sábado, 28 de mayo de 2011

Difícilmente un malandra opte por pelearse con la Iglesia, con Clarín, con el FMI y con Bush y es más probable que un tipo de buena entraña impulse los juicios a los represores o la conformación de una Corte independiente y de alto nivel.

Néstor Kirchner leyendo el discurso el 25 de Mayo de 2003, día que asumió como Presidente de la Nación Argentina


A propósito del título del ya tan comentado libro de Beatriz Sarlo: Néstor Kirchner 2003-2011: La audacia y el cálculo; el sociólogo y Secretario de Redacción del diario Página 12, Luis Bruschtein, hace un interesante análisis del campo semántico al que pretende Sarlo confinar la figura de Néstor Kirchner. En es campo semántico, en el que pueden caber "malandra", "sin escrúpulos", "amoral",  etc, confluyen varios relatos, que  pueden simplificarse en dos: uno más simplista y otro más sofisticado:

  •  el primero es el simple  negacionismo,  que es el que utiliza el Grupo Clarín -entre otros- a través de todos sus medios, la prensa escrita, la televisión abierta y el canal de noticias TN Este relato es el más elemental. Niega lisa y llanamente todos los logros de la gestión Kirchner;
  • otro, más sofisticado, personifica a un Kirchner como un político tradicional, amoral, sin principios, sin ética ni ideología; motivado sólo por el poder y que paradójicamente, con ese combustible realiza el gobierno más progresista de que tengamos memoria. En ese lugar están parados los "progresistas" que nunca pudieron concretar uno sólo de sus eslogan y a los que Kirchner dejó offside. Este sector del progresismo al que pertenece Beatriz Sarlo es capaz de reconocer virtudes en Alfonsín (que las tuvo, y el propio Kirchner lo diferenció claramente del resto de los presidentes), y perdonarle las capitulaciones.
Si se justifican esas capitulaciones de Alfonsín al promediar su gobierno por las circunstancias drásticas que le tocaron en cuanto a la crisis de la deuda,  las fuertes presiones de la corporación militar y de los capitanes de la industria, que lo ponían en un lugar de tanta debilidad -dice Bruschtein- ¿por qué se critican las políticas del kirchnerismo, con sus alianzas y sus ofensivas para no capitular?

Algunos intelectuales, como Beatriz Sarlo, tienden a simpatizar con políticos testimoniales, como Elisa Carrió, por un carácter "chamánico" que los acercan a los intelectuales. Priorizan la consigna frente a la acción. Pero la política es real y trata de combinar la abstracción y la pureza del pensamiento con la impureza del conflicto real. 

La nota  completa de Luis Bruschtein aquí

1 comentario:

  1. me asombra, y algo más, la elementalidad de Beatriz Sarlo. ¿Intelectual? Se puede decir que soy una ex... ex..., pero, quien fue Marxista, en el sentido intelectual, no puede dejar de serlo. Marx sintetiza el materialismo con el idealismo. Supone el materialismo histórico y el dialéctico. Es una manera de abordar la realidad. Se supone que se llega al Marxismo luego de importantes lecturas. No es un partido político. Es una herramienta válida, como también lo es el Estructuralismo y el Funcionalismo, o el Psicoanálisis. Siempre creí que no suponía una determinada identidad partidaria, pero sí un compromiso social y ético. Por lo tanto, no me explico qué es, en la actualidad, esta Señora. Pasó la época snob de estar en contra de todo. Hay momentos de definiciones de tipo binarias: sí, no, de acuerdo o no. Llego a la conclusión que lo único que le interesa es su supervivencia. Y para su supervivencia tiene que inventarse excusas, pues su moralina fundamentalista: la culpa, la atormentaría. Para ella es necesario llegar a darle la categoría de "chamánica" a la delirante Carrió, pues es imposible otorgarle racionalidad. Y aquí llegamos a un núcleo esencial en su cosmovisión: su relación con la realidad pasa a ser mágica y, así , rompe con la racionalidad y puede darse el lujo de afirmar que "hasta la década del 70 los medios influían en la opinión, pero que, en la actualidad no". O, sino: "...el 70% de la población no habla de política..." y, le es necesario romper con la racionalidad, pues trabaja para patrones irracionales, que desvirtúan lo que los hechos muestran: el buen gobierno de Cristina, la locura del neoliberalismo, el mito de la Eurozona, la supremacía de la economía real sobre la economía financiera, el mito de la justificación ética de la acumulación primitiva ( ¿cuánta tierra repartió Urquiza, y cuánta más Roca), la historia de Mitre, etc. Es un poco desordenado, pero, como que lo pienso y lo escribo. También reflexioné sobre tu catedrático. Pienso que hay demasiadas cosas que dejó en el tintero, entre ellas, los enormes flujos financieros que crearon los petrodólares luego "del fin del Keynesianismo", con la crisis de 1973. Ese exceso de dólares, alimentó las burbujas más perversas, y los condicionamientos más nocivos a las economías dependientes, y luego a los mismos bancos que las prohijaron (Quiebra de Lehmann Brothers _que todavía se está calculando_ fin de todas las Bancas de Inversión) Supongo que no son datos menores, más bien son groseros: los fondos derivativos, la especulación como entelequia...

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