sábado, 15 de mayo de 2010

CRUCE INUSUAL DE MOROCHAJE CON SUS OJOS CELESTES

HOMENAJE A MI PROFESOR DE HISTORIA DEL ARTE: Nicolás Casullo



 Para hacer el amor en los parques,  la primera novela de Nicolás Casullo, publicada en 1970  y prohibida en 1971, trata de una mirada de lo que consistió el  primer estadío en un camino de cuatró décadas de nuestra historia social y literaria y que inicia un proyecto impensado, y por ello,  vívidamente apasionado, de cuatro novelas. La primera, Para hacer....  es el producto de su temprano viaje a París en 1968 y su militancia en la izquierda del peronismo. La novela tiene una sintáxis tejida por oximoron de los  imaginarios político-sociales de los '70s, a la manera dicotómica cortazariana : la revista literaria o la lucha armada, Cuba o París, el peronismo o la izquierda,... Vaya un fragmento pardigmático:


“... pudo reconocer en Magdalena un mínimo de cinco estrategias entreveradas para hacer frente al mundo de sus progenitores y al mundo de la mercancía capitalista, a partir de sus ansias de formar una pareja de amor auténtico con obrero metalúrgico y joven, provinciano, morrudo y sexualmente inagotable frente a tantos barbetas alfeñiques con libros, que le hiciese vivir huelgas, paros por mejores condiciones, petitorios, alegrías por retroactivos salariales, asambleas antiburocráticas, el vino fuerte de los pobres, puerta de fábrica con sandwich de mortadela, repartir octavillas, tener hijos robustos en un cruce inusual de morochaje con sus ojos celestes y asegurarse un lugar en algún palco para las fiestas de la revolución”.

El libro fue reeditado en 2008  (Altamira), pero en ese transcurso Casullo había publicado dos novelas más:


El frutero de los ojos radiantes (Folios) es una novela escrita durante el exilio y publicada en 1984, a su regreso, tras recibir el Premio Pablo Poblet, por un jurado integrado por Enrique Pezzoni, Beatriz Sarlo y Héctor Tizón, donde lo que se convoca es, antes que la revolución, la memoria: el reencuentro con lo que había antes, más atrás del exilio, la reconstrucción del mito del inmigrante encarnado en un frutero del Abasto.

 La cátedra (Norma), del año 2000, donde un Casullo en plena madurez vital se sumerge en los dominios del gótico culto, en el relato fantástico y policial.  La revolución y la memoria se funden en una novela más pegada al género, menos lúdica que las anteriores y a la vez con mas referencias eruditas que requieren una iniciación académica. La iniciación que muchos transitábamos con Casullo frente a la cátedra universitaria y que consistia siempre en conceptos sobre el arte y la reflexión sobre los mismos.


Orificio   es la cuarta novela. Inédita,  una novela diferente de las otras, con un poder de condensación y de conmoción inusual, es la contracara de Para hacer el amor en los parques porque es una novela donde no hay revolución ni clase social a redimir ni pasado históricamente situable ni afecto familiar que remontar. Por el contrario, es una novela futurista, con una estética de ciencia ficción, quizá de comic que  transcurre en una Buenos Aires del año 2117, donde todo es naufragio, tribalización, violencia consumada y esperpéntica, sexo sin cuerpos, antepasados  mutantes, barrios feudalizados, gobiernos anarquizados, pero donde Orificio, un ser violento que acecha ante los violentos y los freaks, acumula víctimas y replicantes, dialoga con las ruinas y es ungido como líder de una muchedumbre desechada, perdida, que puja por lo primario sin saber que exista otra cosa o sufriendo por algo que ya no conoce. Es una Buenos Aires fantasmal que Casullo escribe durante los primeros años del menemismo y tras la caída de los socialismos reales, donde la barbarie ha hecho brotar defectos, relinchos y letanías sufrientes.

Cuando se publique esta cuarta y póstuma novela del nuestro querido y recordado Nicolás, nos será dada la dicha de tirarnos en el césped de un verano a recorrer las cuatro novelas de un tirón, en un ejercicio “aprehendizaje” de un pedazo de la historia que muchos hemos transitado y transitamos todavía; pero hacerlo en un diálogo con un grande de la crítica cultural y la militancia política activa como Nicolás Casullo, hombre de buena fe.

(Esta nota es una  ruda síntesis de la espléndida nota publicada en Radar por Gabriel D. Lerman y que puede leerse aquí).

Mario CARDOSO


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