domingo, 5 de julio de 2009

Con el 24% de Pino y el 12% de Heller se supero ampliamente el 31% de la derecha PRO

EL NUEVO MAPA POLÍTICO
Las tres argentinas electorales
Después del terremoto del último domingo, las cosas ya no van a ser como antes. El Gobierno tiene que darse cuenta de que lo apoya menos de un tercio de la población. Y la sobreactuación de las candidaturas testimoniales ha empeorado las cosas. Para colmo, el haber puesto a Néstor Kirchner como aspirante a diputado, pensando que el resultado sería plebiscitario, ha sido un gol en contra pocas veces superado. Ahora ya no se podrá seguir con la pretensión, tan cara a los peronistas y a ciertos izquierdistas, de representar al “pueblo” contra alguna entelequia, fuere la oligarquía, los medios, el capital concentrado o el imperialismo. Es cierto, como dijo la Presidenta, que el kirchnerismo -por seguir dándole ese nombre- “ganó” a nivel nacional, por haber conseguido más votos que la principal oposición numérica (el Acuerdo entre Elisa Carrió y los radicales). Pero hay otras oposiciones, y si se las suma, eclipsan al oficialismo tanto en la nueva Cámara de Diputados (sólo renovada en su mitad) como, sobre todo, en la opinión actual de la gente. Que un gobierno quede en minoría no es nada del otro mundo. En Estados Unidos ocurrió, por ejemplo, cuando Bill Clinton quiso establecer el Nafta con Canadá y México, al cual su partido se oponía. Sólo consiguió el voto favorable de un tercio de sus propios legisladores, a los que tuvo que agregar dos tercios de sus opositores republicanos. O sea, hay que ser pragmático, y buscar alianzas, por extrañas que parezcan. En Brasil eso ocurre todos los días. Lula da Silva no tiene mayoría propia segura en el Congreso y ha tenido que entenderse con el gran partido centrista (PMDB), fuerte, sobre todo, regionalmente y divisible por cualquier número primo, sin candidatos presidenciales serios, algo así como la UCR entre no- sotros. A eso tuvo que agregar, hace poco tiempo, un apoyo del principal brazo de la burguesía paulista, el Partido Progresista de Paulo Maluf (alfil del régimen dictatorial terminado en 1985). Yo le recomendaría a la Presidenta mandar un grupo de asesores al vecino país para estudiar a fondo su política. Cristina ya habla de entenderse con Pino Solanas y Eduardo Macaluse, el ex ARI. A éstos debería sumar a Hermes Binner y a Luis Juez, siempre con respecto a temas puntuales. Y no importa cuán fuertemente todos éstos puedan negar cualquier posibilidad de convergencia, como ha hecho Pino. Los movimientos y propuestas concretas tienen que verse en cada caso, y -lo digo sin querer ofender- los políticos bien pueden decir hoy una cosa y mañana, otra, sin por eso mentir, sino simplemente evolucionar en sus actitudes y registrar las corrientes profundas de opinión, a las cuales tienen que representar. Es cierto que hoy hay un fuerte “humor” anti K, pero eso se puede disipar si el Gobierno avanza en su purga de elementos nocivos y si, además, Néstor inicia un viaje por el mundo, como Batolomé Mitre en alguna ocasión (durante la crisis del noventa), para bajar su perfil, descansar y conversar con políticos afines sobre cómo se hacen las cosas en esos lugares. Lo extraño es que, entre los posibles aliados “puntuales”, la Presidenta no haya mencionado a sus supuestos correligionarios peronistas (por ahora, disidentes). Ya habrá tiempo para eso, pero son huesos duros de roer, en parte, porque se ven más cerca del poder si persisten en su oposición y en su alianza con la derecha liberal, que se identifica con un Mauricio Macri o un Francisco de Narváez, en cuyo peronismo nadie cree, aunque sí es clara su alianza con sectores de ese movimiento. Y el hecho de que el dinero, los medios y la opinión de la “costa dorada” (desde Barrio Norte hasta San Isidoro) estén de ese lado, hace más fácil este tipo de alianza que una reconciliación con Kirchner, sólo posible si aceptan la preeminencia del Pingüino, cosa que muy pocos harán, porque están muy subidos al caballo. Si analizamos el mapa electoral fijándonos en las bases sociales reales y no en las artificiosas divisiones formales, llegamos a la conclusión de que hay tres Argentinas, con población aproximadamente igual: una es la Verdadera Ciudad de Buenos Aires (el monstruo de once millones de habitantes), otra, la Media Luna de Tierras Fértiles (con el oasis mendocino), y, finalmente, el Interior Profundo. Hablo de la Verdadera Ciudad de Buenos Aires, porque me resisto a reconocer a los barrios autónomos del centro, supuesta Ciudad Autónoma, como entidad socialmente significativa. La Capital Federal es, de todos modos, una interesante muestra de la opinión de la clase media metropolitana. Aunque se piensa que ahí ganó la derecha, la verdad profunda es otra. El PRO, con su 31 por ciento, fue superado por varios puntos por la base electoral de la izquierda, donde hay que sumar el 24 por ciento de Pino a los 12 por ciento de Carlos Heller. No estoy diciendo que esa suma pueda hoy vislumbrarse como inmediata, ni siquiera en el mediano plazo, pero al momento de analizar tendencias actitudinales para un futuro, hay que tenerla en cuenta. Y el centro, con el 19 por ciento del Acuerdo Cívico, es un elemento débil, destinado, como todo centro, a verse descuartizado desde la derecha y la izquierda. Pero la Verdadera Ciudad de Buenos Aires exige incluir al conurbano. Si sumamos ambos elementos, resulta que en esa megalópolis hay una mayoría progre-populista, hoy encarnada en el kirchnerismo más Pino y gente como Martín Sabbatella o Francisco “Barba” Gutiérrez y Ricardo Ivoskus, de San Martín, sumando quizá un 60 por ciento del total. Contra eso hay una derecha y un centro débiles, aunque sumados llegan a un 40 por ciento (cifras aproximadas). El segundo tercio (algo más gordo que los otros dos) es la Media Luna rural próspera, que va desde la pampa húmeda y Entre Ríos hasta incluir a Mendoza. Ahí, la diversificación es muy grande. El kirchnerismo es débil, empardado por el PJ anti K y superado por el radicalismo (que tiene ahí sus verdadera base). Existe en esa zona un cuarto disputante, lo que llamaría la variante “progre-izquierda” de Binner y Juez. La derecha, en cambio, es débil o inexistente, y más bien se expresa a través del PJ disidente, sobre todo Carlos Reutemann, y metida dentro de la piel de cordero de la UCR y los piqueteros ruralistas. En esta área se concentra la fuerza del ruralismo empresarial, dirigido no por los chacareros, que son su fuerza de choque, sino por la “gentry” rural (clase media alta con nivel profesional, residente en pueblos y ciudades medianas). Si se mira debajo del agua, aquí se encontraría la principal fuerza de una futura derecha, englobando al PJ disidente y a la UCR o sectores de esta última. Por el lado “progre”, lo que queda es la suma del kirchnerismo con Binner y Juez. De nuevo advierto: no digo que esta convergencia se dé en un futuro próximo, digo que está ahí como potencial electoral para que alguien lo use. Ese alguien ya no puede ser Néstor, salvo que cambie, de manera muy radical, su forma de actuar. Más bien me parece que la misma Cristina, liberada de la sombra de su marido y con algunos cambios fuertes en su ministerio, podría canalizar este elemento en 2011. Al fin y al cabo, ella tiene la investidura presidencial, que la protege más de sufrir desgastes como los que han golpeado al ex presidente. Queda, en fin, el Interior Profundo, donde el kirchnerismo es predominante, con gran debilidad de la derecha y de la izquierda, y presencia, en cambio, del radicalismo. Ahí sí subsiste la bipolaridad clásica peronista-radical y prefiero no hacer predicciones sobre su futuro, aunque quienes consulten mis Obras completas sabrán que, en el fondo, creo que el voto radical (no necesariamente sus dirigentes) virarán hacia una futura derecha. Al fin de cuentas, se acabó cualquier “hegemonía” y ahora entramos en una etapa en la que habrá que aprender el arte de las coaliciones y de la modestia, preferentemente real, aunque sea aparente, pero que sea creíble. Y de tanto fingirla, quizá, todos aprendan a sentirla realmente. Por favor, señores y señoras del Gobierno o de la oposición, ¿no nos pueden hacer ese regalo para el Bicentenario?
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