domingo, 5 de julio de 2009

Andrzej Wajda, el regreso del maestro
El director vuelve al cine con Katyn, inspirada en la masacre de ciudadanos polacos llevada a cabo por el estalinismo y el nazismo

En la primavera de 1940 tuvo lugar la ejecución masiva de miles de ciudadanos polacos, muchos de ellos oficiales del ejército de ese país, en el bosque de Katyn. Perpetrada por la Unión Soviética en connivencia con el nazismo, tanto Hitler como Stalin se repartieron culpas al momento de afrontar uno de los crímenes más aberrantes de la Segunda Guerra. A los 82 años, el célebre Andrzej Wajda se atreve con Katyn (que se estrena el próximo jueves 9 en Buenos Aires), a narrar los pormenores de esa masacre.

Aunque su nombre hoy se encuentre olvidado para el gran público, referirse a Andrzej Wajda es sintetizar la tradición del legendario cine polaco y también hablar de uno de los últimos sobrevivientes de los grandes realizadores de todos los tiempos. Únicamente Wajda puede ser hoy testimonio de un cine que brindó a Orson Welles, Federico Fellini, Ingmar Bergman o François Truffaut. A su envidiable vitalidad añade el privilegio de ser el gran narrador de la historia de su país, desde la clásica Cenizas y diamantes hasta Katyn, con la que el veterano maestro parecería cerrar el círculo de su tan extensa como impactante obra y que -por fortuna, luego de su nominación al Oscar- tiene estreno en Buenos Aires.

¿Qué une a sus primeras realizaciones con esta nueva producción? El escenario de la Segunda Guerra Mundial y el hecho de narrar, como en casi toda su filmografía, a aquél que muere sin otro propósito que hacerlo aferrado a una verdad. “Quiero servir a la verdad, pero no crear nuevas imágenes de enemigos. Se trata de recuperar el recuerdo. Y de nuestro dolor. En ese sentido no es un filme político”, señalaba Wajda en la conferencia posterior a la premiere mundial de Katyn en el Festival de Cine de Berlín del pasado año. Este cronista, representando a Debate, fue testigo del agradecimiento de los periodistas alemanes, rusos y polacos. También, cómo las lágrimas rodaron por las mejillas de algunos de ellos. Sereno, Wajda añadía: “No existe duda sobre quién asesinó a los 22.000 polacos. Gorbachov trajo a Polonia la orden firmada por Stalin”. Un detalle no menor para comprender la profundidad de la película es que una de las víctimas fue el padre del director, que era capitán del 72º regimiento de infantería polaco cuando la URSS y la Alemania nazi se repartieron el país sobre la base del pacto Molotov-Ribbentrop.

El hombre y su historia En parte eso explica, no sólo magistrales momentos del filme Kanal, la patrulla de la muerte (rodada hace más de medio siglo), sino también el ingreso de Wajda en el “Armia Krajowa”, el principal movimiento de resistencia polaco, cuando contaba con sólo 15 años cumplidos. Precisamente Kanal (1957) rememora aquellos trágicos años de juventud, con los dolorosos sucesos que siguieron al fracaso del levantamiento de Varsovia, en 1944, y constituye el segundo eslabón de la trilogía iniciada conGeneración (1955) y que cerraría la renombrada Cenizas y diamantes(1958), que consiguió definitiva proyección internacional merced al Premio de la Crítica en el Festival de Venecia, sumando en el protagónico a Zbigniew Cybulski, entonces llamado “el James Dean polaco”. Convertida inmediatamente en un film de culto, en nuestro país, las exhibiciones a sala llena en el Cine Lorraine hicieron de Wajda un realizador imprescindible y al cine polaco toda una referencia cultural. Faltarían todavía algunos años para que emergiera Roman Polanski como el otro director polaco mundialmente conocido. Pero algo diferenció a Wajda de otros nombres, incluso tan talentosos como Jerzy Kawalerowicz, Andrzej Munk, Jerzy Passendorfer o Jerzy Skolimowski, y es el hecho de vincular constantemente al hombre con la historia. Imposible no referirse entonces a sus dos grandes testimonios sobre el desarrollo del sindicalismo libre y el movimiento Solidaridad como son El hombre de mármol (1977) y El hombre de hierro (1981); o sus reflexiones sobre los conceptos de revolución y patria presentes en Danton (1982), con una gran labor de Gerard Depardieu, y la nunca estrenada aquí (pero éxito en su país) Pan Tadeuz (1999) sobre el poema épico nacional de Adam Mickiewicz. “El ejemplo de Andrzej Wajda nos recuerda a todos los cineastas que, de vez en cuando, la historia puede reclamar profundas e inesperadas peticiones a nuestro valor; que nuestro público puede pedirnos ánimo espiritual; que podemos ser requeridos a arriesgar nuestras carreras por la vida civil de nuestro pueblo.”, afirmaba Steven Spielberg al solicitarle a la Academia de Hollywood el reconocimiento a su trayectoria. Andrzej Wajda recibió de manos de Jane Fonda el Oscar honorario en el año 2000 y ocho años después compitió con Katyn por el premio, tal como lo había hecho casi un cuarto de siglo atrás con La tierra prometida (1975). Katyn, refleja la agonía de Polonia desde una impactante primera escena, cuando en un puente los polacos que escapan de los nazis chocan con aquellos que lo hacen de los soviéticos, en un país sitiado de este a oeste, y cuyas banderas se desgarran sólo para conservar la parte roja. “La memoria histórica es menos evidente a medida que pasa el tiempo. Pero es importante que la gente joven entienda que aquellas personas sentían, cuáles eran sus preocupaciones y lo grande de sus esperanzas”.

Especialista en imágenes de gran simbolismo, quizás ese comienzo no omita la referencia al final de su gran clásico Cenizas y diamantes, cuando las sábanas blancas se manchaban de sangre, como alegoría de una muerte abrazada a una bandera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada