sábado, 11 de diciembre de 2010

La ciudad de la furia: Una reflexión sobre la segunda nota de Beatriz Sarlo en LA NACION

Los lectores, que desprevenidos o amorosos, visitan este blog,  habrán leído mi opinión sobre la primera nota de Beatriz,  aparecida en LA NACION.COM en la madrugada en la que viajaba en avión desde Santa Cruz a Buenos Aires el corps del ex presidente Néstor Kirchner; para aquellos que no, pueden leer mis dichos, y aquella nota de Sarlo en este link.

También conocen que cursé Literatura Argentina del Siglo XX con ella, hace 20 años en la UBA. Me fue bastante bien y hasta en algún momento recibí algo así como un reconocimiento de su parte luego de la primera evaluación.

Beatriz no me pareció nunca deslumbrante dictando clases. Hay gente que escribe mejor de lo que habla y ella es una de la especie.

Lo que sí, fue una cursada perfecta, por el rigor de la metodología y el deslumbramiento que me produjo el modo en que hizo hablar a los autores que eligió aquella vez.

Porque ella hablaba de autores, sí, no de narradores, y eso estuvo perfecto en una época en la que se había hecho  "epojé" del sujeto, y  todo daba igual: actor, narrador, sujeto, autor (aunque utilizar esta palabra era cuasi pecaminosa, implicaba una horripilante intencionalidad modernista).

Peor era que,  afuera de la facultad, también todo daba igual, neoliberalismo,  fin  de la historia; en síntesis, la posmodernidad, que implacablemente obturaba toda posibilidad de actores que pudieran producir un cambio en el estado de las cosas. Los pobres eran los pobres, los subdesarrollados eran los subdesarrollados, y  nada podía cambiar, de nuevo, el estado de las cosas y el estado de las almas ¡A joderse y aguantar!

En eso, Beatriz nunca se dejó llevar por la moda, y siguió insistiendo en que los actores pueden producir cambios, como sostiene el británico Anthony Giddens. En ese sentido recuerdo una clase en la que ejemplificando la noción de expectativas de rol de Merton aventuró: “si las clases populares imitan a sus clases altas, y nuestra clase alta hoy por hoy la integran Susana Giménez y Menem, pobre de nuestras clases populares”.

Hace poco me encontré con Beatriz y le pregunté qué dirías vos  hoy de aquella afirmación. Me respondió: “en los tempranos ’90s ignorábamos las secuelas de fragmentación y exclusión terribles que dejaría el neoliberalismo entonces incipiente. Hoy yo diría que las clases populares no imitan a nadie; están tan excluidas del sistema que no tienen la menor posibilidad de pensar una articulación que las salve. Basta recorrer el Bajo Flores o Villa Soldati para verlo”, describió.

Me consta entonces que su compromiso siempre estuvo allí, a pesar del gorilismo lacerante que le propinó al kirchnerismo, y que también dañó su escritura, antes impecable y linda.

Como en aquel primer artículo después de la muerte del ex presidente, en este segundo, donde nos habla del horror que hemos vivido estos días, describe la situación con tanta precisión y belleza como en este párrafo:

“Las extensiones verdes del sur de Buenos Aires se han convertido en la explanada de la furia. Cuando se las recorre a pie bajo la luz de un día cualquiera, siempre dan la impresión, por el abandono, la herrumbre y las montañas de basura, de que son el campo de una batalla que todavía no ha sucedido o que ha sucedido hace mucho tiempo. Bueno, ayer se peleó esa batalla.”


que admito haberme emocionado. No me cabe menos que darle la bienvenida a este regreso de lo mejor de Beatriz, con la seguridad de que sabe de lo que escribe, y lo escribe impecablemente.

La nota de Beatriz puede leerse en este link, Saludos cordiales. 

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