sábado, 2 de enero de 2010

ECONOMICS, una lucha por la hegemonìa del STATU QUO dominante



En un raro obituario a Paul Samuelson,  que Michael Hudson
(CounterPunch)[1] titula Teorías elegantes que jamás funcionaron. El problema de Paul Samuelson, el autor revisita un artículo propio publicado al momento en el que Samuelson fue el primer galardonado con el Premio Nóbel de Economía (establecido en 1970). El artículo fue una mordaz crítica titulado ¿Merece la economía el Premio Nóbel?, publicado en Commonweal, el 28 de diciembre de 1970.

Allí, Michael Hudson afirma que desde la “revolución utilitarista” de los ’70 del S. XIX, la disciplina abandonó el análisis del mundo objetivo y su relaciones políticas, económicas y productivas, a favor de unas normas cuasi morales, sobre un “deber ser”, que podía además ser matematizable. De esa manera se pretendió desplazar a la Economía del campo de las Ciencias Sociales y pretenciosamente ubicarla en una “rara especie de ciencia exacta”. Lo cual significó el atroz beneficio (por los efectos perniciosos) de desembarazarse del problema de la “base empírica” de toda teoría social.

La revuelta de esa disciplina fue una revuelta contra algo, y ese algo era la economía política clásica británica, que había comenzado con David Ricardo y culminado en su máxima expresión con Kart Marx, que ponía el énfasis primordial en las “condiciones de producción”.

Esta contrarrevolución reemplazó a las “condiciones de producción” como fuerza motivadora de la economía, por una “moral de las necesidades humanas”, desechando así todo análisis sobre las capacidades productivas, la organización de la producción y las relaciones sociales que se siguen de ello.

Para el período de la posguerra, esta contrarrevolución “anticlásica”, curiosamente denominada “neoclásica” había ganado la batalla, justamente en el momento en que la tasa de ganancia del capitalismo mundial comenzaba a menguar por el aumento de los precios del petróleo y resultaba imprescindible reducir costos laborales, de impuestos, etc. etc. para mantener la misma en un nivel rentable.  El libro de texto emblemático, que dio sustento teórico a esa ola “neoclásica” fue justamente Economics de Paul Samuelson.

La política comercial que se deduce de las doctrinas teóricas de ese libro  es el “laissez faire”. Y aunque el libro de Samuelson, para quien escribe, ha sido uno de los mejores libros de Economics escritos hasta ahora,  en cuanto a su estilo y claridad, no podemos dejar de observar en su amigable “laissez faire”:

  • Que resulta evidente que ha sido adoptado por la mayoría del mundo occidental.
  • Que ha beneficiado a las naciones desarrolladas es también una evidencia.
  • Que es dudosa su utilidad en el caso de los países menos desarrollados, pues por debajo se encuentra una permanente justificación del statu quo: “dejemos que las cosas marchen por sí solas y todo llegará (tenderá) a alcanzar un “equilibrio.”

Por desgracia, este concepto de equilibrio es la idea más perversa de todas las que asolan la economía de hoy en día, y es justamente este concepto el que Samuelson ha hecho tanto por popularizar. Frecuentemente se pasa  por alto que cuando alguien cae de rodillas queda "en equilibrio", lo mismo que cuando está de pié.

La pobreza, igual que la riqueza, presenta un estado de equilibrio. Todo lo que existe representa, ya sea sólo brevemente, alguna clase de equilibrio -es decir, algún balance o resultado de fuerzas-.

La observación empírica,  a la que tanto les cuesta someterse a los “neoclásicos”, lleva mucho tiempo indicando que la evolución histórica de las fuerzas del “libre” mercado ha favorecido cada vez más a las naciones más ricas (aquellas lo bastante afortunadas como para haberse beneficiado de una ventaja económica en la línea de largada, -en el sentido de Rawls-) retardando de forma correspondiente el desarrollo de los países rezagados.

Paradójicamente, para “compensar” este “desequilibrio moral” los “neoclásicos” echan mano de toda una suerte de “impurezas” políticas e institucionales,  que van contra el  remanido “laissez faire” del que se jactan: tales como programas de ayuda exterior, políticas gubernamentales de empleo ex profeso, y actuaciones políticas afines que han tendido a contrarrestar el “curso” natural de la historia económica, al tratar de mantener cierta equidad internacional del desarrollo económico y ayudar a compensar la dispersión económica causada por la economía “natural” ¡que rompe el equilibrio que esta misma teoría predica!

Todos los postulados económicos destacados y las “herramientas del oficio” se han desarrollado en el contexto de de debates político-económicos que acompañaban a momentos decisivos de la historia económica. Así pues, cada teoría propuesta ha tenido su contrateoría. En una importante medida estos debates se han referido al comercio y los pagos internacionales.

  • David Hume, por ejemplo, con su teoría cuantitativa del dinero, junto a Adam Smith y su “mano invisible” del interés propio, se oponían a las teorías monetarias mercantilistas y a las teorías financieras internacionales que se habían utilizado para defender las restricciones comerciales de Inglaterra en el siglo XVIII.
  • Durante los debates en Inglaterra sobre las Corn Laws (Leyes del Grano) unos años más tarde, Malthus se opuso a Ricardo en relación con la teoría del valor y la renta y sus implicaciones para la teoría de la ventaja comparativa en el comercio internacional.
  • Posteriormente, los proteccionistas norteamericanos del siglo XIX se opusieron a los ricardianos, apremiando a que los coeficientes de ingeniería y la teoría de la productividad se convirtieran en nexo del pensamiento económico, más que la teoría del intercambio, el valor y la distribución.
  • Más tarde, surgieron la escuela austriaca y Alfred Marshall para oponerse a la economía política clásica (sobre todo a Marx) desde otra posición de ventaja más, haciendo del consumo y la utilidad el nexo de su teorización.
  • Keynes se opuso a Bertil Ohlin y Jacques Rueff (entre otros) en lo que toca a la existencia de límites estructurales a la capacidad de los mecanismos tradicionales de ajuste de precio y renta para mantener el “equilibrio”, o incluso la estabilidad económica y social.
  • Hoy en día se libra un debate paralelo entre la Escuela Estructuralista, que florece principalmente en América Latina y se opone a los programas de austeridad como plan viable de mejora económica de sus respectivos países, y las escuelas monetarista y postkeynesiana que defienden los programas de austeridad del FMI de ajuste de la balanza de pagos.
  • Milton Friedman y su escuela monetarista se oponen a lo que queda de los keynesianos (incluyendo a Paul Samuelson) respecto de si son los agregados monetarios o las tasas de interés y la política fiscal los factores decisivos en la actividad económica.

En ninguno de estos debates admiten (o admitían) los miembros de cada escuela las teorías, ni los supuestos y postulados subyacentes de la otra.

Sólo en economía se plantea la ironía de que dos teorías contradictorias puedan ambas tener derecho a una superioridad digna de premio, y que el premio pueda agradar a un grupo de naciones y contrariar a otro en el terreno teórico.

En síntesis, el aporte teórico de los “neoclásicos” es en lo esencial de imposible comprobación por la propia naturaleza de sus “puros” supuestos, que son siempre excesivamente estáticos como para hacer que el mundo se detenga en su dinámica evolución con el fin de que puedan “someterse a prueba”.

De esta manera, los “neoclásicos” suponen estar más cerca de las ciencias exactas; pero en realidad pareciera que el deseo de alejarse de las ciencias sociales los ayuda a evadir un requisito indispensable de éstas: la  obligada contrastación empírica de las teorías.  De ahí el chiste de que debiera otorgarse el Premio Nóbel a quien pudiera demostrar empíricamente los teoremas de Samuelson.

De esta manera, pareciera que el Premio Nóbel de Economía los instituyera la Academia Sueca para legitimar algún statu quo presuntamente loable, en el pensamiento de quienes ganaron la partida en cada momento de la historia.

MARIO CARDOSO

Buenos Aires, sábado 2 de enero de 2010.-



[1] Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y después en el Hudson Institute. En 1990 colaboró en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor económico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campaña primaria presidencial demócrata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canadá, México y Letonia, así como al Instituto de Naciones Unidas para la Formación y la Investigación. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón


http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2979