sábado, 25 de julio de 2009

PALESTINA AYER Y HOY

Desde Palestina: Editorial del boletín nº 4 Autores corporativos: Instituto de Estudios Políticos para América Latina y África (canal) Autores personales: Artal, Noemí (Autor/a) Descripción Fecha: 20 de Julio de 2009 Entradilla: Estamos en el 1431 de la Hégira (el exilio), y pronto llegará el mes de Ramadán, el noveno mes lunar, y el mes del ayuno, desde el 21 de agosto, desde el alba hasta la puesta del sol. En dicho mes llega la noche del Decreto o la noche del Poder, Lailatul Qadr, en la que comienza la revelación del Corán al Profeta de Allah. Dicho mes termina con la fiesta musulmana del Id Al-Fitr, que es para los judíos el Rosh Hashana: comienza el año judío 5770, en el día en el que se crea el mundo y el hombre, que también es el día del Gran Juicio. Es el tiempo de la oración y el arrepentimiento hasta el día del Yom Kippur, el día del Perdón. Introducción/Descripción: En los territorios ocupados del 48, en los Altos del Golán y Jerusalén (ahora Israel) conviven principalmente dos religiones, el islam y el judaísmo. En el resto de los territorios ocupados del 67 (Cisjordania y Gaza) se vive mayoritariamente dentro de una religión, el islam, y sus prácticas, doctrinas y normas se siguen muy especialmente en esta época del Ramadán. No obstante, no siempre y no todo es, ni ha sido, religión durante este mes. Aunque el ritual es el ayuno, y no la lucha, en este mes se han perpetrado grandes combates. La conquista de Al-Andalus ocurrió en el mes del Ramadán del año 91 de la Hégira (que corresponde al año 710 de la era cristiana); siglos más tarde los reyes católicos expulsaron de España a los musulmanes y a los judíos, y siglos después, ya más metidos en la historia palestina, el día diez del Ramadán del año 1393 (que corresponde al año 1973 de la era cristiana) estalla la cuarta guerra entre árabes e israelíes: la guerra del Ramadán (o guerra del Yom Kippur) cuando Siria y Egipto reclaman sus territorios, ocupados por la entidad sionista de Israel seis años antes. Como resultado de este combate, Egipto recupera la península del Sinaí, Siria consigue parte de los Altos del Golán, pero el resto de los territorios palestinos sigue en manos sionistas. No obstante, es obvio que ni la conquista ni la reconquista de Al-Andalus de hace unos siglos, ni la guerra del Ramadán de hace unas décadas, ni las continuas represiones que ocurren todos los días en Palestina suceden por motivo religioso, sino que son medios que justifican una acción política. Saltamos desde la religión a la lucha, y desde la política a la guerra, porque los mitos de las religiones siguen usándose para explicar abusos bélicos en prácticas y opciones políticas. En el islam, la religión dominante de Palestina, el mensaje religioso y el mensaje político se relacionan: “No hay salvación sin lucha por la justicia social”. “No se puede ser musulmán sin yihad contra toda forma de opresión”. Sin embargo, la yihad puede leerse como el esfuerzo sobre sí mismo, como la lucha espiritual y política, individual y colectiva. Si el mensaje político del Corán es que el islam nace para luchar contra el poder, recusar todo poder coercitivo, destruir ídolos y liberar a las personas, es una contradicción que la tradición islámica política justifique el poder a partir de las revelaciones y enseñanzas de su Profeta. En este contexto, ¿se convierte la religión en una necesidad socialmente adquirida, o es una excusa políticamente fabricada? La lucha por la justicia social no es la guerra, y la guerra no es el medio de la religión. La guerra es un medio más para conseguir recursos: naturales, humanos, financieros, económicos, políticos, sociales. El islam y el judaísmo son religiones muy similares, y el conflicto no es entre ellas. La guerra de la entidad militar-sionista de Israel en Palestina no es religiosa, es una guerra por recursos, principalmente una guerra por la tierra y sus recursos naturales, el motivo no es de culto religioso, sino de dominio de un tierra donde conviven poderes nacionales e internacionales y se da culto a los mismos. Cruzamos desde la religión, a la política y al poder. En Palestina, los políticos islámicos lideran la resistencia nacional palestina, porque los políticos no islámicos en el poder se suelen dejar llevar por la inercia del movimiento globalizador centrípeta internacional. Esta es la política burócrata, pero hay otra política más real, y la religión también tiene su cabida en ella. Dice Ameen Maalouf que la religión influencia y transforma un pueblo, pero se subestima que los pueblos influencien y transformen sus religiones. Pero si es así, y si el islam hace Palestina, también Palestina puede hacer el islam. La población palestina puede construir sus religiones, su lucha política y su yihad contra toda opresión. ¿Cómo puede Palestina (y las palestinas) hacer esto? ¿y cómo puede Palestina des-institucionalizar (des-economizar, des-politizar, des-culturizar) sus religiones, y así descargar y rehacer su contenido económico, político y cultural?. Y pasamos del poder a sus instituciones, y de éstas a sus mecanismos de actuación. Nos fijamos ahora en la resolución 446 que, como mecanismo institucional legal internacional, fue adoptada por el Consejo de Seguridad el 22 de marzo de 1979, y que declara que la creación de asentamientos de Israel en los territorios árabes ocupados de 1967 no tiene validez legal. Exhorta a Israel para que, como parte ocupante, respete el Convenio de Ginebra y abandone toda medida de cambio que afecte la composición demográfica de esos territorios sin que ocurra un traslado de partes de su propia población civil a los mismos. Israel no toma en cuenta la resolución. Por otro lado, hace unas semanas el presidente estadounidense pide a Israel detener la construcción de asentamientos en Cisjordania, y el apoyo de Israel en el reconocimiento de un Estado palestino. Sin embargo, en contra de las palabras de Obama y en contra de la resolución 446, los asentamientos siguen expandiéndose, la población colona israelí sigue ocupando tierras y viviendas palestinas, y sigue el debate sobre cómo hacer que exista un Estado palestino. Cuestiones como: ¿Es una solución justa y digna para Palestina la constitución de dos Estados (uno israelí y uno palestino) o sería mejor tener un sólo Estado que permita el derecho de retorno de los millones de personas refugiadas palestinas repartidas por el mundo? ¿Un Estado judío sionista está fuera de cuestión, entonces sería posible un Estado donde árabes y hebreas, donde musulmanas y judías convivan? ¿y cómo sería este Estado? Este debate lleva años en los discursos de negociación. Mientras tanto, la existencia de los territorios ocupados palestinos es equivalente a: la no existencia de un Estado palestino, que ahora está colonizado por una entidad sionista militar; la no existencia de un mercado propio, que ahora es dominado por el juego mercantil israelí; y la no existencia de un movimiento de resistencia civil, por haber en su lugar una sociedad civil extranjera al servicio de programas internacionales a disposición de misiones diplomáticas ajenas. Ese es el sistema de poder establecido, y la población palestina lo ha aceptado y se ha enquistado en el mismo. En Palestina, la guerra que ha institucionalizado Israel es un medio para la consecución y el control de los recursos palestinos en un claro enclave estratégico y, por tanto, la institucionalización de los mismos dentro de un determinado marco (el marco globalizador capitalista mundial) reproduce su propio sistema de poder. Reformulo la pregunta: ¿cómo desinstitucionalizar este marco? ¿cómo desposeer a los dominios institucionales (Estado, mercado y sociedad civil) que operan en Palestina de sus estructuras y sus recursos de poder?

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