miércoles, 26 de agosto de 2009

La discusión sobre la pobreza adquirió mayor intensidad y los planes van de un plan de empleo para obras públicas a la asignación universal por hijo

Domingo, 23 de agosto de 2009
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Polémica: pobreza, plan de empleo y asignación universal

Un poco de respeto

Martínez propone un programa de empleo decente.

Por Enrique Martinez *

La pobreza y la indigencia, mientras existan, son y serán la mancha negra en la conciencia de un gobierno de este país o de cualquier otro. Todo dirigente político sabe eso. Algunos aligeran rápidamente su carga echando la culpa a los pobres. Que no estudian lo suficiente, que tienen muchos hijos, que no quieren trabajar. Resulta muy preocupante advertir que en un cuarto de siglo de democracia en la Argentina, casi todos quienes se cargan de culpa por la situación terminan mostrando que tienen un diagnóstico bastante parecido al de los reaccionarios. En efecto, desde las cajas PAN de Raúl Alfonsín para acá, el componente asistencial, sea en comida o en dinero, ha ido en aumento sostenido, mientras las soluciones de inclusión laboral no han acompañado de la misma manera. Pareciera que casi todo el arco ideológico termina admitiendo que hay una proporción importante de la población que no puede ganarse el pan por su propio esfuerzo. La diferencia es que unos creen que en el fondo ese no es tema del Estado y otros creen que hay que encontrar la manera de que esa gente al menos pueda comer y mandar sus hijos a la escuela. Hoy los argentinos volvemos sobre el tema, lo cual es pertinente, ya que aún no se ve la luz al final del túnel. Nuestro gobierno insiste sobre el valor del trabajo como forma de emerger de la pobreza. Como una de las iniciativas en esa dirección presenta un plan de obras públicas. Se podrá y deberá agregar mucho más. Por otra parte, hay un hecho nuevo. Desde la CTA hasta la Coalición Cívica, pasando por diputados K y periodistas progre de este diario, insisten en la asignación universal por hijo. Y se arma la discusión sobre de dónde se sacarán los recursos, lo cual quiere decir cuánto se podrá pagar por hijo por mes. Esto es muy peligroso, porque no se plantea como un paliativo o como algo transitorio, mientras todos acceden a un trabajo digno. Se plantea como la solución a la pobreza o al menos a la indigencia. Después de la asignación universal todos comerán. Y ya está. Hay gente muy bien intencionada que viene reclamando esto hace más de diez años. Permítanme aburrir con algún razonamiento básico. El salario mínimo es de unos 1500 pesos. ¿La asignación universal justa podría ser de 300 pesos? Casi todo chico tiene al menos un padre. Si éste trabajara por el salario mínimo en blanco, con salario familiar, sólo los padres con más de 7 hijos estarían mejor con la asignación que trabajando. La enorme mayoría estaría mejor si trabajara. Y si fueran padre y madre y los dos trabajaran, ni qué hablar.

Eso no ha sucedido hasta hoy en la proporción debida por una razón recurrente: se parte de una mirada asistencial y se imagina que a los excluidos hay que hacerlos “empleables” o facilitarles microemprendimientos de baja eficiencia o finalmente darles dinero para comer. Sin embargo, repetimos una y otra vez que el capitalismo salvaje, con el mercado ordenando nuestras vidas, y una feroz concentración de poder económico, son la causa última de nuestros males. ¿Por qué, entonces, cuando queremos reparar el daño mayor que el sistema causa –la exclusión– buscamos hacerlo respetando tanto al sistema? Se puede pensar, por caso, en un programa de trabajo decente para que vivan 400.000 familias –que significa 2 millones de personas– produciendo y distribuyendo los alimentos y la vestimenta que consumen ellos y sus comunidades cercanas, con tecnologías de baja escala y con ingeniería financiera. Para que 2 millones de indigentes consuman la dieta plena ideal, se necesita la leche a producir en sólo 50.000 hectáreas. Toda la tecnología de producción primaria y de industrialización está disponible. Buena parte de la tierra también. Miles de organizaciones públicas y privadas estarían de acuerdo en hacerse cargo de la conducción de una unidad productiva cada una. En lugar de buscar la empleabilidad, propongo construir un sistema productivo donde la demanda central de los bienes producidos provenga justamente de la corrección del actual subconsumo de los excluidos. Si esto estuviera en marcha, la asignación universal sería sólo una solución transitoria aceptable y no se correría el riesgo de faltar el respeto a un cuarto de la población argentina diciendo –o pensando– que no está en condiciones de asegurar su subsistencia. Es difícil. Pero es digno, es movilizador, es sustentable, es definitivo. Es el camino

* Presidente del INTI.

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