jueves, 8 de julio de 2010

La senadora Negre de Alonso no acepta que la ley reconozca que somos personas iguales a ella

La “unión civil” es una forma de apartheid




POR BRUNO BIMBI
La comisión de Legislación General del Senado aprobó ayer dos dictámenes que serán debatidos el 14/7 en el recinto. Uno de ellos, impulsado por los presidentes de bloque del kirchnerismo, la UCR, la Coalición Cívica, el Partido Socialista, Luis Juez, los fueguinos y otros, propone sancionar la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo tal como salió de Diputados. El otro, obra de la senadora del Opus Dei Liliana Negre, propone una ley segregacionista que clasifica a los argentinos en dos categorías: los heterosexuales, que tendrán derecho a casarse, y los homosexuales, que podrán “unirse civilmente”, con menos derechos, en un régimen “especial”.
Este mismo debate se dio en España y Portugal, países que legalizaron el matrimonio homosexual. Cuando Zapatero envió al congreso español la nueva ley de matrimonio, el post franquista Partido Popular –que siempre se había opuesto a cualquier reconocimiento legal para esas parejas– propuso como alternativa la “unión civil”. Lo hizo apelando a argumentos lingüísticos fácilmente refutables, como que “matrimonio” viene del término latino mater, que significa madre, y no podría entonces darse entre dos hombres (no explicaban por qué no entre dos mujeres). Olvidaban que patrimonio viene de pater, porque era un derecho exclusivo del varón, al igual que la patria potestad, y que salario viene de sal, porque así se les pagaba a los soldados. O que familia viene de famulus, que significa esclavo, y trabajar de tripaliare, que significa “castigar con el tripaliu”. También decían que el diccionario de la RAE definía al matrimonio como “la unión del hombre y la mujer”, como si las leyes dependieran de un grupo de lexicógrafos. Las academias valencianas y catalana ya modificaron sus diccionarios y la RAE anticipó que hará lo propio.
Lo que estaba por detrás no era la lingüística, sino la pretensión de establecer una distinción legal que dejara en claro que, para ellos, no merecemos el mismo respeto. La senadora Negre nos odia y no acepta que la ley reconozca que somos personas iguales a ella. En Portugal, donde el Código Civil no habla de matrimonio, sino de “casamento”, la derecha también se oponía a que se llamara así y ofrecía la “unión civil”. Y casamiento no viene de mater, sino de casa, pero no importa, porque esos argumentos son excusas. Si en algún país no existiera el "matrimonio" ni el "casamiento", sino sólo la "unión civil", y esta fuera exclusiva para heterosexuales, se opondrían a que las uniones entre personas del mismo sexo se llamen "uniones civiles" e inventarían otro nombre para mantener vivo el prejuicio.
Ya sucedió en otras épocas. Pedían que voto femenino no se llamara “voto” (porque el voto era, decían, un atributo “natural” de los varones), sino “derecho a la participación política de la mujer”. Como las escuelas para negros y las escuelas para blancos en otros países, lo que buscan es seguir discriminando. Lo dijo Desmod Tutu, premio Nobel de la Paz sudafricano, líder junto a Mandela de la resistencia contra el racismo: “La homofobia es un crimen contra la humanidad tan injusto como el apartheid”. No es casualidad que Sudáfrica haya sido uno de los primeros países del mundo en legalizar el matrimonio homosexual.
http://bbimbi.blogspot.com/2010/07/la-union-civil-es-una-forma-de.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada