lunes, 12 de diciembre de 2011

En la actualidad hay otras alternativas al endeudamiento para fomentar mayores divisas sin desatender los elevados niveles de inversión pública, que han sido uno de los grandes pilares de la recuperación argentina desde el 2003. En primer lugar, fortaleciendo el proceso sustitutivo que reduzca la dependencia externa de bienes intermedios y finales, facilitando de esta manera una mayor integración del tejido industrial que evite el déficit intrasectorial de algunos complejos exportadores muy dinámicos, como el automotriz. Por otro lado, poniendo en práctica mecanismos que aumenten la participación estatal en la captación de la renta entre sectores de extraordinaria expansión actual, como la minería, más allá de obligarlas a liquidar divisas localmente.


Buscar alternativas

El modelo económico actual permitió revertir las oscilaciones del sector externo argentino características de toda su historia hasta el 2003, y que determinaban los ciclos de expansión o recesión de la economía. Casi siempre estos desequilibrios se resolvían vía endeudamiento externo, estrategia que ya todos sabemos a qué condujo y cómo terminó.
Los vencimientos de deuda para el año próximo son aproximadamente 6800 millones de dólares. El Presupuesto Nacional 2012 que presentó el Ejecutivo contempla la creación de un nuevo Fondo de Desendeudamiento, pero en el caso de que esto resulte insuficiente está previsto recurrir al crédito de distintos organismos del sector público, un hecho inédito para la historia económica del país, que muestra las diferentes alternativas de las que se disponen en la actualidad para evitar contraer deuda externa. Naturalmente, esto no es casual: hubo durante todos estos años una exitosa política de desendeudamiento que permitió sostener por primera vez ocho años consecutivos de superávit comercial a un promedio anual de 14.000 millones de dólares, y que éste no se dilapidara en el pago de servicios de deuda que apenas servían para oxigenar la economía en el corto plazo pero que comprometían seriamente el desarrollo futuro del país. Así, se mejoraron las cuentas externas, se incrementaron notablemente las reservas y se interrumpió al fin el endeudamiento crónico del Estado Nacional con los mercados financieros.
Frente a la desaceleración de ese superávit prevista para este año, sumado a una tendencia a la fuga de capitales, existe una clara presión de parte de economistas del establishment para que la Argentina acuerde con el Club de París y vuelva al crédito en los mercados financieros. Se sabe que lo que traba hoy la negociación entre las partes son los plazos de pago. El Gobierno pretende diferirlos al máximo teniendo en claro que una de las premisas más importantes de toda “deuda sana” es que su pago implique el menor costo posible para la economía.
En efecto, pues, el superávit primario se achicó en los primeros siete meses del año de 15.000 millones a 11.280 millones de pesos. Esto implicó que el superávit financiero registre un déficit de 2366 millones en el período enero-julio. Las propuestas ortodoxas para resolver el menor ingreso de divisas por desaceleración del superávit y fuga de capitales continúan promoviendo al endeudamiento como mecanismo de financiamiento, a pesar de que en la actualidad la aplicación de este mecanismo ponga en jaque a otros países de la Eurozona. Así, “moderación” del gasto público –lo que no significa otra cosa que ajustes– y endeudamiento externo aparecen como las soluciones más conducentes para quienes reclaman ser “confiables” a los mercados y evitar “el aislamiento” del mundo, que no es más que aislamiento al mundo de las finanzas y de los capitales especulativos.
Sin embargo, en la actualidad hay otras alternativas al endeudamiento para fomentar mayores divisas sin desatender los elevados niveles de inversión pública, que han sido uno de los grandes pilares de la recuperación argentina desde el 2003. Básicamente, porque hoy no existen las urgencias del pasado: Argentina ha consolidado en estos años un crecimiento económico con bases sólidas que no está en riesgo. El déficit en cuenta corriente del primer semestre no implica el desencadenamiento de una crisis, porque el nivel de deuda es bajo y las reservas, si bien menores que a comienzos de año, siguen siendo elevadas.
Por lo tanto, el equipo económico cuenta con otras posibilidades adicionales al endeudamiento para oxigenar la economía. En primer lugar, fortaleciendo el proceso sustitutivo que reduzca la dependencia externa de bienes intermedios y finales, facilitando de esta manera una mayor integración del tejido industrial que evite el déficit intrasectorial de algunos complejos exportadores muy dinámicos, como el automotriz. Por otro lado, poniendo en práctica mecanismos que aumenten la participación estatal en la captación de la renta entre sectores de extraordinaria expansión actual, como la minería, más allá de obligarlas a liquidar divisas localmente. Metales como el oro o el cobre han aumentado en forma exponencial su cotización internacional en los últimos años: de 640,50 dólares en el 2007 a los actuales 1731 dólares para el caso de la onza de oro, mientras que la tonelada de cobre pasó de 7595 a 8700 dólares. Por último, modificando las condiciones de remisión de utilidades de muchas transnacionales a sus casas matrices, que en el período 2007-2010 creció de 5241 millones a 7183 millones de dólares, exigiendo a estas empresas mayores niveles de inversión local.
En síntesis, hay numerosas alternativas para evitar nuevos procesos de endeudamiento que, aunque no sean de la magnitud del pasado, ya han probado ampliamente que sus resultados a largo plazo son, como mínimo, dudosos.
* Politólogo UBA-Integrante del Clicet.

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