sábado, 20 de junio de 2009

Miles de millones de personas condenadas a la marginación estan en el BRIC y en el MERCOSUR, en ambos está Brasil

BRIC, ¿del marketing a la geopolítica?
Los intereses de la alianza entre Brasil, Rusia, India y China en la agenda económica mundial, y el papel de la Argentina

El concepto BRIC (Brasil, Rusia, India y China) fue lanzado por Goldman Sachs, en 2001. La misma firma, siguiendo la estrategia de marketing de detectar oportunidades de negocios, lanzó, en 2005, el “N11” (Next Eleven) integrado -entre otros- por Bangladesh, Irán, Corea, México, Nigeria y Vietnam.

Antes de la crisis no había límites para formular acrónimos. Los protagonistas eran los que habían incrementado las formas interiores de mercado y la presencia de empresas multinacionales operando en la expansión hacia los mercados mundiales. Las carteras de negocios estaban basadas sobre una arquitectura económica mundial cuyos pilares aparecían más sólidos de lo que resultaron en la segunda mitad de esta década.

El concepto BRIC identificó cuatro espacios económicos de gran dimensión territorial (disponibilidad de recursos naturales: Rusia y Brasil los grandes proveedores de materias primas) y de concentración de población mundial (gran disponibilidad de mano de obra: China e India como proveedores de trabajo). Para Goldman, esos espacios -con mercados abiertos y fuertes dosis de capital, tecnología y organización, procedentes de los desarrollados- mantendrían las elevadas tasas de expansión, logrando, en 2050, el predominio en la economía mundial.

Producida la crisis y como colofón de las reuniones internacionales destinadas a desentrañar las estrategias de salida, esta semana, se realizó la primera reunión formal del grupo BRIC. El “concepto” de marketing se transformó en un espacio geopolítico en Ekaterimburgo, capital de los Urales, en cuya proximidad los bolcheviques ejecutaron a Nicolás II y su familia. La mención al zar Nicolás surge por los dichos del canciller brasileño, Celso Amorim: “El G-8 está muerto. No representa más nada”. Y agregó “(no sé) cómo será el entierro, porque hay entierros muy largos” (Le Monde). Luiz Inácio Lula da Silva sostuvo (El País) que en “la cumbre” los BRIC sellarían“el compromiso de un liderazgo audaz frente a la inercia y la indecisión”(¿del muerto?). Y continuó: “La sociedad moderna debe revisar un sistema que desperdicia los limitados recursos de la Tierra y, al mismo tiempo, condena a miles de millones de personas a la pobreza y la desesperación”. Protestó: “¿Eliminarán los subsidios proteccionistas que hacen que la agricultura moderna sea inviable en muchos países en vías de desarrollo?”. Y concluyó: “Presionaremos para que haya un nuevo intento de llevar la Ronda de Desarrollo de Doha a una conclusión rápida y equilibrada”.

¿Qué nos importa a los argentinos de la cumbre BRIC? Las expresiones de Amorim, ¿enfrentan el predominio del modelo de desarrollo global que conducen las multinacionales desde los países centrales? ¿O sólo se trata de retórica? ¿Inicia Brasil una lucha contra el modelo consumista que, extendido a los 2.500 millones de ciudadanos BRIC, haría estallar el planeta por agotamiento de recursos? ¿O más bien quiere acelerarlo?

Veamos algunas contradicciones. Primera, la buena salud de los muertos ha quedado reflejada en la exhortación de Lula a continuar la posición del G-8 ante la Ronda de Doha. La cancillería brasileña tejió compromisos para llevar a “buen término” la Ronda de Doha: el programa del “cadáver”, al que esta administración de Brasil adhirió con entusiasmo, empuja hasta la puerta del cementerio a los países en vías de desarrollo. Segunda, gracias a la intervención de la India y China, los dos BRIC más importantes, no se concretó el entierro de los intereses de desarrollo de países como la Argentina. La defensa de sus intereses nacionales hizo que India y China detuvieran el avance de la Ronda de Doha a la que Brasil empujaba. Tercera, en el trasfondo de la reunión de Ekaterimburgo, frente al tema central de la agenda económica mundial, la OMC, subyace una contradicción fundamental. Brasil -que representa las posiciones del G-8-apura el libre comercio sin restricciones y, felizmente, la India y China, por ahora al menos, postulan un orden presidido por el interés del desarrollo nacional que implica otra OMC volcada al desarrollo.

Es que, más allá del carácter, profundidad y duración de la presente crisis global, el tema más relevante en la agenda económica mundial, sigue siendo la cuestión de la OMC y la Ronda de Doha. De allí surgirá la conformación de la estructura de la economía mundial, el modo de reparto de la riqueza y de los sacrificios entre los pueblos del planeta. ¿Los dichos de Lula da Silva agotan el tema de discusión con la Argentina? Brasil -cuyo avance industrial es indiscutible- procura la profundización de la liberalización del comercio internacional (ver más arriba) para poder colocar sus excedentes agropecuarios logrados sobre la base de subsidios y promociones; y, por lo tanto, necesitados de que las barreras de los desarrollados se desvanezcan. Trata de involucrar a los BRIC en esa posición. La Argentina goza de la producción agropecuaria más eficiente del mundo; pero sufre el perjuicio de no haber implementado, desde el fin de la dictadura, una política de desarrollo industrial de amplio horizonte y largo plazo. Allí radica una divergencia de fondo con Brasil ante la OMC: no necesitamos la liberalización agrícola y sí la protección para el desarrollo industrial. Y Brasil busca escenarios, como el BRIC, para señalar lo que desde el Mercosur es incompatible.

Los intereses de la Argentina y Brasil, en lo central de la agenda económica mundial, que es el grado y metodología del comercio mundial y el grado y metodología de la autonomía de las políticas económicas, no son idénticos y no están armonizados. Y las declaraciones de Brasil en la cumbre BRIC lo confirman.

Los BRIC han experimentado fuertes tasas de crecimiento y disponen, en términos geopolíticos, recursos de economías de potencia: un cuarto de la tierra habitable del planeta y dos quintos de la población mundial. Con todos esos recursos generan, dependiendo de los modos de cálculo para distintas comparaciones, hasta un séptimo de la economía mundial. Es decir -en términos comparativos-, su productividad media es baja. Y -sabido es- no es el tamaño de la economía (economía de potencia) lo que hace al bienestar de los pueblos sino la productividad. Es que no se trata sólo de crecer sino de cómo y para qué se crece. Hace diez años, nuestro PBI por habitante multiplicaba por cuatro el de la India, duplicaba al de China y al de la ex URSS y disponía de un cincuenta por ciento más del PBI por habitante que Brasil. Ellos han avanzado mucho. Nosotros, poco. Hasta podemos decir que el siglo XXI amaneció con ellos. Pero su crecimiento no logró aplacar la gravísima situación social dentro de cada uno de esos países. El Coeficiente de Gini (medida de la equidad) de tres de esos cuatro países, a pesar del crecimiento, empeoró. En casi todos esos países hay dramáticas situaciones sociales a las que la clase dirigente ha decidido ignorar mientras la concentración de la riqueza abunda. Y esas consecuencias mandan porque se tornan irreversibles. ¿Qué es el modelo BRIC? Tiene razón Lula cuando dice que “la sociedad moderna debe revisar un sistema que condena a miles de millones de personas a la pobreza y la desesperación”. Muchos de esos millones están en los BRIC y en el Mercosur, y en ambos está Brasil. ¿No sería más legítimo repensar lo que hacemos por aquí y evitar este crecimiento dual que mantiene la pobreza, y en el que el Brasil de Lula tampoco ha avanzado demasiado?

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