sábado, 6 de febrero de 2010

No descartan la posibilidad de dejar afuera de la UNION EUROPEA a ESPAÑA y también a GRECIA Y PORTUGAL

Derribando obstáculos



Por Raúl Dellatorre

La reunificación del sistema previsional bajo la administración del Estado. La movilidad jubilatoria. La asignación por hijo para desocupados o trabajadores en negro. Tres decisiones económicas trascendentes, porque significan cambios de reglas que conmueven la distribución del ingreso. Las tres medidas se tomaron en el término de poco más de doce meses, entre fines de 2008 y diciembre de 2009. Un cambio de funcionarios, como el reemplazo de Martín Redrado por Mercedes Marcó del Pont, no puede ser colocado en el mismo rango de aquellas decisiones, pero abre expectativas de que sucedan cambios igualmente trascendentes en uno de los terrenos más complicados, un campo minado, como el sistema financiero. Un sistema financiero que fue escenario y protagonista excluyente en la crisis de 2001. Pero que no formó parte del proceso de recuperación que se inició a partir de mediados de 2002 y se consolidó después de 2003. Un sistema financiero con el que lo mejor que se pudo hacer, hasta ahora, es ignorarlo. Ahora, resurge la esperanza de que forme parte de un proyecto de crecimiento y redistribución. A diferencia de lo que sucedía hasta principios de enero con Redrado, ahora tiene al frente a alguien que cree en ello.
Marcó del Pont es parte de la nueva conducción económica, debajo de la Presidenta de la Nación, a la par del ministro de Economía. Una conducción que recibe permanentemente el respaldo y la opinión del ex presidente de la Nación. No les espera una tarea fácil, si de cambiar el sentido de ser al sistema financiero se trata. Algunos de los sectores que se podrían ver “afectados” ya mostraron los dientes. Quienes los representan desde afuera, también.

No habían pasado 24 horas desde que Marcó del Pont hubiera entrado en funciones y los títulos principales del viernes de dos medios financieros locales, uno sobre el derrumbe bursátil en el mundo, el otro sobre proyecciones de inflación de consultoras privadas, pusieron en duda la suerte de la gestión de la flamante funcionaria. “Caída de mercados le complica a M. del Pont debut en el Central”, tituló el primero. “La inflación en alza complica el plan de Marcó del Pont para que bajen las tasas”, encabezó el otro. Desde afuera, la vocera del directorio del FMI, Caroline Atkinson, aportó lo suyo, destacando que para ese organismo es “muy importante la independencia del Banco Central a la hora de formular la política monetaria”, abonando la teoría de la oposición vernácula que acusa de “injerencia” al Ejecutivo por querer compatibilizar la política monetaria con la económica.

“Los grupos dominantes en el sistema financiero, los que controlan el mercado, no quieren que a ellos se los controle, rechazan las regulaciones. Cualquier señal en ese sentido no les gusta”, sostiene Carlos Heller, flamante diputado nacional. Aunque ciertas expresiones, planteadas como recepción a la funcionaria que acaba de arribar al cargo, más que manifestación de gustos parecen extorsiones. ¿Qué dice Heller? “Es lo que han hecho toda la vida. Está claro, van a intentar marcarle la cancha a Mercedes.”

Pero no sólo a la Argentina le intentan marcar la cancha. Del mal momento que atraviesa España también se pueden sacar experiencias. Asediada por el fantasma de la crisis estadounidense, pero sin las fortalezas de la principal economía del mundo para salir adelante haciéndole pagar los costos a terceros, hoy España está puesta en la lista de los países en riesgo de default inminente. ¿Cómo colaboran los organismos internacionales y las potencias frente a esta situación? Dominique Strauss-Kahn, director gerente del Fondo, acaba de expresar esta semana que “la crisis en España es muy fuerte, está originada en una situación en el mercado inmobiliario que no es muy lejana de la que pasó Estados Unidos en el período 2007/2008; el país deberá hacer un esfuerzo considerable para superarla”. Difícilmente podría haber utilizado términos con mayor capacidad de daño.

Apenas horas antes, desde el mismo organismo, uno de sus economistas jefe había lanzado la original idea de bajar los salarios en España, para ayudar a la recuperación por vía de la baja de costos. Ya que no puede devaluar por no tener moneda propia, lo ideal sería transferir ingresos del sector del trabajo al sector del capital sin intermediación. Para un país que ya tiene un 19 por ciento de desempleo, es fácil suponer cuál es el resultado de aplicar, encima, un recorte a los ingresos de los que todavía conservan el empleo.

La mano que le vienen tendiendo los “países socios” de la comunidad europea no es mucho más generosa. Principalmente desde Reino Unido, pero también desde Alemania y desde Francia, se reiteran comentarios apuntados a que, en la actual situación de endeudamiento y déficit fiscal, difícilmente España esté en condiciones de cumplir durante los próximos años con las pautas macroeconómicas que el Tratado de Maastricht determinó como obligatorias. En tales condiciones, recomiendan no descartar la posibilidad de dejar afuera de la Unión Europea a España (también a Grecia y Portugal, si se prolonga su actual situación).
Comprendiendo la dimensión de la soledad, la vicepresidenta Elena Salgado y el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, viajarán este lunes a tratar de convencer a analistas, banqueros y periodistas de la city londinense de que la situación no es como la pintan. No les será fácil nadar contra la corriente dominante.
El gobierno de Rodríguez Zapatero no es el de Hugo Chávez, respecto del cual el establishment tiene diferencias muy concretas de intereses pero también de piel. Entonces, ¿por qué le pegan unos y se despegan otros? Quizá la explicación esté en que hay una masa importante de acreedores, los que están en la vereda de enfrente, que cobrarán o no, dependiendo de la “voluntad de sacrificio” a que esté dispuesto (o lo obliguen) a hacer el pueblo español. Para este año, el plan financiero de España prevé emitir títulos de deuda por 211.500 millones de euros (unos 300 mil millones de dólares) sólo para refinanciar vencimientos de deuda por 135 mil millones y otros 76 mil para financiar nuevas necesidades. Son cifras muy abultadas y los tenedores de los títulos a refinanciar deben tener buenos contactos con los factores de poder financiero. Cuanto más se resiste Rodríguez Zapatero a un violento ajuste, más enemigos juntará entre sus socios y amigos. La otra explicación fue dada por Nouriel Roubini y Paul Krugman, dos economistas estadounidenses con posturas que suelen romper el discurso hegemónico. Ambos han coincidido en advertir que España se ha convertido en un riesgo de primer grado para la salud del euro. Entre sacrificar al país socio o a su moneda, las potencias europeas (Alemania, Francia, Gran Bretaña) no dudarían en condenar a España.
Ahí está la lección que puede extraer la reformulada conducción económica argentina. Este mundo financiero, salvajemente especulativo y troglodita, no reconoce lealtades posibles frente a intereses tan poderosos en juego. Seguramente esto podrá ser advertido por Marcó del Pont con mucha más claridad que por su antecesor. La flamante titular del Banco central no comparte la adoración por los mercados que profesa Martín Redrado. No estará tan pendiente de que se pongan “nerviosos”, que sufran “desconfianza” ni será tan permeable a sus presiones. A diferencia de Redrado, Marcó del Pont analiza en clave política el posicionamiento de los capitales financieros, como una disputa de poder permanente. Y se lo podrá traducir mejor que nadie a las autoridades políticas del Gobierno.
El salto de calidad en el cambio de funcionario en el Banco Central es enorme, los cambios concretos deberán esperar un poco más. No habrá una reforma de la Ley de Entidades Financieras inmediata, quizá se pueda avanzar antes en una reforma parcial a la Carta Orgánica del Central, buscando destrabar algunos mecanismos que permitan volcar los fondos disponibles en el sistema hacia el préstamo a actividades productivas.
Carlos Heller, con afiatada experiencia en la banca cooperativa, utilizó en estos días un ejemplo lapidario. “Un banquero, entre prestarle la plata a un señor que se quiere comprar un televisor con pantalla LCD, y prestársela al dueño de un taller para comprar un torno, siempre va a elegir al primero, porque la prioridad de este individuo va a ser pagar la cuota y jamás se va a fijar en la tasa implícita que está pagando, que seguramente es altísima.” El dueño del taller va a depender de que su negocio funcione y ese torno le rinda lo esperado. Y se fijará en el costo financiero que deberá pagar, para ver si está dentro de los cálculos de mayor rendimiento de su empresa. “Esas decisiones no pueden quedar en manos del mercado”, sentencia Heller.
La tarea, ahora, es que no queden en manos del mercado. Pero hace falta conmover las actuales estructuras. Sin derribarlas para construir una nueva, no son tiempos ni las condiciones para ello. Pero sí creando las regulaciones y poniendo límites que son imprescindibles para poder avanzar por un sendero en el que se encuentren los bancos y los sectores de la producción. Cuando se logre, habrá que valorarlo como una transformación profunda, dado que se trata de una de las barricadas más difíciles de superar que dejó en el camino la política neoliberal.