miércoles, 13 de julio de 2011

Esta es la columna que publicó el cantante FITO PAEZ en Página 12 de ayer y que recibió de parte de toda la derecha mediática, desde los funcionarios del PRO hasta el diario LA NACIÓN, el calificativo de “fascista”. Incluso pretendieron denunciarlo al INADI e increparon al perdedor de la campaña DANIEL FILMUS a que reprochara la cantante…. Increíble, la derecha argentina, que nos aplastó económica y moralmente y hasta asesinó a muchos; la derecha que a garrotazos y patadas pretende “limpiar” de pobres e indigentes las calles porteñas… se horroriza de la pretendida “violencia verbal” y el “clima confrontativo de los discursos” de quienes están en la vereda de enfrente y dicen lo que sienten verdaderamente: que “les duele Buenos Aires” y no que “está buena Buenos Aires”, porque no está nada buena: sucia, intransitable, con colegios a los que se les cae el techo, hospitales sin gasa ni personal, con policías moralistas que se dedican a perseguir el aborto, o las píldoras abortivas… y tanta, tanta mentalidad derechosa que no se aguanta más

Opinión

La mitad

Por Fito Páez *
Esta es la columna de Fito Páez que salió publicada ayer en la contratapa de Página/12.
Nunca Buenos Aires estuvo menos misteriosa que hoy. Nunca estuvo más lejos de ser esa ciudad deseada por todos. Hoy hecha un estropajo, convertida en una feria de globos que vende libros igual que hamburguesas, la mitad de sus habitantes vuelve a celebrar su fiesta de pequeñas conveniencias. A la mitad de los porteños le gusta tener el bolsillo lleno, a costa de qué, no importa. A la mitad de los porteños le encanta aparentar más que ser. No porque no puedan. Es que no quieren ser. Y lo que esa mitad está siendo o en lo que se está transformando, cada vez con más vehemencia desde hace unas décadas, repugna. Hablo por la aplastante mayoría macrista que se impuso con el límpido voto republicano, que hoy probablemente se esconda bajo algún disfraz progresista, como lo hicieron los que “no votaron a Menem la segunda vez”, por la vergüenza que implica saberse mezquinos.
Aquí la mitad de los porteños prefiere seguir intentando resolver el mundo desde las mesas de los bares, los taxis, atontándose cada vez más con profetas del vacío disfrazados de entretenedores familiares televisivos porque “a la gente le gusta divertirse”, asistir a cualquier evento público a cambio de aparecer en una fotografía en revistas de ¿moda?, sentirse molesto ante cualquier idea ligada a los derechos humanos, casi como si se hablara de “lo que no se puede nombrar” o pasar el día tuiteando estupideces que no le interesan a nadie. Mirar para otro lado si es necesario y afecta los intereses morales y económicos del jefe de la tribu y siempre, siempre hacer caso a lo que mandan Dios y las buenas costumbres.
Da asco la mitad de Buenos Aires. Hace tiempo que lo vengo sintiendo. Es difícil de diagnosticarse algo tan pesado. Pero por el momento no cabe otra. Dícese así: “Repulsión por la mitad de una ciudad que supo ser maravillosa con gente maravillosa”, “efecto de decepción profunda ante la necedad general de una ciudad que supo ser modelo de casa y vanguardia en el mundo entero”, “acceso de risa histérica que aniquila el humor y conduce a la sicosis”, “efecto manicomio”. Siento que el cuerpo celeste de la ciudad se retuerce en arcadas al ver a toda esta jauría de ineptos e incapaces llevar por sus calles una corona de oro, que hoy les corresponde por el voto popular pero que no está hecha a su medida.
No quiero eufemismos.
Buenos Aires quiere un gobierno de derechas. Pero de derechas con paperas. Simplones escondiéndose detrás de la máscara siniestra de las fuerzas ocultas inmanentes de la Argentina, que no van a entregar tan fácilmente lo que siempre tuvieron: las riendas del dolor, la ignorancia y la hipocresía de este país. Gente con ideas para pocos. Gente egoísta. Gente sin swing. Eso es lo que la mitad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires quiere para sí misma.
* Vecino de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

AQUI uno de los que tildaron de fascista a PAEZ  en LA NAZION, por la nota arriba transcrita

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