domingo, 1 de noviembre de 2009

“A los Kirchner les metieron un gol, pero lograron rápido el empate”

Manuel Mora y Araujo analiza la fragmentación opositora, la amplia oferta de presidenciables y el impacto de una posible reforma política

Acaba de asumir como rector de la Universidad Torcuato Di Tella y desde hace varias décadas es un destacado analista de la realidad argentina. En esta entrevista, el sociólogo Manuel Mora y Araujo se detiene a pensar el mapa político poselectoral, con la incipiente recuperación política de los Kirchner y la fragmentación opositora como elementos destacados. Entre otras consideraciones, dice que el radicalismo está en mejores condiciones de convertirse en alternativa de poder, que la reforma política puede ser una buena contribución a la recuperación de los partidos y que las perspectivas de los Kirchner de cara a 2011 son más bien escasas.

Luego de la derrota del 28 de junio, el Gobierno parece haber recuperado la iniciativa política. ¿Cómo ve el escenario a partir de este dato? El diagnóstico es ése: recuperaron la iniciativa política y la oposición no pudo capitalizar la derrota del Gobierno, lo que confirma que el Gobierno perdió, pero no ganó nadie. En leguaje futbolístico, a los Kirchner les metieron un gol, pero rápidamente lograron el empate. Si el país tuviera una oposición organizada, como en cualquier democracia medianamente lógica, una mala elección del oficialismo contribuiría a cambiar las cosas. Acá no. ¿Por qué? Porque hay una demanda de algo distinto que no se cuaja en una oferta clara y porque la sociedad no quiere que se pierda gobernabilidad. Todo eso hace que el escenario sea un poco más incierto, pero más por la desestructuración opositora que por las falencias del oficialismo. A la lista de posibles presidenciables se sumó en estos días Francisco de Narváez. Más allá de los aspectos formales sobre si puede serlo o no, ¿no habla de esa dispersión y de la incapacidad de confluir en una alternativa común? Es cierto. Por un lado, está el peronismo no kirchnerista, que es un espacio muy grande y, a la vez, muy heterogéneo, que está desestructurado y al que no lo veo organizándose. Por el otro, está el no-peronismo. Kirchner intentó acercarse a parte de ese espacio, cuando armó la transversalidad y la concertación, como eventual superación del peronismo, pero finalmente fracasó en su propósito. Ahora, ese espacio vuelve por otros cauces. El eje tiende a ser la Unión Cívica Radical, por su historia y su estructura. Pero, como estamos en una fase de predominio de personalismos y pocos liderazgos organizadores, la pelea es más por candidaturas que por cualquier otra cosa. En el actual mapa, todos parecen sentirse con posibilidades de llegar a una segunda vuelta sin un caudal importante de votos. ¿Lo ve así? Es así, todos apuestan a eso. Es patético, es triste, pero es así. ¿Cómo puede ser que no tengamos una oferta que piense en su potencialidad propia y no en una oportunidad casual o contingente? Es un problema de la Argentina de hoy: no hay una oferta política que pese por sí misma. Es como si en un supermercado sólo se ofreciesen productos de marcas débiles, que no se sabe bien qué contienen, que representan poco o nada y que no permiten valorar un atributo fundamental del mercado, como es la relación precio-calidad. En ese contexto, hay un producto que a la mayoría ya no le gusta más, pero cuya oferta es clarísima. Es una marca muy definida, que se sabe qué contiene, cuánto cuesta y que se llama Kirchner. ¿Es posible un escenario como el de 2003, con un panperonismo y un panradicalismo divididos en varias opciones? Es una posibilidad. Pero aun así, diría que la probabilidad de que esta oposición no peronista se unifique, con eje en Julio Cobos, es mayor que la probabilidad de que se unifique el peronismo. Y a De Narváez, ¿le ve posibilidades? Sí, absolutamente. Creo que se nota su vocación política, cosa no menor. Y, además, tiene a su favor que la sociedad está desideologizada y le importa poco si es de derecha o de izquierda, si viene del peronismo o no. Pero lo veo con posibilidades de ser uno más en esa contienda. La oferta electoral, tradicionalmente, tenía un componente programático, que nunca necesitó ser muy definido, pero que existía, con elementos simbólicos, concretos y fáciles de identificar, a lo que se sumaba una organización que respaldaba todo eso, que servía para identificar la naturaleza del producto que estaba en oferta. Hoy, poco de eso queda en pie y los liderazgos que construyen esas organizaciones han desaparecido. Ninguno piensa en eso, sino en hacer campañas electorales televisivas. Y eso, a la larga, es una falencia. ¿Cómo puede impactar la reforma política de la que tanto se viene hablando? No se conocen detalles, pero se presume que tendrán un peso mayor las estructuras partidarias. En el supuesto de que esto sea así, podría contribuir al fortalecimiento de los partidos, y no estaría mal. El sistema de internas obligatorias, por ejemplo, lo veo bien para que los candidatos dejen de representar a pequeños grupos de dirigentes o a sí mismos. Pero no sabemos si esto va a ser así, o si forma parte de una táctica cortoplacista de Kirchner, porque piensa que lleva ventaja en la organización de su partido. Si de repente, esto dispara una ola de organización de los demás, es posible también que cambie todo o que se eche atrás. Nadie lo sabe, todavía. De darse así, todo parece indicar que beneficiaría al radicalismo y podría quitarle posibilidades al peronismo disidente. Supongo que eso es lo que tiene Kirchner en la cabeza. Dirá: “Voy a hacer todo lo que pueda para ser candidato y ganar en 2011”. Pero en el caso de que no pueda ganar, es claro que prefiere un no-peronista a otro peronista y que no le responda. Si esto que digo fuera cierto, porque es pura conjetura, la reforma tiene sentido. Por lo menos, en los cálculos de Kirchner. De igual modo, no le dejaría alternativas a Julio Cobos, por ejemplo, que tendría que cerrar filas indefectiblemente con el radicalismo. La verdad es que Julio Cobos no tiene otra organización que no sea la UCR, le guste o no. Si él cree que esto es importante y necesario, tiene que ir a negociar y a acordar. Los radicales saben que esto es así y se la hacen más difícil. El radicalismo, por lo menos, tiene la estructura esquelética de la organización. Es como un banco que tiene sucursales y gerentes en todos los pueblos del país, pero se quedó sin clientes. Mientras siga en pie todo lo otro, los clientes pueden volver. Y a Elisa Carrió, ¿cómo la ve dentro de estas alternativas? Carrió es el prototipo del hiperpersonalismo, más allá de que sus adherentes puedan decir lo contrario. Es un modelo de política que es muy limitado. Por eso, en general, le cuesta llegar a disputar las finales. Ella cree que basta con la diferenciación de atributos individuales y no es así. En ese sentido, resulta difícil imaginarla en una interna con Julio Cobos. Resulta difícil imaginarla en una interna con Cobos o con cualquiera. Una interna está fuera de ese modelo de liderazgo personalista que se basa sobre el supuesto, falso, por otra parte, de que uno tiene la verdad y el otro no. Esto va en contra del saber humano básico de esta época. ¿No queda la sensación de que un escenario de oposición fragmentada beneficia más al oficialismo que éste que dejaría la reforma, con partidos más constituidos? No está tan claro. Acabamos de tener una elección, hace cuatro meses, en la cual el oficialismo perdió con ese modelo fragmentado de oposición. El cálculo de probabilidades es sencillísimo: puede pasarle de nuevo. Kirchner imaginará que, con un escenario parecido al de 2003, en primera vuelta, tiene entre 25 y 30 por ciento. Con esos números puede pasar a una segunda vuelta, pero también puede quedarse afuera. Como están dadas las cosas hoy, lo más probable es que no pueda ganar en segunda vuelta de ninguna manera, pero llegando a esa instancia se asegura el lugar del liderazgo opositor. Eso es lo que tiene como plan B. ¿Ve posible una confluencia entre Macri y su estructura, más bien escasa a nivel nacional, y el peronismo disidente? Y de darse, ¿que proyección le adjudica? Podría llegar a darse, todo es posible. Ahora, para que ocurra tienen que suceder muchas cosas antes, la mayoría de las cuales son poco probables. El peronismo es, básicamente, una confederación de partidos provinciales, con liderazgos muy dispersos. ¿Cómo se arma todo eso en torno de Macri? Se requiere de un trabajo que no veo que se esté haciendo. En la medida en que no hay una opción ganadora bastante probable, la mayoría de los dirigentes peronistas quieren seguir en carrera y no van a resignar tan temprano la posibilidad de competir ellos mismos por la presidencia. Y eso complica las cosas para Macri.

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