viernes, 20 de mayo de 2011

SON LAS ESPECULACIONES FINANCIERAS INTERNACIONALES, ESTÚPIDO, por M.L.Cardoso-Cerusico

¿Capitalismo, game over?

El espíritu antiglobalización, como una cinta de MOEBIUS, desde los acontecimientos de Seattle, pasando por las revueltas europeas en Grecia, o las de los países árabes, esta vez recorre España, en una revuelta de desempleados jóvenes (para algunos "niños malcriados"), que tienen cada vez más claro que de lo que se trata es de enfrentar al sistema capitalista Neo-conservador, que surgió con la caída del Muro de Berlín y derrumbó los Estados de Bienestar que Europa había levantado, como muro simbólico, para evitar el peligro comunista.

Cada revuelta se traslada de un foco a otro, en un recorrido circular después de la caída de los socialismos realmente existentes, pero que cada vez se amplía a pueblos enteros que son capaces de articular las consignas antiglobalización y antiexclusión sin titubear. Una consciencia antineoliberal que se amplifica a medida que recorre su cinta de Moebius.

En el mundo árabe, las revueltas piden Democracia frente a Dictaduras y Reinados Tiranos. En Europa se está cuestionando a la Democracia misma, entendida a la manera occidental, que desde un principio se articuló por medio de laberintos institucionales que posibilitaron unos gobiernos de pocos y  una exclusión de mayorías; es decir, se erigieron instituciones como escuderos de la lógica del capitalismo. (Adam Prezeworski lo explica perfectamente aquí)

La pregunta es si es posible volver al modelo de Estado de Bienestar sin el enemigo comunista. O dicho de otro modo, cómo romper la lógica capitalista de acumulación y exclusión, con articulaciones institucionales que promuevan la distribución y la equidad sin destruir a los mercados como la forma más lógica de distribución de la producción que ha encontrado Occidente.

En el artículo que dejo debajo, podemos ver que cada vez son más las revueltas que piden Estado-Nación; Democracias inclusivas y Estados protectores (ante unos oligopolios, unas timbas financieras, y unos paraísos fiscales, que acumulan y excluyen).

Nadie puede ni siquiera balbucear la idea de "fin del capitalismo"; porque las revoluciones, como la Revolución gloriosa británica y la Revolución francesa, se dieron cuando ya estaba el capitalismo instalado. Fueron revoluciones burguesas para darle un sustento institucional a una forma de producción que ya era un hecho.

Ahora los hechos son que el capitalismo sigue siendo la forma de producción dominante casi en toda la faz de la tierra; pero un capitalismo que derrumbó a los Estados de Bienestar con la picota del Consenso Washington  y levantó en su lugar un capitalismo financiero sin fronteras estatales, bajo la hegemonía de Wall Street.  En contraste, en los países en los que prepondera el Estado sobre el Capital, como Rusia, China, India y Brasil, no hay crisis, sino expansión.

Hoy ya no se ven súper intelectuales, jóvenes estudiantes de universidades estadounidenses (como quienes se lanzaron en Seattle contra la globalización pronosticando el desastre que se venía). Los jóvenes que se ven en las concentraciones de Madrid, Barcelona, Lisboa y más son los cientos de miles del común que se han quedado sin trabajo,  y que sufren en la carne planes de ajustes que sólo han servido para crear más desocupación y, para peor, aumentar los déficit fiscales sobre el PBI a causa de una deuda formidable en euros; es decir han logrado todo lo contrario de lo que se proponían con los recortes, que era, supuestamente, achicar el déficit fiscal.

Algún economista argentino acaba de expresar que no entiende cómo no se devalúa en España y se sale del euro; sin entender que los países europeos en crisis son aquellos cuyo mercado externo es la propia Unión Europea (Irlanda, Grecia, Portugal, España, Italia) porque sus economías son primarizadas en general y sus productos industriales nada sofisticados. ¿A quién le venderían si salen del euro para pagar con sus monedas nacionales devaluadas la enorme deuda en euros que han adquirido? Pues como dijimos, a la misma Unión Europea, que es un mercado en recesión.  Parece un laberinto sin salida. Pero Paul Krugman en un artículo que se puede leer aquí  sugiere que la única salida para estos países no sería salir del euro, sino que " Lo que debe haber es una reestructuración de la deuda que verdaderamente reduzca la carga de la misma en vez de, simplemente, estirarla."



Notas desde la Plaza Tahrir de Barcelona  La rebelión de l@s indignad@s


Josep Maria Antentas Esther Vivas



Ya no hay dudas. El viento que ha electrizado el mundo árabe en los últimos meses, el espíritu de las protestas reiteradas en Grecia, de las luchas estudiantiles en Gran Bretaña e Italia, de las movilizaciones anti-Sarkozy en Francia...ha llegado al Estado español.
No son estos, pues, días de business as usual. Las confortables rutinas mercantiles de nuestra “democracia de mercado” y sus rituales electorales y mediáticos se han visto abruptamente alteradas por la irrupción imprevista en la calle y el espacio público de la movilización ciudadana. Esta “rebelión de l@s indignad@s” inquieta a las élites políticas, siempre incómodas cuando la población se toma en serio la democracia...y decide empezar a practicarla por su cuenta.
Hace dos años y medio, cuando la crisis que estalló en septiembre de 2008 se rebeló de proporciones históricas, los “amos del mundo” vivieron un breve momento de pánico alarmados por la magnitud de una crisis que no habían previsto, por su falta de instrumentos teóricos para comprenderla y por el temor a una fuerte reacción social. Llegaron entonces las vacías proclamas de “refundación del capitalismo” y los falsos mea culpas que fueron evaporándose poco a poco, una vez apuntalado el sistema financiero y ante la ausencia de un estallido social.
La reacción social ha tardado en llegar. Desde el estallido de la crisis, las resistencias sociales han sido débiles. Ha habido un sesgo muy grande entre el descrédito del actual modelo económico y su traducción en acción colectiva. Varios factores lo explican, en particular, el miedo, la resignación frente la situación actual, el escepticismo respecto a los sindicatos, la ausencia de referentes políticos y sociales, y la penetración entre los asalariados de los valores individualistas y consumistas.
El estallido actual no parte, sin embargo, de cero. Años de trabajo a pequeña escala de las redes y movimientos alternativos, de iniciativas y resistencias de impacto más limitado han mantenido la llama de la contestación en este periodo difícil. El 29S abrió también una primera brecha, aunque la desmovilización posterior de las direcciones de CCOO y UGT y la impresentable firma del pacto social cerró la vía de la movilización sindical y, ahondó aún más si cabe, el descrédito y desprestigio de los sindicatos mayoritarios entre la juventud combativa y quines ahora protagonizan las acampadas.
Indignados e indignadas!
La “indignación”, tan de moda a través del panfleto de Hessel es una de las ideas-fuerza que definen las protestas en marcha. Reaparece así, bajo otra forma, el “Ya Basta!” que entonaron los zapatistas en su alzamiento del 1 de enero de 1994, entonces la primera revuelta contra el “nuevo orden mundial” proclamado por George Bush padre tras la primera guerra del Golfo, la desintegración de la URSS y la caída del muro de Berlín.
La indignación es un comienzo. Uno se indigna, se levanta y después ya ve”, señalaba Daniel Bensaïd. Poco a poco, sin embargo, se ha ido pasando del malestar a la indignación y de ésta a la movilización. Estamos ante una verdadera “indignación movilizada”. Del terremoto de la crisis, empieza a surgir el tsunami de la movilización social.
Para luchar no sólo se requiere malestar e indignación, también hay que creer en la utilidad de la acción colectiva, en que es posible vencer y en que no todo está perdido antes de empezar. Durante años los movimientos sociales en el Estado español hemos conocido esencialmente derrotas. La falta de victorias que muestren la utilidad de la movilización social y hagan aumentar las expectativas de lo posible ha pesado como una losa en la lenta reacción inicial ante la crisis.
Precisamente ahí entra la gran contribución de las revoluciones en el mundo árabe a las protestas en curso. Muestran que la acción colectiva es útil, que “sí se puede”. De ahí que éstas, igual que la menos mediática victoria contra los banqueros y la clase política en Islandia, hayan sido un referente desde el comienzo para las y los manifestantes y activistas.
Junto con el convencimiento de que “es posible”, de que se pueden cambiar las cosas, la pérdida del miedo, en un momento de crisis y dificultades, es otro factor clave. “Sin miedo” es precisamente uno de los eslóganes que más se han sentido estos días. El miedo atenaza todavía una gran mayoría de los trabajadores y los sectores populares y éste da alas a la pasividad o a las reacciones xenófobas e insolidarias. Pero la movilización del 15M y las acampadas expanden como una mancha de aceite un poderoso antídoto para el miedo que amenaza con desmontar los esquemas a una élite dirigente al frente de un sistema cada vez más deslegitimado.

El movimiento del 15M y las acampadas tiene un importante componente generacional. Como cada vez que estalla un nuevo ciclo de luchas, emerge con fuerza una nueva generación militante, y la “juventud” como tal adquiere visibilidad y protagonismo. Si bien este componente generacional y juvenil es fundamental, y se expresa además en algunos de los movimientos organizados que han tenido visibilidad estos días como “Juventud Sin Futuro”, hay que remarcar que la protesta en curso no es un movimiento generacional. Es un movimiento de crítica al actual modelo económico y a los intentos que la crisis la paguen los trabajadores con un peso fundamental de la juventud. Precisamente el reto es que, como en tantas ocasiones, la protesta juvenil actúe como factor desencadenante y catalizador de un ciclo de luchas sociales más amplio.

El espíritu antiglobalización de vuelta
El dinamismo, la espontaneidad y el empuje de las protestas actuales son las más fuertes desde la emergencia del movimiento antiglobalización desde hace más de una década. Irrumpido internacionalmente en noviembre de 1999 en las protestas de Seattle durante la cumbre de la OMC (aunque sus antecedentes se remontan al alzamiento zapatista en Chiapas en 1994), la ola antiglobalizadora llegó rápidamente al Estado español. La consulta por la abolición de la deuda externa en marzo de 2000 (celebrada el mismo día de las elecciones generales y cuya realización fue prohibida en varias ciudades del Estado por la Junta Electoral) y la fuerte movilización para participar en la contracumbre de Praga en septiembre del 2000 en contra del BM y el FMI fueron los primeros signos de arranque, en particular en Catalunya. Pero su masificación y ampliación llegarían con las movilizaciones contra la cumbre del Banco Mundial en Barcelona en los días 22 y 24 de junio de 2001, cuyo décimo aniversario está a punto de cumplirse. Justo diez años después asistimos al nacimiento de un movimiento cuya energía, entusiasmo y fuerza colectiva no habíamos visto desde entonces. No será éste, pues, un décimo aniversario nostálgico. Todo lo contrario. Vamos a celebrarlo con el nacimiento de un nuevo movimiento.
Las asambleas estos días en Plaza Catalunya (y, sin duda, en todas las acampadas que recorren el Estado empezando por la de Sol en Madrid) nos han dado momentos impagables, de aquellos que suceden cada mucho tiempo y que marcan un antes y un después en las trayectorias biográficas de quines participan en los mismos y en la dinámica de las luchas sociales. El 15M y las acampadas son auténticas “luchas fundacionales” y síntomas claros que asistimos a un cambio de ciclo y que el viento de la rebelión sopla de nuevo. Al fin. Una verdadera “generación Tahrir” emerge, como antes lo hizo una “generación Seattle o “generación Génova”.
A medida que el impulso “antiglobalizador” fue recorriendo el planeta, siguiendo a las cumbres oficiales en Washington, Praga, Québec, Goteborg, Génova o Barcelona, miles de personas se sintieron identificadas con estas protestas y una gran diversidad de colectivos de todo el planeta tuvieron la sensación de formar parte de un mismo movimiento, del mismo “pueblo”, el “pueblo de Seattle” o de “Génova”, de compartir unos objetivos comunes y sentirse partícipes de una misma lucha.
El movimiento actual se inspira también en los referentes internacionales más recientes e importantes de luchas y de victorias. Busca situarse en la estela de movimientos tan dispares como las revoluciones en Egipto y Túnez o la victoria en Islandia, ubicando su movilización en un combate general contra el capitalismo global y la élite política servil. Dentro del propio estado español, las manifestaciones del 15M y ahora las acampadas, en un ejemplo simultáneo de descentralización y de coordinación, dibujan una identidad compartida y una comunidad simbólica de pertenencia. 
El movimiento antiglobalización tuvo en su fase de ascenso en el punto de mira a las instituciones internacionales, OMC, BM y FMI y las firmas multinacionales. Después, con el inicio de la “guerra gobal contra el terrorismo” proclamada por Bus hijo, la critica a la guerra y a la dominación imperialista adquirieron centralidad. El movimiento actual coloca en el eje de la crítica a una clase política, cuya complicidad y servidumbre ante los poderes económicos ha quedado más expuesta que nunca. “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros” rezaba uno de los eslóganes principales del 15M. Se enlaza así la crítica frontal a la clase política y a la política profesional y la crítica, no siempre bien articulada y coherente, al actual modelo económico y a los poderes financieros. “¿Capitalismo? Game over”.
Hacia el futuro
El futuro del movimiento iniciado el 15M es imprevisible. A corto plazo el primer reto es seguir ampliando las acampadas en curso, ponerlas en marcha en las ciudades donde todavía no hay y conseguir que, por lo menos, continúen hasta el domingo 22. A nadie se le escapa que las jornadas del 21, día de reflexión, y del día 22, día de las elecciones, van a ser decisivas. En estos dos días la masificación de las acampadas es fundamental.
Es necesario también plantearse nuevas fechas de movilización, en la estela del 15M, para seguir manteniendo el pulso. El reto principal es mantener esta dinámica simultánea de expansión y radicalización de la protesta que hemos vivido los últimos días. Y, en el caso específico de Catalunya, buscar sinergias entre la radicalidad y las ansias de cambio de sistema expresados el 15M y en las acampadas, con las luchas contra los recortes sociales, en particular en sanidad y educación. La acampada de Plaza Catalunya se ha convertido ya en un punto de encuentro, un poderoso imán, de muchos de los sectores en lucha más dinámicas. Se trata de convertirla en un punto de encuentro de las resistencias y las luchas, que permita tender puentes, facilitar diálogos, y propulsar con fuerza las movilizaciones futuras. Establecer alianzas entre las protestas en curso, entre los activistas no organizados, y el sindicalismo alternativo, el movimiento vecinal, los colectivos de barrio...es el gran desafío de los próximos días.
“La revolución empieza aquí...” coreabámos ayer en Plaza Catalunya. Bueno, al menos lo que comienza es un nuevo ciclo de luchas. De lo que no hay dudas ya es que, más de una década después del ascenso del movimiento antiglobalización y dos años después del estallido de la crisis, la protesta social ha vuelto para quedarse.
- Josep Maria Antentas es Profesor de Sociología de la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB)
Esther Vivas, Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS) de la Universitat Pompeu Fabra (UPF)
Ambos son autores de Resistencias Globales. De Seattle a la Crisis de Wall Street (Editorial Popular, 2009) y participantes en la acampada de Plaza Catalunya


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1 comentario:

  1. Ojalá se diera en el modo de producción capitalista; pero la hegemonía del capitalismo estadounidense parece no estar en cuestión. Mientras Europa no se recupere, no hay posibilidades de mostrar un modelo mejor. Los BRICS podrían tener algo de poder para cambiar el modelo, por su podería económico; pero no por un convencimiento ideológico. Salvo Rusia y China; en los demás persiste una mentalidad colonizada. Pero bueno, que se visibilicen los perdedores del Consenso Washington es un paso enorme. Hasta ahora sólo Argentina lo hizo y con tanta fuerza que hoy la circunstancias casis griegas que sufrimos, se revirtieron. Por la "voluntad" de unos gobiernos (en el que incluyo el interinato de Duhalde) y por el acompañamiento de un pueblo que estaba necesitando de gobiernos que tomaran las riendas de un país donde el precipicio y la caída eran seguros ante pasos dudosos. Que este "modelo" productivo e inclusivo que se está adoptando en Argentina se transforme en el "sentido común" de la población argentina; pues está por verse.

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