domingo, 28 de abril de 2013

REPUBLICANOS ARGENTINOS "A LA CACHETADA"



REPUBLICANISMO A LA ARGENTINA: Puff!!!,


Ahora todos somos "republicanos". Se sabe, con  la mayoría automática de Menem, el “per saltum” de Menem y los diputados truchos para aprobar la privatización de YPF (truchos a quienes conozco personalmente y puedo dar nombres y apellidos). El poder judicial troglodita estuvo siempre: con los golpes militares, defendiendo a las corporaciones y no a la gente.

Conociendo de las detenciones y desapariciones forzadas  “personajes de opereta” como el fiscal Strassera (juez que actuó durante toda la dictadura y tomaba declaraciones a detenidos encadenados) o el actual presidente del Bloque  de Diputados UCR Gil Lavedra, quien fuera secretario de la Corte Suprema de la Dictadura Militar, asesor letrado de Bunge y Born y actualmente abogado defensor de Clarin, se pavonean de republicanos.

Y otros tantos... Tantos de esos abogados que recibieron su título con mínimas exigencias, por mandato del General Mitre, que no ganó ninguna batalla, pero se dedicó a que los Colegios Nacionales y las carreras de Abogacía escupieran abogados garcas formados para defender el “statu quo” y el “establishment” al que él pertenecía (aunque los abogaduchos no, pero “aspiraban”, entonces cumplían con todos los deberes, incluso el de tomar un tono de conchetos en su hablar).

 

Sabían Ustedes señores abogados que en los Estados Unidos de América para ser abogado hay que ser primero licenciado en sociología, ciencias políticas o carreras afines, y luego ingresar a la Escuela de Leyes. Pero no basta; para ejercer, deben después rendir exámenes rigurosísimos en cada Estado? Aquí cualquier abogaducho recibido en la universidad privada de Dolores puede ser nombrado juez y dictar la inconstitucionalidad de cualquier ley. Encima aquí se hacen llamar “doctores” y en los EUA solamente usan el título de “lawyer”. En Francia, sí se puede estudiar abogacía, siempre también con un título de grado en ciencias sociales previo. Pero agarrate Catalina si querés ejercer: los exámenes son impresionantemente difíciles, al punto de que muchos egresados de la Universidad de París, no pueden ejercer ni la abogacía, ni los profesorados, ni la arquitectura, aún con título universitario, porque no aprobaron los exámenes de Estado que los habilitarían para ejercer la profesión.

Personalmente creo que no puede ser que el Poder Judicial paralice todas las acciones de un Parlamento y de un Poder Ejecutivo, con cautelares, como la del Diario La Nacion, por $ 300 millones, que está cajoneada en la Corte Suprema de la Nación, desde hace casi 10 años, solo porque el Supremo Fayt está casado con la hermana de José María Escribano, el secretario del diario La Nación.

Cuando el Dr. Ricardo Alfonsín, decidió introducir en la reforma constitucional del 94 los institutos del Consejo de la Magistratura, la Procuraduría General de la Nación y la Defensoría General de la Nación, su objetivo fue quitarle  el Poder omnímodo que tenía el Poder Judicial. Poder omnímodo que el Dr. Carlos Menem supo sortear con una Corte Suprema adepta y el instituto del "per saltum" que le permitió eludir cautelares y hacer la tarea de gobierno que lo caracterizó: privatizaciones, afjp, y tal. ¿Qué hubiera pasado si como a este gobierno cualquier abogaducho nombrado juez hubiera gritado "cautelar" a cada iniciativa? Pues hoy YPF, ENTEL, los trenes, seguirían como estaban.

Néstor Kirchner en un alarde de republicanismo nombró a una Corte Suprema con una transparencia única en la Historia argentina. La senadora Cristina Fernández de Kirchner redactó con su pluma más republicana la actual ley que rige al Consejo de la Magistratura: con mayorías agravadas, una gran preponderancia de las minorías. Pero así estamos, peor que nunca, paralizados en una ley votada con mayorías absolutas, como la Ley de Medios, porque las “minorías” del Consejo de la Magistratura, llámense los impresentables Aguad y Cimadevilla, se niegan a desplazar a jueces sobornados y tal.

 

Señores abogados, aquí, en Argentina, las mayorías legislativas son “votadas” voto a voto. No como en los regímenes parlamentarios que basta con ganar con el 30% de los votos para obtener el 80% de los escaños parlamentarios y así no obstruir la tarea del ejecutivo. Es una gran deferencia en el sistema argentino darle un lugar destacado a las minorías que obtuvieron menos del 30% de los votos, con una diferencia de casi 25% con el ganador, y encima ese 30% fragmentado en mil minorías peleadas entre sí (si me equivoco me corrigen, pero más o menos es así).

 

 

El “equilibrio de poderes” debe ser eso, “equilibrio”. Porque si el Poder Judicial siempre tiene la última palabra en contra del voto popular, entonces ¿para qué votamos? Volvamos a las Dictaduras militares, señores abogados, total ustedes seguirán trabajando, a pesar de que las libertades y derechos personales sean cercenados, se destruya nuevamente el aparato productivo y el Barrio de Belgrano se llene de torres de “alta gama” (como se dice hoy) para familias de militares.

 

¿Sabían, señores abogados, de dónde tomó el Dr. Raúl Alfonsín la idea del Consejo de la Magistratura? Pues básicamente de Italia y de Francia. Investiguen, busquen, comparen, averigüen, señores,  antes de decir “esta reforma es inconstitucional”. El espíritu alfonsinista fue el de “democratizar” la Justicia, y no, como dice su pobre e indigno clon, Ricardo Alfonsín, “republicanizar”.

 

En este proyecto argentino en discusión, sólo hay un representante del Poder Ejecutivo. Los Consejos de la Magistratura de Francia e Italia, lo integran el mismo presidente del Ejecutivo, y en Francia también el vicepresidente. Pero además, quien designa y remueve a los jueces en esos países es nada menos que el Ministro de Justicia, que depende del Poder Ejecutivo. (Tal vez me equivoque en algún dato, estoy escribiendo de memoria y con furia. Soy un simple licenciado en Historia. (Ojalá algún día se cree, en Argentina,  la Escuela de Leyes como posgrado de las carreras de ciencias sociales y humanidades. Entonces sí me meteré en el tema).

 

Como el periodista Mario Wainfeld tiene más pergaminos en el tema: abogado recibido en la UBA, Magíster en Ciencias Políticas recibido en la Universidad del Salvador. Profesor universitario de posgrado en esta universidad,  transcribo un fragmento de su nota de hoy, como corolario de mis dichos.

 

Saludos cordiales,

 

Mario Cardoso

HISTORIA MODERNA

UNQuilmes - ARGENTINA

 

 

Republicanos intermitentes: El cambio en las reformas mantuvo a la Corte en el control de la caja judicial. Es un dato relevante porque, en la mirada del cronista, es el único aspecto clavadamente inconstitucional del proyecto en cuestión.

El artículo 114, inciso 3, de la Carta Magna establece, sin dejar margen a dudas, que corresponde al Consejo: “Administrar los recursos y ejecutar el presupuesto que la ley asigne a la administración de Justicia”.

Cierto es que la Corte ejerce esa facultad desde hace años, sin que haya tronado el escarmiento ni hayan protestado jueces, legisladores, académicos o ONG inflamados de republicanismo. La costumbre aceptada, empero, no deroga la norma.

El argumento utilizado por la Corte (unánimemente) es la gobernabilidad. Aducen que el Consejo es un organismo colegiado (sotto voce añaden, con igual razón, que su “funcionamiento” es fatal), lo que conspira contra la ejecutividad de la labor. Llegaron a hablar de paralización de “la Justicia”.

Contraponer gobernabilidad versus legalidad es un razonamiento pragmático, acaso más parental al peronismo que al remilgado Poder Judicial. También viene al caso recordar que el Congreso, que es colegiado y conflictivo, administra sus recursos.

Lo ostensible es que hay un doble standard en la cultura política doméstica, respecto de las inconstitucionalidades. Las que aluden al campo propio se resignan en nombre de la eficiencia o de la costumbre. Las otras suscitan oleadas de indignación y clamores apocalípticos.

Algo similar acontece con los reclamos de transparencia, fair play y visibilidad con que tanto se interpela a otros poderes del Estado. Por lo visto, la “Justicia independiente”, empezando por su primera figura, juega entre bambalinas con cartas marcadas cuando viene a cuento.


http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-218910-2013-04-28.html

miércoles, 3 de abril de 2013

Mauricio Macri es de los pocos que comenzaron a transitar el año sin el pecho oprimido por la angustia económica: la Ciudad Autónoma de Buenos Aires prevé un superávit operativo que le permitirá costear con recursos propios obras públicas por 4.500 millones de pesos este año. Sólo uno de los privilegios de que puede jactarse el hombre del PRO. La CABA obtuvo una “no objeción” de la Nación para que el Banco Interamericano de Desarrollo desembolse un préstamo de 130 millones de dólares para mejoras viales, que aprovechará Autopistas Urbanas Sociedad Anónima. Y en la jefatura capitalina descuentan que el Banco Central otorgará sin problemas las garantías para que el Bndes (Banco Nacional de Desarrollo de Brasil) aporte otros 150 millones de dólares para comprar a la filial brasileña de Alstom coches para los subterráneos.

DIARIO BAE, CONTRATAPA, 27 de febrero de 2013. Por Cledis Candelaresi

La bonanza fiscal del distrito más rico del país

La Ciudad de Buenos Aires prevé superávit operativo para el 2013 y tomar deuda externa e interna para equipar subtes y hacer obras. Por Cledis Candelaresi, Prosecretaria de Redacción


La bonanza fiscal del distrito más rico del país Sea una consecuencia natural por administrar el distrito más rico del país o bien por gerenciar apropiadamente, Mauricio Macri es de los pocos que comenzaron a transitar el año sin el pecho oprimido por la angustia económica: la Ciudad Autónoma de Buenos Aires prevé un superávit operativo que le permitirá costear con recursos propios obras públicas por 4.500 millones de pesos este año. Sólo uno de los privilegios de que puede jactarse el hombre del PRO.
La CABA obtuvo una “no objeción” de la Nación para que el Banco Interamericano de Desarrollo desembolse un préstamo de 130 millones de dólares para mejoras viales, que aprovechará Autopistas Urbanas Sociedad Anónima. Y en la jefatura capitalina descuentan que el Banco Central otorgará sin problemas las garantías para que el Bndes (Banco Nacional de Desarrollo de Brasil) aporte otros 150 millones de dólares para comprar a la filial brasileña de Alstom coches para los subterráneos.
José Manuel de la Sota, por citar un ejemplo, pareciera estar en la situación contraria y ofrece pruebas de lo que para él es resultado de la inquina de la Casa Rosada. El gobernador cordobés se lamenta porque no consigue la última e imprescindible venia del poder central para destrabar un préstamo de la Corporación Argentina de Fomento para entubar un arroyo ni el espaldarazo oficial para que el Bndes haga los desembolsos del caso a fin de costear el tendido de gasoductos en tierra mediterránea.
Aquel respaldo para que la Ciudad tome deuda externa (envidia de otras jurisdicciones provinciales que requieren lo mismo) tiene un fundamento de responsabilidad: la performance fiscal permite presumir que la Capital podrá honrar sin problemas las obligaciones contraídas, situación diferente a la de otras jurisdicciones.
Pero también tiene otra justificación de naturaleza más política, como es un acuerdo de partes. La Nación avala el endeudamiento internacional de la Ciudad a condición de que el macrismo habilite la asignación de terrenos ferroviarios para el Plan Procrear, disponiendo una “zonificación” determinada. Un toma y daca que parece estar funcionando muy bien..
La gestión de Néstor Grindetti se plantea una osadía mayor para mejorar la infraestructura de los subtes, que no sólo demanda la cobertura de un millonario déficit operativo sino inversiones vitales para sostener el servicio. El Ejecutivo ya está autorizado por la Legislatura para endeudarse en 100 millones de dólares adicionales con ese propósito, pero el secretario de Hacienda de la Ciudad mira con cuidado lo que ocurre en los mercados externo y doméstico.
La administración ciudadana no quiere convalidar tasas por encima del 6,5% anual que se comprometió a pagar en la última emisión de bonos externos y busca ampliar los plazos de otra proyectada venta en el mercado doméstico de títulos “linkeados” al dólar. Un anzuelo eficaz mientras el peso pierde valor.
Todos ajustan
No hay una provincia que en el último año no se haya embarcado en un programa para reforzar su caja, limitando el gasto o, básicamente, incrementando los recursos propios. Con 9.069 pesos, la CABA lidera el ranking de recaudación propia per cápita, seguida por Tierra del Fuego con $8.027 y Neuquén, con $4.422. Pero participa de algunas debilidades estructurales comunes a cualquier jurisdicción.
Algunas provincias más que otras, pero todas cubren una parte importante de sus egresos con recursos que les gira la Nación a través de la coparticipación o de las transferencias discrecionales. Por este hecho y por el protagonismo que tiene Ingresos Brutos en la alimentación de las cuentas, son muy dependiente de los ciclos económicos. Esto implica que apenas la actividad se resiente, las cajas del interior se resienten.
La provincia de Buenos Aires es un buen ejemplo de esas dependencias. Casi el 32% de los recursos provienen de giros que realiza la Nación y otro 30,5% se explica por I.B. Por mucho que aumente el Impuesto Inmobiliario –más del 70 por ciento de la mejora en la recaudación de tributos provinciales se explica por un aumento en la alícuota o base imponible de este gravamen– si la situación económica global no se fortalece es difícil que las gobernaciones tengan un respiro genuino.
La administración de Daniel Scioli tiene un déficit de alrededor del 12 por ciento sobre los fondos totales que consigue recaudar y para cubrirlo resulta clave el aporte del poder central. El año pasado los fondos coparticipables –incluidos los que La Plata transfiere a los municipios y tomando en cuenta los recursos que corresponden a la Ley Federal de Educación– subió un 24% contra un 20% del promedio general, según precisa un análisis de la Asociación Argentina de Presupuesto Público.
Esa gestión hizo un esfuerzo para recortar gastos, excluyendo de la poda, eso sí, a los servicios sociales (remuneraciones).
Córdoba también ajusta sin tocar sueldos. El año pasado, el gasto mediterráneo creció un poco por encima del 18% contra una suba de casi el 26% en los recursos.
La realidad es que cada vez tiene más peso relativo aquella porción del gasto provincial inelástica, que no puede modificarse, como el de los salarios.
En los grandes distritos, el peso relativo de los sueldos es similar. En la provincia de De la Sota alcanza el 50% de las erogaciones y en la Ciudad, un 47%. Era del 51% cuando comenzó la gestión macrista, pero bajó 4 puntos gracias a una purga paulatina de 8.000 agentes que se fueron sin necesidad de un plan de despidos masivos. Macri celebra este rasgo de su gestión como un éxito, difícil de replicar en otros lugares.

lunes, 1 de abril de 2013

(...) "Los argentinos, en general, incluso sus teólogos populares y más importantes (...) nunca se sintieron cómodos con un pensamiento teológico de la liberación, el que reconoció aportes del marxismo" (...)

EL MUNDO › ¿DE QUE OPCION POR LOS POBRES HABLA EL PAPA?

Entre la caridad y el cambio estructural

Francisco desea “una Iglesia pobre y para los pobres”, pero faltan definiciones para saber si sus propósitos apuntan a una mirada reformista que demande ajustes al sistema o a recuperar la perspectiva liberadora del magisterio episcopal latinoamericano.

Por Washington Uranga
Washington Uranga, nacido en Montevideo y adoptado por la Argentina como uno de sus investigadores más queridos aparece en su práctica de lo comunicacional increíblemente versátil y polifacético . Esta característica, que comparte con muchos de los investigadores en el campo, hace que su inscripción dentro de lo que se ha dado en llamar Escuela Latinoamericana de Comunicación, presente algunas dificultades pero también aportes muy ricos en cuanto a la complejidad que supone.

Es muy probable que su paso y vida por distintos países (trabajó en Colombia, México, Ecuador, República Dominicana,  además de hacerlo en Uruguay y Argentina) tengan que ver con el carácter elástico que atraviesa toda su obra.
 
                                                    
Desde los antecedentes profesionales en los medios, hasta su desempeño como docente e investigador en la academia latinoamericana, pasando por su participación en organizaciones no gubernamentales y la labor crítica como miembro de la Iglesia Católica, en todos ellos se ve la capacidad de extrañeza y reflexión frente a los acontecimientos de la América Latina de los últimos 20 años.
http://www2.metodista.br/unesco/PCLA/revista6/perfis%206-1.htm
Jorge Bergoglio, en su nueva condición de papa Francisco, ha insistido en mandar señales que intentan instalar la imagen de pobreza y austeridad, tanto en lo personal como en lo institucional. Los gestos han sido acompañados de un discurso que subraya el deseo de “una Iglesia pobre y para los pobres”. Y en este mensaje muchos han querido ver la recuperación de la tradición histórica y teológica que la Iglesia Católica en América latina ha construido y cimentado después del Concilio Vaticano II (1962-65) y como relectura y aplicación a la región de ese acontecimiento de la Iglesia universal. Está claro que, a través del pensamiento que se le conoce en sus escritos, pero también por sus prácticas pastorales, Bergoglio no se sitúa en la radical elección planteada por la Teología de la Liberación latinoamericana, que ha sido la perspectiva teórica fundamental de esa opción. Es así porque los argentinos, en general, incluso sus teólogos populares y más importantes como el ya fallecido Lucio Gera, nunca se sintieron cómodos con un pensamiento teológico de la liberación que reconoció aportes del marxismo. Pero también porque el hoy papa Francisco estuvo siempre enrolado en las corrientes cuya preocupación por lo social se puso de manifiesto mediante la acción caritativa, por una parte, y a través de la mediación política solapada y discreta con el poder, por otra. No por el compromiso directo con la lucha de los movimientos populares.
Pese a lo dicho, la llegada de Francisco al pontificado despertó expectativas incluso en los más reconocidos teólogos latinoamericanos de la liberación, como Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez, Ivonne Guevara y Oscar Beozzo, para mencionar tan sólo algunos.
En estos círculos de la Iglesia Católica se advierte que para traducir en hechos y en orientaciones pastorales lo hasta ahora manifestado en sus discursos, el nuevo Papa debería retomar los grandes lineamientos emanados del Concilio Vaticano II –muchos de ellos desechados por Juan Pablo II y Benedicto XVI– y hacer suya la llamada “opción por los pobres” que los obispos latinoamericanos plantearon en Medellín (1968) y en Puebla (1979).
En un texto publicado por la Universidad Católica de Perú, el peruano Gustavo Gutiérrez acaba de señalar que para hacer carne lo que el Papa dijo, “una Iglesia pobre y para los pobres” se necesita “reconocer que el auténtico poder de la Iglesia consiste en servir a los pobres”.

La mirada latinoamericana

¿En qué consiste la originalidad del pensamiento católico latinoamericano de la liberación? Para el brasileño Clodovis Boff (también teólogo y hermano de Leonardo), “la Iglesia de América latina se caracteriza por ser una ‘Iglesia social’: es una iglesia profética, de los pobres y liberadora” (http://servicioskoinonia.org/relat/203.htm).
La conferencia de los obispos latinoamericanos en Medellín (1968) le dio visibilidad institucional a lo que desde tiempo antes de venía gestando en el trabajo eclesial de base. En el documento final, los obispos afirmaron que “estamos en el umbral de una nueva época histórica de nuestro continente, llena de un anhelo de emancipación total, de liberación de toda servidumbre... Percibimos aquí los preanuncios en la dolorosa gestación de una nueva civilización” (No. 4).
Podría decirse que el Vaticano II había impulsado una mirada “desarrollista” de la sociedad que pretendía reformas del orden capitalista para hacerlo más justo, más equitativo. Denunció las injusticias y pidió cambios. En uno de los documentos conciliares se puede leer: “Jamás el género humano tuvo a su disposición tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico. Y, sin embargo, una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria y son muchedumbre los que no saben leer ni escribir” (Gaudium et spes, No. 4).
Y lo anterior se completaba con el elogio de la caridad. “La acción caritativa puede y debe llegar hoy a todos los hombres y a todas las necesidades. Donde haya hombres que carecen de comida y bebida, de vestidos, de hogar, de medicinas, de trabajo, de instrucción, de los medios necesarios para llevar una vida verdaderamente humana, que se ven afligidos por las calamidades o por la falta de salud, que sufren en el destierro o en la cárcel, allí debe buscarlos y encontrarlos la caridad cristiana, consolarlos con cuidado diligente y ayudarlos con la prestación de auxilios. Esta obligación se impone, ante todo, a los hombres y a los pueblos que viven en la prosperidad” (Decreto conciliar Apostolicam actuositatem No. 8).
Esta fue, en líneas generales, la propuesta del Concilio. Los latinoamericanos fueron más allá.
En el primer documento de Medellín, los obispos denunciaron la “miseria que margina a grandes grupos humanos” y dijeron que “esa miseria, como hecho colectivo, es una injusticia que clama al cielo” (No. 1). Luego anunciaron que Cristo que vino “a liberar a todos los hombres de todas las esclavitudes” (No. 3); que la “verdadera liberación” envuelve una “profunda conversión”; y afirmaron la “liberación integral” como acción de la “obra divina” (No. 4), asegurando que el amor es “la gran fuerza liberadora de la justicia y la opresión” (No. 5).
Y todavía más. En Medellín también, pero ya en el documento número II, sobre la paz, los obispos hablaron de “dependencia” y sostuvieron entonces que “el subdesarrollo latinoamericano es una injusta situación promotora de tensiones que conspiran contra la paz” (No. 1), equipararon “situación de pecado” con “situación de injusticia” y en otro momento directamente con “violencia institucionalizada” (No. 16). En el mismo texto se afirma que es misión de la Iglesia es favorecer “todos los esfuerzos del pueblo por crear y desarrollar sus propias organizaciones de base” (No. 27).

Cambios estructurales

No hay aquí un planteo reformista, sino claramente el respaldo a cambios estructurales. Allí mismo se piden “transformaciones profundas” (No. 17) y se critica como omisión el pretendido apoliticismo que elude el compromiso por la justicia y se reconoce la legitimidad de la “insurrección revolucionaria”, algo que ya había hecho el papa Pablo VI en su encíclica Populorum Progressio (1967), “en caso de tiranía evidente y prolongada, que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y damnificase peligrosamente el bien común del país” (PP No. 31). Sin embargo, en sintonía con el papa, los obispos latinoamericanos se inclinaron por la acción pacífica (No. 19). En medio del clima de represión política y de agitación revolucionaria que se vivía entonces en la región, la Iglesia afirmó que “el cristianismo es pacífico... No es simplemente pacifista, porque es capaz de combatir. Pero prefiere la paz a la guerra.” (No. 15).
En 1973, un libro publicado por el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), Liberación: Diálogos en el Celam, incluyó un artículo de Gustavo Gutiérrez, “Praxis de liberación, teología y evangelización”, en el cual el peruano sostiene que “los últimos años de América latina se caracterizan por el descubrimiento real y exigente del mundo del otro: el pobre, el marginado, la clase explotada. En un orden social hecho económica, política e ideológicamente por unos pocos y para beneficio de ellos mismos, el ‘otro’ de esta sociedad –las clases populares explotadas, las culturas oprimidas, las razas discriminadas– comienza a hacer oír su propia voz”.
Esa Iglesia latinoamericana acompañaba los aires de cambio de la región. Por ejemplo: es inevitable ver la influencia de Paulo Freire en el documento sobre educación, donde aparece siete veces de distintas maneras la idea de “liberación”. Y en el que se define la “educación liberadora” como aquella que “convierte al educando en sujeto de su propio desarrollo” y se la propone como “el medio clave para liberar a los pueblos de toda servidumbre” (No. 8).
Tampoco faltó entonces la autocrítica. “Llegan también hasta nosotros –afirmaron los obispos– las quejas de que la jerarquía, el clero, los religiosos, son ricos y aliados de los ricos. (...) Los grandes edificios, las casas de párrocos y de religiosos cuando son superiores a las del barrio en que viven; los vehículos propios, a veces lujosos; la manera de vestir heredada de otras épocas (han contribuido a crear esa imagen de una Iglesia jerárquica rica)” (No. 2).
Mientras todo esto sucedía en América latina, la Iglesia en la Argentina –salvo contadas excepciones como la de los Sacerdotes para el Tercer Mundo– se mantuvo ajena, lejana y hasta desconfiada mirando a las Iglesias del continente. No debería perderse de vista que esos fueron precisamente los años en los que Bergoglio se formó como sacerdote y como teólogo.

Opción por los pobres

A pesar de la reacción conservadora que desató en la Iglesia católica latinoamericana grandes enfrentamientos internos, y de los mártires que arrojó la postura liberacionista en medio del avance de los regímenes de seguridad nacional, en Puebla (1979), ya con Juan Pablo II como papa, los obispos ratificaron el compromiso de Medellín. “Los pobres merecen una atención preferencial, cualquiera que sea la situación moral o personal en que se encuentren. Hechos a imagen y semejanza de Dios, para ser sus hijos, esta imagen está ensombrecida y aun escarnecida. Por eso Dios toma su defensa y los ama. Es así como los pobres son los primeros destinatarios de la misión y su evangelización es por excelencia señal y prueba de la misión de Jesús”, reafirmaron entonces (Puebla No. 1142). Retomaron el decreto conciliar Apostolicam actuositatem para sostener que es necesario “cumplir antes que nada las exigencias de la justicia para no dar como ayuda de caridad lo que ya se debe por razón de justicia; suprimir las causas y no sólo los efectos de los males y organizar los auxilios de tal forma que quienes los reciben se vayan liberando progresivamente de la dependencia externa y se vayan bastando por sí mismos” (AA 8, Puebla 1146). Reafirmaron la necesidad de “una convivencia humana digna y fraterna”, llamaron “a construir una sociedad justa y libre” (No. 1154) y a impulsar “el cambio necesario de las estructuras sociales, políticas y económicas injustas” (No. 1155) porque “la economía de mercado libre, en su expresión más rígida, aún vigente como sistema en nuestro continente y legitimada por ciertas ideologías liberales, ha acrecentado la distancia entre ricos y pobres por anteponer el capital al trabajo, lo económico a lo social” (No. 47).
Este posicionamiento de la Iglesia latinoamericana fue duramente contestado y reprimido desde el Vaticano durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Las siguientes asambleas de los obispos latinoamericanos (Santo Domingo, 1992 y Aparecida, 2007), sin negar expresamente todo el magisterio anterior, se dedicaron mucho más a pensar la Iglesia hacia adentro, los temas clásicos de la “evangelización”, de la pérdida de influencia en la sociedad y el retroceso frente a otras religiones. Los obispos argentinos, poco presentes en Medellín y Puebla, sí tuvieron mucha participación en Santo Domingo y Aparecida. Bergoglio fue el principal redactor del documento que surgió en Brasil en el 2007.
¿Cuál es la visión que rescata hoy Francisco cuando dice que sueña “una Iglesia pobre y para los pobres”? ¿Dónde se ubica? ¿En la mirada reformista del Concilio, reflejada en Santo Domingo y Aparecida –lo cual sería coherente con su historia personal– o más bien en la tradición social liberadora de la Iglesia latinoamericana de Medellín y Puebla? ¿Basta con la austeridad personal del Papa, con los signos y con los discursos? No hay todavía respuestas para estas preguntas, pero hay que seguir aportando elementos para la reflexión mientras los hechos comiencen a hablar por sí mismos.

RELIGIOSIDAD POPULAR CONSERVADORA, RELIGIOSIDAD DE LA LIBERACIÓN, EL MITO DE LA NACIÓN CATÓLICA: Por Horacio GONZÁLEZ

¿Un Vaticano peronista?

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-216111-2013-03-19.HTML

   
 Por Horacio González
Como en el Medioevo, se ha desparramado por el mundo una profusa gestualidad que convierte la política en una nueva hermenéutica, una ciencia de los signos con interpretaciones que se sitúan entre lo cabalístico y las más diversas hechicerías. Nunca como hoy, en plena era de los medios, la política de gestos se establece como arte interpretativo, ya no de la manera en que los viejos cultores de la razón económica analizan la curva de precios, sino el orden simbólico que se puede analizar por el misterioso significado de la curva de desgaste de los sencillos zapatos del Papa, sin hablar de los sillones despojados en que se sienta, del tamaño y la materia de su cruz pectoral y del tiempo que insume viajando en ómnibus para abonar de su propia faltriquera una cuenta impaga de hotel.
Entre las tantas reflexiones surgidas de un arsenal siempre disponible de reacomodamientos humanos, leemos en paredes y escuchamos en comentarios diversos la expresión “el papa peronista”. Por muchas razones está equivocada, pero es tan dificultoso descubrir la raíz del error como perentorio hacerlo. Bergoglio, sin duda, es un habiloso tejedor de lenguajes, donde entre sus glosas sobre las escrituras, siempre un tanto marciales, como corresponde a los hijos del santo capitán Ignacio de Loyola, suelen colarse expresiones barriales. Ya en el Vaticano dijo que si no se camina hacia Jesucristo, abandonando un estado de “ONG piadosa, la religión o el propio Vaticano pierden el rumbo”. Y remató: “Así la cosa no va”. Es el idioma de los argentinos, seguramente con un lejano aire tomado de las jergas del idioma italiano. De algún modo, “así no va la cosa”, parece un latinazgo, pero del barrio de Balvanera, Boedo o de las esquinas de Buenos Aires en donde, según piadosos testigos, se ve a Bergoglio ir a comprar remedios a la farmacia “a sus pobres curitas”.
Vaya, que sea “así la cosa”, o “così la cosa”, puede permitir a muchos interpretar que ahora cambiaría todo, que expiraría el largo período de pobreza en el mundo y las grandes casamatas eclesiásticas comenzarían a pensar en su propia conciencia agrietada y a exonerarse a través de una nueva conciencia social. Y hasta en los ensueños más audaces, en un llamado contra el colonialismo. He aquí el Papa que emerge de conglomerados humanos que viven en el barro, que toma mate en los balcones del Vaticano y hará asaditos en parrilladas argentinas cerca de los frescos de Miguel Angel, lo que nadie se animará a criticarle. Algún que otro gol de un equipo argentino, podrá verse inspirado, en la voz de relatores imaginativos, en la vida de este hombre austero. Vaya, vaya, quizá sea così la cosa. Los jesuitas son pintados en Rojo y Negro, de Stendhal, como personajes cuyo pensamiento yacía bajo rostros inescrutables, siendo los proveedores de la máxima condición conspirativa en la Europa moderna, por la necesidad de actuar bajo diversas formas de clandestinidad frente a las acciones que les dirigen las monarquías del siglo XVIII, considerándolos “un Estado dentro del Estado”. Un escrito apócrifo tuvo cierta circulación entre los siglos XVII y XIX, la Monita secreta societatis Jesé, considerado el vademécum de la “conspiración jesuítica” que se abatiría sobre el mundo y que podía ser colocada sobre el bastidor del naciente marxismo. En efecto, los jesuitas fueron tan conspiradores como a otros se les atribuyen feroces conspiraciones contra ellos. Y desde luego fueron víctimas de muchas de ellas. Soldados y clérigos a un tiempo, no se privaban de amenazar a las instituciones monarquistas, imperiales o republicanas durante diversos períodos históricos. A los influjos de estos relatos conspirativos, no siempre injustos contra la Orden más conservadora, pero modernamente militante, no eran ajenos ni Stendhal, ni Eugenio Sue ni Michelet.
No olvidemos que es una orden de cuño militar y que actúa en destacamentos de frontera. Conocemos las famosas “Misiones”, raro y complejo experimento tomado como ejemplo de comunidad utópica por muchos, y por eso mismo condenado por Sarmiento, que tiene a los jesuitas como obsesión permanente, al punto de que una de las consignas de Loyola (“perinde ac cadáver”: disciplinado como un cadáver) es motivo de ridiculización en sus más diversos escritos, y se la dedica polémicamente al pobre Alberdi, que de jesuita no tenía nada. Pero en el índex sarmientino, el poverello Alberdi figura con ese pesaroso mote. Las fronteras del jesuitismo incluyen los confines ideológicos del marxismo. En el siglo XX, es el jesuita Calvet el que escribe un gran libro sobre Marx, también un trabajo, en este caso de calidad, en las fronteras de la ideología. Lo cierto es que la Compañía es una majestuosa interpretación del barroco político, como forma moderna de sujeción de lo popular dentro de grandes intuiciones místicas. Los jesuitas se destacaron con sus traducciones de los idiomas de los pueblos sujetados: son autores de los más importantes diccionarios de traducciones del guaraní al español. Enemigos de los Borbones de España, incluso llegaron a malquistarse con un papa que admitió sus sucesivas expulsiones de sus propias provincias, entidades territoriales diseñadas por ellos según su propia geopolítica universal, lo que les daba un gran poder frente al Vaticano. Aunque en nombre de él se expresaban, sin dejar también de disputarle posiciones.
Leopoldo Lugones, mucho antes de su incursión en un ultramontanismo, igual al que muchos jesuitas compartieron y toleraron luego, escribe en El imperio jesuítico una crítica monumental repleta de grandes análisis de signos y símbolos de la Compañía de Jesús, desde el punto de vista de la autonomía de la república liberal, que no podía permitirse, como tantos ya lo habían dicho, “un Estado dentro del Estado”. Este libro es un antecedente de dos grandes trabajos posteriores, El mito de la nación católica, de Loris Zanatta, y la gran investigación de Horacio Verbitsky sobre la historia política de la Iglesia argentina, cada uno con sus profundas características.
Volvamos a la improvisada noción de “papa peronista”. Además de su equivocada inconsistencia histórica, se priva de considerar las hondas implicancias del nombramiento de Bergoglio y su trabajo sobre los nombres, que no incluyen sólo a Loyola sino al poverello Francisco, que intentó cristianizar a los musulmanes –misión que como se sabe estaba muy lejos de poder ser exitosa incluso para alguien tan pobre y tan hábil–, pero se conservan sus parábolas de Gubbio, donde cristianizó a un viejo lobo y después de otros milagros que sin duda son ajenos a la tradición jesuítica, murió con las señales de las heridas místicas provocadas por el mismo Jesús reaparecido, como signos de su propia crucifixión doliente. La vida de Francisco de Asís, en el santoral, replica la de Jesús. El tema de fondo es la identificación mística con la vida popular, entendida como entramado de leyendas, ante cierta incomprensión de las jerarquías religiosas o políticas.
La mezcla de jesuitismo y franciscanismo que imaginó Bergoglio con sus primeras exhibiciones de “estigmas vivientes” –en este caso no clavos ardientes sino zapatos de uso común, sentarse fuera del trono, no usar mitra– deriva en un debate profundo para nuestro país. Decir “el papa peronista” es una figura alegórica de engañosos resultados en cuanto a esta polémica. Bergoglio, en realidad, viene a cerrar de un modo oscuro los grandes debates de los años ’70, que implicaban distintas interpretaciones sociales, políticas y teológicas. Viene a cerrarlo con rostro conservador y astuto (recordemos que la astucia era la principal virtud que Julien Sorel, el personaje de Stendhal, les atribuía a los jesuitas, con perdón de los otros grandes representantes de la orden intelectual de la Iglesia, que cuenta con insignes escritores e investigadores). Lo cierto es que estaba aún en tensión en estos años de historia nacional la antigua querella entre los sacerdotes tercermundistas que hacían “la opción por los pobres” y la idea de controlar la pobreza con el ingenio militante propio del jesuitismo conservador. Se habría impuesto al fin éste, con rara facilidad, aunque en el misterio, mayor que el de una misa, de la reciente votación vaticana.
Tenemos ahora un papa que bendice a todos “urbi et orbi”, según la ironía del propio Perón, que habría sido superado en estos días por la propia Iglesia, ya en condiciones de bendecir realmente a todo el mundo, desde Lilita Carrió hasta Binner, desde al jugador de fútbol que pone en su camiseta el rostro papal hasta los devotos del “papa peronista”. La broma “todos son peronistas” se convertiría en política real por primera vez en la historia argentina: todos son papistas. Lo que ningún papa del pasado habría logrado con la totalidad de los duques y emperadores del Medioevo. Por el momento, esta fruición incluye a los condenados por crímenes contra la humanidad, y es deseable que por fin Bergoglio, con su nombre o con el otro manto lingüístico casi milenario que se puso, pueda decir qué significan su nombre terrenal y su nombre celestial, haciendo lo que hasta ahora no hizo. Sabemos que no quiere ser una ONG misericordiosa. No sabemos aún si quiere esclarecer el pasado o desea astutamente saldar el conflicto de las décadas pasadas en medio de vaporosas tinieblas, enfundando a las clases populares en un orden místico conservador populista, desviándolas de un destino latinoamericano más justo. En este otro destino, debemos ser insistentes en esto, una latencia cristiana social conviviría dignamente con todas las vetas emancipadoras, con las que también podría redimirse un cristianismo enmohecido, no sólo porque no usó sandalias de pescador.
Ahora, cuando decimos el nombre, como si fuera un pigmento secreto, de Guardia de Hierro, no es ni para distraernos con juicios diferidos hacia una “Orden laica” interna del peronismo, ni usar el fácil exorcismo de los que dicen no olvidar, pero su renuencia a olvidar la ejercen mal. Esta es una cuestión presente y de la que es menester hablar con circunspección. Disuelta esa Orden interna del peronismo, que era un acto de paciente espera mimético en el seno de un orden popular e institucional mayor, quedó como espectro errante su espíritu de centinelas de las “misiones” disciplinadoras. La otra versión evangélica, asociada a diversas insurgencias y a hombres armados, y que supo invocar a la “teología de la liberación”, parecía ser la que se había transfigurado, luego de cuatro décadas, hacia zonas de cambio social más reposadas y viables, como las que en parte proponía el kirchnerismo. Este movimiento acude a nombres como el de Cámpora, cercano a esas teologías de emancipación (entre laicas y místicas) y desconocedor de las teologías políticas más fuertes, muy decisionistas y a la vez poseedoras de nociones más estatistas. Recordemos la idea de “organizaciones libres del pueblo”, de tintes neoderechistas, que moran en los recuerdos de la lengua de Guardia de Hierro y no dejan de evocarse en las homilías de Bergoglio. Son más popularistas que estatistas.
Este debate es como si viniera a cerrarse muchas décadas después, no en la Argentina, sino en el Vaticano. Bergoglio, más allá que haya tenido contactos con aquella disuelta organización y de su dudoso comportamiento en aquellos años, pertenece a esta saga política del “encuadramiento de lo popular” actuando en el “interior” de esquemas estatales o militares, para realizar un nuevo activismo que en este caso, como “organización popular libre”, disputará la dirección de los pueblos que se rigen por un noción no empaquetada de emancipación social. Pueblo organizado libremente, en esta versión, tiene aires de provincia jesuítica y ahora será enigma para vaticanistas. “Caminar hacia Jesucristo, si no la cosa no va”, dijo Bergoglio en su lengua laminada por lo popularesco. Ratzinger era un intelectual más conservador aún, también de dudoso pasado, y que había dicho en su debate con Habermas que “Cristo es la estructura del mundo”. Noción demasiado spinoziana y clausurada, para poder actuar en ese “caminar”, que en Francisco (“llámenme padre Bergoglio”, dice, como podría decir “llámenme Ismael”) se resuelve en un llamado a la militancia más conservadora. Llamarlo “papa peronista” se revela entonces, si no fuera una astucia menor, como un lamentable traspié. No quiere este escrito ser anticlerical, como fácilmente imaginan los vertiginosos publicistas vaticanos, que mal copian a las grandes agencias publicitarias de la globalización, sino desentrañar en la fe de los pueblos y en nuestras propias “creencia en las creencias”, el destino no sólo de la democracia profunda en un país, sino también del alma de las religiones mundiales, que deben despojarse de sus préstamos teológicos a los peores cerrojos políticos que sufren los pueblos del mundo.
* Director de la Biblioteca Nacional, profesor de la UBA.

Una lectura del ideario de Francisco de Asís, en relación a las primeros signos del papa Francisco. Por Leonardo Boff

Francisco de Asís y Francisco de Roma

2013-03-29


  Desde que el obispo de Roma electo, y por eso Papa, asumió el nombre de Francisco, se hace inevitable la comparación entre los dos Franciscos, el de Asís y el de Roma. Además, el Francisco de Roma se remitió explícitamente a Francisco de Asís. Evidentemente no se trata de mimetismo, sino de constatar puntos de inspiración que nos indiquen el estilo que el Francisco de Roma quiere conferir a la dirección de la Iglesia universal.Hay un punto común innegable: la crisis de la institución eclesiástica. El joven Francisco dice haber oído una voz venida del Crucifijo de San Damián que le decía: “Francisco repara mi Iglesia porque está en ruinas”. Giotto lo representó bien, mostrando a Francisco soportando sobre sus hombros el pesado edificio de la Iglesia. Nosotros vivimos también una grave crisis por causa de los escándalos internos de la propia institución eclesiástica. Se ha oído el clamor universal («la voz del pueblo es la voz de Dios»): «reparen la Iglesia que se encuentra en ruinas en su moralidad y su credibilidad». Y se ha confiado a un cardenal de la periferia del mundo, a Bergoglio, de Buenos Aires, la misión de restaurar, como Papa, la Iglesia a la luz de Francisco de Asís. En el tiempo de san Francisco de Asís triunfaba el Papa Inocencio III (1198-1216) que se presentaba como «el representante de Cristo». Con él se alcanzó el grado supremo de secularización de la institución eclesiástica con intereses explícitos de «dominium mundi», de dominación del mundo. Efectivamente, por un momento, prácticamente toda Europa hasta Rusia estaba sometida al Papa. Se vivía en la mayor pompa y gloria. En 1210, con muchas dudas, Inocencio III reconoció el camino de pobreza de Francisco de Asís. La crisis era teológica, pues una Iglesia-imperio temporal y sacral contradecía todo lo que Jesús quería. Francisco vivió la antítesis del proyecto imperial de Iglesia. Al evangelio del poder, presentó el poder del evangelio: en el despojamiento total, en la pobreza radical y en la extrema sencillez. No se situó en el marco clerical ni monacal, sino que como laico se orientó por el evangelio vivido al pie de la letra en las periferias de las ciudades, donde están los pobres y los leprosos, y en medio de la naturaleza, viviendo una hermandad cósmica con todos los seres. Desde la periferia habló al centro, pidiendo conversión. Sin hacer una crítica explícita, inició una gran reforma a partir de abajo pero sin romper con Roma. Nos encontramos ante un genio cristiano de seductora humanidad y de fascinante ternura y cuidado que puso al descubierto lo mejor de nuestra humanidad. Estimo que esta estrategia debe haber impresionado a Francisco de Roma. Hay que reformar la Curia y los hábitos clericales de toda la Iglesia. Pero no hay que crear una ruptura que desgarraría el cuerpo de la cristiandad. Otro punto que seguramente habrá inspirado a Francisco de Roma: la centralidad que Francisco de Asís otorgó a los pobres. No organizó ninguna obra para los pobres, sino que vivió con los pobres y como los pobres. Francisco de Roma, desde que lo conocemos, vive repitiendo que el problema de los pobres no se resuelve sin la participación de los pobres, no por la filantropía sino por la justicia social. Ésta disminuye las desigualdades que castigan a América Latina y, en general, al mundo entero. El tercer punto de inspiración es de gran actualidad: cómo relacionarnos con la Madre Tierra y con los bienes y servicios escasos. En la alocución inaugural de su entronización, Francisco de Roma usó más de 8 veces la palabra cuidado. Es la ética del cuidado, como yo mismo he insistido fuertemente, la que va a salvar la vida humana y garantizar la vitalidad de los ecosistemas. Francisco de Asís, patrono de la ecología, será el paradigma de una relación respetuosa y fraterna hacia todos los seres, no encima sino al pie de la naturaleza. Francisco de Asís mantuvo con Clara una relación de gran amistad y de verdadero amor. Exaltó a la mujer y a las virtudes considerándolas «damas». Ojalá inspire a Francisco de Roma una relación con las mujeres, que son la mayoría de la Iglesia, no sólo de respeto, sino también dándoles protagonismo en la toma de decisiones sobre los caminos de la fe y de la espiritualidad en el nuevo milenio. Por último, Francisco de Asís es, según el filósofo Max Scheler, el prototipo occidental de la razón cordial y emocional. Ella nos hace sensibles a la pasión de los que sufren y a los gritos de la Tierra. Francisco de Roma, a diferencia de Benedicto XVI, expresión de la razón intelectual, es un claro ejemplo de la inteligencia cordial que ama al pueblo, abraza a las personas, besa a los niños y mira amorosamente a las multitudes. Si la razón moderna se amalgama con la sensibilidad del corazón, no será tan difícil cuidar la Casa Común y a los hijos e hijas desheredados, y alimentaremos la convicción muy franciscana de que abrazando cariñosamente al mundo, estamos abrazando a Dios.