domingo, 31 de octubre de 2010

Reflexiones sobre "A cara o seca", una nota de Beatriz Sarlo




Una nota de Beatriz Sarlo sobre la significación de Néstor Kirchner en la política argentina,  a modo de epitafio,   pudo leerse en LA NACIÓN.COM en la madrugada en que el féretro del ex presidente estaba siendo trasladado a Buenos Aires desde Santa Cruz, para ser velado en la Casa de Gobierno.

Se trata de la mejor nota sobre Kirchner que escribió Sarlo en cuanto al estilo y a cierta ecuanimidad con el personaje del ex presidente, que nunca tuvieron las notas anteriores. Esa ecuanimidad soltó, a mi modo de ver, el vuelo literario que los escritos de Beatriz Sarlo siempre tuvieron, pero que decidió escamotear con enojo  a  “los” Kirchner.  Allí donde normalmente encontrábamos sarcasmo, la escritura de Beatriz se transmutaba en  odio ramplón, descalificación fácil, cuando se refería a Néstor o Cristina, habitualmente en LA NACIÓN.

Algunas generalizaciones son meras simplificaciones de manual de sociología,  que el texto aplica sin evidencia a la realidad que describe, como cuando escribe: “El líder piensa que es él el único que puede bancar los actos necesarios: él garantiza el reparto de los bienes sociales, él garantiza la asistencia a los sumergidos, él sostiene el mercado de trabajo y forcejea con los precios, él enfrenta a las corporaciones, él evita, en solitario, las conspiraciones y los torbellinos. El liderazgo es personalista”

Pero en la mayoría de los casos, en este artículo,  armado como descripción de escenas  de una vida, la autora obtiene hallazgos felices desde lo literario y políticamente piadosos cuando no elogiosos hacia el personaje con el que confrontó, furiosamente, desde que asumió la Presidencia de la Nación, allá por el 2003.

El más impecable lo obtiene cuando describe las formas en que el difunto líder interpeló y construyó a sus seguidores, quienes durante el velatorio que comenzó muchas horas después de la publicación del artículo de Sarlo, la evidencia empírica de una Plaza desbordada de decenas de miles de personas en duelo, corroboraría: “Kirchner comenzó su presidencia con un golpe en la frente porque se lanzó a la multitud que estaba en las calles, entre el Congreso y la Plaza de Mayo; se lanzó como quien corre hacia el mar el primer día del verano, con impaciencia y sensualidad, gozando ese cuerpo a cuerpo que es el momento amoroso de la política. “

El artículo entero puede leerse aquí . Y aunque todavía encontremos en él trazos de enconos no resueltos, hay una apertura de la autora que le hizo volcar lo  mejor de su escritura en la nota, y también varios presagios de un cambio de época.

Porque, vamos, Beatriz -me permito cambiar a la segunda gramatical, porque he hablado personalmente contigo este tema- si es cierto que Néstor Kirchner fue  crispado y tenso durante su actuación política, también es cierto que sus opositores, incluida vos, competían en el agravio.

De todos modos, el cambio que se viene, anticipado en este cambio de tu estilo, agrega a mi esperanza la felicidad de haberme reencontrado con lo mejor de tu escritura.

Sé que te importa la inclusión y que te horrorizaba el estado de fuera de todo en que había dejado a millones el neoliberalismo de los ’90: “bastaba recorrer el Bajo Flores para verlo”, una vez me dijiste. En esta nota te olvidaste de mencionar lo que hizo el difunto presidente  contra esa completa exclusión que nos desesperaba: desde la reapertura de la industria, el Proyecto Patria Grande, la vuelta de los convenios colectivos de trabajo, las paritarias, el aumento del presupuesto a la educación… hasta el matrimonio igualitario.

Está bueno el liberalismo procedimental que anhela tu escritura, pero también está bueno  que empecemos a construir las otras facetas de un liberalismo integral: la posibilidad de revisión racional de nuestros objetivos, es decir, que el Estado sea neutral en lo referente a las concepciones del bien: este concepto se plasmó en el matrimonio igualitario y en el enorme trabajo  previo del INADI. Esto también es liberalismo, y también lo fueron los gestos de Perón y de Alfonsín con las leyes de divorcio vincular, y el de Roca con la enseñanza laica y el matrimonio civil.

Pero también, mal que les pese a muchos pseudoliberales o “libertarians”, es liberalismo la corrección de las desigualdades arbitrarias, aquellas que uno no “eligió”, que son injustas y que deben ser rectificadas. De esto, la gestión del difunto puede mostrar un camino. Se lo denomina “justicia social”, aquí y en Canadá; y no tiene por qué ser patrimonio del peronismo, aunque, por omisión de los otros, volvió a serlo de la mano de Néstor Kirchner.

2 comentarios:

  1. Lo tenía atragantado al proceso de la Sarlo,vos lo sabés desde el principio. Esta nota me dió la oportunidad de desahogarme. Incluso, simbólicamente, porque Beatriz fue la punta del Iceberg de un odio, para mí incomprensible, que creció y creció en estos siete años. Ojala comience una nueva era, para el bien de todos.

    ResponderEliminar