sábado, 1 de agosto de 2009

EL MITO DE LA ARGENTINA AISLADA DEL MUNDO

Por M. Bembi y G. Herrera

31-07-09 / “La Argentina se encuentra aislada, completamente fuera del mundo.” Acorde con los mandatos de la comunicación política actual, la frase –repetida en varias entrevistas recientes por uno de los principales líderes opositores al gobierno– se presenta directa y contundente, casi como un eslogan, muy propicia para ser lanzada dentro de los exiguos límites de los tiempos mediáticos. El único problema es que, así expresada, la afirmación resulta absurda en tanto contradice las evidencias más visibles de la difícil coyuntura que atraviesa el país.

Si bien el grado de integración de un país al mundo involucra múltiples dimensiones, uno de los canales más obvios a ser examinados pasa por observar la importancia de los flujos comerciales externos en la dinámica de la estructura productiva. Y, a diferencia de lo que muchos podrían suponer, la economía argentina se ha mostrado en los últimos años bastante más abierta que durante la década del ’90 (escenario de nuestra célebre “integración al Primer Mundo”). Observemos lo ocurrido en la industria manufacturera. Por un lado, el coeficiente exportador (la proporción de la producción doméstica que se dirige al mercado externo) trepó desde un 12% en la década pasada a un 25% en el período 2003-2007. Al mismo tiempo, la penetración de importaciones se acrecentó de manera generalizada pasando de representar el 16% del consumo aparente de los bienes manufacturados al 23% en ese mismo período. Se trata, por supuesto, de promedios que encierran fuertes disparidades sectoriales. Pero evidencian, de todas formas, una tendencia al alza de la apertura industrial, fenómeno que se produce a partir de la salida de la convertibilidad. Así, en un contexto de contracción global generalizada como la que estamos atravesando, donde los países han implementado medidas de diversa naturaleza para proteger su mercado interno, no es extraño que la Argentina cierre el primer semestre del año acusando un impacto marcado en los flujos de su comercio externo. Las exportaciones totales registraron una baja interanual de casi el 20% (las MOI, donde confluyen algunos de los productos de mayor valor agregado y generación de empleo fabril, cayeron un 16%). Por su parte, las importaciones cayeron un 38% y la retracción resultó generalizada, con descensos del 37% en la compra de bienes de capital, del 42% en los bienes intermedios y del 40% en los bienes de consumo durable. Sin desconocer que una serie de factores internos habían encendido ya desde 2007 ciertas luces de alarma, estos números no pueden ser desligados de la profunda crisis mundial: si nos concentramos en los cinco países que conforman los principales destinos de nuestras exportaciones observaremos que cuatro de ellos están afrontando un freno pronunciado en sus niveles de actividad, con caídas (interanuales del primer trimestre 2009) que van desde el –1,8% en Brasil al –3% en España, pasando por el –2,1% en Chile y el –2,5% en EE.UU. Estas retracciones de los PBI se tradujeron en una muy acentuada contracción interanual de las importaciones en esos mismos países durante los primeros seis meses de 2009: -41%, -32%, -25% y -32% respectivamente, niveles de derrumbe inéditos que ilustran el alcance y la profundidad de las dificultades que atraviesa el mundo.

Resulta irónico que se acuse a nuestro país de estar desligado del mundo cuando el canal comercial externo ha sido la vía más directa de transmisión de la crisis que hoy impacta sobre la economía argentina. Paradójicamente, el desafío para superarla –en caso de que la debacle global sea duradera– pasará justamente por la capacidad para construir políticas integradas de sustitución de importaciones que alienten la expansión de la producción doméstica y fortalezcan la capacidad de tracción del mercado interno. *: Economistas de AEDA (Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina)

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