Igual, siento que debería recordarlo en el blog, no por la ya lejana memoria de Siam Di Tella, el imperio industrial que construyera su padre, ni por sus vínculos -lejanos en otro sentido- con el peronismo y con la administración kirchnerista. Sino porque fue un argentino que usó con brillantez sus notables dotes, personales y de riqueza y posición familiar. En general las clases privilegiadas argentinas no se han caracterizado por su talento o sus logros, al contrario de otras naciones más afortunadas en ese sentido.
Para tenerlo presente, se me ocurrió buscar un trabajo poco conocido suyo, de hace unos 20 años. Y copié algunos fragmentos, donde toca los temas de la inmigración en Argentina, Brasil y Chile, el ABC suramericano. Y la constitución de los partidos de derecha (tema de alguna actualidad, no?). Que tiene que ver con lo que decía en el primer párrafo sobre las clases privilegiadas. Es interesante como TDT nos mira con lucidez pero “desde afuera”.

Argentina-Brasil: contrastes y convergencias

Presentación del seminario sobre Argentina y Brasil realizado en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro en 1996.
En este seminario nos planteamos el estudio de contrastes y parecidos entre Argentina y Brasil, cuya convergencia política ha creado ya, y seguramente lo hará cada vez más, cambios revolucionarios en nuestra experiencia cívica, empezando por nuestra autopercepción como pueblos a quienes les ocurren, o han ocurrido, cosas interesantes vistas a nivel mundial
Comenzaré con una cierta mirada histórica … todos venimos al mundo marcados por lo que nuestros antepasados han hecho. ¿Pero quiénes eran nuestros antepasados? ¿Qué hacían ellos cuando nuestros países comenzaron a tener una vida independiente? Aquí la respuesta es bien distinta: los tatarabuelos de los brasileños de hoy, en su gran mayoría, en todos los niveles sociales, estaban en Brasil; los nuestros estaban muy lejos, y posiblemente ni siquiera sabían que estos países existieran. El contraste es muy marcado, y ha sido objeto de repetidos análisis, aunque no siempre con enfoque comparativo. Mientras que la Argentina tuvo, durante décadas muy formativas (digamos, entre 1880 y 1930) casi un 30% de extranjeros, Brasil apenas superaba el 5%. Es cierto que en Sao Paulo y en los estados del sur esta última cifra subía significativamente, pero esa despareja distribución se daba también en la Argentina. Un resultado inevitable: debe haber, al menos en las clases cultas, mucha mayor memoria histórica en Brasil que en la Argentina, porque esa memoria se transmite en gran medida a través de las tradiciones familiares. En esto la Argentina contrasta no sólo con Brasil sino con Chile, país también con escasa inmigración extranjera (en torno del 5% por décadas), y que tiene un sistema político partidario muy moderno, el más parecido, en nuestro continente, al europeo.
¿Pero entonces deberían resultar Brasil y Chile muy parecidos, contrastados ambos con la Argentina? No necesariamente, porque las estructuras sociales de ambos son bien diferentes, casi diría polarmente opuestas. Aunque el foco de esta presentación no abarca a Chile, para ciertos argumentos comparativos es preciso hacerlo, y espero que el ambiente creado por la incorporación al Mercosur facilite la aceptación — y la comprensión — de estas observaciones.
En lo relativo a la estructura social básica, Chile es más parecido a la Argentina, por sus ya asentados y antiguos índices de urbanización, educación, vigencia de las clases medias, y temprana organización obrera y sindical. (Pero) una consecuencia de la mencionada mayor memoria histórica existente en Brasil (y Chile) es que hay en ellos fuertes partidos conservadores, por ése u otro nombre, característica que comparten con prácticamente todas las naciones desarrolladas y democráticas del mundo. Por “partido conservador” entiendo uno que goza de sólidas raíces en las clases altas, y que tiene una ideología muy cercana a la visión empresarial de las cosas.
Por lo tanto, incluyo en Chile tanto al Partido de Renovación Nacional (PRN), como a la Unión Democrática Independiente (UDI), ambos con más de un siglo de historia, dada su fuente en los antiguos partidos Conservador y Liberal. En Brasil incluyo al Partido Progressista Brasileiro (PPB) y al Partido da Frente Liberal (PFL), ambos hijos, o nietos, de la Alianza Renovadora Nacional (ARENA) y de la Uniao Democrática Nacional (UDN), incorporando incluso a sectores de la antigua derecha varguista, el Partido Social Democrático (PSD).
En Chile ambos partidos conservadores obtuvieron un buen tercio de los votos, y algo más si se les suma el Centro Democrático de Errázuriz; en Brasil el PPB (o su padre el PPR) y el PFL obtuvieron sumados un 30% en las elecciones legislativas de 1994. Aunque no estaban aliados, forman entre ambos un bastión claramente conservador, independientemente de su fraseología electoral, sus banderas regionalistas, o de las alianzas a que el PFL se ha visto inducido.
… La fuerza electoral de un partido de derecha tiene dos patas. Una, que se debilita con el tiempo, es la del campesinado tradicional, que vota por sus patrones, o por los notables, parientes de sus patrones. La otra, que se consolida con el tiempo, es la de la clase media urbana y moderna: sin ella nunca se podría ganar una elección. Hay quienes dicen que existe una tercera pata, los working class tories, o rednecks, o sindicalistas burocratizados. Esta última pata es algo coja, o bien no es realmente conservadora: me refiero a los sindicalistas. Podrán ser “socialmente conservadores” (opuestos a los hippies, los gays, los inmigrantes, despreocupados por derechos humanos, etc.) pero no hay prácticamente casos en que ellos integren al principal partido conservador del país, o sea el que tiene el corazón de las clases altas.
Dejando para más adelante analizar el rol de estos sindicalistas, veamos ahora la posición de las clases medias. Lo normal para una persona de clase media es envidiar pero al mismo tiempo admirar a los miembros de la aristocracia o del jet set, y por lo tanto aceptar el liderazgo planteado por sus superiores jerárquicos. Votan, por lo tanto, en su mayoría, por los conservadores, sobre todo después de haber pasado por etapas en que su preferencia va en gran parte a partidos centristas como los Radicales, los Demócrata Cristianos, o los Liberales avanzados.
¿Pero qué pasa en un país como la Argentina, caracterizado por el impacto inmigratorio? Como vimos antes, éste fue mucho mayor entre nosotros que prácticamente en cualquier otro lugar del mundo. Se creó entonces un gran vacío de participación, pues la masa de la burguesía urbana, y de la clase obrera de las ciudades, abrumadoramente extranjeras, no tenían el voto, pues no adquirían la ciudadanía. Esto era grave, porque se trataba de los dos sectores sociales más estratégicos en la consolidación de un sistema político moderno. La consecuencia era la debilidad de un partido liberal burgués, o de uno social demócrata o laborista.
Por otra parte, se puede observar en escala internacional que la burguesía, en general, después de ser el apoyo de un Liberalismo rival de los Conservadores, termina por unificarse en uno sólo de esos partidos, o en uno que los engloba, o en dos casi siempre aliados, todo lo cual forma la ya aludida solidez de la Derecha política. Pero si la burguesía, por su abrumadora condición extranjera, tenía una actitud de alejarse de la arena político partidaria, esa característica -a menudo transmitida a sus hijos- también tenía que afectar a la salud de un partido conservador moderno, no sólo al Liberalismo de una etapa más temprana. Eso es, precisamente, lo que ha ocurrido en la Argentina: el país está demasiado desarrollado para tener el tipo de conservadorismo en buena medida arcaico de Brasil, y por otro lado (tuvo) excesivo peso del componente extranjero como para emular el caso chileno. En otras palabras, la masa de la clase media o burguesía, de origen inmigratorio, ha heredado de sus padres un cierto desprecio hacia el “país criollo”, en el que se incluye hasta a las clases altas locales, que no fueron capaces de infundir en ellos el respeto que en cambio se daba en el caso norteamericano”.  (completoaquí)

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