domingo, 4 de julio de 2010

"Las penalistas no creemos en la eficiencia del Derecho Penal y tememos que como un elefante en un bazar, cause más daño del que pretende evitar" STELLA MARIS MARTINEZ


Un grupo de especialistas en género discutió si es posible aceptar la prostitución como una salida laboral o si siempre implica violencia sexual. El tema fue abordado en un encuentro celebrado en Buenos Aires en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la UBA. 

Con respecto a la postura de la estadounidense Catherine MacKinno de "criminalizar a los clientes" para eliminar la prostitución, apoyado por muchas feministas argentinas la penalista española María Luisa Maqueda Abreu, catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Granada, sostuvo en su ponencia que “en nombre de la vulnerabilidad de las mujeres se construyó el mito cultural de la trata de blancas” que “oculta experiencias de mujeres, con proyectos migratorios, que eligen en forma temporal o no ejercer la prostitución”. Su postura generó un murmullo generalizado de desaprobación entre el público y la rápida réplica de la investigadora y profesora de la Facultad de Ciencias Sociales, Silvia Chejter, 

El título de la exposición de Abreu fue “La trata sexual de mujeres: entre mitos y realidades”. 

La penalista española había señalado que no se puede negar la realidad de la trata de mujeres para explotación sexual, que se caracteriza por “una cosificación sexual” de las personas, que son sometidas a situaciones de violencia, intimidación y abusos. “Es un problema de violencia sexual y de género”, argumentó. Pero al mismo tiempo, consideró que existe una confusión entre migrantes voluntarias y forzadas. Y sostuvo que ese abordaje no permite reconocer que hay mujeres que libremente eligen ejercer la prostitución como proyecto migratorio. “Hay que hablar de víctimas donde hay víctimas y también hay que ver que hay mujeres dueñas de su propio proyecto, que se trasladan de forma autónoma de un país a otro y que toman la prostitución como una ‘estrategia de supervivencia’.¿Son mujeres vulnerables? Lo son, pero no por sus proyectos, que son voluntarios. La vulnerabilidad les viene de la falta de reconocimiento social, de reconocimiento como trabajadora y migrante sexual, por el estigma”, opinó Abreu. A su entender, la guerra contra la trata termina desprotegiendo y criminalizando a las mujeres que están en los burdeles, donde se realizan operativos para perseguir el delito de trata. “Se las califica como esclavas sexuales y se les niega sus derechos laborales como trabajadoras”, objetó.

Al respecto la Defensora General de la Nación, Stella Maris Martinez, en un reportaje a Página 12, puntualizó el porqué de las diferencias entre la penalista española ABREU, y la socióloga argentina Silvia CHEJTER, que se transcribe debajo:

“Perseguir los capitales”

Por Mariana Carbajal
Para la defensora general de la Nación, se trata de un tema que requiere más investigación. Y destacó que el enfrentamiento entre las posiciones de Abreu y Chejter se potencia porque una es penalista y otra socióloga. No obstante, señaló que le cuesta creer que “una mujer que ejerce la prostitución no es libre en absoluto”. “Las penalistas no creemos en la eficiencia del Derecho Penal y tememos que, como siempre se comporta como un elefante en un bazar, cause más daño del que pretende evitar”, opinó Stella Maris Martínez, en diálogo con Página/12. “Si me preguntan qué modelo de persecución me gusta, no sé si criminalizando a los clientes, que es el modelo que ahora se sostiene, no vamos a terminar aumentando los niveles de control social y volviendo a atrapar a los más débiles, porque finalmente no vamos a llegar a los que dirigen las redes, a los que manejan el dinero que hay detrás de esto. La verdadera persecución tiene que hacerse a través del manejo del capital, tanto en la trata de mujeres como en el narcotráfico y el negocio ilegal de las armas, que mueven enormes capitales”, advirtió Martínez.
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