viernes, 19 de junio de 2009

Incansable luchadora contra la dictadura de Augusto Pinochet y por la democracia, muere en Chile la viuda de Salvador Allende

Hortensia Bussi tenía 94 años de edad y vivió en México los 17 años de su exilio

Muere en Chile la viuda de Salvador Allende

Fue incansable luchadora contra la dictadura de Augusto Pinochet y por la democracia en Chile

Era respetada, por llevar siempre una viudez digna y combatiente, afirma Carlos Payán Velver

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La ex primera dama chilena, en imagen de archivo de 2003. A la derecha, su nieto Gonzalo MezaFoto Ap
Enrique Gutiérrez Aicardi
Corresponsal y agencias

Santiago, 18 de junio. Hortensia Bussi, viuda del presidente constitucional chileno Salvador Allende, murió este jueves a los 94 años en su casa de Santiago, acompañada por sus hijas Carmen Paz e Isabel.

Tencha, como era conocida entre quienes admiraron su fortaleza luego de la muerte de su esposo, debido al golpe de Estado militar del 11 de septiembre de 1973, falleció a las dos de la tarde hora local en su casa de la calle Guardia Vieja, el hogar de Allende durante gran parte de su vida.

Nació en Valparaíso el 22 de julio de 1914. Se graduó de profesora de historia y geografía en la Universidad de Chile; cursó estudios de estadística y ejerció como bibliotecaria en la Dirección de Estadísticas de Chile.

El 17 de marzo de 1940, en un mundo en guerra, contrajo matrimonio con Salvador Allende. Tuvo tres hijas, Carmen Paz, Beatriz (fallecida) e Isabel, actual diputada por el Partido Socialista.

Durante las campañas políticas de Allende recorrió el país, lo que le permitió tener contacto directo con los trabajadores, conocer la realidad de las mujeres y cómo crecían jóvenes y niños chilenos.

En 1970, cuando Salvador Allende ganó las elecciones presidenciales, Bussi asumió la tarea de llevar justicia e igualdad a los sectores más necesitados.

En las primeras horas del fatídico día del golpe pinochetista, Allende pensó que aún tenía el apoyo al menos de los carabineros y de algunos sectores militares, y le pidió a Tencha que se quedara en la casa presidencial de Tomás Moro mientras él iba a La Moneda a cumplir con su destino.

Al poco rato, los alzados lanzaron sus cazas a reacción Hawker Hunter contra Tomás Moro. Allende habló anteriormente a la radio Magallanes desde La Moneda, y ninguno de los generales traidores ignoraba su paradero.

Cerca de las 11 la mañana comenzó el bombardeo a la casa donde estaba un puñado de simpatizantes y la entoncesprimera dama. Bussi pudo huir y recibió refugio en la casa de Felipe Herrera, ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo.

Funerales vigilados y secretos

Allí recibió una llamada desde el Hospital Militar, donde se trasladaron los restos de Allende, quien se suicidó en el palacio presidencial en llamas –bajo intenso ataque aéreo y terrestre– antes que rendirse a los militares golpistas.

Esa misma noche la naciente dictadura de Augusto Pinochet la detuvo, le permitió asistir, sola, al secreto y vigilado funeral del fallecido presidente en Viña del Mar, pero sólo le mostraron un féretro herméticamente cerrado.

Luego la enviaron al exilio con sus hijas, y partió a México en donde se unió a la denuncia internacional contra las violaciones a los derechos humanos en Chile en manos de los golpistas.

Bussi siempre se quejaba de que los militares sellaron el ataúd y le impidieron ver el cuerpo de su esposo. Según testigos, antes de arrojar flores sobre el féretro con los restos dijo: Que todos los que están presentes sepan que aquí se ha enterrado al presidente constitucional de Chile.

Recorrió 50 países y regresó al país antes que cayera la dictadura. Pudo ver a Pinochet salir de La Moneda y encabezar el funeral que tuvo Allende la década pasada, cuando el militar golpista todavía era comandante en jefe.

En México fue respetada por llevar siempre una viudez digna y combatiente, señaló el periodista Carlos Payán Velver, director fundador de La Jornada, con quien mantuvo una cálida y amistad.

Asimismo, la Asociación Salvador Allende Gossens (ASAG), desde la ciudad de México, lamentó el deceso de Bussi e informó que su hija Isabel Allende relató que su madre, después de comer, tomó su acostumbrada siesta y ya no despertó.

La comunidad chilena en México, por conducto de la ASAG, hizo llegar sus condolencias a Isabel, Carmen Paz y sus familiares por tan lamentable pérdida. “Tencha –dijo la agrupación– permanecerá en nosotros en el recuerdo de su dignidad ante los sucesos sangrientos en Chile, ya que frente a la orgía criminal de la dictadura mantuvo en alto la bandera de la solidaridad con su pueblo”.

Presidió cientos de actos de solidaridad con Chile que se organizaron en Italia, Francia, Inglaterra y España. No obstante haber sido durante los años 70 y 80 el símbolo de la oposición chilena para la opinión pública mundial y la izquierda en el exilio, en su país natal su labor era prácticamente desconocida, debido a la censura. Los diarios de la época pinochetista evitaban referirse a ella y cuando era inevitable ignorarla utilizaban términos despectivos.

Entre otros galardones, Bussi recibió los premios Lenin de la Paz y el reconocimiento Ana Betancourt en Cuba. Fue también nombrada doctora honoris causa por la Universidad de Bruselas.

El 24 de septiembre de 1988, Bussi regresó a su patria. En un emotivo discurso afirmó: Hoy termina mi exilio, un exilio injusto e inhumano que se me impuso por haber defendido siempre los valores democráticos de mi patria. Mi mayor deseo es reintegrarme a mi país, ese país por el cual Salvador Allende dio su vida. Me vengo a sumar a ese Chile que hoy se pone de nuevo de pie.

Las personas que la recibieron, con banderas de los partidos de izquierda y retratos de Allende, tenían una pancarta que decía “Bienvenida primera dama”. De inmediato se sumó a la campaña por el no que derrocó a Pinochet.

A partir de marzo de 1990 se abocó al trabajo por la memoria de Allende. Meses más tarde, el 4 de septiembre de ese año cumplió su deseo de trasladar los restos de su marido desde la tumba sin nombre en Viña del Mar hasta el Cementerio General de Santiago.

Bussi, quien desde su regreso a Chile evitó alinearse con algún partido, definió la transición en su país como coja y tutelada y aseguró que no la consideraría terminada mientras se siguiera celebrando el 11 de septiembre (día del golpe) que divide a la familia chilena y mientras los senadores se siguieran designando a la par de tantas injusticias. También pidió verdad y justicia como paso previo para lareconciliación.

La ex primera dama creó la Fundación Salvador Allende e inauguró el monumento en su memoria en la Plaza de la Constitución de Santiago, entre otras múltiples actividades que encabezó en recuerdo de su esposo.

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