jueves, 15 de marzo de 2012

“Me preguntó si quería escribir y le dije que sí. “Comience a leer a Borges todos los días, como si fuera la Biblia”, Fue la primera frase del escritor guatemalteco entrevistado debajo que fue “como un cross a la mandíbula”. Se anotó en un taller de escritura de Paul Bowles, el narrador y viajero estadounidense. Cuando el autor de El cielo protector leyó los primeros relatos del joven escritor guatemalteco, no vaciló un instante en traducirlo. El primer libro de Rey Rosa, El cuchillo del mendigo (1992), fue calificado por Bowles como “historias intensas y concisas, como teoremas”. Esta frase del entrevistador, me mandó al cielo de Marruecos, a las historias más intensas sobre el cruce de oriente y occidente que he leìdo. Finalmente, la dificultad manifestada por el escritor reporteado para escribir diálogos, me produjo una empatía enorme: “Durante mucho tiempo, bajo la influencia de Paul, viví en Marruecos en un cuarto con unas pieles de cordero como cama. Y estaba feliz, completamente dedicado a leer y a escribir. Hubo un momento en que no podía escribir diálogos y Bowles me dijo: ‘Si no le sale el diálogo, utilícelo como tiros en la noche’…” me llamaron la atención las novelas de Ivy Compton-Burnett, que son puro diálogo y no hay casi descripciones. En esos diálogos los personajes se leen la mente unos a otros; es como si estuvieran los cerebros abiertos en la mesa donde están comiendo. Y creo que aprendí a usar el diálogo de esa manera. En los thrillers norteamericanos hay diálogos que me parecen de lo mejor; estoy pensando en (Raymond) Chandler, en Jim Thompson, auténticas lecciones de realismo.” SE TRATA DE UN REPORTAJE AL LADRÒN DE LIBROS Y ESCRITOR CON TRES “R”: RODRIGO REY ROSA. Guatemalteco y de verdad exquisito. ¿Hay escritor argentino actual que se le parangone? De los que conozco, ninguno estudió con Paul Bowles en Marruecos, ni se jacta de haber comenzado a escribir inspirado en la lectura de Borges...

La respuesta al interrogante que planteo en el epígrafe es que sin jactancias, hay muchos mejores escritores argentinos contemporáneos que este guatemalteco misteriosamente aclamado y abundantemente entrevistado en Buenos Aires.

Tantos buenos escritores tenemos, que superan a este escritor chato -sin profundidad, sin humor, con un ingenio de silogismo elemental-que no se entiende la alaraca que ha hecho Alfuaguara, la editora española relacionada con el Grupo Clarín en Argentina y con el grupo Prisa en España.

Los párrafos del epígrafe han sido tomados de la excelente entrevista de Silvina Friera al escritor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa por la publicación en Argentina de su último libro Severina, editado, como dijimos por Alfaguara. Cabe destacar que los escritos anteriores de Rey Rosa no se conocen todavía en nuestro país, tal vez sean mejores; pero, con todo respeto por el autor, éste último libro es paupérrimo.

En todo caso, si Bowles tradujo al inglés tres cuentos del autor que nos ocupa, habrá que leer las traducciones de Bowles. Se sabe, uno lee a Virginia Woolf traducida por Borges, o a Marguerite Yourcenar traducida por Cortázar o a Emily Dickinson traducida por Silvina Ocampo, y el placer son Borges, Cortázar y Ocampo.

Tanto el reportaje de Friera en Página 12, que puede leerse aquí como la posterior reseña en el suplemento Radar Libros, del mismo periódico, impecablemente escrita por Luciana de Mello, superan en estilo y densidad hasta alcanzar una literaturidad que el libro y su autor carecen. Quiero decir, éstas escritoras lo enaltecen hasta hacerlo decir cosas que la lectura del libro, pobremente escrito, con recursos escriturarios elementales, no puede ni balbucear.

Nuestros narradores contemporáneos, digamos Guillermo Martínez, digamos Alan Pauls, digamos César Aira, digamos Ricardo Piglia, -por enumerar por edades de menor a mayor; por poner los más emblemáticos y prolíficos- son excepcionales. ¿Entonces, por qué ensalzar tanto a un libro de $70, si todavía podemos releer cosas mejores de nuestros propios escritores?

No se trata de nacionalismo bobo, sino de señalar cómo hasta en los lugares impensados se filtra la mirada mentirosa de los oligopolios de la palabra..., quiero decir, que no les basta el diario Clarín, ni la televisión, ni El País de Madríd, para deformar la realidad. También acechan desde la literatura.

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