lunes, 28 de septiembre de 2009

¿Qué tiene de malo la ley de medios? (I)

Pensamiento colateral: ¿Habrá inventado Cristina lo de “Hablemos Todos”? Es interesante: una ley de comunicación definida por cuánto se habla, no necesariamente por cuánto se escucha.

Me opongo a la oposición, que no quiere discutir la ley, y la discuto. Desde una importante ignorancia sobre la industria, claro está. Hay cuatro o cinco aspectos de la ley votada por diputados sobre los que tengo alguna reacción (no podemos discutir los 21). Va primero una descripción, luego la opinión y finalmente un veredicto sobre cada uno de esos aspectos. Todo basado en la sanción en Diputados. Vamos hoy con dos puntos y mañana la seguimos.

1. El aspecto “antimonopólico”: se imponen imitaciones sobre las cantidades de licencias para prestar servicios de comunicación audiovisual que puede tener una misma persona o grupo. La ley es más clara contra la integración vertical (un mismo grupo acumulando presencia en distintos mercados –cable, TV, radio–) que contra el monopolio en sentido estricto (dominio de un mercado particular). No entiendo muy bien cómo se aplica el art. 45, apartado 1, inciso (c): “La multiplicidad de licencias –a nivel nacional y para todos los servicios– en ningún caso podrá implicar la posibilidad de prestar servicios a más del treinta y cinco por ciento (35%) del total nacional de habitantes o de abonados a los servicios referidos en este artículo, según corresponda”. ¿DirectTV se tiene que partir? ¿Si tu canal de aire tiene el 36% del rating tenés que empeorar la programación? ¿Si sos el único proveedor de cable del pueblo subsidiará el Estado un segundo cableado? No entiendo.

Me parece lógica *alguna* regulación sobre la cantidad de canales que puede tener el dueño del cable, siendo que el cable tiene un componente de monopolio natural. (Y un componente por decreto nestoriano, pero esa es otra cuestión). En un lugar donde el mercado no da para más de una empresa de cable, si esa empresa no te pone un canal bueno no te podés cambiar a otra que sí lo tenga en su grilla. Pero de todos la regulación me parece un poco exagerada: ¿No puedo tener señal de cable y dos canales propios? No veo el peligro.

Más en general: me parece un poco ambicioso querer regular la multitud de potenciales prácticas monopólicas, con características propias en cada mercado, con un par de artículos de la ley.

VEREDICTO: estamos de acuerdo, obviamente, con la regulación a los monopolios. En este caso me parece que se exagera en algunos puntos y se quedan cortos en otros. Por ejemplo: no veo regulaciones sobre el precio de los servicios de “suscripción no satelital” (cable) ni sobre su extensión a lugares que no tienen el servicio.

2. Los aspectos nacionalprogresistas, por no decir peronistas. Son muchos, sino todos, pero incluyo bajo este encabezamiento los siguientes: límites a la participación extranjera, un tufillo corporativista (la Iglesia, los Pueblos Originarios, falta que digan “la comunidad organizada”), regulaciones sobre el tiempo de publicidad (¿chau Sprayette?), declaraciones pomposas sobre los objetivos de los medios de comunicación. Por ejemplo, esta:

ARTÍCULO 3º.- Objetivos. Se establecen para los servicios de comunicación audiovisual y los contenidos de sus emisiones, los siguientes objetivos:… (b) La promoción del federalismo y la Integración Regional Latinoamericana.

VEREDICTO: con este tipo de disposiciones no tenemos ningún problema mientras no sean “de cumplimiento efectivo”, que es toda una tradición nacional: leyes muy ambiciosas, que por lo tanto no se cumplen, y que por lo tanto pueden ser muy ambiciosas, total no se cumplen. Ahora: si quiere decir que la participación de la Iglesia en los medios va a ser mayor que la que sería en ausencia de esta ley; o que la capacidad para difundir consignas unitarias (me refiero al partido de Rivadavia) o favorables a la Asociación de Libre Comercio de las Américas (ALCA) será menor que sin la ley; o que las facilidades para la comunidad catalana en la Argentina –la de mis ancestros paternos– de acceder a los medios serán menores que los de la comunidad diaguita, ahí sí me parece discriminatorio. ¡Claramente no necesitamos affirmative action por la Iglesia ni por los Federales! Por los mapuches podríamos discutirlo largo y tendido. Lani Hanglin dice que son chilenos, pero bueno, corre por cuenta suya.

Mañana analizamos (3) la cuestión proteccionista, (4) el “Hablemos Todos” (aquí estará mi crítica principal) y (5) el problema de la autoridad de aplicación, un viejo tema de la ciencia política también llamado “¿Quién controla al controlador?”


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