domingo, 20 de diciembre de 2009

La "nueva institucionalidad"

Tal como lo señala Alfredo Zaiat en el artículo que puede leerse aquí,  
“cuestionar el traspaso de las AFJP al ANSSES, por ejemplo, es rechazado en nombre de la ‘Institucionalidad’”. Paradójicamente, estos cruzados de la institucionalidad, no la defendieron cuando el camino fue el inverso: transformar un sistema de pensiones de reparto en Aseguradoras Privadas, quebrando una institucionalidad anterior. Quienes alguna vez leímos a Roland Barthes, especialmente sus Mitologías y El grado Cero de la Escritura, recordamos sus señalamiento de que al pensamiento pequeño burgués le interesa sostener el statu quo por medio de “naturalizar” lo histórico. Esto es pretender que todo es así por “un deber ser” y no porque es un producto de la historia y de las luchas por el poder.

Para el pensamiento pequeño-burgués rechazar una “nueva” institucionalidad es defender el lugar de la pequeña burguesía en el estado de las cosas. Actualmente este pensamiento se reconoce en las ideas neoliberales o libertarians que debieron su nacimiento a la crisis del petróleo en 1973.  Para este ideario, todo el orden institucional debe adecuarse o subordinarse a la lógica del libre mercado, lo que significa, de hecho, la instauración del mercado como “sociedad perfecta”.
Esa corriente “elabora una noción de institución cuasi-natural, que enfatiza su carácter de tradición histórica, pero la concibe como fijada y no sujeta a su transformación radical o reemplazo”. En síntesis, un  “capitalismo utópico”, como denomina Pierre Rosanvallon a aquél que cree en los mercados son perfectos porque los actores son racionales, esto es, conocen los pro y los contra de cada una de sus elecciones.

El chileno Iván Vergara señala que “se trata de una retórica que apoya la afirmación del orden establecido como el único viable o el mejor de todos los mundos posibles”. Esa noción conservadora de instituciones acentúa el carácter de tradición, de permanencia y su “trascendencia” respecto de los individuos, basando su argumentación en términos de lo concreto y lo práctico.

La comprobación histórica del sociólogo británico Anthony Giddens de que entre las instituciones y los individuos hay una interacción  permanente, por lo que aquellas se transforman históricamente en ese diálogo entre el agente (individuo) y la agencia (la estructura institucional) refutan definitivamente esa idea naïve (o intencionada) de la inmutabilidad de las instituciones.

Iván Vergara apunta que “las alternativas no se reducen a la aceptación del statu quo ni a su rechazo global. Tampoco pueden ser comprendidas como una opción entre el antiinstitucionalismo y la defensa de las instituciones vigentes”. “Se trata, entonces, de elaborar una concepción capaz de contribuir decisivamente a la comprensión de las instituciones en vías a su transformación democrática, no a su eliminación”.

Mario Cardoso, Bs. As.