domingo, 28 de febrero de 2010

EL RENACIMIENTO DE UNA GEOPOLITICA DE LOS RECURSOS ESTRATÉGICOS: petroleo, gas, energia nuclear, recursos hidricos y alimenticios

MALVINAS “Necesitamos una estrategia con acento en la cooperación”
Juan Gabriel Tokatlian, especialista en política internacional, analiza las potencialidades de Malvinas y el nuevo rol que podría jugar la Argentina
Sociólogo y especialista en política internacional, respetado tanto en el mundo académico como en el diplomático, Juan Gabriel Tokatlian señala la importancia de la “geopolítica de los recursos estratégicos” en la discusión por la soberanía de las Islas Malvinas. Además, critica las políticas tanto de confrontación como de condescendida que, según su óptica, han dominado la mirada argentina de las últimas décadas y propone como alternativa una vía intermedia donde, sin resignar nunca la discusión de fondo por la soberanía, se pueda avanzar en tareas de cooperación con Gran Bretaña y los habitantes de las islas.
¿Qué nuevos factores ingresan en la vieja disputa por Malvinas a partir del episodio conflictivo de estas semanas?Hay poco de nuevo si se toma en consideración que la relación bilateral viene de un fuerte estancamiento, que Gran Bretaña adopta decisiones poco consultas con la Argentina sobre Malvinas desde hace bastante tiempo y que las tensiones en torno a esta cuestión han ido incrementándose. El último factor importante, quizá, sea el Tratado de Lisboa, firmado por la Unión Europea, en 2007, que incorpora a las islas como territorios de ultramar. Pero el elemento realmente novedoso es el contexto global en el que esto se da.
¿En qué sentido?
El primer dato nuevo a tener en cuenta es el renacimiento de una geopolítica de los recursos estratégicos. Y no me refiero solamente al petróleo y al gas sino también a la energía nuclear y a los recursos hídricos o alimenticios. Hay un contexto de tensión y de pugnacidad geopolítica creciente en el escenario internacional relacionado con esto, que no se debe obviar. En segundo lugar, el precio del petróleo es otra variable importante. Cuando se hicieron exploraciones semejantes a éstas, entre 1995 y 1998, abandonadas luego por compañías noruegas o por Shell, el precio del petróleo era bajo. Actualmente está por las nubes y todo indica que va a seguir en alza. En consecuencia, una inversión en este terreno hoy sería potencialmente más factible. Aun así, hay que ponerle muchos paréntesis al tema, porque todavía no se puede hablar de reservas probadas, sino de datos potenciales.
La decisión de la Presidenta, a corto plazo, apunta a encarecer la exploración. Sin embargo, con el precio actual, el alcance de la medida parece limitado. Es cierto, y esto nos lleva a un argumento previo. Cada vez que la Argentina intentó volver costoso para Gran Bretaña todo lo que tuviera que ver con Malvinas, no le fue bien. En realidad, hasta aquí intentamos dos políticas igualmente equívocas. Por un lado, una presión sostenida para hacerle difícil mantener el statu quo, a partir de la idea de que Gran Bretaña iba a tener que invertir muchos recursos y, en consecuencia, se vería obligada a resignar soberanía. Por el otro, una política de seducción y de acercamiento directo, casi de condescendencia. Bueno, ninguna de las dos ha funcionado y, a mi entender, están destinadas al fracaso.
En un artículo de estos días usted planteaba una “razonable estrategia de cooperación” como alternativa. Es lo que vengo sosteniendo. Ahora bien, sin un análisis de contexto, las propuestas siempre corren el riesgo de parecer divagantes o caer en el vacío. ¿A qué me refiero? Por ejemplo, hay que entender la situación que teníamos en los sesenta y la que tenemos hoy. La Argentina de los años sesenta, a través de una estrategia pacífica, relativamente amplia, diversificada, orientada por el derecho internacional, había logrado cosas muy trascendentales. La resolución 2065 de las Naciones Unidas, que fue el pilar angular del reclamo argentino y del reconocimiento de la comunidad internacional, es una muestra. Pero la guerra de 1982 terminó con todo eso. Además, hay que reconocerlo, la Argentina de los sesenta, con la mayor economía de Sudamérica, los niveles de equilibrio social más altos de toda la región y la percepción de que aún era un actor que podía ser gravitante en términos económicos, tecnológicos y militares, no es la de hoy. En la actualidad, no tenemos recursos de poder genuinos ni capacidad de influir internacionalmente. De ahí el error de la confrontación o la condescendencia, y la importancia de la estrategia de cooperación.
¿En qué consistiría, concretamente?
Yo enmarco la cooperación como una estrategia sostenida en varios ejes: un fuerte liderazgo político que vaya más allá de una gestión en particular, rendición de cuentas transparente de lo actuado y nuevos trazos diplomáticos. Por ejemplo, por qué no aprovechar el tema de la explotación petrolera para hacer una asociación entre Enarsa, Petrobrás y Pdvsa para presentarse a la licitación y ganar la capacidad de hacer perforaciones en las Islas Malvinas. Esto no significaría reconocerle nada a Gran Bretaña en términos de soberanía, pero incrementaría la posibilidad de dialogar y resolver problemas con los británicos y con los isleños. Pongo este ejemplo, pero en diferentes ámbitos se podrían encontrar señales concretas. ¿Para demostrar qué? Para demostrar que, por el rumbo de la cooperación, con resultados prácticos para las tres partes y sin olvidar nunca la soberanía, es posible gestar condiciones que permitan, en el muy largo plazo, hacer efectiva la soberanía argentina.
Sería algo así como separar los planos de la negociación, generar dos instancias diferentes. 
Y esta otra instancia traería grandes beneficios. La Argentina está ávida de recursos gasíferos y petroleros, ante las limitaciones concretas que ya tenemos. Por lo tanto, necesita potenciar una compañía estatal, como en algún momento lo fue YPF, con un Estado fuerte. Y necesita hacer sociedades estratégicas con nuestros vecinos. Bueno, aprovechemos Malvinas para eso. O para una política pesquera. Además, hay que hacer un sofisticado eslabonamiento temático, entrelazar este tema con otros, en los cuales la Argentina logre ventajas reales y más socios, lo que redituaría también en una posición relativa más fuerte. 
Estos casos que pone como ejemplo, ¿implicarían una explotación conjunta con las otras partes en conflicto? Sí, hay que introducir cosas nuevas para pensar que podemos explotar conjuntamente los recursos de las Malvinas sin que esto menoscabe ni un centímetro el reclamo por la soberanía. Ingresamos en el año del bicentenario sin las Malvinas y es posible que nos lleve otro siglo la recuperación pacífica de la soberanía. El único modo de dar pasos adelante es una estrategia de largo plazo que ponga el acento en la cooperación. La imagen que tenemos que dar es la de un país que quiere enmendar, resolver, solucionar, prosperar, cambiar, mejorar, cooperar. La Argentina no puede presionar, sin recursos, a la espera de que Gran Bretaña, que todavía tiene los movimientos de un viejo imperio, se vaya a sonrojar y abandone las Malvinas. Ni puede jugar a la seducción enviando ositos de peluche. Hay que dejar atrás estos viejos lastres.
http://www.debate.com.ar/2010/02/26/2683.php
http://www.debate.com.ar/2010/02/26/2683.php
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1 comentario:

  1. Creo que no pasa todo por ese lado. Creo que en la mente de todos los gobernantes les surgió la idea de cooperar con Malvinas o lograr metas en conjunto pero hay una cuestión de orgullo muy grande y también razones políticas porque si bien la Guerra de Malvinas paso en el 82 ,hay heridas abiertas y una cultura desde esa fecha que los ingleses son invasores y Las Malvinas son Argentinas. Hay una afirmación muy fuerte que se enseña de chico y que queda en la mente e inclusive los ex combatientes siempre presentes.

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