martes, 21 de junio de 2011

EL INDEC CHILENO: SI HAY MISERIA QUE NO SE NOTE

En este blog de economía Los Tres Chiflados, puede observarse un cuadro comparativo de la pobreza entre Argentina, Brasil y Chile.

Bajo el título Si hay pobreza que no se note, el Blog muestra que la canasta básica de alimentos en Chile está compuesta sólo por harina, pan y fideos. Como si esto fuera poco, la Estadìstica Oficial chilena  considera que la ingesta alimentaria diaria debe ser de un mínimo  de 2.176 calorías y sobre esta cifra mide la pobreza o la indigencia; en la medición Argentina para medir la pobreza se parte de una canasta básica de un mínimo  de 2700 calorías diarias.

Un economista chileno de la Universidad Católica de Chile, Felipe Larrain, advierte en un paper la menor exigencia de calorías contra el estándar de la región por lo que realiza un ejercicio procurando actualizarla. Por supuesto, más calorías implica un mayor costo económico, lo que eleva los ingresos necesarios para no ser pobre.

Resulta entonces que según los números oficiales la pobreza llegarla al 13,7% de la población en 2006, mientras que actualizada la canasta, la pobreza sube al 29% de la población para el mismo período. La diferencia es más del doble: 15,3% puntos porcentuales (111%).

En la medición de la indigencia pasa exactamente lo mismo, del 3,2 en el  "país virtual" chileno, con el cambio de canasta alimenticia la indigencia asciende a 6,2 % en el "país real" chileno. 

¿A cuál de los dos países allende la cordillera se referirá la derecha argentina cuando aplaude el "modelo" chileno? 

Un Chile nada industrializado,  que ciertamente sigue teniendo la mitad de su producto bruto en la extracción del cobre. Todas las universidades son pagas...., esto es: quien no puede pagar no puede estudiar.

En fin, no parece que la élite chilena, con esto datos duros, tuviera deseos de igualar la línea de largada para reducir la brecha entre ricos y pobres; sino mejor, que prefiere disfrazar las diferencias. (En las estadísticas, claro, pero en la realidad, baste recorrer en serio Santiago y Gran Santiago para comprobar las enormes diferencias y observar en la amargura de los ojos de la gente pobre que las diferencias son bien reales;  ni que hablar de los movimientos estudiantiles que están exigiendo, después 38 años, que los estudios universitarios sean gratuitos).

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