sábado, 10 de octubre de 2009

Commenting Pichetto

“Señor presidente: voy a tratar de hacer una síntesis de algunas formulaciones que han hecho los senadores a lo largo de todo el día. Y, en primer término, quiero hacer alguna reflexión, fundamentalmente, sobre las palabras que acaba de expresar el presidente del bloque de la Unión Cívica Radical, de esta visión de una democracia consensual que la verdad es que no existe en el mundo. Creer que las sociedades carecen de la existencia del conflicto, de la disputa de intereses, creer que hay espacios únicamente para el consenso constituye indudablemente una mirada muy extraña sobre la vida cívica del país y sobre el funcionamiento parlamentario que, quiero decirlo, no comparto para nada. Sin duda, gobernar significa afrontar dificultades, dirimir conflictos en el marco de la sociedad, y los parlamentos resuelven los temas mediante el mecanismo de mayorías y minorías, a través del voto de sus representantes.

(Pichetto lee a Chantal Mouffe, sépanlo todos).

Hace muy poco tiempo, hubo un debate impresionante en Francia, donde se discutía la reforma de la Constitución, y se dirimió por un voto. Y no ocurrió nada dramático. Se definió por un voto. Acá vivimos, también, una noche trascendente, presidente, donde su voto desempató. Así que la verdad es que no creo en ese mundo feliz del consenso, en esa visión onírica de la democracia del rabino Bergman, quien el otro día, vino con toda esa visión fundamentalista de rabinos y curas, que tienen siempre buenas intenciones y nos vienen a dar clases de democracia acá, al Congreso. El otro día hicieron un acto patético en las puertas de este Congreso, donde se juntaron la Biblia y el calefón.

(Uuuuuuuuuuh, una noche trascendente, ¿se acuerda presidente?)

Ese cortador de rutas profesional, que es el señor De Angelis, este rabino fundamentalista y, seguramente, creo que andaba por ahí Castells. También quiero hacer una reflexión, señor presidente, sobre el doble estándar que se construye, muchas veces, desde los medios de comunicación y que algunos representantes de las cámaras expresan. Me refiero al doble estándar de los legisladores que se van de nuestro bloque y votan en contra del gobierno; son ídolos populares, pasan a tener la estima de la sociedad y son reporteados por todos los medios, mientras que aquellos senadores que deciden apoyar una propuesta del gobierno son tránsfugas, delincuentes, son Borocotó. Es interesante este doble estándar. La forma en que funciona la sociedad argentina y cómo seconstruye la comunicación está en el corazón de este debate.

(Insisto: el problema con Borocotó fueron las formas. Si le dabas dos dos meses para que se pase de bloque, o que arme su propio bloque y te vote todo, hoy era un diputado intrascendente. Ahora, es muy loco que hasta los propios tipos que te hicieron pasar te traten de panqueque).

Acá no estamos discutiendo proyectos. A lo largo de este debate que hicimos, en muchas oportunidades, he escuchado que la descalificación es hacia el gobierno y no hacia el contenido de la norma, porque es el gobierno el que lo ha hecho y, entonces, está mal y éste es un gobierno autoritario. Recién reflexionaba con mis compañeros de banca sobre los multimedios que maneja el gobierno, una radio municipal de la Universidad de Lomas de Zamora. El “holding K”

maneja también Radio del Plata, dicen, a través de una empresa afín con el gobierno. Estos son todos nuestros multimedios. Y cuando uno analiza el flujo de la información en la Argentina, se da cuenta de que el 98 por ciento de la información política es realmente contraria al gobierno, negativa al gobierno. Incluso —les digo más—, a veces, hasta tengo una visión de los medios públicos en el sentido de que son tan plurales, tan democráticos que hablan mal del gobierno. Es extraordinario. La verdad, es para reírse, realmente. Yo escuché a una senadora hablando de Radio del Plata y de otros medios. Que me diga cuáles son los otros medios, porque en el espectro de la radio y de la televisión argentina, nadie habla bien del gobierno. Uno, cuando corre la perilla, es una cosa atroz, especialmente en los últimos tres o cuatro meses, en que esto se ha profundizado de una manera notoria. Ni hablar cuando uno lee los diarios a la mañana. Sería interesante descubrirlo porque, a lo mejor, nos estamos manejando muy mal.

(Che, no da hacernos los tecnológicos, normajaponesa, wifi universal, y después decir que “movemos la perilla de la radio”. Hace años que no veo una perilla de radio).

La señora senadora Estenssoro —le pido disculpas por nombrarla, pero no es para descalificarla— trabajaba en su tarea de periodista en el Canal de la Mujer y también había un canal infantil que se llamaba Cablín. A su vez, había un canal que se llamaba P&E, que era de noticias económicas y políticas. Pues bien, todos esos canales desaparecieron en función de la fusión y del inicio, a partir de 2003, de la concentración entre CableVisión y Multicanal. ¿Por qué? Porque, a lo mejor, no tenían procesos de rentabilidad. Eran espacios muy interesantes, especialmente el infantil, el económico y el Canal de la Mujer, que tenía un matiz determinado por cuanto estaba dirigido al público femenino. Sin embargo, en función del esquema de rentabilidad, esos canales desaparecieron. La concentración provocó la desaparición de esos canales y de fuentes de trabajo, de espacios laborales. Precisamente, lo que plantea la ley es la apertura de nuevos espacios, de nuevos lugares de trabajo, fundamentalmente para el periodista, que es el destinatario de esto.

(Siempre reivindiqué el derecho a la soberbia. Siempre banqué a los tipos que tiran un caño adentro del área chica, aún más, a los que pasan a un defensor y lo esperan para pasarlo de vuelta. Solamente un tipo que sabe que tiene 44 votos puede darse el lujo de escuchar veinte horas de debate, sentarse como presidente de bloque…¡y rememorar a Cablín!, ¡barrilete legislativo!, ¿de qué planeta viniste?)

A continuación, voy a contestar algunas cosas que tienen que ver con el pasado y, además, con experiencias personales que me tocaron vivir como senador. Tengo una mirada sobre el pasado mucho más benevolente que algunos de los senadores que han hablado, porque creo que las cosas hay que ponerlas en el contexto histórico; o sea, en el momento en que ocurrían esas cosas.

(Acá, vayan a la versión taquigráfica y lean el desarrollo de este punto. Es la historia del Estado: es una teleología hegeliana estatal encarnada en Miguel Ángel Pichetto: hice esto con el Dr. Duhalde, después tuvimos que hacer esto otro. Es fan-tás-ti-co, yo ya lo imprimí y lo tengo en la mochila. Haganlón).

La otra cuestión tiene que ver con la publicidad oficial. ¡Fíjense qué interesantes son las pautas de la publicidad oficial que plantea el dictamen de la Unión Cívica Radical! Establece, primero, un sistema de instalación del medio en función de su desarrollo. Establece, además, un sistema de concurso donde el que gana se lleva el 50 por ciento; el segundo se lleva el 30; el tercero, el 20; y los demás, los chiquitos —los locales— se quedan mirando cómo se distribuye la mecánica de la publicidad oficial. Imaginemos una campaña del dengue o de la gripe A. ¡A los argentinos les gusta dramatizar estos temas! Nos inundamos con el dengue, con la gripe A; fundimos ciudades turísticas. Repetimos las cosas y, además, todos salen a hablar tonterías. Sería una campaña nacional donde se difunde el consumo de determinado medicamento. Lógicamente, esto se va a concentrar en una gran empresa: en la gran empresa que concentra indudablemente el mayor desarrollo desde el punto de vista de la comunicación; la segunda empresa multimedia y, por último, la tercera empresa en esa escala. Las pequeñas empresas, los medios locales de difusión en las provincias, no van a agarrar un céntimo de esta pauta de distribución de la publicidad oficial que plantea el dictamen de la Unión Cívica Radical. En su discurso, el senador Petcoff Naidenoff ha planteado el tema del Estatuto del Periodista como si éste no existiera. Está vigente. Es la Ley 12908, que está plenamente vigente. También escuché a la senadora Estenssoro hablar de este tema. Por primera vez podemos discutir de proyecto a proyecto. Por primera vez, en lugar de descalificar al gobierno —más allá de que pueda haber errores o cosas que no compartimos— estamos discutiendo sobre la base de un proyecto alternativo. ¡Esta es la verdadera discusión democrática! Caso contrario, simplemente se trata de la descalificación en el sentido de que porque lo hace el gobierno está mal, porque este gobierno es autoritario y demás. Esas suelen ser las cosas que se dicen con una ligereza extraordinaria en la Argentina. Es más, un diputado habló de sangre; se dice cualquier cosa y con total impunidad en nuestro país.

(La historia del radicalismo: donde rascás un poquito se cae toda la mampostería).

Estamos dando un primer paso. Ninguna norma es perfecta, a perpetuidad, ni se escribe en la piedra, como le dije hoy a un periodista. Seguramente, en el futuro esta ley pueda ser corregida y, a lo mejor, en poco tiempo —en uno o dos años— habrá que afrontar el debate relacionado con las telefónicas. Sin embargo, la que estamos considerando es una norma superior a la vigente; es un avance; es un paso gigantesco en esta discusión realmente importante que hace a la consolidación de la democracia en la Argentina.

Muchas gracias, presidente.

Sr. Presidente. — Pasamos a votar los pedidos de inserción. — Se practica la votación. Sr. Presidente. — Quedan aprobadas las inserciones.3 Se va a votar el proyecto de ley en general. — Se practica la votación por medios electrónicos. Sr. Secretario (Estrada). — Se registran 44 votos por la afirmativa, y 24 por la negativa.

(Ayer fue un gran, gran día).

TomásTomás: El derrotero es así. Digamos que un novato estudiante de Ciencia Política leyó esta frase "toda solución es temporaria y provisional, una especie de postergación de una imposibilidad fundamental", y se enamoró perdidamente de la contingencia de lo político. Tiempo después, navegando en el relativismo, dio con el aroma de una isla tan contingente como las otras: se llamaba Peronismo y olía a choripán. Desde entonces, allí se encuentra anclado.

2 Comentarios a “Commenting Pichetto”

  1. Si Tomas, Pichetto Lee a Chantal Mouffe y la lee muy bien. No hay socieidad política sin conflicto (bla, Bla)pero luego el conflicto termina con la derrota de alguien (generalmente el señalado como enemigo: el régimen, los enemigos del pueblo, la antipatria, los destituyentes, etc)La teoría política de Mouffe, como seguidora de C.Schmitt no tiene nada de democrática. Quien plantea bien el tema del conflicto, por supuesto necesario para no terminar en la paz de los cementerios es Claude Lefort,(1) quien denuncia a la mentalidad totalitaria como la que quiere que exista un sólo pueblo, una sóla voz, diríamos (dirían, mejor, los K,(y sus aliados de la izquierda ?) en esos estamos, y ahora vamos por la prensa escrita. (1)En: La invención democrática. Nueva Visión.Bs.As. 1999.-

    Responder

  2. Yo no entiendo nada de ciencias políticas, ni leí a nadie, así que la validez de mi opinión es computable en cero. Sin embargo, voy igual. En relación a lo que señala Daio, yo veo la cuestión desde el costado inverso. Veo que el gobierno está manejando una mecánica que será probablemente más visible después del recambio legislativo, de inclusión aleatoria de fuerzas generalmente opositoras pero que ocasionalmente pueden toamr como propio un proyecto o una acción. Pasó con la ley de medios y algunos sectores de centroizquierda; pasa con la vuelta a las revisiones de la economía previstas en el artículo IV del Estatuto del FMI y algunos economistas de centroderecha (igual Barcelona, muy lindo el chiste, pero habría que haber esperado a que efectivamente hubiera préstamo -QUE NO LO HAY POR AHORA- para no quemarlo antes de tiempo). Los que no entienden esta mecánica, los que plantean la exclusión lisa y llana de la primera minoría (nada menos) son algunos dirigentes de la oposición, que para colmo se la pasan “construyendo consensos”, y a la hora de cuantificar esos consensos no llegan a 25 votos (apenitas un tercio de la cámara de senadores, en diputados papelón semejante).

    Lo de “barrilete legislativo”, etc., casi tan brillante como lo de la “columna Fernando Iglesias, de radicales con capacidades diferentes”. Un abrazo.

    Responder