martes, 4 de agosto de 2009

Economía crítica: otra manera de mirar la crisis en el mundo

La destrucción masiva de algunos de los elementos básicos del sistema capitalista abrió rendijas inesperadas para la difusión y el debate del pensamiento crítico en economía. Los postulados ortodoxos, que sostienen que las crisis son fenómenos externos al sistema, ya no parecen verdades inamovibles. Aun así, quienes adscriben a las corrientes más heterodoxas advierten sobre la lentitud de los cambios en materia teórica y la fuerte capacidad del capitalismo más puro para regenerarse sin cambiar demasiado.

La economía crítica, que desafía las posturas ortodoxas a la hora de explicar los procesos socioeconómicos, nació como una posición casi defensiva ante el auge del pensamiento único neoliberal universalizado durante los años 90. "La economía crítica busca sumar pluralidad de visiones y de análisis para entender lo que pasa, no reemplazar un dogma por otro", explicó Sergio Arelovich, profesor de Economía Política de la UNR y uno de los organizadores de las pre-jornadas de Economía Crítica que albergó la Facultad de Ciencias Económicas de Rosario.

La era de Thatcher y Reagan

   La revolución neoconservadora del último tramo del siglo XX, consolidada desde los gobiernos de Margareth Thatcher en Inglaterra y de Ronald Reagan en Estados Unidos, exportó la idea de que la economía de mercado era la manera más segura de alcanzar el crecimiento. Una doctrina que terminó inundando los ámbitos políticos y académicos en casi todo el mundo.

   Sin embargo, la gran crisis global del capitalismo financiero nacida y criada en Estados Unidos, abrió la puerta para otros saberes que cuestionan la idea del camino único en materia socioeconómica. "Toda crisis abre enormes posibilidades para los saberes alternativos. Esta en particular es además la primera que sufre el imperio, es muy grande y está arrastrando a todo el mundo. Tanta incertidumbre en los rangos neoclásicos provocó cierto auge de la heterodoxia, que es decisiva para entender los fenómenos actuales y analizarlos. Mi miedo es que se trate sólo de un ciclo", explicó Juan Santarcángelo, director de la licenciatura en economía política e investigador docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento.

   Javier Rodríguez, economista del Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino y de la UBA, evaluó que la recesión mundial muestra el fracaso teórico de la ortodoxia para explicar las crisis, ya que las considera como fenómenos externos y no como consecuencia de cuestiones endógenas del propio sistema. "Hoy explotan los mercados dentro del sistema. Y si bien esto abre posibilidades para otras explicaciones, tampoco significa automáticamente la consolidación de posturas más heterodoxas", algo para lo que "todavía falta".

   Según Arelovich, uno de los nutrientes más fuertes de la ortodoxia fue su alto nivel de consenso social, algo que la actual crisis pone en entredicho. "El cuestionamiento al neoliberalismo es una novedad a nivel mundial", aseguró el académico.

La poscrisis, no tan diferente

  Según la visión de Sarcángelo, no habrá cambios significativos en el diseño económico mundial una vez que pase el frenesí por los temblores financieros. Por el contrario, el especialista vaticinó una mayor concentración del gran capital y Estados que seguirán teniendo severos límites estructurales para intervenir en cuestiones relativas a la redistribución de la riqueza: "Una vez más vemos que el Estado, o los Estados, intervienen para salvar al capital y no al trabajo". Un fenómeno que se repite bajo la forma de crisis cíclicas cada 30 o 40 años pero cuyo resultado final siempre es "la supervivencia del propio sistema", que después de atravesar por un proceso de eliminación de capital termina concentrando lo que queda.

   Así lo demuestra para Nicolás Arceo, investigador del área de Economía y Tecnología de Flacso, la respuesta que Estados Unidos elaboró para enfrentar la crisis, que no significa el abandono de las políticas de los últimos 30 años "ya que Obama optó por rescatar al capital financiero —los bancos— antes que al capital industrial".

   De igual manera, Arelovich aseguró que el trabajo siempre es el factor que más sufre durante los períodos de contracciones de la economía. Aun así, para el docente de la UNR sí es una novedad que el Estado y su posibilidad de ser agente interventor en los mercados haya vuelto a ocupar el tope de la agenda política y pública. "Se había pensado y hasta decretado la desaparición del Estado-Nación, y sin embargo ahora vuelven a ser actores relevantes, requeridos, y la única forma de protección para los ciudadanos", afirmó.

Pensamiento crítico local

  Argentina sucumbió muchas veces a las corrientes doctrinarias dominantes emanadas desde los países centrales. Así fue con los postulados del Consenso de Washington, documento padre desde el cual se definieron durante los 80 los ejes de las políticas de apertura y desregulación implementadas luego sin piedad por Carlos Menem. La aceptación colectiva del modelo económico de esos años, anclado en la ortodoxia más feroz, estalló con la crisis de 2001 y la evaporación de los depósitos.

   "Hasta la crisis del corralito la heterodoxia en economía casi no existía ni se aceptaba. Después de la crisis aparecieron los primeros cuestionamientos, pero mi sensación es que no dejan de ser ciclos que se terminan cuando las cosas se acomodan. Aún así, siempre algún cambio queda, al menos en la academia. No creo que pase lo mismo en la economía", opinó Sarcángelo.

Los límites de la corriente

   Algo parecido argumentó Rodríguez, para quien el pensamiento crítico es un fenómeno marginal en Argentina. "Para que haya cambios profundos hacen falta plazos muy largos, cambiar de currícula, otra formación para los profesores. Hoy tal vez son otros los ejes del debate público, pero en lo académico y en lo formal es muy largo cambiar lo que ya está establecido. Puede haber cierto auge de la heterodoxia por la crisis y por el fracaso neoliberal de los 90, pero en Argentina eso no deja de ser algo marginal", dijo.

   La poca relevancia social del debate profundo de las ideas económicas se refleja con claridad en la actual campaña electoral, que en opinión de Arceo "es la más pobre en cuanto a debate económico de los últimos 30 años".

   "Aún en medio de una crisis como la que sacude al mundo, los temas económicos no aparecen como determinantes en la agenda de ninguno de los candidatos, como sí pasó en 1989 después de la hiperinflación y en 2001 con el corralito. No se discute el modelo, la oposición tampoco lo hace. Hay que decir que una no discusión profunda del modelo permite alianzas mas amplias desde lo político", dijo Arceo.