sábado, 20 de junio de 2009

Una entrevista al dirigente opositor Ibrahim Yazdi, horas antes de ser detenido por el régimen de Mahomoud Ahmadinejad

“Es un golpe de Estado”
Una entrevista al dirigente opositor Ibrahim Yazdi, ex ministro de relaciones exteriores iraní, horas antes de ser detenido por el régimen de Mahmoud Ahmadinejad

Es sábado a la tarde en Teherán y en la mayoría de las calles reina la quietud. Pero tras las amañadas elecciones en las que Mahmoud Ahmadinejad, el presidente de extrema derecha, y sus partidarios paramilitares resultaron confirmados en sus cargos, la capital iraní ha quedado sumida en la furia, la desesperación y la amargura. El sábado 13, después de que terminaron los comicios, se hicieron presentes en las calles tropas armadas hasta los dientes de la Guardia Revolucionaria iraní. En una zona del norte de Teherán en la que están concentrados los partidarios del líder de la oposición y ex primer ministro reformista Mir Hossein Moussavi, vi una caravana de por lo menos quince vehículos militares abarrotados de guardias armados que se desplazaba lentamente por la banquina de la ruta. La calle en la que se encuentra el Ministerio del Interior, el organismo en el que se lleva a cabo el escrutinio, está clausurada y celosamente custodiada después de que comenzaron los rumores según los cuales los partidarios de Moussavi podrían manifestarse allí para protestar por el resultado de la elección. Moussavi, por su parte, prometió impugnar el veredicto, usando palabras como “tiranía”, y agregó: “No voy a aceptar esta peligrosa farsa sin luchar”. Para poder apreciar la crisis desde otra perspectiva, hoy me encontré con Ibrahim Yazdi, un dirigente iraní disidente y ministro de relaciones exteriores en los primeros tiempos de la República Islámica de Irán. Lo que sigue es el texto de la entrevista (ndr: el jueves 18, Yazdi fue detenido por el régimen de Ahmadinejad).

¿Cuál es su reacción frente a los resultados de la elección? Somos muchos los que creemos que la elección fue amañada, no sólo Mousavi. No tenemos ninguna duda y, al menos en nuestra opinión, no es legítima. Hubo muchas, muchísimas irregularidades. No permitieron que los candidatos fiscalizaran la elección ni que participaran en el escrutinio en los lugares de votación. El ministro del interior anunció que él supervisaría el escrutinio definitivo en su despacho, en el Ministerio, y que para ello contaría con la ayuda de sólo dos asistentes. En elecciones anteriores, las autoridades anunciaban los resultados en cada distrito, de modo que la gente podía hacer un seguimiento y evaluar la validez de las cifras. En 2005, hubo problemas: en un distrito había alrededor de 100.000 votantes habilitados, y ellos anunciaron que habían votado 150.000. Esta vez ni siquiera ofrecieron información acerca de cada uno de los distritos en particular. En total hubo alrededor de 45.000 lugares de votación. Y hubo 14.000 puestos móviles que podían desplazarse de un lugar a otro. Fuimos muchos los que protestamos por esa situación. En un principio, se suponía que estos puestos móviles serían utilizados en hospitales y otros sitios por el estilo. Esta vez, se los utilizó en comisarías, bases del ejército y diversos complejos militares. En el caso de los complejos militares y otros sitios por el estilo, si se hubieran agregado nada más que 500 votos adicionales en cada una de las 14.000 urnas, estaríamos hablando de siete millones de votos. Moussavi y Mehdi Karroubi (ndr: dirigente opositor, ex presidente del Parlamento iraní) habían constituido previamente un comité conjunto para proteger los votos de la gente. Muchos jóvenes se presentaron voluntariamente para colaborar con ese comité. Pero las autoridades no les permitieron funcionar. El viernes a la noche, las fuerzas de seguridad lo clausuraron. No hay forma alguna de verificar los resultados con independencia del gobierno y del consejo de la Guardia Revolucionaria. He oído decir a alguna gente que el presidente Ahmadinejad está acumulando tanto poder que podría estar en condiciones de recurrir a la Guardia Revolucionaria y a sus otros aliados para dar un golpe de Estado. ¿Un golpe de Estado? ¡Ya lo dieron! De hecho, lo que hicieron fue crear una dictadura. ¿Usted sabía que el viernes las fuerzas de seguridad ocuparon las oficinas de muchos diarios para asegurarse de que la información que publicaban sobre la elección les fuera favorable? Así fue como cambiaron muchos titulares. La elección estuvo arreglada. La Guardia Revolucionaria se está apoderando de todo, incluso de muchas instituciones económicas. El Ministerio del Interior está intensificando su control sobre todas las provincias. Según la información que manejamos nosotros, Ahmadinejad está pensando en cambiar la Constitución para que habilite una reelección indefinida del presidente. Por supuesto, en el establishment son muchas y muy fuertes las voces que se alzarán para desafiarlo. Y no queda para nada claro si él y la Sepah (ndr:la Guardia Revolucinonaria) tendrán la fuerza suficiente para acallarlas. Pero esta cuestión dará lugar a enfrentamientos. ¿Qué papel juega en todo esto el líder religioso, el ayatollah Ali Khamenei? El problema es que hay una gran preocupación acerca de la relación entre el líder y la Guardia. ¿Hasta qué punto el líder puede controlar o moderar a la Guardia? Es una pregunta difícil de responder. Después de la última elección (2005), después de que Ahmadinejad fue elegido por primera vez, se plantearon muchas preguntas acerca de los esfuerzos que él hizo para aislar al líder. Esto lo hemos discutido abiertamente. Esta vez, durante los preparativos de la votación lo aislaron aún más. Por ejemplo, hace unos años el ex presidente Ali Akbar Hashemi Rafsanjani ejercía una gran influencia, quizás aún mayor que la del líder. Ahora, con los slogans que ha empleado Ahmadinejad en sus actos de campaña, frases como “¡Muerte a Hashemi!”, se ha provocado una profunda ruptura. Además, Khamenei ha perdido el apoyo de muchas figuras de alto rango del clero. Son muchos los viejos camaradas de la Revolución de 1979 que no confían en Ahmadinejad. Los únicos que lo apoyan son los Guardias de la Sepah. ¿Y a qué se refiere usted cuando dice que están “aislando” al líder? Que están supervisando y controlando la información que le llega. Lamentablemente, Dios no le está haciendo llegar información directamente. ¿De dónde saca él la información, los datos? El sistema trabaja en una forma tal que la información adquiere un enorme poder. Y Ahmadinejad controla el Ministerio del Interior, el Ministerio de la Información, el Ministerio de la Inteligencia. ¿Qué pasará ahora, en su opinión? Fue mucha la energía que se empleó para apoyar a Moussavi y mucha la esperanza que despertó. ¿Piensa que esto conducirá a una crisis? La verdad es que estamos preocupados por las reacciones espontáneas. La juventud iraní se ha comprometido y se ha movilizado. Ya ha habido algunos enfrentamientos violentos en distintas zonas del país. Nosotros no estamos de acuerdo con la violencia, porque la violencia sólo servirá para darle a la derecha una excusa para reprimir a la oposición. Sin duda, en términos políticos, la brecha interna que se ha abierto en Irán se profundizará. Nuestra principal preocupación es cómo mantener vivo el entusiasmo que suscitó la elección para así poder controlar y limitar el poder del gobierno. La única forma de enfrentarlo es el poder del pueblo. Debemos organizar ese poder. En ese punto tenemos una experiencia que puede guiarnos. Durante la era del Sha, hubo sólo un momento en el que el poder del pueblo fue movilizado contra él para apoyar cambios en la Constitución, y eso ocurrió durante la era Mossadegh. (ndr: El primer ministro Mohammad Mossadegh fue derrocado mediante el golpe de Estado, que en 1953 organizaron la CIA y la inteligencia británica). En esa era, había en el país un movimiento político muy poderoso que ponía límites al poder del Sha. Hoy nosotros tenemos que hacer lo mismo. No buscamos la subversión. No queremos cambiar la Constitución. Lo que sí queremos es crear una fuerza política viable capaz de influir en la vida del país.

*Copyright The Nation y Debate

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