martes, 7 de junio de 2011

EL BIPARTIDISMO QUE SE VIENE por Mario CARDOSO CERUSICO

"Las elecciones presidenciales de este año se dirimirán entre la coalición del PJ-Frente para la Victoria y la UCR más De Narvéz. O sea, peronismo vs. UCR. Bienvenidos al siglo veinte; it’s deja vu all over again." Dice la politóloga María Esperanza Casullo aquí
Personalmente opino que no está mal que se discutan dos modelos desde los dos partidos que confrontaran: un peronismo decididamente progresista (agrupado en el  Frente para la Victoria, porque la derecha peronista va por fuera del partido)  y un partido radical que también asume su historia liberal y deja de imitar al "neopopulismo" que llegó con la letra "K". Todo dentro del "capitalismo" of course. 

"Neopopulismo" es una palabra que me gusta, porque se diferencia de los "populismos" latinoamericanos de los 40-50. Los "neo-populismos" son mucho más liberales en un sentido left-liberal; mientras que aquellos "populismos" eran mucho más corporativos, al estilo Mussolini.

La movida de  Ricardo Alfonsín permite que se aclare definitivamente un debate que nunca cerró (un bipartidismo de dos partidos pretendidamente populistas,  que decían defender lo mismo, con un arco demoledor de derechas en cada bando partidario, sea UCR o Justicialismo -por supuesto que hay populismos de derechas y de izquierdas, pero no era este el caso, pues se trató siempre de conglomerados de ambas orientaciones dentro de cada partido, al que solamente un líder carismático podía encolumnar, o sea, la definición misma del viejo populismo latinoamericano).

Más que interesantes estas elecciones. En esta polémica por el bipartidismo deja vú, María Esperanza Casullo aconseja "En síntesis: mi consejo para el joven sabbatellista, de narvaista o macrista sería 'andá a una básica o un comité firmá la ficha.' Jugá por adentro. Porque por afuera casi casi que no hay nada."
Me permito no coincidir con la decepción de María Esperanza por el bipartidismo revivido, porque no considero que sea un dejá vu (del lado del radicalismo nos hemos desafiliado muchos para pasar a partidos como el de Sabbatella o quedar como simples ciudadanos de a pié. La razón fue la derechización del partido. Del lado  del peronismo, la divisoria de aguas es más clara desde los gobiernos Kirchner. Éstos se quedaron con el ala progresista del peronismo dentro del Partido; mientras la derecha peronista va por afuera del Partido. Como se sabe, los Kirchner negociaron con el Partido Justicialista para no capitular en sus convicciones, y no les fue tan mal.

A mi parecer humilde le cae bien una  confrontación entre dos modelos de país, lo que dejará muy claro en el electorado a cuál modelo le da el voto (sin necesidad de afiliarse a ninguna de las dos fuerzas políticas en pugna). Esta vez no hay líderes carismáticos a quienes seguir.

Y como en política la fuerza de los partidos sobre las corporaciones la dan los votos y el apoyo popular, inmensas concepciones del mundo -tan grandes como el enorme océano de ideas que dividen a los argentinos de a pié- dejarán plasmadas con su voto el modelo que prefieren para la Argentina de hoy: retenciones o no; ley de medios audiovisuales o no; un estado que domine a las corporaciones o a la inversa; asignación universal por hijo o no; desarrollo industrial o no. 


En síntesis la elección será entre:

  • un modelo de extracción primaria con trabajo para pocos y primacía de las corporaciones; 
  • o un modelo neo-desarrollista, cuya diferencia con el "desarrollismo" es que aquel, más modernizado,  incluye ciudadanía, estado de bienestar y derechos ciudadanos.  



Desde el lado del gobierno, que representa esta vez cabalmente al "neopopulismo left-liberal", falta mucho por hacer. Las retenciones no han logrado que se siga sojizando la producción agrícola, por lo que los alimentos son cada vez más caros y por cada nueva hectárea de cultivo de soja, crece aún más la indigna cifra de hambrientos y pobres. La minería y la soja siguen produciendo desmontes, desplazamientos de pueblos originarios, y un cambio peligroso del ecosistema que se manifiesta en cáncer y otras enfermedades junto a una peligrosa tendencia a perder la soberanía alimentaria. Digámoslo de una vez, el Gobierno no a intentado cambiar esta ecuación ni un poquito, fuera de las remanidas "retenciones" a la exportación de granos. Pero sí ha incentivado la producción industrial, poniendo a la Argentina como el principal productor de Acero de Latinoamérica, de autos y de industria de software, por caso.

Obviamente que para combatir esto es necesario el poder de los votos y el apoyo consciente de un pueblo (lo demostró la "guerra gaucha" por el aumento de las retenciones donde el Pueblo del Partido Obrero y de Proyecto Sur voto junto a los estancieros).


Esta vez, más que nunca, que "Sepa el pueblo votar". 

4 comentarios:

  1. Perdón, pero no creo que haya bipartidismo en este momento. Por un lado, está Cristina y, por el otro, un montón de partidos disgregados incapaces de hacer pie y, si llegan a dar un paso, es para hundirse cada vez más. Aclaro que no soy peronista, pero creo que la firmeza de los Kirchner en temas cruciales me permitió reconocerlos como la única fuerza apta para un cambio positivo en nuestro país.

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  2. Esto,ada Ana Maria, también creo que el kirchnerismo es la única fuerza apta para transformar nuestra Argentina (¡y tampoco soy peronista!). Volviendo al bipartidismo, por el momento parece claro que a pesar de los numerosos partidos (quién sabe sitodos los minoritarios pasarán las primarias para compulsar en las generales) es seguro que la discusión será entre la UCR y el FRENTE PARA LA VICTORIA. Asumiendo la UCR su derechización (De Narvaez, Gonzalez Fraga, Aguad) todo lo que digan sonará a populismo derechoso; mientras que del otro lado el Frente para la Victoria (que hasta seguramente podría ganar en primera vuelta, si lleva a Cristina como candidata), pero segundos, estará la UCR. Mis Saludso Cordiales, Ana María

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  3. Acuerdo bastante con lo expresado por María. Aunque creo que paradójicamente, este acuerdo nacional tendrá la virtud de hacer un tanto menos “catch all parties” a los “bi-partidos” radical y peronista. Es preciso aclarar lo de nacional, porque los acuerdos locales no necesariamente seguirán el mismo patrón.

    Luego del surgimiento del peronismo, y pese a sus explícitos deseos, el radicalismo no ha sido considerado, un partido “progresista”, aunque tampoco conservador, ni mucho menos antipopular.

    Pero pareciera inevitable concluir que la propia noción del progresismo es en realidad extraña a la realidad política argentina, en la que el peronismo tiene un poder omnipresente. “Peronismo”, es más fuerte y abarcativo que “progresismo”, en términos culturales. Y esta noción tiene tal fortaleza que ha sido capaz de resistir la experiencia menemista, que quedará en la historia como un ensayo de transformación, y no como una contradicción real, aunque para muchos lo haya sido.

    Dudo, sin embargo, que la disputabilidad del radicalismo sea tan abierta como ha sido (subrayo el pretérito) la del justicialismo, siempre mucho más cruda, confrontativa y menos expulsiva que la radical. Recordemos el dicho “Los peronistas somos como los gatos: cuando parece que nos estamos peleando es que nos estamos reproduciendo”. El peronismo siempre ha entendido como un episodio natural la lucha interna por los espacios, y esta característica es decididamente una fortaleza. El radicalismo en cambio tendió a acallarlas, a impedirlas, a oscurecerlas, lo que le ha valido el éxodo de una multitud de figuras que a su tiempo, han formado una multitud de partidos, debilitando al “viejo tronco radical”.

    Es de suma importancia analizar la reacción del radicalismo ante el nuevo equilibrio de su frente electoral. Si lo pudiera sostener, y en esto tiene mucho que ver el un resultado electoral aceptable, es probable que se homogenice su perfil ideológico y programático, no porque asuma como propio el de De Narváez, sino porque es una fuerza política capaz de metabolizar a De Narváez sin destruirlo. El espacio del partido de centro derecha sería naturalmente ocupado por el radicalismo, sin necesidad de usar un “forcep”.

    Una tercera fuerza en disputa como el PRO, perdería parte de su razón de ser, a mi entender, ayudado porque su “líder oclusivo” (en los términos de María) ni siquiera posee un caudal de liderazgo importante, y hasta es claro que muchos de sus seguidores tienen un mayor potencial político que él, aunque no una “autorización” para expresarlo.

    Al peronismo sólo le bastaría asumirse como peronista, dejando de lado las transversalidades que no lo definen sino que lo dividen. Para este movimiento, aspirar a ser progresista es estar contento con descender algunos escalones. Ciertas demandas de institucionalidad deberían ser incorporadas como piso, lo que no sólo conformaría a parte de la sociedad, sino también a una buena parte del peronismo.

    Continúa ....

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  4. Viene del anterior....


    Creo que muchos sectores del peronismo ya lo están haciendo, incluso en el frente de batalla más importante de todos, la provincia de Buenos Aires.

    Por otra parte, se hace evidente que es necesario para el peronismo liberar sus energías, lo que requiere la vuelta a la “disputabilidad”, hoy reemplazada por el expulsionismo. En este sentido parece aconsejable un cambio en el estilo de liderazgo: el kirchnerismo aportaría mucho a este cambio si modificara su carácter “oclusivo”.

    Por lo demás, sería bueno que el sistema político permita la emergencia de terceras fuerzas que mantengan bajo amenaza a los partidos dominantes, dando cabida a demandas sociales que una burocracia bipartidaria ensimismada no solucione. Coincidiendo con María, no se cómo se logra esto, porque aunque estos grupos potencialmente ya existen, será difícil que soporten la prueba ácida electoral que viene.

    Me resulta sorprendente haber llegado a esta conclusión (que comencé a meditar por un artículo de Mendieta, de estos días), ya que yo mismo he contribuido al fotalecimiento de las “terceras opciones”.

    Pero es probable que las circunstancias, quizás azarosas hagan certero el consejo expresado por María para un aspirante a dirigente político: “Jugá por adentro. Porque por afuera casi casi que no hay nada.”

    Son pocas, muy pocas las cosas que cada uno de los partidos deben cambiar para lograr el ordenamiento ideológico partidario, siempre postergado. Ojalá éste sea el momento del cambio.

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