miércoles, 3 de marzo de 2010

EL NEOLIBERALISMO NO CUMPLE CON EL ÚNICO AXIOMA MORAL DE A. SMITH, "EVITAR LA CONCENTRACIÓN", PUES LOS NEOCONS ALIENTAN LOS OLIGOPOLIOS, QUE TRABAN LA LIBERTAD DEL MERCADO


Fundamentos del liberalismo: Segunda Parte
Prof. José Manuel Fernández

Lejanamente recuerdo haber leído en textos con definiciones precisas. Primero: la oligarquía agrícola-ganadera era capitalista, pero su ociosidad la alejaba del espíritu burgués. Segundo: era exclusivista (como lo pedía Cané: “Los argentinos cada vez somos menos. Cerremos el círculo y velemos sobre él”), Consumía, sin mayor criterio, todo lo europeo. Muy especialmente las novedades de su cultura, no sus fuentes. Y carecía también del ímpetu esencial de la burguesía, que sabe que lo esencial del desarrollo del capitalismo es reinvertir la ganancia para producir más y duplicarla. Nuestros oligarcas sólo saben construir palacetes y planear viajes a Europa. En 1912 (en el cenit de su poder), la oligarquía argentina despilfarra el 10 por ciento de su economía de exportación en viajes a Europa. Había venido al mundo bendecida por su Creador. De aquí provienen esas frases: “El gran país que fuimos”, “La patria de nuestros padres y nuestros abuelos” o “Dios es argentino”. Tenía mano de obra barata y tierras infinitas, que entregarían siempre sus frutos para el regocijo y la holganza de unos pocos que eran los dueños de esas riquezas. Smith habría dicho: “Pronto se gasta lo que poco cuesta”. Y si hoy se levantara de su tumba se horrorizaría ante un mundo tramado por los monopolios y los oligopolios, que se devoran el mercado sofocando a sus competidores. Matándolos. A eso se le llama “neoliberalismo”. El neoliberalismo es la etapa superior del liberalismo. La etapa en que los monopolios y los oligopolios traban la libertad del mercado, arrojan de él a los pequeños competidores e imponen sus reglas en todos los órdenes: el económico, el cultural, el político y –muy especialmente– el comunicacional, el arma predilecta del capitalismo oligopólico durante los días que corren. El nuevo Sujeto Absoluto. ¿Cuándo surge el liberalismo? Digamos: a mediados del siglo XIX. O levemente antes. Las llamadas corn laws (leyes de cereales) gravaban las importaciones de trigo para proteger a la oligarquía cerealera británica. Estos agricultores estaban ligados a la producción primaria, no así la vigorosa burguesía industrial, representada por Smith. Esta burguesía, que necesita alimentar a su proletariado urbano, requiere pan barato. ¿Por qué comprárselo a los terratenientes? Ese gran país capitalista que fue Inglaterra no alimentaba vagos, ociosos que buscaban vivir meramente de lo que crecía del suelo. Quería industrias. ¿Por qué, entonces, no importar el trigo de las colonias? De las colonias trigueras. Sí, de esa República del Sur de Latín América que acaba de ganar su independencia, suceso que los barcos británicos saludaron a cañonazos en el estuario de ese ancho Río de la Plata.
Así, la burguesía se anota un gran triunfo. Consigue la derogación de las corn laws. Arremete, para ello, contra los terratenientes: llama “ley del hambre” a las que gravan los productos cerealeros de importación. Producen hambre porque encarecen los productos con que se alimentan los obreros. Consigue así el apoyo de esa clase. Capitalistas industriales y proletarios luchan unidos contra la aristocracia terrateniente. Nada de proteccionismo. Seamos liberales. Abracemos el librecambio. Traigamos trigo barato de los países extranjeros. Al bajar el costo del pan bajaremos el costo del salario, que, como todos saben, es el costo de lo que suma mantener a un obrero. Si algo tan sustancial para esa manutención, como el mismísimo pan, nos sale más barato, más ganancia tendremos. Es David Ricardo el que desarrolla este punto: “Es tan importante para la felicidad de la humanidad entera aumentar nuestros disfrutes por medio de una mejor distribución del trabajo, produciendo cada país aquellos artículos que, debido a su clima, su situación y demás ventajas naturales y artificiales, le son propios, o intercambiándolos por los productos en otros países, como aumentarlos mediante un alza en la tasa de utilidades. “He tratado de demostrar, a través de toda esta obra, que la tasa de utilidades no podrá ser incrementada a menos que sean reducidos los salarios, y que no puede existir una baja permanente de salarios sino a consecuencia de la baja del precio de los productos necesarios en que los salarios se gastan” (David Ricardo, Principios de economía y tributación, Fondo de Cultura Económica, México, 1959, p. 101). También Marx aprueba la derogación de las corn laws: “Los obreros ingleses han hecho sentir a los librecambistas que no se dejan seducir por sus ilusiones y mentiras. Y si, a pesar de eso, se han prestado a aliarse con ellos en contra de los terratenientes fue, simplemente, para acabar con los últimos restos del feudalismo y no tener frente a sí más que a un solo enemigo” (Discurso sobre el problema del librecambio, Bruselas, enero de 1848).


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