domingo, 14 de junio de 2009

Fragmento del excelente MACROECONOMIA ARGENTINA, de Lucas LLACH

Por qué es tan polémica la macroeconomía

Basta leer las secciones económicas de los diarios para percibir las amplias diferencias de opinión que existen en temas macroeconomicos: para algunos, el dólar está muy bajo; para otros, muy alto; para algunos habrá inflación, para otros no habrá; para algunos, el producto crecerá, para otros se estancará. Ente los economistas académicos, esto es los que elaboran teorías económicas e intentan corroborarlas en la práctica, la disidencia de opiniones no es menor que la que se percibe en el debate público.

¿Cómo es posible que exista tal diferencia de pensamiento dentro de una misma disciplina, que se considera a sí misma una ciencia? El motivo principal de esa variedad de miradas es el mismo que en otras ciencias sociales (como la ciencia política o la sociología): a diferencia de un físico o de un químico, los economistas no tienen la posibilidad de realizar un experimento controlado.

Comparemos una hipótesis de la física con una de la economía. La leyenda cuenta que cuando Galileo quiso comprobar que dos cuerpos de distinto peso caen a la misma velocidad, simplemente subió a la torre inclinada de Pisa y dejó caer una esfera de madera y una de hierro. Al observar que tocaban el suelo al mismo tiempo confirmó su hipótesis de que la aceleración de un cuerpo al caer hacia la tierra es independiente del peso.

Consideremos ahora un economista que sostiene, por ejemplo, que si el Estado aumenta sus impuestos, el producto caerá, porque las empresas producirán menos, o la gente les comprará menos. Lamentablemente (o, quizás, afortunadamente) el economista no puede realizar experimentos reales. En el mejor de los casos –desde su punto de vista- podría intentar convencer al gobierno de que aumente los impuestos, y observar la reacción de la economía. Pero cualquiera fuera el resultado, no podrá descartar ni confirmar su hipótesis. Si el producto cayera luego de la suba impositiva, quizá podría deberse a que, en ese mismo momento, estaban sucediendo otras cosas –por ejemplo, una sequía- que provocaban la baja de la producción; si, al contrario, el ingreso aumentara, podría deberse a otra causa como una temporada agrícola excepcionalmente buena. Es decir, en ningún caso podría estar seguro de una relación de causalidad.

Una posible salida sería realizar el mismo experimento muchas veces, y llegar a una verdad estadística; si la mayoría de las veces el producto cayera, será que efectívamente la suba impositiva contrae el producto. Pero para ello debería probar aumentando los impuestos en una gran cantidad de lugares y en muchas circunstancias distintas, algo que es imposible. Una salida a este problema es buscar las respuestas a esas preguntas en la propia realidad, tal como se ha presentado históricamente.

De manera ideal, un economista que quisiera ver el efecto de un aumento de impuestos debería buscar muchas experiencias concretas en la que los gobiernos hayan incrementado los impuestos. Con esa información podría tener una idea de si, en general los aumentos de impuestos han sido seguidos de un incremento o una disminución del producto. Pero allí no acabarían sus problemas: sí, por ejemplo, comprobara que, en una mayoría de casos el producto efectívamente disminuyó, quizá podría haberse debido a un tercer factor que suele acompañar a los aumentos de impuestos. Por ejemplo, quizás los aumentos de impuestos suelen ocurrir al comienzo de una retracción productiva, para compensar la caída de en la recaudación de impuestos. En ese caso, los aumentos de impuestos se verán acompañados de caídas del producto, pero la suba impositiva sería el efecto y no la causa de la reducción en el ingreso.

En la realidad que los economistas utilizan para probar sus hipótesis, todo se mueve al mismo tiempo y es difícil identificar causa y efectos. Una rama de la economía, la econometría, utiliza métodos estadísticos para intentar aislar las influencias de las distintas variables y, de esa manera, puede identificar causas y efectos. Pero no siempre es posible aplicar cono éxito los métodos econométricos: a veces, no hay un número suficiente de experiencias, en ocasiones son demasiadas las variables que intervienen y, otras veces, los datos de las distintas experiencias no son igualmente confiables. Así, pues, los resultados obtenidos por la econometría han ayudado a aclarar algunos de los debates macroeconómicos, pero en muchos otros subsisten las diferencias de opinión.

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