viernes, 22 de abril de 2011

LA MILITANCIA ES LA MISMA CON DIFERENTES FORMAS

Aqui el texto de Martín Caparrós: Dejen de currar con los '70  al cual refuta Tomás en esta otra nota  de Artepolítica: No tan distintos. Ruego leer los dos textos completos. Buenísimos los dos, me han dado pié a los apuntes que van debajo de la foto. 



 Aunque admiro la prosa de Martín, no entiendo ese odio visceral hacia la juventud militante kirchnerista. En este caso tampoco entiendo y  me parece legítima la comparación que estipula entre esta juventud militante y aquella otra en la que le tocó participar en los 1970s.

Cuando en el texto Caparrós dice: "En cualquier caso, estas formas de la 'militancia' permiten explicar una frase molesta: basta de currar con los setentas significa también 'paren de contarnos que una banda de funcionarios muy bien pagos es lo mismo que la jotapé clandestina y perseguida, peleando por el socialismo' –o, peor, su 'equivalente en esta etapa'."; se me ocurre pensar que Martín no tiene legitimidad para decir eso. Y digo legitimidad porque de eso se trata el escrito de Martín. 

En otras palabras: ¿Quién es más legítimo un militante de montoneros en los  1970 o militante de La Cámpora en los 2010? No hay vara para medir algo así. 

Cuando con acidez y furia Martín dice  "La Cámpora empezó por cumplir con la ley de la sangre: fue fundada –dicen que fue fundada– por un hijo de los doctores Kirchner, un joven Máximo –que es el nombre imperial que los presidentes peronistas les ponen a sus hijos" Quiero decir y reafirmar, con Tomás, que para  Martín no fue tan diferente (en su caso, claro. Otros compañeros de él vivieron en el mejor de los casos en la clandestinidad; otros murieron arrojados al mar). 

La militancia de Martín Caparrós  fue casi natural. Una militancia que también le vino por herencia. Hijo de un médico español -que organizó la guerrilla en Tucumán- y de una médica psicoanalista importante, Martín a los 16 años, participaba  en el Centro de Estudiantes del Nacional Buenos Aires y aprendía a hacer periodismo nada menos que junto a Rodolfo Walsh y Horacio Verbistky -ay, quién pudiera-.

 A los 18 años ya estaba exiliado (¿en la clandestinidad? Naaa...) nada menos que en París, donde obtuvo su título de grado en Historia. Inmediatamente después se instaló como periodista en Barcelona. No tuvo clandestinidad Martín. Aún dentro de su generación, que es la mía, a Martín Caparrós  las cosas le salieron fáciles. También  hijo de doctores,  tuvo la suerte que no tuvieron muchos de los padres desaparecidos de estos nuevos militantes: está vivo, con un título de la Universidad de París y una trayectoria inmensa para sus 53 años. Lo felicito por esa trayectoria. Ha hecho mucho por nuestra historia con su escritura y lo agradezco inmensamente. 

Sólo que no entiendo esos odios viscerales, que son naderías a las que debería renunciar, en honor a su dignísima persona. Ojalá el libro proyectado del que la nota es un fragmento no se publicara. 

Mario Luis CARDOSO CERUSICO

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