lunes, 2 de noviembre de 2009

De la Rúa: "No cumplí los objetivos que me propuse"

Camino al Bicentenario

En una entrevista con lanacion.com, el ex presidente afirmó que Cristina Kirchner debe limitar la influencia de su esposo; apuntó contra el peronismo: "No puede ser que el que gana gobierna y el que pierde trata de recuperar el poder como sea". Por Santiago Dapelo

Lunes 2 de noviembre de 2009 | 08:28 (actualizado a las 15:59)

De la Rúa: "No cumplí los objetivos que me propuse"De la Rúa le reclamó a la Presidenta que tome las riendas del EstadoFoto: lanacion.com / Martín Turnes

Por Santiago Dapelo De la Redacción de lanacion.com sdapelo@lanacion.com.ar

Se muestra preocupado por lo que considera una situación cada vez más fuerte de violencia en la sociedad, alerta que estamos de nuevo en una crisis y dice que para resolver los conflictos la presidenta Cristina Kirchner tiene que decidirse a tomar las riendas del Estado. Más aún, que debe limitar las influencias externas: en especial la de su esposo Néstor Kirchner.

En los dos encuentros que el ex presidente Fernando de la Rúa mantuvo con lanacion.com de cara al Bicentenario repasó los dos años que estuvo al frente del Poder Ejecutivo, desarrolló un diagnóstico de la actualidad y se quejó de la forma de hacer política del peronismo: "No puede ser que para el Justicialismo el que gana gobierna y el que pierde trata de recuperar el poder como sea".

Video: De la Rúa pide terminar con la conducción bicéfala

Cuando recuerda el final de su mandato, no duda: un golpe cívico-político liquidó su gobierno en diciembre de 2001, impulsado por el Partido Justicialista y en el que influyó el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pese a la acusación, también realiza un mea culpa: "No cumplí los objetivos que me propuse".

"Habrá que esperar que se aplaque el polvo de aquellas revueltas para que la historia juzgue con más serenidad los hechos"

-¿Qué diagnóstico hace de la situación actual?

-Hay una situación cada vez más fuerte de enfrentamiento y violencia en la sociedad, por eso la consigna aquella de la unión de los argentinos que predicaron [Juan Domingo] Perón y [Ricardo] Balbín vuelve a ser una urgencia. Hay que apaciguar los ánimos, recrear el diálogo. No hay democracia sin diálogo, sin madurez ni convivencia.

-¿Lo cree posible en el actual estado de crispación que atraviesa el país?

-Tenemos que respetarnos más. Terminar con las persecuciones políticas, las agresiones y la virulencia es fundamental para construir una democracia sólida de frente al Bicentenario. Me tocaron dos años tremendos por la crisis económica en el mundo y otros factores como la actitud del FMI y las intrigas internas, después se dio una situación floreciente, pero no por el milagro de un gobierno, sino porque cambió la economía en un mundo globalizado. Ahora se desaprovecha eso y hoy estamos de nuevo en una crisis que genera nuevas violencia como se ve por los reclamos sindicales, los cortes de calles y rutas, el episodio de la ex Terrabusi; calmar las cosas es lo que necesitamos con urgencia. Pero lo que hay que resolver con urgencia es la pobreza. No puede fortalecerse una democracia cuando hay signos de miseria en un país como el nuestro que no merece tener esas cosas.

-¿Puede la Presidenta ser la que lleve adelante el fin de la discordia?

-Claro que puede ser. Tiene que decidirse a tomar las riendas del Estado, limitar las influencias externas, que no haya una conducción bicéfala; ella es capaz. Puede convocar al diálogo que aquiete los enfrentamientos. Es necesaria una actitud menos hostigante hacia los demás. No puede ser el país en conflicto con el campo, con reclamos en las calles, con la falta de diálogo sincero con la oposición, la obsesión por el poder como si fuera todo, cuando en la democracia el ejercicio del gobierno supone diálogo y convocatoria.

-¿Cómo ve a la política hoy?

-Hay un fuerte individualismo, mucho egoísmo, subyace corrupción en los métodos o en la ambición y todo eso tiene que cambiar. Ahora, con el Bicentenario, se me viene a la memoria una frase de Joaquín V. González, en 1910: "Hay una ley de discordia interna que preside la vida de los argentinos". Es notable la advertencia que hace el gran maestro. Cien años después seguimos bajo el mismo signo. Desde Yrigoyen acá todos los gobiernos constitucionales han terminado con circunstancias de violencia.

-¿Cómo se superan esas diferencias?

-Precisamos avanzar y construir mucho más. Tenemos todavía muchos déficit en el funcionamiento del sistema democrático porque se olvidan muchos de los principios republicanos que están íntimamente relacionados con la democracia. Nos hace falta avanzar en el buen funcionamiento republicano y democrático. Todavía hay déficit en los partidos, también se ha resentido la independencia de los poderes, el funcionamiento del Congreso por la expansión dominante del Poder Ejecutivo y la poca seguridad y confianza que da el Poder Judicial. Es mucho lo que hay por mejorar.

-Con todo lo que hay que cambiar, ¿todavía tiene esperanza?

-Si vemos ejemplos de países vecinos, hay que tener esperanza porque han construido democracias que parecen más sólidas. Esto depende de la responsabilidad de los dirigentes. Hay que mejorar el funcionamiento de la clase dirigente, la responsabilidad de cada uno de los que aspira a representar al pueblo. Pero no sólo políticos, también empresarios y sindicalistas.

-¿Hizo las paces con la política?

-No tengo rencores. Lo que tengo es un sufrimiento íntimo por la suerte del país. Ver que algunos hayan acudido a la violencia para desplazar a un gobierno porque consideraron que la elección intermedia [por la derrota de la Alianza en los comicios legislativos de 2001] significaba apropiarse del poder. Fueron contra el resultado de la elección que perdieron [en las presidenciales de 1999], indujeron a muchos a la confusión para alterar lo que fue la realidad de aquel tiempo. Eso fue lo hecho por los actores principales, especialmente el presidente de ese entonces [por Eduardo Duhalde].

-¿Quién más contribuyó para forzar su renuncia?

-Me tocó ver el egoísmo de algunos empresarios y la persecución judicial. Además, algunos periodistas y comentaristas deformaron la imagen y la acción de esos años. Habrá que esperar que se aplaque el polvo de aquellas revueltas para que la historia juzgue con más serenidad los hechos. Pero fue tan malo lo hecho que ha seguido repercutiendo después, se trasladó incluso a otros países. El FMI, que influyó en el golpe porque estaba decidido a tirarnos a la zanja, tuvo que rever todas las acciones y fue el último episodio de una continuidad de errores.

-En este punto coincide con los Kirchner?

-Sí, coincido con el Gobierno cuando los critica y cuestiona. Se castigó al país cuando un gobierno distinto trataba de hacer las cosas encaminándolas al crecimiento en un momento de crisis global y nos causaron un grave daño. En el país quedó la imagen de la inestabilidad. Fue una desgracia que la democracia recuperada con Alfonsín tuviera está interrupción de un golpe civil. Lo dijo la propia presidenta Cristina hablando de Honduras: hoy los golpes no se dan con los ejércitos sino que son civiles. La comparación es fácil verla. Yo asumí la decisión de renunciar para asegurar la continuidad institucional para que el país no quedara afuera de los organismos internacionales. Así hubo dos presidentes no elegidos por voto popular como Duhalde y [Adolfo] Rodríguez Sáa. Esa interrupción significó un retroceso de la democracia que se traduce después en la inseguridad constante que parece amenazar a los gobiernos, lo que llaman las políticas destituyentes.

-¿Está de acuerdo con el matrimonio presidencial con que hay personas que buscan destituir al gobierno?

-Comprendo que estén prevenidos. Si se mira la historia reciente así pasó.

- ¿Con la sociedad pudo hacer las paces?

-Respeto al pueblo, comprendo las opiniones que habrán tenido y el juicio crítico que también hago. No cumplí los objetivos de bien que me propuse. Salvo algunas notas periodísticas, la gente me trata con consideración y respeto. Es más, la última crisis económica ha ayudado a muchos a comprender lo que fue la crisis financiera que me tocó vivir, que no la cree, pero que estaba ahí y luchamos para superarla y no alcanzó. Trabajábamos para evitar el default y no devaluar.

-Después de su experiencia y la salida anticipada del poder de Alfonsín, ¿cree posible que otro radical llegue a la presidencia? ¿Es posible gobernar con el peronismo como oposición?

-Claro que puede haber otro presidente radical, aunque de [Arturo] Frondizi hasta De la Rúa ninguno pudimos terminar nuestro mandato, lo cual pareciera que frente al peronismo organizado se hace bastante difícil. Es urgente que el peronismo cambie de actitud y ponga el sentido de responsabilidad para construir y no obstruir. Ellos se las arreglan y hay que reconocerles la habilidad para generar la oposición dentro de su propio vientre. Si aprovechamos el Bicentenario para estas cuestiones de fondo se podrá comprender que cualquiera de las grandes fuerzas políticas puede gobernar el país y aplicar aquella vieja fórmula que dijo Balbín: el que gana gobierna y el que pierde ayuda. Eso también se tiene que dar a la inversa en el peronismo, no puede ser que para el Justicialismo el que gana gobierna y el que pierde trata de recuperar el poder como sea.

-¿Ve a Julio Cobos como presidente?

-Tengo un gran respeto por Cobos porque en el momento crucial actuó con coraje, aplicó sus principios. No sé si es el tiempo de un gobierno radical, aunque no lo descarto, pero será en el futuro con seguridad.

La causa por los sobornos.

El ex presidente Fernando de la Rúa irá a juicio oral en la causa por el pago de sobornos en el Senado para aprobar la ley de reforma laboral en 2000. En diálogo con este cronista hace casi tres meses, De la Rúa sostuvo que si la Justicia finalmente lo encuentra culpable como coautor de cohecho activo, un delito que contempla una condena de entre uno y seis años de cárcel, "será un precio a pagar" por su actuación como jefe del Estado.

"Como fallo es por lo menos poco serio. Lo atribuyo a los temores de la Justicia y la falta de coraje de algunos jueces para decir la verdad. Esto habla de la crisis institucional que vivimos. Tenemos que resolverlos de la mejor manera. Si me procesan será sólo por ser presidente. Les cuesta ir contra la corriente de un estado de opinión", dijo De la Rúa en diálogo con lanacion.com.

Biografía. Tuvo una carrera política brillante que terminó de la peor manera. Diputado nacional, senador en tres oportunidades, jefe de gobierno porteño y Presidente de la Nación, son sus pergaminos, pero difícilmente algún argentino pueda olvidar la imagen del helicóptero en la terraza de la Casa Rosada transportándolo tras renunciar a la primera magistratura. Tampoco él. Aunque hoy a la distancia reconoce que no pudo cumplir los objetivos que se había propuesto, dice que habrá que esperar que se aplaque el polvo de aquellas revueltas para que la historia juzgue con más serenidad los hechos.

Golpe y responsables. "Fui objeto de un golpe civil-político. La misma situación crítica se vivía en el resto de los países de la región, pero ellos tuvieron oposiciones responsables. En Uruguay, Jorge Batlle lo tenía a Tabaré Vázquez; en Brasil, Fernando Henrique Cardoso lo tenía a Lula Da Silva, ninguno intentaba apropiarse del gobierno como pasó aquí, que mandaron gente de choque a la Plaza de Mayo y los asaltos a supermercados", dijo este nativo de Córdoba, de 72 años, en las oficinas de su abogado frente al Palacio de Tribunales.

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