lunes, 23 de mayo de 2011

Los aspectos económicos de la crisis española. Su estructura productiva. El corcet del euro. La inmensa deuda interna de los particulares y los bancos. Cómo salir. ¡Tienen algun proyecto en la cabeza los manifestantes del M15?


Por Juan Von, el 22 de mayo de 2011. | juaningermany@hotmail.com
 Cuando uno se mete a escarbar en los datos macroeconómicos de España (el Instituto Nacional de Estadísticas es un buen referente y amigo, en este sentido), esas 20.000 personas apostadas en la Puerta del Sol se aparecen como un número que le queda chico a los casi 5 millones de desempleados, la cuantía de la deuda pública y privada, y la perspectiva de que la economía española retome la senda del crecimiento recién para el 2017. Es que la tranquilidad y paciencia de las manifestaciones sólo se entienden por un Estado de bienestar extremadamente fuerte y un tejido social que ataja a los que se van cayendo.

Sin embargo, hay un par de datos que sorprenden por sus valores y que explican algo de lo que esta pasando. No me voy a abrazar al lema de que la economía condiciona la política, pero más o menos:

El déficit sostenido del sector externo se incrementó desde 1997 a 2007, desde el mismo momento en que se empezaron a aplicar los criterios de convergencia de Maastricht (los requisitos para entrar en el euro) y con la puesta en circulación de la moneda única en 2002, se consolidó como un hecho ineludible. En 2007 llegó a su pico: las exportaciones conformaban un 26,7% del PIB, mientras que las importaciones un asombroso 33,7%, imaginen la diferencia en términos absolutos. Mientras existieron los créditos baratos, esta situación fue fácil de sostener, hasta que a un distraído se le ocurrió preguntar cuánto valían realmente las casas en EE.UU y se desató la hecatombe financiera.
Pese a lo que se publica continuamente, la deuda de las empresas, bancos y familias es varias veces mayor que la del sector público. Es que con las tasas de interés a niveles irrisorios, quien no sacaba un crédito se perdía el tren. Mucho de la burbuja inmobiliaria se explica por esa razón: miles de familias y jóvenes españoles accedieron a su primer hogar, presionando los precios para arriba, y haciendo, por ende, de las viviendas un objeto de ahorro pero también de especulación. En 2006, si yo me compraba una casa, a fin de año podía esperar que me valiera un 35% más. Si lo sumamos a los créditos baratos, eso era una bomba de tiempo.
La desindustrialización: Con la moneda única, España se paró en pie de igualdad frente a economías muy productivas, como la alemana o la francesa. El sector más vulnerable a la competencia externa era (y sigue siendo) la industria española, la cual en 2001 contribuía en un 16% al PIB y generaba un 18% del empleo total del país. El 1 de enero de 2002, cuando se pone en circulación el euro, el sector se estanca y comienza a caerse, pese al crecimiento espectacular de la economía en general. En 2009 la contribución industrial al PIB pasa a ser del 11,6% y la creación de empleo un 14% del total, es decir, una caída de más de 4 puntos en relación al PIB y de 4 puntos en materia de generación de empleo, todo eso, ¡en siete años!
El problema no fue la desindustrialización per se, sino que el terreno abandonado por la industria fue acaparado por el sector de la construcción, aumentado en la misma cuantía en el que la industria descendía. De 1995 a 2007 (la gran etapa de expansión española) el sector duplicó su número de trabajadores, alcanzando casi la cantidad de obreros industriales. El único tema es que, mientras todo iba bien, no había inconvenientes, pero cuando se inició la crisis subprime, la construcción expulsó de 2007 a 2009 la misma cantidad de empleados que todos los demás sectores juntos. La precarización del empleo (relativa, no pensemos en casos más locales), fue otro de los rasgos de este período.


En este sentido, la construcción no fue la causa única de la crisis española, ya que la desindustrialización y la deuda de las familias y empresas también colaboraron con este desenlace. Así se puede explicar la subida rápida del desempleo y su baja recuperación. La cuestión es ahora ver qué se hace. Salir del euro no se plantea como una opción, los argumentos giran en sentido contrario más bien: reducir salarios para aumentar la productividad y la competitividad externa.

La movilización de la Puerta del Sol es una llamada de atención ante las políticas de recortes de un socialismo desdibujado. Pero no ofrece un proyecto alternativo, una idea fuerza que pueda ejercer presión para adoptar otro rumbo, ya que, “si no vamos para donde estamos yendo, ¿para dónde vamos?”.

1 comentario:

  1. noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

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