miércoles, 5 de agosto de 2009

Volver a los mercados financieros: “pragma” y no “dogma”POR EDUARDO LUIS CURIA

03-08-09 / ENTRE EL DESENDEUDAMIENTO Y LA DINÁMICA NOVENTISTA Distintas notas que encaramos acerca de las opciones estratégicas que enfrenta el país, pensando en la hipótesis de recuperación, y que colocan el acento en el examen de la célebre “vuelta” a los mercados y circuitos financieros internacionales, han suscitado ciertos comentarios que ameritan el extenderse adicionalmente sobre el tema. En todo esto gravitan, si se quiere, consideraciones fácticas, las que conciernen tanto a la sensible situación económica existente como a determinados aspectos ligados al horizonte de algunas variables, como criterios estratégicos rigurosos. Por lo demás, puede darse el caso de que operen factores a los que se les otorgue una coincidente importante significación, aunque por motivos y prioridades distintos. El tema de la vuelta o retorno del país a los mercados y circuitos financieros internacionales es un tópico recurrente del discurso económico en boga. Es como si “no se calificara” si no se asume ese criterio. También lo expresó el nuevo titular de Economía. Hay matices: con y sin el FMI, etcétera. Obviamente, hay elementos de juicio que ayudan a colocar el asunto en el candelero, vgr., los duros vencimientos de deuda, sean los residuales del 2009 y los del 2010-2011, los que, por año, demandan, en grueso, unos $115.000 millones promedio. Conéctese esto con el trasfondo signado por la desaceleración económica, la exposición fiscal y el agudo trance de fuga de capitales. Para ordenar el contenido de la nota, comenzaremos refiriéndonos a determinados señalamientos estratégicos estelares, seguiremos con una precisión algo mayor de los hechos en danza, y remataremos con las recomendaciones que caben de cara al presente desafío económico. CRITERIOS ESTRATÉGICOS GENERALES. Nosotros hemos reiterado que en términos de matriz macroeconómica básica, la opción ortodoxa relativa a las economías abiertas no es la más conveniente para el país. En rigor, la tal matriz se asocia al diseño de una “parábola de buen comportamiento” sintetizable así: el ahorro externo o el aporte del capital externo constituye una variable crucial, prioritaria, con vistas al crecimiento de los países subdesarrollados, siendo que los fondos pertinentes fluirán desde los países ricos y con abundante capital hacia los más pobres, con escasez de capital. Justamente, la condición de estos países servirá de “zanahoria” para la llegada de los capitales, dado que tenderán a primar en aquellos retornos (del capital) o una productividad comparativamente mayores. Este recio rol del ahorro externo se conectará con situaciones de cuenta corriente más débiles y con un tipo de cambio más bien bajo, posibilitando, de paso, el “alisamiento” del sendero del consumo, permitiendo que éste no deba contenerse demasiado en el tiempo para manifestarse. Total “el ahorro externo, banca”. Frente a esta postura canónica, una valiosa literatura teórica y empírica que ha cobrado cuerpo y en la que se anotan en el plano mundial, con diversos matices, entre otros, Rodrik, Hausmann, Bresser-Pereira, Gala, Gourinchas, Prasad, Subramanian, y a la que contribuimos algunos en el ámbito nacional, pone en tela de juicio los supuestos de aquella postura. Entonces, el ahorro externo deja de contar con una primera prioridad, la significación de la cuenta corriente débil cede, el ahorro interno gana en incidencia, y la presencia de un tipo de cambio competitivo y duradero aparece fundamental para crecer al definir espacios de rentabilidad aptos para que se explaye la inversión, acicateando al crecimiento. En el marco de esta literatura surgen los puzzles o perplejidades que tensionan la visión ortodoxa. Gourinchas y Jeanne, por ejemplo, aluden recientemente a un allocation puzzle (perplejidad alocativa), por cuanto detectan en su estudio que el capital externo tiende a afluir más a los países que menos invierten y crecen, lo que choca con la parábola de buena conducta de la ortodoxia mencionada arriba Situados en el caso específico de la economía argentina, la lógica de la notable experiencia del período 2003(2002)-2007, mientras no hubo grandes desvíos respecto de ella, se enroló en la óptica heterodoxa afincada en el tipo de cambio competitivo, la cuenta corriente fuerte, la incidencia del ahorro interno y el desendeudamiento. ALGUNOS HECHOS RELEVANTES. Dimos antes números gruesos sobre los vencimientos de deuda. Restarían unos u$s9.000 millones para el 2009, y tendríamos unos u$s31.000 millones promedio para el 2010-2011 (a paridad de hoy). Una parte de los vencimientos se expresa directamente en divisas. Sin duda, la magnitud de los valores y el horizonte en juego suscitan cierta inquietud. Con un acceso limitado en términos de organismos financieros internacionales, y nulo o casi a los mercados mundiales voluntarios, esa inquietud no deja de ser explicable. Lo que el país vino haciendo en particular medida es aplicar un “autoendeudamiento recursivo” –el AER–, cumpliendo en general con las obligaciones de la deuda, a la vez que se la recanaliza en distintas reparticiones superavitarias del Estado, anotándose también la recompra de títulos y la “confusión” de los roles de acreedor-deudor. La fuerte respuesta que dio la Argentina a su problema de deuda derivado de los excesos de los ’90, fue la de podar severamente la proporción de deuda externa con relación a diversos indicadores (PIB, reservas, exportaciones) en la instancia en la que se hizo inviable persistir en el artificio de la paridad cambiaria unitaria. Surgieron después otros bemoles (ajuste por el CER, inflación alta, etcétera). Además, los niveles absolutos y relativos de la deuda aún son significativos y los vencimientos pesan. De todas formas, constátese lo siguiente: no sin baches, el criterio de desendeudamiento funcionó. Mientras, el expediente del AER es algo así como un capítulo especial al respecto, acotándose la deuda en manos de terceros e interiorizándola a nivel público. Más bien, lo que resulta fastidioso es que esta instancia coincide con un espectro signado por la desaceleración económica, el visible deterioro fiscal en el consolidado y una situación apremiante en términos de oferta-demanda de divisas. Si “todo siguiera igual”, la estrategia de “rascar (fondos) hasta el hueso”, congenial con el AER, marcharía irremisiblemente hacia su tope. ESTRATEGIA HACIA ADELANTE. En realidad, continuando con la argumentación, lo fastidioso no es en sí el enfoque del desendeudamiento, sino que el desempeño de la actividad económica y de los soportes clave en materia de respuesta fiscal y de la atinente a las divisas carece de la convicción existente en el lapso 2003(2002)-2007. Esto ha tenido que ver con el impacto de la crisis externa, un factor que nos es exógeno, pero también por imperio de yerros domésticos. Antes de que esa crisis se radicalizara, el modelo competitivo productivo ya se hallaba desdibujado, siendo que le corresponde a este último factor una dosis importante de culpa en cuanto al actual aislamiento financiero. Recapitulando: con semejantes vencimientos, el “conseguir una mano” de los mercados financieros externos (que no sea muy onerosa) puede contar con cierta plausibilidad. Por ende, hay un estimable capítulo financiero en danza. Téngase en claro, por lo demás, que desendeudamiento no es sinónimo de aislamiento. Pero vale la advertencia: el tal capítulo sólo cuadra en calidad de serio componente de un planteo integral y perentorio de política económica asociado al intento de reciclar el modelo competitivo productivo –a salvo de los errores antes cometidos–, con vistas a echar los soportes de la recuperación y a reconstituir el frente fiscal y la dinámica general de divisas. Luego, el enfoque sobre el capítulo financiero es pragmático y no dogmático. Es un recurso de utilidad en el seno de ese intento, y de ninguna manera una forma solapada, consciente o no, de apostar a una estrategia de revival del modelo noventista sustentado en el apalancamiento financiero externo, con sus negativas implicancias en materia de producción y de empleo. A la postre, véase asimismo la paradoja: bajo una perspectiva extendida y luego de posibles escarceos inmediatos, un revival de cuño noventista tendería a robustecer como rasgo idiosincrásico la propensión sistemática al déficit fiscal y a la cuenta corriente débil, porque, total, “el ahorro externo banca”.