domingo, 27 de noviembre de 2011

Con la deuda alemana sufriendo los primeros indicios de contagio, el tiempo se acaba para la Unión Monetaria Europea. La intransigencia de Merkel también ayudará a la derrota de Obama

Asalto al último baluarte



FERNANDO VICENTE Sevilla 27/11/2011 08:00 Actualizado: 27/11/2011 14:12
Merkel, en una foto de archivo.-

Merkel, en una foto de archivo.-AFP

Cada día que pasa, las carreras políticas de José Luis Rodríguez Zapatero y Barack Obama se parecen más. La confluencia de lugar, tiempo, y oportunidad llevaron a ambos al poder cargados de un enorme y refrescante caudal político renovador con el que sustituir a fuertes gobiernos de derechas. Si uno lo encauzó hacia la salida de las tropas de Irak, el final de ETA, y las leyes de matrimonio homosexual, aborto y dependencia, el otro sacó al país del borde de la recesión, salvó a dos de sus industrias más emblemáticas, Wall Street y el automóvil de Detroit, y extendió la atención médica a millones de ciudadanos.
Estos paralelismos no son nada comparado con lo que ahora se vislumbra: al presidente de EEUU como siguiente víctima de la intransigencia de Angela Merkel. De igual manera que Zapatero ha sido incapaz de superar la crisis económica en las urnas, todos los analistas dan por segura la derrota electoral de Obama si llega a ellas en noviembre de 2012 incapaz de cerrar acuerdos, como Zapatero, con la oposición republicana y en medio de la profunda crisis económica que se augura para los próximos meses.
Obama será la siguiente víctima de la intransigencia de Angela Merkel
De ahí la frase que Obama le espetó a la canciller alemana durante la cumbre del G-20 en Cannes (Francia) el pasado 5 de noviembre: "Tenéis que ser creativos". O lo que es lo mismo, abandona de una vez tus viejos dogmas y creencias o acabaremos todos en el pozo de la recesión y en la derrota electoral. Pero los dogmas parecen inamovibles en la mentalidad de la hija de un pastor luterano de la Alemania del Este (en especial el tan conocido dogma antiinflacionista de la ortodoxia económica germana), que hasta ahora se muestra incapaz de aceptar la idea de que los cambios son ya insoslayables para evitar que lo que todavía es una crisis de liquidez se transforme en otra de solvencia.

El riesgo de insolvencia

A primera hora del jueves de esta semana, que se ha convertido sin duda en la más turbulenta desde que se inició la crisis del euro, ese gran semillero de tecnócratas que para el Gobierno alemán parece ser Goldman Sachs publicó su consejo para los inversores: "Aléjense del euro". La realidad es que una buena parte de ellos no había esperado a que el banco de inversiones estado-unidense publicara su recomendación en internet. "Decenas de miles de millones de euros están saliendo del sistema bancario europeo a través de los mercados monetarios", advertía ese mismo día la revista británica The Economist.
Goldman Sachs aconsejó el jueves a sus clientes que huyeran del euro
Era un análisis que intentaba discernir si el fracaso de la emisión de deuda alemana del día anterior era una anécdota o si, en realidad, dejaba al descubierto la pérdida total de confianza de los inversores en la moneda europea. El bono alemán paga intereses por debajo de la inflación, así que se supone que el que invierte en ellos lo hace porque busca un refugio seguro y no rentabilidad. Si los inversores lo abandonan, es señal de que ya tampoco hay confianza en el futuro de la economía alemana, hasta ahora el baluarte europeo.
De hecho, durante el resto de la semana, el interés de la deuda alemana no ha dejado de subir. Y el euro, de caer frente al dólar, presionado al alza por los inversores que huyen hacia él en busca de refugio. Lo que vuelve a cerrar el círculo en Barack Obama, que con su economía interna desacelerándose vertiginosamente y la demanda de sus consumidores cayendo en consecuencia, necesita más que nunca un dólar competitivo que le permita explotar el mercado de las exportaciones. Pero el riesgo es más aterrador que una eventual guerra de divisas. Lo que tiene a analistas, expertos e inversores durmiendo con un ojo abierto es la posibilidad de que la falta de liquidez provocada por la descapitalización europea desemboque en la quiebra de alguna de sus principales entidades financieras y el pánico se apodere de los mercados.

¿Es Merkel o son sus banqueros?

Los expertos temen que algún gran banco quiebre por la falta de liquidez
Un riesgo que, durante un instante, pareció hacer entrar en razón a la canciller Merkel cuando el pasado 14 de noviembre afirmó ante su partido: "Si el euro cae, Europa cae". El mundo suspiró al fin, creyendo que la ortodoxia cedía y no sólo se le iba a permitir al Banco Central Europeo comprar directamente deuda de los países de la eurozona (es decir, actuar como prestamista de último recurso), sino que incluso la creación de un mercado de bonos europeos se abría paso por fin. Nada más lejos de la realidad.
Inmediatamente, ese mismo día, Jens Weidmann, el presidente del todopoderoso banco central alemán, el Bundes-bank, guardián de la ortodoxia germánica, salió a la palestra para dejar constancia de que "la política monetaria no debe ni puede resolver los problemas de solvencia de estados y bancos". Y por si no había quedado claro añadió: "Cuando la política monetaria va más allá de su mandato de salvaguardar la estabilidad de precios, o incluso viola la prohibición de financiar estados, se juega perder su credibilidad".
Weidmann y la ortodoxia alemana sostienen que son los estados los que deben hacer frente a sus problemas aplicando las reformas que sean necesarias, y ajustando sus políticas fiscales para reducir sus déficits. Que sólo así se restaurará la confianza en sus economías y en su capacidad de hacer frente a sus deudas. Es más, están convencidos de que los rescates son contraproducentes, porque envían el mensaje equivocado a los gobiernos afectados, que dejarían de tener un motivo para poner en marcha las, a su juicio, inapelables reformas. ¿Les suena? Claro que sí, ese es exactamente el mensaje de Merkel en todas y cada una de las ocasiones que le dice no a Estados Unidos, Reino Unido, Francia, España, Holanda, la Comisión Europea, y un cada vez más largo etcétera, cuando le piden que acepte usar las reservas de los bancos centrales para comprar deuda o que acepte poner en marcha los eurobonos.
La canciller admitió que si el euro cae, Europa cae, pero mantiene su cerrazó

Mantener la esperanza

Sin embargo, muchos dirigentes europeos mantienen aún viva la esperanza de las declaraciones de Merkel vinculando el futuro de la Unión Europea a la supervivencia del euro. Es el caso del propio presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, que el pasado miércoles, durante la presentación de su plan para poner en marcha un mercado de eurobonos a cambio de mayores cesiones de soberanía de los estados miembro, afirmó: "Hace un año, muchas capitales se negaban a que el Fondo de Estabilidad Financiera comprara deuda en los mercados secundarios y ahora lo aceptan".
Tanto para él como para muchos, el hecho de que al día siguiente Merkel, en la cumbre entre Alemania, Francia e Italia, celebrada en Estras-burgo, volviera a exigir reformas y austeridad, no es sino una maniobra política para vencer las resistencias de los defensores de la ortodoxia, para hacerles comulgar con unos eurobonos, que tal vez estarían más dispuestos a tragar una vez adoptada la creación de un poderoso ministerio económico europeo con competencias sobre los presupuestos de los socios. "Avanzar hacia una mayor unidad fiscal reforzando el Pacto de Estabilidad y Crecimiento con sanciones no servirá para que cambie de opinión", dijo Merkel, sin embargo, tajante.
En la UE, todavía se confía en que Merkel ceda al final con los eurobonos

Al límite de la paciencia

Sea o no una maniobra, el problema real es el tiempo. Con la crisis avanzando inexorable hacia una recesión mundial, unos mercados cada día más nerviosos no parecen dispuestos a esperar a que los gobiernos europeos negocien nuevas cesiones de soberanía y saquen adelante los referendos que permitan reforzar los poderes comunitarios. Tampoco los países miembro.
Basta recordar las airadas declaraciones de Zapatero el pasado 17 de noviembre para comprender la frustración que la sustitución de las instituciones europeas por el tándem Merkozy está generando en las capitales europeas: "La situación exige una respuesta inmediata que desde aquí reclamo a la Comisión Europea, al Consejo Europeo y al Banco Central Europeo, que para eso les hemos transferido poder. Lo que queremos no es que manden uno, dos o tres gobiernos, sino que ¡mande Europa¡".
China parece haber perdido la paciencia con la zona del euro y duda en invertir
Incluso China, ese nuevo aliado rico que se ha convertido en el primer socio comercial europeo, que iba a respaldar con sus divisas la solvencia del euro, parece haber perdido la paciencia. "La crisis de la deuda soberana europea es un problema a largo plazo. China debe estar preparada para transferir sus exportaciones a otras naciones en desarrollo lo antes posible", decía el viernes en una entrevista en el China Daily el exviceministro de Comercio y hoy secretario general del China Center por International Economic Exchange, Wei Jianguo. Y a la pregunta de si debe China salvar a Europa respondía: "No podemos simplemente inyectar dinero, antes tendremos que asegurarnos de que podrán devolverlo, y mucho menos sin haber tomado aún la decisión de invertirlo".
Con la desconfianza extendiéndose, no ya como mancha de aceite, sino como el vertido de un petrolero partido en dos, esperar a que en la próxima cumbre europea del 9 de diciembre los estados miembro vuelvan a entablar la enésima ronda de encuentros y desen-cuentros sobre el futuro del Banco Central Europeo y el euro, que de hecho fue lo único que salió el jueves de la cumbre entre Merkel, Sarkozy y el nuevo premier italiano Mario Monti, se convierte en un plazo excesivo para la mayoría de los gobiernos de dentro y fuera de Europa.
¿Y para los mercados? "Los inversores ya han oído lo mismo una y otra vez. O bien bostezaron o bien vendieron euros", concluye en su análisis diario Moneycorp, el principal broker británico del mercado de divisas.

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